Ir a Posada de Mantecona
 


Tinúviel
Por Ithilien
 
Era ya oscuro cuando entraron en la cabaña de paredes cubiertas de nácar, brillantes y relucientes. Era un habitáculo idéntico al resto de los que llenaban el Bosque Negro, sin contar el lujoso palacio de resplandeciente nácar y plata que se extendía en el centro, encaramándose las torres más altas sobre un árbol centenario. De día, el Bosque Negro era llenado de una luz verdosa, intensa, provocada por la profunda espesor de las hojas de los árboles, pero a esas horas de la noche, la oscuridad era casi impenetrable. Thranduil, el rey elfo de ese bosque, acompañado de su pequeño hijo, entró en la estancia iluminada por múltiples velas. Allí, un joven elfo, extrañamente moreno de piel, a pesar de que todos los miembros de esa raza eran albinos, les esperaba, de pie, sonriente.

-Bienvenido, Majestad.- dijo él, haciendo una pequeña reverencia.

-Amrod, alegre estoy de poder presenciar esta escena. Eres el único, y mejor fabricante de arcos del Bosque Negro, y llevas muchos años proporcionando tales armas a los miembros de nuestra legión. Entonces, esto es, un gesto amigo.- dijo el rey, en un tono amable. Amrod sonrió, y miró al pequeño príncipe elfo, que miraba la escena atónito. Había acompañado a su padre hasta allí, y aún no sabía porqué.

-Pasen, por favor.- El elfo moreno les acompañó hasta una habitación, la cuál era iluminada por la luz de la luna, que entraba por una ventana abierta. Al lado, una bella dama elfa, de largo cabello rubio y mirada clara reposaba junto a una cuna de madera, fabricada a mano por su esposo, con innumerables detalles florales grabados en la madera.

-Náessë, se la ve radiante.- la bella dama sonrió tímidamente ante el comentario del rey. Poco a poco, y en silencio, se acercaron hasta la cuna. Thranduil miró al interior, y su mirada se enterneció.- Seguro que cuando crezca, será tan bonita como la madre.- Náessë rió levemente, pues tal comentario la halagaba.- Mira, Legolas... puedes mirarla, no pasa nada.- El pequeño hijo del rey se acercó, algo temeroso. Nunca antes había visto un recién nacido, y se hallaba nervioso.

-Ven.- la dama elfa abrió un poco más la cortina, para que la iluminación fuera mayor, a la vez que Legolas asomaba su cabecita al borde de la cuna.

-Es... es muy pequeña.- dijo el pequeño elfo, mientras miraba al bebé. Tenía el cabello extrañamente oscuro, los ojos cerrados, y dormía apaciblemente. También era muy menuda, pero no importaba.

-Es extraño, Amrod- añadió el rey.- Que tenga el cabello tan oscuro, siendo tanto tú como tu esposa rubios.

-Lo sé.- La sonrisa no abandonó el rostro del elfo ni un instante.- Pero usted sabe que, debido a mi trabajo en el campo, y a que debo salir fuera de los lindes del bosque para proveerme de madera, mi piel es morena. Quizás por eso, la niña haya salido con el pelo más oscuro que lo habitual.- Entonces, el hombre miró al pequeño elfo, que no había retirado la mirada de la niña ni un instante.- Bien, príncipe,¿qué le parece?

-No está mal...- susurró, pero en su interior pensó que nunca antes había visto nada tan lindo como aquél bebé. Dirigió su mirada a la madre de la criatura, que sonreía dulcemente.- Podré... ¿podré venir mañana a jugar con ella?- Sin saberlo, Legolas se sonrojó levemente.

-Mañana no, pero dentro de unas semanas, cuando ya esté un poquito más crecida, podrás venir a ayudarme a cuidarla.- dijo sonriendo la dama, envuelta en una tela azul.

-¿Cree usted que la niña querrá jugar conmigo?- pregunto tímidamente. Entonces, el joven padre de la criatura, se agachó frente al niño.

-Pues claro. Estará encantada.- Legolas rió, y su rostro se llenó de alegría.

