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Quenta Nwalmedor
Capítulo 3
Más allá de los confines de la mente
Por Ibrianna
 
Aquello que veían nunca podrían haberlo imaginado. Era como en lo cuentos que de pequeña Almie escuchaba relatar a su madre, historias de hermosos seres y extraños países más allá de Nwalmedor.

Pero aquella belleza era más de lo que su mente se hubiera atrevido a imaginar.

Aladarion no quiso perder más tiempo y tomándola por la mano la ayudó a comenzar el descenso del otro lado de la ladera. Esta parte parecía no haber sido tocada por la mano fría del invierno. La hierba se mantenía verde y crecía, increíblemente entre las rocas inerte de la montaña. Flores de todos colores podían observar a cada paso de su camino. Parecía que aquel lugar era víctima de un encantamiento. Almie sentía al mismo tiempo como que todas esas cosas habían pasado allí cientos de años, cada hierba parecía haber estado ahí numerosos estíos, como si el tiempo en ese lugar no corriese, o lo hiciera de modo más lento y las cosas allí persurasen eternamente.

Sus ojos maravillados no dejaban de buscar detalles. Ahora el camino se había puesto más interesante, dado que a una distancia de dos leguas de haber andado comenzaron a encontrase entre árboles verdes, frondosos y florecídos, de los cuales emanaba un delicioso aroma a miel.

Era encantador caminar en aquel bosque y de pronto todo fué mágico...comenzaron a escuchar el sonido de una corriente de agua, que corría salpicando las piedras blancas y delicadas que yacían bajo el agua con su frescura. Sin embargo Almie tentada, se acercó a la orilla y deleitada descubrió que aquella agua no era fría, sinó tibia.

-Aldarion!, mira...esta agua está tibia, como las entrañas mismas del mundo!- dijo riendo mientras introducía sus delicados pies en ella.
-Cuidado Almie!- advirtió el- no sabes el poder que puedan llegar a tener estas fuetes, ni sabes quien es el señor de estos bosques, no es prudente lo que estás haciendo.

Pero Almie salió del agua y tomándolo por la mano, como el había hecho otrora, le quitó la camisa y lo introdujo en las aguas tibias.
Aldarion sintió que cada parte de su cuerpo se cargaba de energía y que todos los pesares de la vida de trabajo que había dejado atrás se borraban de sus recuerdos. Almie se bañó también en esas aguas, y dejó que sus cabellos oscuros flotaran en las aguas, quitándoles la suciedad del camino.
Allí estubieron una hora, en la que se sintieron más felices que nunca, pero de pronto y mientras Aladrion la besaba, Almie sintió algo gemir. Aquel sonido la atemorizó por comleto y haciendo a Aldarion a un lado se puso atenta a todo sonido que se producía en el bosque

Aldarion se quedó inmovil, temiendo que alguna bestia salvaje, oculta detrás de los matorrales que bordeaban la corriente de agua, estubiera dispuesta a atacarlos.

No obstante, lo que sintieron fué el sonido del canto de un halcón, aquel chillido que se podía escuchar a leguas de deistancia.
Luego vieron como las ramas de un árbol, a no más de dos metros de distancia de donde se hallaban ellos, se movían y luego de allí saltó un ser.
Era más hermoso de lo que alguna vez hubiesen podido imaginar, llevaba el cabello dorado, como los rayos mismos del sol sueltos, y sin embargo estaban perfectamente arreglados. Los ojos eran tan azules y profundos como los abismos mismos del océano y la cara, dulcificada con una sonrisa mostraba unos dientes perfectos.
Las ropas parecían ricamente adornadas, eran grises y sin embargo tenían muchos matices diferentes, bordadas con hilos de plata que resplandecían cuando un rayo de sol los acariciaba. En el hombro derecho sus ojos encontraron los ojos amarillos de un poderoso halcón blanco.

El extraño saludó con una reverencia, pero el idioma en que les habló les pareció extraño y no pudieron interpretarlo...

