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Balshu
Capítulo 4
¡Estoy viva!
Por Tuilere
 
Iba silenciosa montada detrás del elfo que la había rescatado. Él tenía cabellos castaños cobrizos y ojos verdes grisáceos. Hacía poco habían abandonado el campamento elfo de donde la gente ya se estaba yendo.

Al notar su silencio le preguntó:

- ¿Qué os ocurre? ¿Porqué la alegría no ronda vuestro alrededor?

- Nada. No me ocurre nada.- alegría... ¿qué sería eso? No conocía esa palabra... aunque se parecía bastante a algarabía y a otras, pero no estaba segura de su significado.- ¿Por qué preguntas?

- Por nada en especial. Solo que siento que la soledad y la tristeza turba vuestros pensamientos.

- No comprendo que quieres decir.- repuso Balshu mirándolo intrigada.

- Que parecéis preocupada.- se explicó el elfo.

Era real, estaba preocupada. No sabía que haría ahora que estaba allí. No sabía donde ir, ni en quien confiar y en quien no. Su experiencia con los seres de la cueva, todavía cercano el recuerdo, la instaba a no confiar en nadie, pero... ¡Aquel elfo la había rescatado! ¿Podía confiar acaso en el ser que la había salvado o el también era un enemigo? Fuese como fuese, no tenía donde ir, ni a quien pedir ayuda en caso de problemas. Ni siquiera tenías un arma para defenderse llegado el caso. Añoraba la monótona tranquilidad de su tierra... todos los días era la mismo, pero no dejaba de ser cada día distinto al anterior. Los hombres se levantaban “temprano” y salían al campo a sembrar plantas, luego recolectaban frutos y volvían a casa con la comida. Lo más aburrido de todo era mantener encendidas las antorchas que proporcionaban luz a las plantas. Durante todo el día se podían ver albinos llevando madera sacada de las mismas plantas que cultivaban, para quemar. Esa madera especial se quemaba muy lentamente, ya que la rociaban con una especie de ungüento que salía de una pequeña planta violeta. Además de luz las plantas necesitaban agua y grandes cuidados: cortar las hojas secas y remover constantemente la tierra. Con tanto trabajo no les quedaba tiempo para nada en absoluto. Las mujeres preparaban la comida, la madera, tejían y enseñaban a las niñas a realizar las pocas tareas de la casa que debían hacer. No tenían casi armas, ya que a pesar de sus fuertes y frecuentes disputas, nunca las habían necesitado. Y cuando había “carne fresca” se valían de palos para darle caza, los pocos que poseían armas eran justamente los que lograban hacerse con alguna luego de las “cacerías”.

- Aaaah...- suspiró Balshu recordando cuando era apenas un bebé y su madre se empeñaba en enseñarle a cocer. Siempre rompía la tela con sus deditos rechonchos y poco hábiles. La tela la fabricaban con fibras extraídas de las plantas. La tejían, a ser posible en la forma que tendría luego, para no desperdiciar nada, la cocían con hilo también hecho con fibras de plantas y la sometían a un complicado tratamiento con un barniz que la volvía flexible y resistente, ya que de por si sola, la tela era muy fácil de rasgar y romper. Por eso su madre le propinaba grandes golpes cada vez que destrozaba la tela en proceso de tratamiento cuando descubrió como habría “LA” puerta.
Su madre siempre le había dicho de pequeña que tras esa puerta sólo había rocas y que no entrara nunca allí, pues las piedras se derrumbarían y le podrían hacer mucha “pupita”.

>> - ¡Balshu!- recordó como le había dicho su madre un día que la encontró con un palo tratando de forzar la puerta de roca.- ¡No! ¡No abras esa puerta!- la cogió en brazos.

>> - ¿Po qué?- preguntó aferrándose aún más al palo, su herramienta maestra.- ¿Po que no?

>> - Porque si la abres ocurrirá algo terrible.

>> - ¿Que hay allí detrás madre?

Su madre la había dejado en el suelo y fruncía el ceño cuando le respondió:

>> - Piedras. Montones y montones de piedras que caerán sobre ti si abres la puerta.

