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El adiós de Ithilien "continuidad de Mientras llovia"
Por Ithilien
 
El joven elfo salió de la sala dónde había sucedido la reunión, acompañado por el resto de guerreros de su edad que habían participado en ella. Se secó el sudor de la frente con el dorso de la mano, y sus ojos se entrecerraron en un gesto de disgusto.
No quería abandonar el Bosque Negro, y mucho menos en esos momentos. Su padre, Thranduil, le había escogido a él de entre todos aquellos valerosos elfos para ir a Rivendel, y representar a la raza élfica en el importante Concilio de Elrond. Lo sabía. Él era el indicado, tanto por ser príncipe, como por tener las habilidades comunes en los elfos aún más desarrolladas. Lentamente, y con una expresión algo deprimente, se sentó bajo un árbol que había cerca del lugar. Escondió el rostro entre las manos, y suspiró profundamente.
Aún no sabía cómo se lo iba a decir...

-¡Legolas!- gritó una voz que para él era muy conocida- ¡Legolas!- El aludido levantó la cabeza, y miró a la pequeña elfa que se había detenido justo delante suyo. Extrañamente, no era rubia como el resto de los elfos. Al contrario, tenía el cabello castaño y liso. Sus ojos marrones se clavaban en los azules de él.- ¿Qué haces aquí? ¿Ha ido bien la reunión?...- Ella se agachó frente a él.- No pareces muy... animado... aunque tampoco quiero decir con eso que sonrías con frecuencia.

El joven elfo no pudo reprimir una triste sonrisa. Luego, se llevó una mano a la frente.

-Hola Ithilien- dijo Legolas, mirándola.- No se puede decir que haya ido del todo bien pero... ya sabía que era lo que iba a suceder.

-¿Sí? Es que me tenías un poco preocupada, ¿sabes?- La chica sonrió, y en su expresión se veía aún algo de angustia.- Desde que tu padre... quiero decir, Su Majestad, te citó para esa reunión, has estado muy extraño.- El príncipe elfo asintió con la cabeza. Por unos instantes, ninguno de los dos dijo nada, temiendo que si volvían ha hablar acerca de aquello, toda esa frágil estabilidad que había entre ellos iba a quebrarse. Entonces, Legolas respiró profundamente, y se decidió ha decir esas palabras que ambos tanto temían.

-Tengo que hablar contigo... ya sabes... sobre esta reunión.- Tristemente, la niña asintió con la cabeza. Creía que ya sabía que era lo que el elfo le iba a decir.

-Comienza.- añadió.

-No. Mejor que hablemos esta noche.- Legolas volvió a agachar la mirada, pero sus ojos se abrieron de par en par ante el comentario que la joven elfa le dirigió.

-Antes de que te vayas, ¿verdad?- Ithilien se levantó, y le miró desde arriba.- Siempre prefieres dejarlo todo para el último instante. Incluso tu respuesta.- Legolas abrió la boca, pero ninguna palabra salió de entre sus labios.- Así que si tienes que decirme algo, mejor dilo ahora.- Apenas sabía que palabras emplear, y el joven príncipe se sentía verdaderamente incómodo ante esa situación.

-Yo... verás...-Se llevó una mano a la frente, intentando evitar sentir la mirada fija de Ithilien en él.- Tengo que ir a Rivendel para formar parte del Concilio de Elrond. Es muy importante, y es necesario que asista.

-Bueno.- la pequeña elfa le interrumpió.- Pero es ir a Rivendel y volver. Dentro de poco ya estarás aquí, y yo puedo esperarte todo el tiempo que haga falta.

-No es tan sencillo.- los ojos azules de él se pasearon hasta los pies de ella, situados frente suyo. Pudo sentir como la elfa se mostraba nerviosa, aunque no le veía el rostro.- Quizás no pueda volver... quizás nunca vuelva a pisar el Bosque Negro.

-¡No!- chilló Ithilien, intentando aguantarse las lágrimas.- ¡Eso no puede ser! ¡Tu... tu padre no puede obligarte a...!

-No lo entiendes.- replicó Legolas, levantando la voz.- Mi padre no me obliga a nada. Soy necesario allí, y es mi obligación ir, aunque sea acompañado de cinco elfos de la guardia imperial. Sé que es lo que tengo que hacer, y en parte quiero hacerlo. Aquí no me necesitan y....

