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Balshu
Capítulo 3
A la luz del día
Por Tuilere
 
Después de correr durante varios días por los laberintosos pasadizos subterráneos con ruido de pasos en pos de ella, Balshu llegó por fin a una zona donde olía distinto. En un principio pensó que se trataba de enanos, pero cuando se vio rodeada de criaturas horrendas se dio cuenta de su error. La cogieron desprevenida cortándole el paso en un cruce... Después de atarla, la condujeron hacia el fondo de los pasillos entre traspiés y tropezones con huesos. Cuanto más se acercaban al fondo, más cadáveres se podían ver. Sin duda alguna, esos seres no eran enanos. Llegaron a una sala circular donde había un gran trono de piedra. Sobre él se sentaba un ser enorme de aspecto cruel. La tiraron frente a él. La miró con interés y dijo:

- Tú, asquerosa elfa, ¿vienes a espiarnos? ¿Vienes acaso a conspirar contra nosotros?

Balshu que no estaba acostumbrada a que la trataran así, se puso en pie imponente y gritó:

- ¡Yo no soy ninguna asquerosa elfa! ¡No tienes derecho a tratarme así! ¡No soy una rata que traicione los secretos de los demás! No me trates como a una cualquiera, porque no lo soy.

- Ña, ña, ña...- respondió sacudiendo la mano con desdén.- llévensela... hacedla que diga dónde están los elfos, nos vendrán bien más esclavos, se nos están acabando...

Balshu se hizo a un lado cuando la intentaron coger y gritó:

- ¿Qué sois? ¡Nunca he oído hablar de vosotros!

Todos se sorprendieron, pero...

- ¡Ja, ja, ja, ja, ja!- rió el “rey” con ganas.- ¿Oísteis? ¡La sucia elfa asquerosa dice que nunca ha oído hablar de nosotros!- y sin dejar de reír ordenó,- ¡llévensela! ¡Hacedla confesar!

Se llevaron a las rastras a la albina hasta una asquerosa celda. Allí la encadenaron a la pared y se fueron. Intentó soltarse, pero le fue imposible, las cadenas eran muy duras y cada vez que se movía le hacía un daño terrible con unas pequeñas púas que tenían en los grilletes. Había un guardia cerca de la puerta que en sus momentos de aburrimiento azotaba a los prisioneros hasta hartarse. Después de estar allí unas horas Balshu comenzó a sentir hambre,. Hacía casi ya un día que no comía, y todo lo que tenía se lo habían quitado cuando la capturaron. Empezó a añorar las frutas y verduras del pueblo y comenzó a torturarse preguntándose constantemente porque se había ido de Morarox.

- ¿Por qué me tuve que ir de allí si lo tenia todo?- murmuraba constantemente.- ¿Por qué lo tuve que abandonar todo si no me faltaba nada?

Así estuvo durante días murmurando y llorando hasta que escuchó de pronto ruido de gritos y pasos. Allí vio la luz de miles de antorchas que pasaban persiguiéndose entre sí. Hubo una encarnizada batalla. De repente las cadenas que la sujetaban cayeron entre ruido de metales golpeando. Levantó la vista y vio lo que en un principio pensó que era albino. Pero cuando la ayudó a ponerse en pie pudo sentir que se trataba de un elfo. A pesar del barro que le cubría la piel y el cabello, un brillo inconfundible lo rodeaba. Balshu sintió ceder el suelo en sus pies, se apoyó en la pared, pero igual cayó sin apenas poder moverse de tan débil que se encontraba. El elfo la cogió en brazos y la sacó de allí. A su alrededor corrían también enanos y más elfos sacando a prisioneros, que , al igual que ella, no podían salir por propio pie. A medida que pasaba el tiempo y avanzaban por los pasillos, las sombras se iban aclarando poco a poco. De pronto salieron a la luz del sol.

- Era verdad...- murmuró, cegada por la luz a la que no estaba acostumbrada, tapándose la vista con la sangrante mano.- La llama en el techo...

El elfo la miró sin comprender, pero no hizo ningún comentario. A los minutos llegaron a un campamento donde la dejó junto con otros rescatados a cargo de varias elfas que se afanaban en curarlos lo mejor que les era posible, entre carreras y apuros. La cubrieron con una manta y le dieron a comer unas galletas que la revitalizaron en cosa de segundos. Cuando probó el primer bocado de las galletas se sintió reconfortada y con fuerzas de nuevo.

