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Fëanáro Ambarnáre
Capítulo 2
Dolores que no curan
Por Elloith
 
La luz de Telperion caía en detrimento bajo el dorado resplandor de Laurelin, al Árbol del Día sobre la siempre activa Tirion. Las calles empedradas de blanco bullían con el despertar de los elfos comerciantes, que montaban sus paradas en la calle principal. El camino central se estrechaba cada vez más y más. Pero en la parte alta de la ciudad no se veía tanto ajetreo. La plaza de la Mindon estaba casi desierta, Galathilion era un resplandor níveo, y las fuentes de su alrededor creaban miles de arco iris. Al sur de la plaza, había una gran casa, de sencilla y élfica estructura. La puerta, decorada con motivos florales en plata, era de madera negra. Y un caminillo discurría en el lateral de la casa, conduciendo a un precioso jardín, que se encontraba detrás de la casa.

Míriel salió de su habitación y empezó a caminar por el largo pasillo. Hacia días que se sentía de lo más cansada, sus miembros le pesaban, y por más que descansara, cada vez se sentía peor. Había intentado ocultar a su marido todo eso, pero al final la había descubierto. No quería preocuparlo innecesariamente, e intentaba convencerlo continuamente de que ya se le pasaría. Estaba cansada de la v…

- Amil, amil! (mama, mama)-

Una vocecilla interrumpió sus ensoñaciones. Un pequeño elfo de cabello oscuro corría por el pasillo, llevando algo en la mano.

- Mira, mira, amil!- dijo mostrándole una pequeña hoja de papel.-

En ella se veía el dibujo infantil de dos elfos sonrientes y cogidos de la mano.

- ¡Sois tú y atto! (papá)-
- Es precioso, Fëanáro. Seguro que lo has hecho tú.-
- ¡Si, lo he hecho yo!- dijo con una sonrisa de oreja a oreja.- Fallasë me ha dicho que te lo enseñara. Voy a enseñárselo a atto y a Nilmendil!-

El pequeño elfo se despidió de su madre con la mano, y salió corriendo pasillo abajo hacia el jardín. Míriel lo vio alejarse con una sonrisa. Un súbito mareo la hizo detenerse. Apoyó la mano en la pared, intentando no caer al suelo. Unas nauseas se instalaron en su estomago, haciendo que gimiera de dolor. Perdió el mundo de vista y cayó al suelo. De una puerta lateral salió una despreocupada Fallassë, una simpática Teleri que trabajaba para ellos. Cuando vio a Míriel en el suelo, el color se desvaneció de su cara.

- ¡Señora! ¡Míriel!-

Fallassë corrió hacia la desfallecida Míriel. Su rostro ceniciento reflejaba todo el dolor que sentía

Míriel...Míriel… porque sufres? Una voz susurrante……….

Los ojos grises de la noldo empezaron a abrirse

Míriel... porque sufres aquí en Aman? Que dolor tienes que tu dulce sonrisa borra? Tenue y brillante…

- ¡Señora!- exclamó la Teleri Fallassë.-

En Mandos, Míriel Serindë… Te esperaré en el jardín del Sueño…descansa Míriel…..Dolor y valor, tristeza y amor…

- ¿Fallassë?-

La luz de Laurelin iluminaba el pasillo blanco, todo era luz y vida. Los árboles susurraban a la brisa marina de la bahía de Eldamar, los pájaros cantaban….sin embargo, no había nada para ella.

- Si, señora, reaccione.-
- ¿De quien era la voz?- preguntó aturdida Míriel.-
- ¿Qué voz? Es igual, usted descanse.- dijo la Teleri, ayudando a incorporarse a la noldo.-
- No. Tengo que hablar con Finwë.- replicó
- Pero…-
- Ahora.-

El rostro de Míriel adquirió un tono serio y autoritario. Con la ayuda de Fallassë, caminó hacia el jardín.

Serindë... pronto nos veremos Serindë… no sufras mas… Todo en una voz…



La luz de Laurelin estaba creciendo progresivamente. En el jardín, en una mesa de piedra negra, Finwë desayunaba tranquilamente, mientras observaba atentamente el nuevo tratado de las Sarati de Rúmil. Levantó la mirada al ver llegar a las dos elfas, pero el semblante le cambió al ver el rostro de su esposa.

- ¿Estas bien, Míriel?- preguntó preocupado, dejando aparte el panecillo y el pergamino.-
- Si, ahora mejor. ¿Y Fëanáro?-
- Ha ido a jugar con Nilmendil. Ahora están en su casa.- dijo mientras se levantaba.-
- Bien, enton… qué haces?- dijo sorprendida a la vez que Finwë la cogía en brazos.-
- Si te encuentras mal, deberías descansar.- dijo llevándola a un balancín que había bajo unos frondosos árboles-

Míriel miró enternecida a su esposo.

