Ir a Posada de Mantecona
 


CMVI.-Sombras
Por Baranduin
 
Están aquí. Me persiguen. Me han elegido. Lo sé. Pretenden capturarme, arrastrarme al olvido. Están ahí, detrás de mí. Los oigo. He de salir de aquí antes de que ellos me alcancen.

No sé por qué lo hice. Todos lo dicen: No hay que alejarse. Todos lo saben; es de sentido común. De verdad, no sé por qué lo hice. Pero lo hice. Ahora debo correr. O pagar las consecuencias.

Se están desplegando. Oigo sus gruñidos aquí y allá. Siempre por detrás de mí. Cada vez más cerca. Siguen mi rastro. Son como leones; acechan a la presa, y se van acercando poco a poco. Y al final, saltan sobre ella, y corren y la persiguen. Me siento justo como una gacela. Y tengo las garras rozando mis cuartos...

Ya queda menos. Y habré ganado a aquel tonto. No sé quien sería; nunca lo había visto. Volvíamos de caza, y yo había conseguido un gran macho. Sus garras colgaban de mi cuello. Todos alababan mi osadía. Y yo repartía su carne; es una carne bastante apreciada.

Entonces es cuando se me acercó. Era alto y robusto, y moreno de pelo y ojos. Como digo, nunca le vi antes, así que supongo, vino de la otra orilla. Me dijo que no creía que yo fuese tan valiente. Que otros habían cazado otros machos antes, y muchos por pura suerte. Que las alabanzas no eran sino para que les diese la carne. Que si quería demostrar mi osadía, debía de internarme en el bosque dos días... y volver para contarlo.

En otro momento, le habría arrojado al agua. Pero era MI momento. No tenía derecho a retarme. Acepté.

Ya quedan menos millas para salir. El bosque es menos espeso ya; y a veces, entre los árboles, se distinguen las estrellas. Pero las Sombras se van acercando. Durante dos días las he tenido a distancia. Pero ahora vienen a por mí. Y tengo miedo, y me estoy agotando. Mucho cansancio. Y mucho miedo.

Desde que llegamos aquí, nadie sabe como, nos han ido rodeando. Se ocultan en el bosque, donde la noche es tan profunda que no brillan las estrellas. Cuando alguien se interna, le arrastran al Vacío que hay más allá del bosque. Y a veces merodean por las lindes, y su recortada silueta se ve en la obscuridad. Algunas como lobos. Otras, leones. O lagartos. Pero la más aterradora es Orokû, un jinete montado a caballo, con los ojos brillando como ascuas.

Dos gañidos a mi izquierda. Giro a la derecha; me están alcanzando. Corro hacia el límite. Por la derecha se oyen resoplidos. Ni giro ni pienso; corro.

Maldigo a las Sombras. No son muy rápidas; es como si jugasen conmigo antes de acabar. Llego a un claro, a pocos estadios del límite. Sobre los árboles, Delgume-eketarô. Bajo ellas, Orokû. Emboscada.

Ya sabré la verdad sobre los bosques que rodean Kuibie-nên...
 
Baranduin
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 28-01-2005 Hora: 16:49
Mmm, no se si te habrás visto la peli del Bosque o te ha inspirado, me he acordado de ella mientras lo leía. En mi opinión habría venido muy bien algunos detalles que dieran mas angustia.

Fecha: 28-01-2005 Hora: 16:03
Ô_ô una extraña pieza para ser de vuestra pluma. Sobre todo porque creo que esta vez no das del todo en la tecla con el formato del texto. Es una historia menos emocional, más argumental (sobre todo con ese final del jinete y tal), que se me antoja corta y menos redonda que otras que colgó antes. No deja de estar bien escrito, desde luego, pero deja más indeferente de lo que quizás pretendiera.