Ir a Posada de Mantecona
 


Érase una vez en Sevillargir
Capítulo 1
Por Falas
 
Ya era de noche. Las estrellas salpicaban de luz el cielo, y la luna, como si quisiera dejar constancia de que ella también estaba allí, aparecía y desaparecía tímidamente. Aquél día no había parado de llover; los relámpagos y el viento habían hecho acto de presencia por toda la comarca. Muchos viajeros, que como yo nos dirigíamos al Norte, decidimos pasar la noche en Sevillargir.
La puerta de Sevillargir estaba flanqueada por los restos de las antiguas murallas defensivas; eran visibles sólo unos metros, porque desaparecían bajo los cimientos de las nuevas edificaciones. A medida que me internaba en la ciudad me pesaban cada vez más los recuerdos; el sonido de los cascos de mi caballo sobre las piedras de la calzada, despertaban las sensaciones, a veces nostalgia, de mis últimos días en Sevillargir.
-¡Qué frío hace!-pensé mientras me bajaba del caballo-. Miré alrededor; las casas conservaban ese aire hogareño que fluía de los balcones. Caminé hacia la puerta de la Posada; a través de las ventanas sólo se podía apreciar una luz tenue y algunas sombras en movimiento. Una enorme aldaba coronaba el centro de la puerta. Estaba congelada y apenas pude izarla con mi mano derecha. Resbaló entre mis dedos y un golpe fuerte y seco retumbó por todo el callejón.
Instantes después me abrió la puerta un hombre con aspecto huraño que me dijo dónde podía dejar mi caballo. Calle abajo, en dirección al alcázar, se encontraban los establos. Apreté con fuerza las correas de cuero de mi caballo y comencé a bajar. Levanté la vista y lo vi. Era una verdadera fortaleza, un castillo de Reyes. Bajé la vista, aún me dolía demasiado.
Cuando regresé a la hospedería, el posadero apenas cruzó palabras conmigo. Era tarde y se notaba que quería dormir; sin duda, aquella noche yo no era el primer huésped que había llegado a la posada.
-Si quiere comer algo tendrá que esperar a mañana-me dijo con voz de enfado-Es tarde y la cocina no funciona si no hay comida. A primera hora llegará el carromato con el pedido del mercado; si busca compañía, en el salón aún queda algún parroquiano insomne-.
Me hizo señas con su mano derecha para que le siguiera. Le faltaban tres dedos y en su lugar, articulaba un extraño mecanismo hecho de madera rojiza y hierros, que chirriaban cuando los movía.
-¡Qué cosas!-pensé mientras caminaba detrás de él- ¿Me pregunto a dónde habrán ido a parar sus dedos? Creo que me abstendré de comer conservas de carne salada- murmuré mientras una leve sonrisa asomó entre mis labios-.
Lo cierto es que tenía mucha hambre. Me senté en el salón, cerca del fuego. Desde la barra, el posadero me preguntó si quería té caliente o cerveza. Pedí las dos cosas: el té caliente para entrar en calor y la cerveza para intentar mitigar el dolor que se estaba apoderando de mí.
Me quité la capa, el cinto y las botas. Aflojé los cordones de mi camisa y me solté el pelo. Lo tenía húmedo y enredado, y unas pequeñas esquirlas de escarcha cayeron sobre la mesa. El Posadero me sirvió una jarra de cerveza y una taza de té. Me fijé en la taza, de color azul cobalto y exquisito acabado. Abundaba la vajilla de barro blanco y azul en Sevillargir, pues existían muchos yacimientos minerales en las cimas cercanas. La jarra, sin embargo, tenía el asa oxidada y los bordes golpeados, se podían incluso apreciar las muescas de alguna dentadura. Un escalofrío me recorrió la espalda.
-Gracias-le dije al posadero. Él, sin mirarme a la cara, me respondió: -vuestra habitación está arriba, es la que tiene dibujado en la puerta un Dragón Verde. Espero que no seáis supersticiosa mi señora-. Por un instante sus ojos brillaron y su tono se volvió irónico, algo condescendiente incluso.
-Si no le importa- continuó- págueme ahora la mitad y mañana, en cuanto desayune, terminaremos de arreglar cuentas-.
Aquél hombre me estaba poniendo de muy mal humor. Metí los dedos en el bolsillo interior de mi camisa y saqué dos centavos de plata y se los puse encima de la mesa. Los cogió de mala gana y desapareció tras una cortina roja y desflecada por los bordes.
-No le haga mucho caso- me dijo un hombre que estaba sentado cerca de la ventana- Sevillargir se ha convertido en un lugar muy transitado desde que cerraron la frontera del Oeste. Todo el comercio pasa ahora por aquí y razas que antes jamás llegaron a esta ciudad, surgen ahora de la nada.-
