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Balshu
Capítulo 5
Una noche que nunca se olvidará.
Por Tuilere
 
- Ya viene la obscuridad.- murmuró Lassemalinë mirando el cielo.

- ¿eh?

- No es de inteligentes morar en la oscuridad en el bosque, en estos tiempos. Deberemos buscar un lugar donde refugiarnos.

- ¿Por qué no?- preguntó Balshu saliendo de sus típicas ensoñaciones.

- Trasgos. Seguramente habrán quedado trasgos después de la cacería, de haberlos deben estar hambrientos y pueden llegar a dar problemas.- explicó preocupado.

- ¿Trasgos?- ¿que serían los trasgos? Tal vez aquellas criaturas feas que se encontró en las cuevas...

- Sí. Cuando estabamos en el campamento y éramos muchos no se atrevían a atacar pues contábamos con buenas armas, mientras que ellos están dispersos y sin recursos, pero ahora que estamos solos corremos gran peligro. Las cuevas y túneles cercanos pronto estarán otra vez plagados de ellos y no es aconsejable que nos encontremos cerca entonces.

En ese momento cayó en cuenta... esos seres, los de la cueva, aquellos que la habían capturado y torturado eran trasgos... pero... ¿qué eran exactamente? ¿por qué eran tan crueles?

Balshu no pudo evitar volver a desconfiar de todo lo que la rodeaba. Aunque no le agradaba ese sentimiento, no podía evitar pensar que Lassemalinë la podría estar engañando para conseguir algo pero, ¿qué?

Se internaron en el bosque y al rato de mirar los árboles con detenimiento, Lassemalinë señaló uno y dijo:

- Aquí estaremos bien. Ese árbol es lo suficientemente espeso como para que no nos vean y lo suficientemente alto como para que no nos oigan.

El elfo ayudó a Balshu a trepar a la copa y luego desapareció en busca de algo luego de decir:

- Vuelvo presto. Esperadme un momento.

Balshu se recostó lo más cómoda que pudo en una gruesa rama. Miró hacia abajo y no vio el caballo de Lassemalinë. Probablemente, pensó, este se había marchado con su dueño para ser escondido donde no delatase su presencia. Pero la desconfianza volvió a ella en ese momento... ¿y si Lassemalinë se había marchado con el caballo y había enviado trasgos tras ella? Volvió a mirar inquieta por las ramas y al no ver nada volvió a recostarse.

Comenzaba a marearse, pero no le dio mucha importancia. La altura le daba vértigo mas, a pesar de eso prefería estar allí a ser la cena de esos asquerosos seres. Pocas veces había estado en la copa de un árbol. De pequeñita había intentado trepar en algunos árboles del pueblo, pero siempre la habían castigado por dañar las plantas. Su madre constantemente le reprochaba que era una rebelde y que no sabía hacer más que dar problemas, por eso se había ido de allí; porque no los soportaba ya. Su madre siempre reprochándole todo y su padre que nunca la tomaba enserio ni la ayudaba en nada. En medio de sus pensamientos comenzó a caer en un sueño lento y tranquilo pero de pronto un ruido la devolvió a la realidad.

- Grrrr, deben estar cerca de aquí.- la voz era la de un trasgo que se acercaba.- Los puedo oler.

Balshu lo oyó y sus peores temores se vieron cumplidos. No debía confiar en Lassemalinë. Se asomó lentamente de entre las hojas. Abajo pudo ver una tropilla de unos diez o quince trasgos. Uno de los trasgos olisqueó en su dirección. Rápidamente volvió a esconderse, pero no fue lo suficiente veloz, el trasgo la había logrado ver.

- Allí está alguien.- gruñó señalando el árbol donde la había visto.

Un escalofrío recorrió la espalda de Balshu cuando oyó a los trasgos trepando dificultosamente el tronco del árbol. Lassemalinë la había traicionado. Tras escuchar varios minutos a los trasgos intentando subir y no ver llegar a ninguno, decidió comprobar lo que ocurría allí abajo.

Los tragos no sabían trepar, y por más que lo intentaban, no conseguían subir a mas de un metro de altura y evitar caer sobre los que abajo se encontraban. Por fin desistieron y decidieron esperar a que quien fuese que estuviera allí arriba cayese. Comenzaron a golpear con todas sus fuerzas el tronco del árbol para que se tambalease y así derribar al escondido. Arriba, Balshu volvió a sentir nauseas provocadas por el vértigo y el pequeño bamboleo del árbol. Decidida a no caer en mano de los trasgos se abrazó al tronco e intentó pensar en otra cosa para distraerse.

Sus pensamientos cayeron sobre Lassemalinë.
- Condenado elfo del puto infierno.- gruñó enojada.- Ese hijo de perra se ha largado y me ha dejado con estos asquerosos seres.


Lassemalinë prometió regresar pronto, cogió las riendas de su caballo y se alejó de allí sigilosamente. Cerca de allí corría el río Limclaro. Pensando que el caballo estaría seguro allí, lo ató a un árbol y se dispuso a regresar con Balshu.

Todavía veía sus grandes ojos grises y tristes mirándolo asustada cuando la rescató. Esa mirada que tenía lo intrigaba. Era una mezcla de rencor, tristeza, desconfianza y soledad. Aunque también había un atisbo de inocencia. ¿Qué le había ocurrido para estar vacía por dentro? Siempre estaba recordando cosas y constantemente una expresión melancólica rondaba su cara. ¿Porqué desconfiaría de todos? Además estaba el hecho de haber estado cautiva de los trasgos... ¿Cómo había llegado allí? ¿De donde venía? Por sus pensamientos se perdía ya cuando oyó ruidos que no le gustaron nada. Era un grupo de trasgos de unos diez o quince miembros que se acercaba.