-¿Y yo que? ¡Yo te necesito! ¡¿Es que no lo ves?!- El rostro de Legolas se contrajo en una expresión de dolor al ver como por la cara de la niña resbalaban lágrimas. Entonces, por unos instantes, un leve brillo de seguridad se vio en los ojos de Ithilien - Está bien. Si puedes ir acompañado por cinco elfos más, ¿por que no por seis? ¡Iré contigo a dónde vayas, por muy peligroso que sea!

-¿Pero... acaso piensas en lo que dices?- gritó el elfo, con algo de dureza.-¡No te pienso llevar! ¡Podrías sufrir daño! No te pienso llevar en un viaje lleno de interminables peligros. Saldrías herida, o aún peor, podrías...

-¿Soy un molestia para ti?- preguntó ella, y ante la negación del elfo, añadió.- ¿Entonces por que no me quieres llevar? ¡Prometo cuidarme sola! ¡No hará falta que te preocupes por mi, de verdad!

-Eres... ¡eres una cría, Ithilien!- gritó, pero en inmediato se arrepintió de haber dicho eso. El rostro de la pequeña elfa se llenó de orgullo herido, y ya no podía siquiera evitar retener las lágrimas que llenaban sus ojos.

-¡No lo soy! ¡Quizás en comparación contigo si que sea aún joven! ¡Pero no soy en absoluto una cría! ¡Al... Al menos tengo el valor suficiente como para expresar mis sentimientos, no como tú! ¡Te dije que te quería, y ni siquiera aún has sido lo suficientemente valiente como para darme una respuesta!- Sin decir nada más, la chica echó a correr, perdiéndose entre los abundantes árboles. Legolas solo pudo ver como ella, vestida de blanco, desaparecía.
Ya no podía responderle, y ahora que se iba a ir, y a dejarla allí, ya no era digno de poder decirle que la quería, pues eso hubiese supuesto, para la joven elfa, interminables años de espera... quizás, eternos.

* * * * * * * * * *

Era de noche, y como pasaba al oscurecer, el negro bosque era bañado de la luz plateada que desprendían la luna y las estrellas.
En la ciudad reinaba la alegría, y la música que provenía de el gran banquete en homenaje a los elfos que iban a participar en el Concilio de Elrond se hacía oír por todo el bosque... excepto en un pequeño rincón.
Bajo un árbol de refulgentes hojas plateadas, Ithilien yacía, acurrucada, abrazándose las piernas con los brazos, ocultando su triste rostro. Un leve susurro, similar a un llanto, provenía de su garganta. Tenía frío, pero no importaba. Todo el poblado estaba en aquella fiesta, y le dolía pensar como los demás elfos podían despedirse de ese cálido modo de sus amigos, a los que quizás ya no volverían a ver. Encontraba que todo aquello no era justo... en absoluto.
De repente, alguien hecho una suave capa alrededor de sus hombros, haciendo así que el frío que penetraba ya en sus huesos, aminorara. Levantó la cabeza, dirigiendo sus ojos, enrojecidos ya por el llanto, a aquél que la había cubierto.

-Hola.- susurró el joven elfo.- Hace demasiado frío para estar aquí. Podrías haber venido a la fiesta, ¿no?- Ella, en lugar de agradecerle el amable gesto, evitó la mirada del chico.

-Vete, Legolas. De una vez por todas.- Ni siquiera sintió lo que dijo, pero esas palabras le salieron en forma de escudo. El joven príncipe pudo haberse ido, o pudo haberse quedado de pie allí, inmóvil, mirando como la chica seguía llorando, pero en vez de eso, se sentó a su lado. No dijo nada, pero intentó que su presencia calmara a la joven. Luego, miró las brillantes estrellas, y sonrió.