-Bueno, será mejor que nos vayamos, y dejemos descansar a la niña.-añadió el Rey elfo, mientras apoyaba su mano sobre el hombro de su hijo.-Felicidades a ambos.- dijo el rey, a modo de despedida, mientras Amrod les guiaba hasta la puerta, y Náessë acunaba a la niña entre sus brazos.

-Por cierto...- preguntó el pequeño elfo, mientras se giraba, antes de salir por la puerta.-¿Cómo se llamará?- Y sin dejar de sonreír, con una melódica voz, la madre susurró.

-Ithilien.

* * * * * * * * * *
Allí estaba el joven príncipe elfo. Largo tiempo había pasado desde el crepúsculo en que Ithilien había nacido, y habían pasado muchos años juntos. En el extremo Norte, fuera de los límites del bosque había un gran campo, lleno de hierba, la cuál le llegaba hasta las rodillas. Tiraba unas pequeñas flechas a unas manzanas que había colocado sobre una gran piedra, intentando acertarles en el centro (que no atinaba), con un pequeño arco de madera, fabricado especialmente para él por Amrod, el productor de arcos.

-¡Legolas!¡Legolas!- el chico se giró, y vio que entre la maleza, algo muy menudo corría hacia él. Llegaba desde la dirección dónde se encontraba el camino que llevaba al río.-¡Legolas!- Entonces, reconoció la alarmada voz que gritaba. Asustado, lanzó el carcaj de flechas al suelo, junto al arco, cuidando de que no se rompieran, y se lanzó a correr hacia ella.

-¡Ithilien!- El joven elfo corrió más rápido, apresurándose cuando vio que, de repente, el bulto desaparecía entre la alta hierba.-¡Ithilien!- Llegó hasta dónde se había producido la desaparición de la niña, y, apartando los altos hierbajos, la encontró, tumbada en el suelo de cara.-¡¿Otra vez te has vuelto a caer?!

-Legolas...- sollozó la niña, mientras se levantaba. Entonces, el elfo pudo ver como la pequeña llevaba briznas de hierba entre su corta melena, las rodillas manchadas de barro, y pequeñas heridas en las manos. Sus ojos estaban brillantes, y grandes lagrimones bajaban por sus mejillas. El príncipe la cogió en brazos, y la meció para que dejara de llorar.

-Ithilien... eso te pasa por ir corriendo...- dijo, en un tono resignado.

-Es que... es que...- la niña empezó a llorar desesperadamente.

-¡Deja de llorar!...Ithilien...- suspiró, renunciando a que la niña dejase de gimotear.-¿Pero que pasa?

-Hay... ¡hay un trasgo en el río!- la pequeña le miró a los ojos, con expresión de miedo.- ¡Me quería comer! ¡De verdad!

-No estaría de más si te comiera... como eres tan llorica.- Eso solo agravó la situación, y ella empezó a llorar con más fuerza.- ¡¡Que era broma!! ¿Como quieres que haya trasgos en el río? Ellos viven muy lejos de aquí... en las montañas, y nunca se acercan al Bosque Negro, y mucho menos, a la luz del día.

-No, no, no... ¡Yo he visto un trasgo! Era... era grande, muy grande.- En ese instante Legolas pensó que, al lado de la pequeña elfa, todo era muy grande.-del color de la tierra, tenía el hocico negro, igual que los ojos, unas patas muy largas y unos enormes cuernos similares a ramas le salían de la cabeza.

-¿No quieres decir que eso que has visto era un ciervo?- preguntó el joven, con una mirada irónica. La niña puso una expresión pensativa, y más tarde, declaró.

-Pues puede que sí.

-Ithilien, no sería mejor que antes de decir que has visto un trasgo... ¡¡¿supieras lo que es un trasgo?!!- gritó el chico con exasperación. La pequeña se cubrió la cabeza con las manos, intentando así protegerse, asustada.

-Lo... lo siento.- murmuró. Legolas suspiró.

-No pasa nada, no pasa nada... tranquila, que no me enfado.-añadió, viendo la mirada asustada de la chiquilla, pero entonces, bruscamente, la niña cambió su expresión de terror por una de alegría y emoción.

