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Quenta Nwalmedor
Capítulo 2
Sin descanso hacia el exterior
Por Ibrianna
 
Volvió a oscurecer. La tarde cayó sobre Nwalmedor y el cielo se cubrió de estrellas. Lejanas en la oscuridad parecían haber sido puestas allí por algún gigante.

Aldarion salió de su casa, sopló suavemente la última luz que quedaba encendida en el hogar y tomando su caballo del establo se dirigió a la hondonada.

Almie vivía a diez leguas de allí, pero esa noche sería la última que vería a sus padres. Así que cuando todo el campamento estubo dormido y el silencio cayó espesamente sobre los sueños de todos, se deslizó entre los suyos y besó la frente de su padre y de su madre, pidiéndoles perdón para sus adentros.

Corrió hacia donde había dejado su caballo listo para partir, y comenzó a costarle respirar. Sintió ruidos detrás de ella, así que sin dudarlo se subió y galopó esquivando ágilmente los árboles que se erguian solitarios a los lados del camino que conducía a la laguna negra.

La oscuridad estba más espesa que nunca, pero ella mantenía el paso vivo temiendo retrasarse.
Al fín llegó al sendero olvidado que conducía a Mornië Aluin, se bajó del caballo y lo amarró a un árbol. caminó lentamente sosteniéndose el vestido blanco con la mano. Sintió algo rozar su hombro y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Temió darse la vuelta...sentía el aire cliente de una respiración detrás de su cuello. Tomó coraje y volteó la cabeza.

-Uno de estos días me vas a matar Aldarion- dijo riendo con nerviosismo.
-Lo siento, no quise hacerlo amor, ¡pero mira! la noche se esta poniendo oscura y el amanecer está cerca, debemos apresurarnos.
-¿Está todo listo?- preguntó ella.
-Todo, ven conmigo, tomaremos mi caballo, lo dejé al otro lado del estanque.

Caminaron y hallaron al caballo unos metros más atrás de donde Aldarion había creído haberlo dejado. Lo tomó por las riendas y lo condujo hasta donde estaba el otro.

Almie subió apoyándose sobre los estribos. Aldarion subió junto a ella. Su caballo era ta oscuro que casi no se distinguía en la profunda oscuridad de la noche.

Comenzaron a marchar. Al principio lentamente, no había ruidos en el aire, salvo el sonido lejano de una pequeña cascada que se formaba en una depresión del lago.
Iban en silencio, temiendo ser vistos u oidos por algún caminante de la zona. Pero esa noche no llegaron muy lejos. Una bruma espesa rodeó el valle y cubrió la tierra con un lúgubre silencio mortal.

Ambos se sintieron invadidos por un sentimiento de desamparo. Los árboles ya no crecían tan apretados en esa parte del camino, solo el cielo oscuro guardaba su paso lento.

Es aire estaba quieto, y solo se escuchba el canto repentino de algún pájaro nocturno. Sin embargo Almie comenzó a desconfíar de la triste quietud de aquella senda y pidió a Aldarion que se detubieran por esa noche.

-La calma de este lugar no es normal, y no es aquí arriba lo que me preocupa, porque cuando las aves y los animales no se mueven por la faz de la Tierra es porque algo anda mal.
-Lo sé-respondió el- y comparto tu idea de que acampemos esta noche.

Así armaron un rústico campamento dos o tre metos alejado del camino y durmieron sin sueños toda la noche.

La mañana se presentó fría. El sol salió, pero las nubes le impidieron calentar la Tierra. Comieron algunas frutas y se dispusieron a proseguir el viaje. Se habían alejado muchas millas de sus respectivos hogares, por aquel camino casi desconocido, pero aún así temín ser vistos y llevados de vuelta a sus hogares.
Así que sin más contratienpos retomaron la marcha. Iban a paso vivo y pronto se encontraron marchando por una ladera empinada, lateralmente caía en picada hacia un vacío brumoso del cual solo se distinguían rocas negras de puntas afiladas, un paso en falso sería catastrófico.

