Ir a Posada de Mantecona
 


Amarthwen
Capítulo 2
Elen síla lúmenn’omentielvo
Por Ithilien
 
Un apuesto caballero, de aspecto algo tosco, pero atractivo, caminaba, lejos de su ciudad natal, Gondor. Llevaba varios días en esa gran ciudad, pero a sus ojos, no era equiparable a Gondor, a la ciudad blanca, dónde las trompetas de plata resonaban una y otra vez, incesantes, clamando su regreso, quizás.

Iba vestido con ropajes oscuros. Su desaliñada melena oscura se mecía, y junto a esa descuidada barba, le otorgaba cierto aire salvaje que incrementaba aún más su porte seductor. Una gran espada se ceñía a su cinturón, provocando que muchos habitantes de la ciudad, de naturaleza pacífica, le miraran con cierto temor. Era extraño ver a montaraces por aquellas tierras, y aún más, alojarse allí durante tanto tiempo. Hacía más de veintiún días que aquél guerrero se paseaba por las calles, y parecía estar buscando algo.

Entró en una oscura posada, y pidió una gran jarra de cerveza con la que saciar su sed. “El caldero hirviente” era la fonda más concurrida de esa ciudad y alrededores, y era el centro de reunión de un gran número de aldeanos. Desde allí, aguzando el oído, era capaz de obtener valiosa información, y, ¿quién sabe? Quizás algún dato le conducía hasta lo que él ansiaba obtener.
Buscaba un anillo. Una pequeña baratija que contenía el poder oscuro más grande de ese mundo. Un pequeño aro de oro grabado, ardiente y maligno.
Alguien debía de tenerlo en aquellos momentos, y seguramente lo pasearía por allí, a lo largo de ese mundo, corrompiéndose cada vez más y más, sin apenas darse cuenta.

De repente, alguien tomó su mano. De una profunda aspiración, el fuego de la pipa se avivó, y sus dos ojos se clavaron en la mirada de la anciana que se le sentaba enfrente.

-No tengo dinero, si es lo que busca. Si quiere limosna, pídasela a otro.- dijo, en un tono cortante y seco. En cambio, la anciana no cambió ni un instante la misma expresión de tranquilidad en su envejecido rostro. Sonrió lentamente, dejando al descubierto una dentadura más bien desagradable. En cambio, llevaba el cabello largo y liso, cuidado y grueso. Una melena demasiado joven para alguien como ella. Los iris de sus ojos eran tan claros que se podían confundir con una mujer ciega. Aunque quizás lo era.- ¿No me ha oído? No tengo dinero.

-Me decepcionas, Trancos.- murmuró la mujer, con una retorcida sonrisa, que poco tenía de alegre y agradable. El hombre se quitó lentamente la capucha que le ocultaba el rostro, sorprendido.

-¿Cómo sabe mi nombre?

-Yo sé muchas cosas.- siguió hablando, mientras acariciaba el dorso de la mano del hombre.- ¿Sí man i yulma nin enkwantuva?- Quién fuera que fuese esa mujer, sabía que él hablaba y comprendía el idioma de los elfos, y ella también lo hablaba a la perfección. Aragorn alzó la mano rápidamente, e hizo un gesto a un posadero para que trajera una jarra más de cerveza.- Puedo ver que es lo que estás buscando, y puedo ver que es lo que encontrarás.- Alarmado, el hombre oprimió la mano de la anciana contra la suya.

-¿Dónde está el anillo? ¿Dónde puedo encontrarlo?- se inclinó, acercándose a la mujer.


-Nunca podrás encontrar el anillo único, pues es el anillo quién te encontrará.- Sonrió una vez más. Luego, bajo un poco la cabeza, y en un tono de voz apenas audible, siguió hablando.- Pero hay un camino de estrellas que te conducirá hasta la doncella de tu destino. “Amarthwen” ha llegado a esta ciudad.- En unos pocos instantes, Trancos se giró para recoger la jarra de cerveza de las manos del posadero, y cuando volvió a mirar la silla de frente de su mesa, lo encontró vacío. No había ni rastro de la mujer por ningún lado. Escudriñó la estancia con sus vivos ojos azules, pero nada encontró.

-¿”Amarthwen”?- susurró. “La doncella del destino” significaba en élfico, pero no conocía de ninguna dama elfa que se llamara así. Confuso, dejó tres monedas sobre la roída mesa de madera, y salió de “El caldero hirviente”. Frunció el ceño al ver como el cielo, de repente, había oscurecido, como si la noche ya hubiese llegado. Pero eso no era posible. Había pasado tanto tiempo dentro de la posada como para que el sol ya se hubiese escondido.

Entonces, vio como, justo encima de él, unas estrellas tintilineaban, luminosas y musicales, y formaban un sendero, muy largo, que parecía no acabar. Recordó como la anciana había hablado de un camino de estrellas. ¿Y si la desconocida “Amarthwen” le estaba esperando?

Con paso seguro y decidido, caminó apresuradamente, mirando el camino astral del cielo. Sin saber ni por dónde andaba, su cuerpo chocaba contra el de los aldeanos que caminaban, pero nada lograba detenerlo.
Y de repente allí la vio. Debajo de la estrella más brillante, vestida de blanco y rojo, en medio de la plaza, con expresión perdida. Su delgado cuerpo se dibujaba bajo la larga falda, y su cabello castaño y corto ondeaba el viento. Pensó que ella no lo vería, pero entonces la doncella bajó la vista de las estrellas, y clavó sus ojos en la limpia mirada de él, que reflejaba el color del cielo. Se quedaron allí, inmóviles, mirándose como si estuvieran viendo el claro reflejo de un sueño que tantas veces se había repetido.



 
Ithilien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 11-03-2005 Hora: 18:17
eins? me he perdido...
trancos que pinta aqui? si ese noe staba con arwen??? me he perdido pero del todo.

Fecha: 05-03-2005 Hora: 21:14
Sí, a mi el primer capítulo también me hizo más gracia. Ya abusas un poco de la anciana que se aparece, y meter el anillo por medio (la anciana conoce el anillo...) y al propio Aragron solo lleva a que parezca eltípico relato de amor entre un "famoso" y tu personaje.

Fecha: 03-03-2005 Hora: 21:52
Me gusta bastante, pero lo que no me quedó claro es que si este Atragorn es el "Aragorn" de la Comunidad. El último párrafo, cuando se encuentran sus miradas, es muy bonito.

Fecha: 01-03-2005 Hora: 19:33
Es que no "piloto" demasiado en sindarin. ¿Que significa el nombre del capitulo y lo que dice la anciana? Por lo demás el relato me ha gustado, aunque el capitulo anterior se me hacía mas "salao".