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Quenta Nwalmedor
Capítulo 1
La tierra del Tormento
Por Ibrianna
 
Había nacido allí.

Aquella tierra desprotejida y solitaria, bordeada de altas montañas oscuras como cuernos negros amenazando la entrada de cualquier extraño o forastero.
Allí en aquel refugio perdido en el valle de Hísë vivía un grupo de Edain. Desconocían lo que se hallaba por fuera del mundo que conocían y vivían a diario. Siempre se había dicho que era peligroso salir de Nwalmedor.

Pero¿qué había allí?, los Hombres más viejos y sabios no se atrevían a hablar de eso, y el verdadero temor fué ocultado durante años, sepultado por los recuerdos de antaño.

Pero Almie había nacido allí, y su corazón le decía que a pesar de todas las historias que se relataban sobre aquel valle mágico no había nada más allá de las altas montañas sombrías.

No podía contener las ganas de escapar de allí. Quería salir, explorar el mundo y conocer lo que en verdad era Aman. Pero sabía las consecuencias de aquel sueño infantil que tenía, así que decidió guardarlo como un secreto en el fondo de su corazón, latente, esperando el momento de despertar.

No pasó mucho tiempo cuando le llegó su cumpleaños vigésimoprimero. Era ya mayor entre los suyos.

Esa noche, la noche en que cumplía los veintiún años decidió poner en acción el plan que había estado dormitando. Ahora tenía alguien en quien confiar. No era solo alguien en quien confiar, sinó alguien que sabía que nunca contaría nada, que nunca la delataría.

Caminó sola entre los árboles del frondoso bosque que se formaba en una hondonada, en el medio del Valle. Al resplandor de la luna menguante llegó a un claro, donde había una laguna. Solia visitar Morë Aluin todas las noches, pero aquel día era especial.

Sintió el sonido de una flauta resonar melodiosamente en su interior. Aquella melodía que tanto le gustaba, "I eär nurre esselya"...

Y allí estaba el, su amado Aladarion sentado bajo el frsno más alto de todo el bosque. La luz de la luna se hizo intensa reflejada en las aguas oscuras de la laguna. Pero aquellos momentos los hacían felices y dichosos de ser quienes eran.

-Sabes Aldarion, cada vez que nos vemos aquí arde cada vez más en mi el deseo de dejar este lugar, está poblado de viejos recuerdos y antiguas creencias con las que hay que terminar-
-Me gusta cuando hablas así Almie, y sabes que te apoyeré-

Almie se sentó al borde del estanque.

-Mañana a esta misma hora te estaré esparando aquí. Trae solo aquello que necesites para sobrevivir a las sorpresas que nos aguardan en el exterior- dijo el.
-¿Sorpresas?, no me digas que piensas que todas aquellas historias de las que nos hablan desde que tenemos uso de razón son verdaderas- dijo ella extrañada.
-No digo que lo sean, pero así y todo tu no tienes una idea de lo que se alza más allá de las montañas que te han visto nacer-
-No hablemos más, se hace tarde y debo llegar a casa antes de que amanezca-

Aladrion se incorporó tomándola por la cintura la besó y la despidió, esperando encontrarla allí, en aquel sitio cuando la noche del día siguiente se presentara silenciosa y melancólica.
 
Ibrianna
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 19-02-2005 Hora: 15:24
Poco se puede decir aún. Ala, a continuar.