Así se había quedado el tema hasta que un día Balshu encontró la llave de la habitación entre las pocas cosas de su madre. Había esperado a que su madre se fuese, dejándola sola, para entrar allí. Tras “LA” puerta había descubierto las ropas en tratamiento y, contenta por su descubrimiento, había cogido todas las que sus pequeños brazos podían sujetar y había salido corriendo a buscar a su madre para mostrarle su descubrimiento.

>> - ¡Madre! ¡Madre!- Había llegado gritando a la casa de la vecina.- ¡Mirad lo que he encontrado, madre! ¡No eran piedras! ¡Os habíais equivocado! ¡Eran cosas!

Su madre estaba tejiendo con unas amigas cuando ella llegó. Se paró, contempló las ropas sucias y rasguñadas y comenzó a abofetearla al gritando:

>>- ¡CONDENADA CHIQUILLA! ¿ES QUE NO SABES DAR MÁS QUE PROBLEMAS? ¡MIRA COMO HAS DEJADO LA ROPA! ¡ERES LA NIÑA MÁS HORRENDA Y MALA QUE HE CONOCIDO NUNCA! ¡CUANDO TE DIGO ALGO DEBERÍAS HACERME CASO Y NO HACER LO QUE TE DE LA GANA!

Luego la había llevando a casa casi arrastrando y le había prohibido volver a entrar en la habitación de “LA” puerta. Su padre también se había enojado cuando se enteró, pero no tanto... Él siempre había sido mucho más comprensivo que su madre, pero no era nadie. No podía hacer nada por evitar nada, ya que su madre mandaba en casa y no él. Gobierno extraño el del pueblo...

- ¿Queréis comer?- la pregunta la sacó de sus ensoñaciones.

- ¿Eh? ¿Qué dices?- preguntó sin comprender un poco embobada todavía.

- Que si tenéis hambre.

- Eh...- en ese momento se dio cuenta que las tripas le sonaban y que por eso lo había preguntado.- Supongo que sí.- dijo ruborizándose.

El elfo sonrió ante su vergüenza.

- No debéis tener vergüenza.

Balshu lo miró y murmuró...

- Lo siento... es que no estoy acostumbrada...

Se sentaron junto a una pequeña fogata a comer unos pescados que habían cogido de un pequeño arroyo que corría cerca. Comieron sin hablar y luego se recostaron en el pasto.

- ¿Quien eres?- preguntó Balshu de pronto. Era real, él no se había presentado todavía.

- Perdonad mi descuido. Me había olvidado que no nos hemos presentado. Soy Lassemalinë, elfo de Rivendell, para serviros. Y vos sois...

- Balshu. Mi nombre es Balshu.- luego pensativa preguntó- ¿Rivendell? ¿Dónde está?

- Iremos allí, pero primero deberemos pasar por Lothlorien, el bosque dorado.- ¿bosque? ayay... no comprendo tantas cosas que dice...- luego iremos allí.

- mm...

Cerró los ojos y volvió a sumergirse en sus ensoñaciones... Golpes, riñas, castigos... recuerdos tristes de su pueblo... y luego susurró por lo bajo:

- ¡Estoy viva!
 
Tuilere
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 04-02-2005 Hora: 19:26
Si señor, esto ha mejorado mucho, la evolucion es sorprendente. Sigue escribiendo asi!

Fecha: 03-02-2005 Hora: 23:50
Veo que comienzas a regocijarte con el manejo de los personajes. Les estás cogiendo el puntillo...
Me gusta como desarrollas el capítulo, con esos flashback en los que nos vas dando a conocer poco a poco a su pueblo, intercalándolo con el desarrollo de su situación actual. Me gusta también el descaro que le pones a ciertas frases, que le dan el toque irónico y simpático a la historia, que cada vez parece más intensionado. Sin embargo aún tienes que mejorar en la concreción de las frases, escoger mejor lo que quieres decir, a donde quieres llegar con cada párrafo... redondearlos más en definitiva.
Muy bien en cualquier caso, cada vez entretienen más tus relatos.