Estaban escalando las laderas de una de las grandes montañas que rodeaban con sus brazos de roca dura e inerte aquel fértil y verde valle que iban dejando atrás.
Arriba el viento soplaba con más fuerza. Almie siempre se había creído resistente para cualquier tipo de aventura, pero comenzaba a sentir o a pensar que se había equivocado. Pensaba también en todo lo que la aguardaba en el curso del viaje y se sentía exausta de pensarse en las situaciones del porvenir.
Aldarion, sin embargo, mantenía el ánimo y las ganas de seguir adelante con aquella locura, porque a pesar de estar feliz, sabía que estaba cometiendo una locura.

La cima de la montaña no estaba lejos cuando se encontararon marchando a la luz de la luna de la madrugada. Habían sido más de diez horas continuas de ascenso y estaban ya en condiciones de descansar. Los caballos relinchaban en señal de que debían detenerse a comer y beber.
En contarron una gruta no muy profunda en ladera de una montaña que le salía al encuentro por el flanco oriental a la que ellos venían escalando. dejaron los caballos y entraron. El olor a humedad era insoportable. Parecía ser el comienzo de un río. Aladrion supuso que era la naciente del manantial de Eithel Dáe, el río que cortaba el valle en dis mitades casi perfectas.

Comieron y descansaron aquella noche en lechos de piedra y hojas, esperando recuperar fuerzas para enfrentar la jornada que les esperaba al amanecer.

Despertaron. Había comenzado a llover. La lluvia caía con fuerza y con furia, azotando con sus gotas gruesas la roca carcomida por años.
Almie abrió los ojos y vió que Aldarion estaba parado delante de la puerta, la expresión de su cara alarmante, había sucedido algo malo sin dudas.

La mujer se levantó y se acercó a el.
-¿Qué sucede Aldarion?
-Se han ido!, alguien sabe que estamos aquí y ha dejado escapara a los caballos por la noche mientras dormíamos, estamos en peligro Almie. Sabes lo que nos harían en el pueblo si nos encuentran intentando escapara ¿verdad?.
-Lo se, y por eso no hemos de retrasarnos ni un segundo más- dijo mientras se daba la vuelta y empezaba a recoger las pocas pertenencias que había traído.

Ahora debían repartirse el peso de los bultos de viaje. No era problema porque no habían llevado demasiadas cosas, no obstante se complicaba la subida y el tiempo que perderían escalando la rocosa cumbre sería enorme.

Manteniendo el buen ánimo marcharon siemre hacia arriba en camino recto, cada vez los árboles eran más escasos y altos, robustos robles de muchos estíos y enrredados fresnos que se apretaban unos contra otros para no sentir el azote cruel del invierno.

Al fín divisaron las tierras que se extendían más allá del Valle. Era una amplia llanura, se veía a lo lejos un hilo de agua, por lo que Aldarion supuso, sería un caudaloso río. Más lejos, hacia el oeste se veía un bosque. Era muy denso y se extendía muchas millas. Hacia el norte y este había una amplia cordillera coronada con nieve.

Hacía frío aún y las tormentas de invierno aún no habían llegado, pero no tardarían en hacerlo.
Descansaron allí arriba apollandose contra las rocas grises que coronaban el pico. Y sintieron el viento del sur acariciar sus cabellos y rieron de haber logrado ya un buen tramo del viaje.

Sin embargo, cada corazon guardaba celosamente el sentimiento de desprotección y duda, la duda de no saber que era exactamente lo que afrontarían en el futuro.
 
Ibrianna
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 28-02-2005 Hora: 16:37
El relato en su narración parece a veces tan inocente como los protagonistas: va tanteando sin mucho atrevimiento a veces. Es entretenido y el argumento, totalmente imprevisible, tiene mucho que ver.