Una nube de humo envolvía a aquél hombre. Fumaba con una pipa y, si mis sentidos no me estaban fallando, habría jurado que el aroma del tabaco que se estaba quemando en aquella pequeña cazoleta labrada, provenía de auténticas galenas dulces.
-Llevo algo de pan en mi bolsa-le dije-¿le apetece un poco?-.
Se sentó en mi mesa, justo en frente. Desenvolví el pan que llevaba envuelto en unas hojas secas de maíz y lo partí en trozos pequeños. Nos pusimos a comer y a tomar nuestras bebidas.
-¿Es la primera vez que está en Sevillargir?-me preguntó.
-No. Hace algunos años pasé una temporada por aquí. Pero de eso hace mucho tiempo ya- le dije mientras esquivaba mi mirada hacia la ventana.
-No parece que le agrade estar de vuelta- dijo mientras daba un sorbo a su pinta.
Entonces le pregunté con injerencia: -¿cuál es su nombre? Aún no tengo el placer de saber con quién hablo-.
-Me llamo Daeron-me respondió.
-No parece usted un elfo mi señor- le dije con algo de burla y mirando sus orejas-.
Daeron se sonrió y me contestó: -lo sé, pero tengo alma de trovador-. ¿Y vos? ¿Cuál es vuestro nombre?-.
-Mi nombre es Falas, y vengo del sur, de una aldea próxima a Dol Amroth- le respondí orgullosa.
Pasaron varios minutos antes de que volviéramos a hablar. Entonces, comencé a decir: -a veces, cuando tengo hambre y no tengo nada para llevarme a la boca en ese momento, me pongo a recordar algún plato de comida. Hoy no dejo de pensar en algo que comí hace años, precisamente aquí, en Sevillargir. Desde entonces no he vuelto a probar nada parecido. Son ingredientes difíciles de conseguir fuera de las murallas de esta ciudad-.
-Quizás ahora que está usted de vuelta pueda volverlos a saborear-dijo Daeron.
-No lo creo-dije moviendo a un lado y a otro mi cabeza- es una receta muy puntual, algo que sólo se preparó en un único instante y que jamás puede repetirse; no podemos dar marcha atrás en el tiempo. En realidad no se trata de un plato de comida exactamente; es más bien un momento, y como usted ya podrá imaginar a veces, los momentos, son los mejores alimentos para el alma-.
Daeron me miraba atentamente, como si me estuviera interrogando con sus ojos azules. Dio una larga catada a la pipa y se acomodó en la silla. Sus gestos me estaban invitando a seguir hablando.
Ya fuera por el té, por la cerveza o por el calor del fuego de la chimenea, lo cierto es que me encontraba más animada. Mi pulso se había acelerado y mis mejillas se encontraban encendidas y radiantes, y los recuerdos, cada vez más nítidos, habían dejado de doler. Así que continué hablando.
-El principal ingrediente de esta receta es la compañía de un lugareño. Yo personalmente recomiendo a un medio elfo. En general los medios elfos son grandes narradores de historias y esto es imprescindible para que una receta como esta pueda ser apreciada en toda su plenitud. Yo tuve mucha suerte, conocí a uno aquella tarde. Era alto, aunque no muy corpulento, con el pelo color castaño y los ojos verdes. Tenía la expresión seria, pero era muy cortés, siempre dispuesto a conversar. Al poco tiempo de conocerle, descubrí a un buen amigo. Otro ingrediente para realizar bien esta receta es una taberna. Una taberna con buena cerveza, de fabricación casera. No sé si aún seguirá en pie la que yo conocí, estaba al otro lado de las murallas, cerca de las Torres de Plomo. Y para terminar, todo esto podemos aderezarlo con algo de berenjenas, un poco de cazón y lembas recién horneadas, así cortadas, en pequeños pedacitos-dije sonriendo y señalando el pan que estábamos comiendo.
En ese momento explotamos en risas y Daeron me dijo: -espero que las berenjenas sean de las granjas de los Maggot y que el cazón haya sido pescado en el Mar de Rhûn-.
-Por supuesto-le respondí-no puede ser menos.
Cuando nos calmamos, recorrí el borde de la taza de té con mis dedos. Aún estaba caliente.
-¿Cómo termina ese momento Falas?-me preguntó Daeron.
Con la mirada fija en la taza de té le dije:
-Hay que mezclar todos los ingredientes con cuidado, pero con mucha naturalidad, y tiempo, mucho tiempo al fuego. El truco está en no dejar de hablar jamás. Os aseguro que ni los mismísimos Maiar han probado nada igual-.
-No nombréis de esa manera a los Maiar-me regañó Daeron.
-¿Por qué?- pregunté molesta- ¿Acaso ellos, con sus decisiones tan irracionales a veces, van a prohibir que me alimente de estos recuerdos?-.
Terminamos de beber en silencio y unos minutos después, recogimos nuestras cosas y nos marchamos a nuestras respectivas habitaciones. En la puerta de mi alcoba, el Dragón Verde me miraba cínicamente y me recordaba, otra vez, las puertas que se encontraban cerradas en mi vida.