Se escondió entre los árboles y los comenzó a seguir. Cuando llevaba ya un buen trecho caminando tras ellos, notó que se dirigían al árbol donde estaba Balshu. Cuidadosamente los adelantó e intentó llegar al árbol antes que ellos para avisar a Balshu, pero le fue imposible.

La tropilla se detuvo y el guía olfateó el aire y dijo:

- Huelo a alguien más.- volviendo a olisquear continuó.- ¡Es un asqueroso elfo!

Volvieron a ponerse en marcha, pero esta vez con más prisa.

Al ver que los trasgos se acercaban, Lassemalinë trepó en otro árbol, no demasiado lejano al de Balshu, sin ser visto. Dispuesto a llegar hasta ella por las copas comenzó a moverse sigilosamente.


Balshu ya comenzaba a cansarse de estar allí. Lo que más temía no era caer, sino que los trasgos prendieran fuego al árbol. Decidida a no ponerles fácil su captura rompió una rama lo más grande que pudo y se las tiró dándole a varios trasgos en la cabeza.

- ¡Dejadme en paz, seres asquerosos!- gritó enojada. Un gran error por su parte. Los trasgos se enfurecieron aún más y comenzaron a mover el árbol con mayor violencia.

Balshu perdió el equilibro y gritó, pero justo a tiempo consiguió sujetarse de una rama.


Lassemalinë oyó el grito de Balshu y se apresuró a alcanzarla. Debía ayudarla. Cuando llegó por fin al árbol donde estaba ella la vio realmente con mal aspecto. Estaba pálida y a punto de devolver lo que había comido.

- Ayay... que poco que me gusta esto...- murmuró al verlo llegar.

- Venid.- susurró él tendiéndole la mano.- Esto se mueve mucho para vos. Saldremos de aquí, no os preocupéis.

Sujetándose a las ramas y olvidando todas sus desconfianzas, Balshu se puso en pie en el bamboleante árbol.

- Seguidme.- indicó Lassemalinë guiándola entre las ramas.

Balshu lo siguió como pudo hasta que noto que las ramas ya no se movían bajo sus pies: habían abandonado por fin el árbol que golpeaban los trasgos.

- ¿Dónde vamos?- preguntó.

- Al río. Allí estaremos bien. Además, un baño os vendrá bien.- no lo decía solo por el mareo de la pobrecilla Balshu, su piel pedía a gritos un poco de agua por la suciedad depositada en ella.

Ella sonrió y se miró...

- Tienes razón.

Después de caminar por los árboles durante un buen rato, llegaron a uno en el que ya no podían seguir. Lassemalinë bajó sin dificultad, pero a Balshu, al mirar abajo, le volvió el vértigo, perdió pie y cayó al suelo. El elfo la intentó coger, pero fue demasiado lento y Balshu se dio un golpe sordo contra la hierba y quedó inconsciente.


Atraído por el ruido de los trasgos llegó un grupo de montaraces. Al verlos sacudiendo un árbol, pensaron que podía haber alguien en peligro. Desconociendo la verdad, los rodearon silenciosamente sin ser vistos y atacaron matándolos a todos. Allí hicieron una pira con los cadáveres y los quemaron. Luego se fijaron si había alguien cerca, pero no dieron con nadie.


Cuando volvió en sí, Balshu se encontró tendida en el pasto, con la cabeza en las piernas de Lassemalinë y a la luz de una hoguera. Al ver que ya se había despertado él le preguntó:

- ¿Os encontráis bien?

- Eh... sí, creo... pero, ¿qué me ocurrió?

- Os golpeasteis la cabeza al caeros de un árbol.

Balshu comprendió entonces porqué le dolía tanto la cabeza. Se sentó y miró a su alrededor. Cerca de allí vio el caballo del elfo atado a un árbol. Miró la fogata y preguntó:

- ¿No nos delatará?

- Lo dudo. Oí ruidos y fui a ver, un grupo de montaraces a matado a los trasgos y prendiolos fuego.

Balshu intentó imaginarse a los trasgos ardiendo pero no lo consiguió... Miró el río Limclaro y se puso en pie. Se acercó a las aguas cristalinas y las tocó. Estaban frías.

Lassemalinë adivinó sus pensamientos y dijo:

- Aquí la corriente es suave, si queréis podríais bañaros.

Ella lo miró como diciendo: “¿Y que hay sobre ti?”

- No os preocupéis,- sonrió.- no os miraré.

No era eso lo que la preocupaba, pero no dijo nada, suspiró y comenzó a desvestirse. Dejó sus ropas en la orilla y se sumergió. Se le daba bastante bien nadar ya que cerca de su pueblo corría un río subterráneo donde ella había nadado alguna veces cuando era pequeña. Lassemalinë se giró y la vio resurgir de las aguas con los cabellos plateados chorreando agua. Balshu sacudió la cabeza para quitarse el agua de los cabellos y miró al elfo que la observaba. Este desvió la mirada avergonzado. Pero no pudo evitar volver a mirar... Balshu estaba allí como una diosa... Sus cabellos finos empapados en agua, su piel reluciendo y toda ella en el reflejo de la luna.
 
Tuilere
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 22-02-2005 Hora: 22:07
Me ha gustado Tuilere, el argumento cada vez toma una forma más sólida y cada vez narras mejor. Bravo

Fecha: 17-02-2005 Hora: 14:32
Bien, muy entretenido las situaciones siempre sencillamente trazadas se van llevando con suavidad hacia la temática amorosa, sin perder el humor.