- Señores, con su permiso, voy a ver que hacen su hijo y el mío.- dijo Fallassë, y caminó hacia la plaza de la Mindon, donde desapareció tras una arcada.-

Finwë acomodó a Míriel en el balancín, y se sentó a su lado.

- Finwë…- susurró Míriel-
- Meldavessënya… ¿que te ocurre?- preguntó con un deje triste Finwë. Acarició los cabellos oscuros de Míriel.- (Mi amada esposa)
- Finwë…yo…

Finwë no pudo resistir la tentación de besar esos labios rojos de Míriel, que le correspondió con todo el amor que sentía hacia el señor de los Noldor.

- Tranquila, te pondrás bien, y podremos vivir eternamente juntos y con Fëanáro, y tendremos mas hijos que traer a Aman…- susurró
- Finwë…yo…nunca volveré a concebir un hijo.- dijo Míriel con esfuerzo, le dolía decírselo- porque la fuerza que habría nutrido a todos se ha agotado toda en Fëanáro.
- ¿Estas segura?- preguntó apenado.- No pue...
- Lo es, Finwë, y yo… no puedo vivir así. Siento como día a día, las fuerzas me abandonan, me siento frágil cuando el viento susurra a mi alrededor, como una pluma, ligera y frágil, como si me fuera a disgregar en las mareas de los cielos.
- Sin duda hay cura en Aman. Aquí toda fatiga, dolor o fragilidad halla reposo. Te pondrás bien…-dijo, acariciando sus cabellos color azabache.
- No, Finwë, eldameldonya, súlenya autai hroanyallo… (Mi amado elfo, mi espíritu parte de mi cuerpo)

Finwë cerró los ojos. Lo sabia, pero parecia todo tan repentino... tanto dolor acumulado...

- Pase lo que pase, te quiero Finwë.- oyó susurrar a Míriel.
- Te quiero Míriel.- dijo besándola suavemente.



- Y Míriel?
- Ahora descansa.-contestó Fallassë- ¿Dónde vais? ¿Me lo diréis o preferís guardarlo en secreto?
La Teleri recogió una suave y fina manta y la colocó sobre el lomo del caballo blanco. Finwë se puso sus botas de montar y una capa gruesa con capucha. El tiempo había empeorado, y una fina cortina de lluvia cubría Tirion. Se encontraba con Fallassë en las caballerizas que se encontraban en las afueras de la ciudad.

- Tengo que hacer algo importante. Cuidad de Míriel y de Fëanáro en mi ausencia.- dijo montando de un salto en el níveo caballo. Miró a la preocupada teleri.-Nunca podré pagarte lo que estas haciendo por nosotros, Fallassë.
- No hace falta que me paguéis nada. Sois el señor de los noldor y...
- Pero ser el señor de los Noldor no me hace diferente de los demás. Eres una gran persona, Fallassë, espero que algún día recuperes lo perdido...
- Gracias, mi señor.- dijo con una triste sonrisa.-
- Finwë, soy Finwë. Hasta pronto.
- Vuelva pronto!- dijo Fallassë, observando el grácil galope del corcel élfico.

Finwë atravesó con rapidez la pequeña llanura que lo separaba del paso de Calacirya, y atravesó la abertura entre las inmensas moles de roca de las Pélori. Al norte, unos caminos hábilmente abiertos comunicaban con las nieves eternas de las montañas, varios carros cargaban la nieve en dirección a Tirion. También había varios desvíos en las montañas hacia las minas, donde multitud de mineros noldor buscaban los filones de metal y las joyas escondidas en la tierra. Al sur, se alzaba la inmensa montaña de Taniquetil, la de las nieves eternas. Allí moraban, en la más alta de las torres, Manwë señor de los Valar y regente de Arda, el mundo. Su esposa, Varda Elentári, moraba con él. En las faldas de la montaña, vivían los vanyar que se habían trasladado de Tirion a allí.

Las brillantes y doradas casas de los vanyar resplandecían a la luz dorada de Laurelin, que estaba en su punto máximo. La lluvia había cesado, y ya se acercaba a la entrada del camino a Oiolossë, la más alta de las torres de Taniquetil. Pronto llegó a una explanada, a bastante altura en la montaña. A un lado, había unas pequeñas caballerizas, y en la pared de roca, una arcada dorada precedía un pasillo por el interior de la montaña. Dejó su níveo corcel en las caballerizas.

- Descansa un rato Lintë.- dijo, un relincho fue su respuesta.