 
Falas
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 21-03-2006 Hora: 04:51
Magnífico, no había leído nada igual desde The Once and Future King, más bien eres la perfecta mezcla entre Shakespeare e Inés de La Cruz

Fecha: 22-04-2005 Hora: 22:40
Vaya!! que callado te tenías que sabes escribir así de bien!!! un relato breve pero intenso, lleno de emociones y una muy buena descripción de la noche, que hace incluso sentir frío al leer... a ver si nos obsequias pronto con nuevas vivencias!

Fecha: 14-04-2005 Hora: 22:34
Me sacudí la pereza y leí. Me ha gustado. El relato rezuma historia: presente y pasado de la ciudad y del personaje, es una historia de lo que es y lo que fue y lo que no puede ser (puertas cerradas). Reflexión filosófica universal, ya sea Sevilla o el equivalente hispalense de la Tierra Media. El hombre no tiene naturaleza sino historia (Ortega y Gasset), recuerdo, pasado. Esa fue mi libre interpretación

Fecha: 17-03-2005 Hora: 14:16
Bueno, este maia tomó la decisión (¿irracional?) de comentar el relato.

Tiene un inicio lento y melancólico, que nos va dirigiendo tranquilamente hacia el nudo, como las cantarinas aguas del Anduin en las fuentes, allá en el Norte. Poco a poco el lector se va sumiendo en la historia, mediante las detalladas descripciones y el buen juego de epítetos. De repente se encuentra en el nudo, el cual transcurre muy rápidamente, como si cayese por el Rauros, con prisa y sin disimulo para llegar, antes de que uno se dé cuenta, a la desembocadura. Así, el relato tarda mucho realmente en comenzar, pero su cono de deyección es rápido y fugaz.

Es la única pega que le veo, la velocidad de algunas partes que dejan un regusto amargo (más que melancólico). Tal vez (tal vez, quizás, es posible) también le falte algo de fondo; el relato queda centrado en la acción, únicamente, aislada del ambiente externo: todo lo que ocurre es descripción y las acciones relacionadas con el nudo. No hay hechos ajenos a éste; tal vez sea esto lo que produce esa precipitación en el nudo.

La estructura de las frases, el uso de los recursos estilísticos, literarios y retóricos, el estilo narrativo (ligero, franco, "saltarín"), la recreación y descripción de paisajes, hechos, lugares (en especial en la primera parte), el sistema de evocación... Todo esto no sólo no es criticable, sino que he de felicitarla por ello.

En resumen: aunque habría sido posible pulir algunas partes, es un relato notablemente bueno.

Fecha: 16-03-2005 Hora: 13:42
Magnifico, me gusto muy mucho. No puedo sino invitaros a un trago

Fecha: 13-03-2005 Hora: 22:45
Aunque puede ser difícil pillar ciertos guiños (a veces por sus significados ocultos, otras por culpa de la autora ), y alguna escena se me antoja mejorable, lo cierto es que nos has presentado una historia con una narración muy sensible, de las que uno agradece leer de vez en cuando, porque se moja, no e dedica a autogustarse y aporta elementos muy descriptivos, visuales, emotivos, y detalles de cómo puede ser una ciudad, un contexto, un personaje, que tantas veces se obvian.

Fecha: 13-03-2005 Hora: 02:57
Genial, hay una escritora escondida en tí y no nos lo habías dicho :D

Fecha: 12-03-2005 Hora: 23:18
Es único pero tiene algo melancólico...

Fecha: 12-03-2005 Hora: 19:39
Falas, no puedo sino decirle Bravo. Tiene un buen estilo al narrar, pero no puedo sino emocionarme, pues ha sabido expresar lo que sentía maravillosamente ¡Brindemos por usted y sus grandes momentos!