-¿Estabas practicando con el arco?- Él asintió con la cabeza.-¿Me dejas una flecha?

-No. Podrías hacerte daño.- sentenció, en un tono autoritario, a la vez que protector.

-¿Me das una manzana?- El elfo negó con la cabeza. Las necesitaba para mejorar su malograda puntería.- Por favor, por favor, por favor.- insistió repetidamente Ithilien.

-Está bien, está bien. Te daré una manzana.- suspiró, resignado.-Supongo que también querrás que le quite la piel y que te la corte,¿verdad?

* * * * * * * * * * *
La pequeña estaba sentada frente a la mesa que estaba justo al lado de la ventana. Las estrellas brillaban mucho esa noche, y su madre, a su lado, la miraba atentamente, mientras zurcía un roto de un vestido de la niña.

-¿Te lo has pasado bien hoy?- preguntó la hermosa mujer, con los ojos fijos en la prenda.

-Sí.- afirmó la niña, mientras masticaba un trozo de fruta.- He visto un ciervo... y me he caído.

-¿Otra vez?- preguntó Náessë, mirando a su hija-¿Te has hecho mucho daño?- La chiquilla movió la cabeza negativamente.

-Pero me he puesto a llorar... y Legolas ha tenido que volver a consolarme.- Ithilien sacó la lengua, en un gesto entre vergüenza y diversión.

-Es muy buen chico.- la mujer dejó el vestido, ya cosido, sobre la mesa, y se levantó de la silla.

-¡Sí! Por eso, cuando sea mayor, me voy a casar con él.- sentenció la niña, con toda normalidad.

-¿Qué?- la mujer miró a la niña, y ahogó una sonrisa.- Eso no puede ser, cariño. Él es un príncipe, y para que tú pudieras casarte con él, deberías ser una princesa.- Ithilien miró a su madre con expresión de no comprender esas palabras.

-Eso no importa...¡cuando sea mayor, me casaré con él!- Náessë salió de la habitación, sonriendo, con el pensamiento de que, al igual que todas las niñas de esas edad, lo que Ithilien decía era tan solo chiquilladas, pero ella, tan pequeña como era, dejó a un lado el plato de fruta, y apoyó las manos en el alféizar de la ventana, mirando el cielo nocturno.- Me casaré con Legolas.- En sus ojos, a pesar de su sonrisa infantil, se vio un maduro brillo de seguridad.- Por qué después de mamá y papá... él es la persona a la que más quiero en este mundo.

* * * * * * * * *

 
Ithilien
 
 
 

672 personas han leído este relato.

Haz click sobre las esquinas abiertas para avanzar o retroceder de capítulo

  

Comentarios al relato:
Fecha: 11-03-2005 Hora: 17:12
snif.... que bonito!!! yo quiero escribir como tuuuuuuuuuuuuuuuuu!!!!!!!!!

Fecha: 16-01-2005 Hora: 00:05
yo entiendo a Laeron, y es que no se puede vitar que este relato parezca el típico de una chica sobre que quiere ser la novia de legolas. Además te recreas en lo tierno de la situación. Pero creo que, aún así, me gusta, porque se lee fácil, está muy bien escrito, y la autocomplacencia que resuma logra también una cadencia oportuna para un primer capítulo. Además el final está muy conseguido a mi parecer. Vamos, que se ve que escribes bien y te has pegao el gustazo de hacer lo que todas quieren

Fecha: 13-01-2005 Hora: 22:33
Aiya. El relato está bien, pero a mi gusto hay algunas cosas que no me van mucho (es una pura opinión personal) no se si es porque no me gustan mucho los relatos "ñoños" o ya cualquier porque historia relacionada con Legolas me parece cansina. No, en serio, el relato está bien, no lo tomes a mal ni como una crítica destructiva, solo afinaría quizas un poco mas en el lenguaje que parece un poco rígido. También te digo que espero un giro en la historia (...aceptamos esta especie de capitulo para enternecernos el corazón)...

Fecha: 13-01-2005 Hora: 11:24
Espero que os guste, cualquier comentario no duden en escribir, muchas gracias!!

ithilien