Se encaminó hacia la arcada dorada. La morada de Manwë se encontraba a tanta altitud, que era muy difícil llegar. Por eso, los noldor tallaron unas escaleras hasta la cumbre, i la recubrieron de vidrio. Las paredes del amplio túnel estaban recubiertas de tapices, que daban un ambiente algo más cálido al lugar.

El rey noldo subió por las exquisitas escaleras, recordaba perfectamente que escalón había sido tallado por él, y sonrió al ver una pequeña marca en la esquina de la pared. Era su marca.

Después de subir mucho, llegó a una amplia recepción. Estaba iluminada con la luz de los árboles, que entrava por unos grandes ventanales recubierto de un delgado vidrio élfico transparente. Había varios bancos en la sala, de madera pulida, y varias puertas en los laterales, aunque había una algo mayor en el fondo. Se sentó en un banco.

- Perdón.-
Una elfa, vanyar a todas luces, se había acercado a él. Sus ojos azules contrastaban con la piel blanca, y sus cabellos eran de un color oro muy puro

- ¿Si?
- ¿Habéis venido a hablar con el Vala Manwë, verdad?- Finwë asintió algo sorprendido.- ¿He de avisarle, quien le digo que ha venido?
- Em, si, claro. Soy Finwë, de Tirion.
- Perfecto, ahora le aviso. Esta encargándose de cierto asuntillo- la vanya rió.- ¿Puedo sentarme? Cuando llevas toda la mañana de un lado para otro te empiezan a doler los pies.
- Si, claro.- Finwë le hizo sitio. Observó detenidamente el rostro de la vanya.- ¿No nos conocemos?
- Puede que si. A veces he tenido que ir a fiestas y recepciones de mi tío Ingwë. ¡Pero no me he presentado! Soy Indis de los Vanyar.
- Ah! Ya se… Conozco a tu padre y a tu tío desde hace mucho tiempo. Supongo que te habré visto. Casi siempre me invita a sus fiestas. Son muy…

La puerta del fondo de la sala se abrió de repente, y una noldo de cabello negro y ojos verde azulados salió echa una furia. Caminó con paso firme hasta donde se encontraban Finwë e Indis.

- ¿Qué tal te ha ido?- preguntó Indis.-
- ¡Es injusto! ¡Por solo dos o tres plantitas tengo que ayudar a Yavanna durante tres años!- respondió, airada, la noldo.-
- ¿Dos o tres plantitas? Pero, por Eru, ¡incendiaste medio jardín!-
- ¡Tampoco era tanto! Bueno, ya nos veremos, si sobrevivo a esto. Tengo que hacer el equipaje…- dijo, encaminándose hacia la puerta.- ¡Tenna Rato Indis! (hasta pronto)
- ¡La próxima vez que vengas te haremos el carné de cliente habitual!- exclamó la vanya.
- ¡Ja! Que graciosa…
- Que loca… ¿Qué le ha pasado?- preguntó Finwë, cuando se aseguró que la noldo no los oía.
- Nada importante, lo de siempre. Siempre que practica hechizos de fuego, acaba incendiando algo. Por algo la llaman la pirómana noldor.- Indis se echo a reír ante la cara extrañada de Finwë- Bueno, voy a avisarles. Ahora vengo.

La vanya desapareció tras la puerta. Finwë quedó pensativo, meditando como explicaría su problema a los Valar. Poco después, Indis se asomó por la puerta.

- Ya puedes pasar.-

Finwë se levantó de un salto y se encaminó hacia la puerta.

- ¡Hasta pronto!- le dijo Indis, antes de desaparecer tras otra puerta.

Finwë atravesó la nueva y amplia sala. Estaba iluminada con la luz de los árboles, pero algunas lámparas mágicas ayudaban a iluminar. Las paredes, resplandecían bajo los tapices de plata y blanco, que representaban algunas escenas de la creación de Arda, y la vida de los Valar y Maiar antes del despertar de los elfos. Al final de todo, en un trono de plata, aguardaba Manwë. Sus ojos color azur eran tan penetrantes que el elfo no pudo observarlos bien. Los cabellos del Vala eran demasiado rubios como para compararlos, porque ni Laurelin en todo su esplendor podía rivalizar con ellos. La capa de Manwë estaba cubierta con unos zafiros casi tan azules como sus ojos, y un cetro yacía en una mesilla cercana. A su lado, estaba Varda, esposa de Manwë. Sus oscuros cabellos, tan oscuros como el Vacío, contrastaban de una manera espectacular con los dorados de Manwë, y sus ojos aún tenían un brillo de un esplendor indescriptible, más poderoso que la más brillante de las estrellas.