- ¿Qué son?- preguntó a la elfa que se encargaba de vendarle las heridas.- ¿De qué están hechas?

- Son Lembas.- respondió terminando de vendarle la espalda y comenzando a lavarle una herida de la mano con un líquido de olor fuerte pero reconfortante- La receta es un secreto, aunque tú deberías saberla.

La elfa se fue dejándola sola con sus pensamientos y otros heridos, pero ella ya no necesitaba la compañía de nadie. Afuera el sol quemaba y comenzaban a salir ya de la cueva algunos enanos y elfos llevando armas y joyas encontradas allí. Balshu se puso en pie y se aventuró fuera de la tienda donde estaba. La luz la cegaba y tardó varios minutos en lograr distinguir algo. Antes de poder ver del todo bien, alguien le habló a su izquierda.

- Es hermoso, ¿verdad?

Balshu lo miró y pudo reconocer al elfo que la había sacado de allí.

- ¿Eh?- dijo sin comprender del todo.

- Es hermoso ser libre de nuevo y poder contemplar el sol otra vez, ¿cierto?

- ¿El sol?- así que así se llamaba esa llama encendida en lo alto... Sol... una palabra muy corta para describir lo que hacía sentir a Balshu.

- ¡Ah! El sol en el cielo iluminándolo todo y curando las penas...- prosiguió el elfo ensimismado en sus sueños.

- ¿El cielo?- ¿ese era acaso el nombre de aquella cúpula celeste que todo lo cubría?

- y las nubes, moviéndose arrastradas por el viento, al igual que las hojas de los árboles.- el elfo la miro y le sonrió.- Es hermoso, ¿verdad?

Balshu no supo que contestar y no atinaba a decir nada. Todavía no terminaba de creer que estuviera viva y que hubiese tenido tanta suerte.

- Eh... sí.- dijo por fin, cuando salió de su embobamiento y recuperó por fin toda la vista.- Sí, es realmente hermoso.

El elfo le sonrió. Se sentía hechizado por la albina, era distinta a todos los seres que había conocido hasta ahora, pero era igual de hermosa que la mayoría de las elfas... ¿De donde era? ¿De donde venía? ¿Cómo era que era tan atractiva? Por que algo estaba claro, para el elfo Balshu no era hermosa, sino que atractiva.

- ¿De donde eres? ¿Quién eres?- preguntó de pronto.- Nunca había visto a nadie como tú, y me gustaría saber de donde eres...

- Soy de...- se interrumpió. Por su mente desfilaron aceleradas imágenes de la caverna, de sus padres, del instituto para mujeres, de las cosechas diarias y del gran trabajo y tiempo que llevaba hacer crecer una planta... vio el pueblo de su padre... muy al norte de Morarox, donde hablaban otro idioma, vestían de otra manera y cultivaban otros frutos... vio también a Alusishu, su mejor amiga, carita de ángel la habían llamado siempre...-¿De dónde soy?- Se preguntó en voz baja. No sentía pertenecer a Morarox, ni tampoco a ningún otro sitio...- No se de donde soy...- murmuró al fin...
 
Tuilere
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 15-05-2005 Hora: 09:47
Bueno, estoy de acuerdo con el resto de comentarios... hasta ahora es el mejor capítulo con diferencia. Seguiré leyendo con impaciencia...

Fecha: 10-01-2005 Hora: 19:39
jajaja! debes estar en una nube desde ayer por la noche.
Que mas puedo yo decir?
a mi tambien me gustó.
No voy a ponerte peros, el relato empieza a pintar bien. Tu no tengas prisa en hacer correr el argumento y aprovecha cada uno de esos momentos que son la sal de la vida.
Estoy deseando leer una descripcion de esa chica tan guapa me gustaria saber como es seguro que es preciosa para encandilar a todo un elfo

Fecha: 09-01-2005 Hora: 22:59
Tuilere, voy a decir algo que nunca te había dicho, y espero que no se te suba a la cabeza... ME HA GUSTADO
Aunque sigues derrochando impaciencia, y el relato por ello sigue dando sensación de ser ligero, está bastante más conseguido que otros, tanto por el argumento, como por el personaje principal y los diálogos con el elfo. Eso sí, el párrafo de la belleza y atractivo de balshu me parece que sobra un poco, pero bueno, sigue pronto esta historia que estás en racha

Fecha: 09-01-2005 Hora: 22:48
Este capitulo me ha gustado mas que los otros. La parte en la que hablan del sol me parece bastante bonita.