- Mara aurë!, pedich edellen? (hola!, hablan ustedes la lengua de los Elfos?)
Sin embargo se desconcertó un poco el hecho de no recibir el mismo trato de parte de los fortasteros (porque eso era lo que ellos representaban pare el).

-Saludos!, me alegra encontrar alguien con esa actitud amistosa en estas extrañas tierras, sin embargo no comprendo su lengua, y de seguro tu tampoco la mía.

Pero para sorpresa de ambos, el extraño sonrió de nuevo con dulzura y le respondió:

-Si mi amigo, si la hablo, y hablo la lengua de todas las criaturas que habitan en la tierra, salvo aquellas que no se nombren porque el corazón no soporta la pena.

No supieron que responder...miles de preguntas, en realidad, desfilaron por sus mentes. Al fín Almie rompió el silencio y con una voz que a ella misma le pareció absurda y desentonate comparada con la hermosa voz de aquel ser le dijo:

-Mi nombre es Almie, y el es Aldarion. Venimos del pueblo del valle, tal vez no lo conozc...
-Si, si he oido hablar de ustedes, y se supone que el pacto entre nuestras razas declara que ustedes no deben cruzar la frontera de su reino y no deben penetrar en el Reino de los Elfos.

El rostro ya no era tan amistoso, pero conservaba la calma y hablaba tranquila y pausadamente.

-Lo sentimos de verdad- respindió Aladrion- pero ya no soportabamos la vida encerrada de aquel valle. Pero ahora comprendo, porque nunca nadie salía del Valle.
-Exacto, y es exactamente lo que ustedes no debería haber hecho nunca. Sin embargo, una vez que se entra el el mundo intemporal de Van Edhil ya no se puede retornar.
-Entonces...¿saben ustedes todo acerca de nosotros?-pregunto ella confundida.
-No, no sabemos nada de las gentes que habitan en la montaña, solo que son crueles y poco les importa la naturaleza y quienes forman parte de ella, según se cuenta en mi ciudad ustedes solo tienen interés en la riqueza y las cosas que puedan robarle a la naturalez que puedan servirles en alguno de sus malvados propósitos.

El Elfo hablaba con orgullo y sabiduría, porque Aladrion sabía que aquello era cierto.

-Admito que es cierto, pero...¿nos admitirían ustedes aquí, por primera vez en toda la historia de nuestros pueblos?.

El Elfo pareció extrañado a raíz de aquella pregunta.

-No soy quién en este reino para admitirte o no, se que a mi padre no le gustará mucho la idea de que los lleve a Annon Aglarost la Puerta de la Ciudad Gloriosa, el hogar de los Elfos.
Siganme, que los conduciré hasta allí.

Los pasos del Elfos eran rápidos y silenciosos, pero a su vez el bosque estaba poblado de misteriosos sonidos, sonidos de aves según los cálculos de la mujer.

A cada paso el aire se sentía más cálido y primaveral, pese a que el crudo invierno estaba llegando. Las flores silvestres se enrredaban en los troncos lisos y grises pulidos de los árboles que guardaban el paso de los caminantes.

Nu hubo que andar mucho cuando la senda de pásto y tierra por la que venían se transformara en un hermoso camino de piedras.

-Estamos llegando a la gran puerta que oculta la Ciudad- comentó el Elfo algo orgulloso por mostrar por primera vez a ojos de los Hombres la belleza y gloria de su reino.

Los ojos de los maravillados mortales no paraban de inquietarse ante tanto esplendor.
 
Ibrianna
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 17-03-2005 Hora: 17:46
Bueno, yo creo que el capítulo no está mal, pero que con la intervención del elfo se ha perdido una buena oportunidad para bajar un poco de la parra a los protagonistas. Sin embargo, el elfo parece tan inocente en su forma de expresión como los humanos, y esto hace que la historia en sí parezca inocente.

Fecha: 26-02-2005 Hora: 20:59
Parece interesante el argumento,, espero que siga progesando. Cuida de los signos de puntuación, de las faltas ortográficas y de utilizar palabras mas correctas a veces (hebra=>brizna)