- Alassë’arië, Finwë, rey de los noldor.- lo saludó Manwë. Su voz era profunda, pero cristalina i fugaz como el aire mismo. (Buenos días)
- Alassë’arië, Manwë, Heruva Valar.- Finwë hizo una refinada y cortés reverencia.- Heri Elentári, nai cala hendelyato laituva i noldor. (Buenos días, Manwë, Señor de los Valar/ Señora Reina de la estrellas, que la luz se sus ojos bendiga a los noldor.)
- Hantalë, Finwë- Varda clavo sus estelares ojos en el noldo.- Tienes prisa, por lo supongo que querrás ir rápido. Sabemos del dolor que te aflige. (Gracias)

Finwë los miró desconcertado.

- ¿Cómo...?
- Mientras venias, sentimos tus dudas y tu tormento.-aclaró Manwë.- Nos llegaban claras y firmes como la luz misma.
- Entonces no hace falta que explique nada.-
- No. Pero he de decirte, Finwë, que el caso de tu mujer nos es extraño, por lo que es difícil decirte la solución.
- Pero la hay, ¿no?- los ojos del noldo miraban implorantes a los dos Valar.- Yo la amó mas que a nada en el mundo, y me destroza el corazón verla así. Tiene que haber algo…

Varda lo miró con tristeza en los ojos. Manwë observó pensativamente al rey de los noldor. Era orgulloso y tenaz como pocos, pero toda su firmeza se había desvanecido, ahora solo era un elfo nervioso e implorante.

- Lo único que puedo recomendarte, Finwë, es que la lleves a Lórien. Irmo cuidará de ella en sus jardines. Pero no puedo asegurarte nada.

En el rostro de Finwë resplandeció una expresión de esperanza.

- Hentalë, Heruva Arda.- Finwë se inclinó en una reverencia.- Muchas gracias por tu consejo. Ahora iré a prepararlo todo.
- Umán ná, Finwë. Esperamos volver a verte pronto, pero por motivos menos aciagos.-Manwë se levantó a despedirle, al igual que Elentári. (De nada)

Cuando el noldo ya se hubo ido, Varda miró triste a Manwë.

- ¿Porqué tenia que ser él?-
- No conozco los intrínsecos pensamientos de Eru, pero todo tiene su motivo de ser… Solo Ilúvatar sabe el motivo ahora.-



- Buen viaje Míriel. Seguro que no puedo acompañarla- Finwë dirigió su mirada a una maia que esperaba junto a la yegua de Míriel.
- Lo siento, Irmo nos ha dejado órdenes estrictas. Nada de acompañantes.- dijo Lalaith, la maia.

Varios maiar aguardaban a la despedida de Míriel. Todos eran maiar de Irmo Lórien, el Vala de los sueños. Habían venido solo a acompañar a Míriel hasta los encantados jardines del Vala.

- Vuelve pronto, meldavessënya…- Finwë besó suavemente los fríos labios de Míriel.
- Cuida de Fëanáro, y sobretodo, cuídate tú.
- Si necesitas algo, solo manda un mensajero y lo tendrás. Lo que sea.
- Bueno…-Míriel sonrió pícaramente.-Consigue la luz de los árboles en un frasco, y quizás vuelva antes.
- Eso esta hecho.-Finwë sonrió tristemente.-Tenna rato…
- Tenn’oio…- susurró.

La yegua parda empezó a trotar, los maiar la acompañaban a un paso sorprendentemente ágil. Una lagrima rodó por la mejilla de Finwë cuando la pequeña cabalgada desapareció tras un saliente de las Pélori.

Míriel acarició largamente las crines de su yegua.

- Siempre te querré, Finwë…
 
Elloith
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 09-03-2004 Hora: 18:19


Muy buena continuación! triste, pero bella narración. Creo que tienes una prosa muy buena, muy variada y sobre todo, muy bien utilizada. Aunque prefiero las historias con finales felices (simple que es una) me ha encantado el relato. Espero que continúe pronto

Fecha: 02-09-2003 Hora: 01:17
En la linea del anterior capítulo. Me está gustando mucho este relato. Ahora se ven más claramente lo puntos fuertes y los flojos de tu escritura. Las descripciones quizás abusan de adjetivos algo rebuscados y a veces repetitivos. Está bien dar grandeza a los escenarios de Aman, pero ten cuidado con no caer en la superficialidad. No creas que es un gran problema, puesto que el conjunto es muy bueno, y además los diálogos, sobre todo en los momentos dramáticos (muy bien escogidos, le dan un buen ritmo a la historia), están muy conseguidos, y te meten en cada escena con facilidad, consiguiendo hacer aflorar las emociones que los propios personajes pueden sentir. Las chicas soleis tener una sensibilidad especial para estos relatos, y tú la aprovechas como nadie. Por favor, sigue pronto.