-Las estrellas son preciosas, ¿verdad?- la chica le dirigió una incrédula mirada.- Es increíble lo bonitas que se pueden ver, incluso a través de la espesura del bosque.-
Ithilien miró el inmenso cielo estrellado, y sintió el calor del cuerpo del joven a su lado. Por un instante, pensó que deseaba que ese momento no acabase nunca.- ¿Sabes una cosa? Creo que tienes muchísima razón.- Sonrió, dirigiéndole una tierna mirada a la elfa.- Soy un cobarde.- Sonrojándose, ella evitó su mirada, volviendo sus ojos otra vez al suelo, ahogando las lágrimas, ignorando la presión que sentía en la boca del estomago.- Aún recuerdo como viniste aquél día, bajo la lluvia, totalmente empapada. Llevabas horas buscándome, y yo había salido a practicar con el arco al bosque. Cuando me encontraste, estabas agotada, y me acuerdo que yo no cesaba de pensar en que era tan urgente como para que me estuvieses buscando tan desesperadamente.
Entonces, me dijiste que me querías. No puedes ni imaginar como me sentí. Era una de esas ocasiones en las que tienes tanto que decir, y en que todas las palabras desaparecen, a tu pesar. Y estuviste ahí, aguardando durante minutos una respuesta que yo fui incapaz de darte. Te fuiste dolida, llorando, pero al día siguiente actuaste como si no hubiese pasado nada, y yo fingí contigo que esa escena nunca había ocurrido. ¿Cuánto hace de aquello?

-Casi cinco meses.- respondió, aunque para los elfos, esos cinco meses eran casi equivalentes a unos pocos días para un humano.

-Y aún después de todo, sigues esperando a que yo responda.- Una sonrisa de desasosiego se dibujó en su rostro.-¿Ves ahora porque soy un cobarde?

-Aún no es tarde. Podrías permanecer callado, o decir cualquier cosa... aceptaré lo que me digas, y lo sabes.- susurró finalmente Ithilien, aún sin atreverse a mirar al príncipe.

-Ya no tengo derecho a decirte nada, pues me voy a ir, y quizás nunca vuelva, y me veo incapaz de hacerte más daño del que ya te he hecho.

-Pues si no tienes que decirme nada, ¿qué haces aquí?- intentó levantarse, para salir de allí huyendo, exactamente igual a cómo lo hizo el día que se declaró. Pero la mano de Legolas se posó sobre la suya, y la retuvo allí, acurrucada a su lado, aún cubierta por la capa del elfo.

-Vengo ha hacerte una promesa.- Se inclinó, acercando su rostro al de la chica, mientras la miraba con esos ojos azules de los que ella ya no podía apartar la mirada.- Vengo a prometerte que vaya lo lejos que vaya, pase los peligros que tenga que pasar, cueste lo que me cueste, volveré por ti... volveré a buscarte...por que tú también eres la persona a la que más quiero.- Ithilien se sonrojó, y abrió desmesuradamente sus ojos oscuros. Su corta melena lisa ondeó con una leve brisa, y sin poder evitarlo, más lágrimas se deslizaron por sus mejillas.- Aunque ahora tenga que irme... si prometes esperarme...-

Inmediatamente, la joven elfa asintió con la cabeza, con una tímida sonrisa. Legolas también sonrió, aunque sentía algo de tristeza.- Lamento que éste sea nuestro primer momentos bajo las estrellas, y que también sea una despedida. Siento mucho tener que irme...

-Tranquilo.- la voz de la chica se había convertido en un murmullo frágil.- y aún apenas podía creerse el tacto de la mano del joven sobre la suya.
Entonces, Legolas acercó todo lo que pudo su rostro al de la chica, hasta que consiguió su mejilla hiciera cosquillas en la mejilla de la elfa.

-Volveré... te lo he prometido.- Entonces, soltó la mano de la chica y rodeó los hombros de la joven con su brazo, estrechándola fuertemente contra él, hasta que ella llegó a oír el murmullo de los latidos del corazón de el elfo.
Dejó de llorar, por que sintió que en esos momentos, dónde podía tener todo lo que siempre había deseado, no había espacio para las lagrimas, y entrecerró los ojos, dejándose llenar por la alegría que sentía. Sonrió, oyendo como la dulce voz de Legolas entonaba una leve canción.- Aníron ,O môr henion i dhû: Ely siriar, êl síla Ai! Aníron Undomiel Tiro! Êl eria e môr I 'lir en êl luitha 'uren. Ai! Aníron...- la voz de él se detuvo mientras tomaba delicadamente el rostro de la joven con la mano que le quedaba libre, se volvía hácia ella, y deslizando su mano hasta la nuca de la chica, la hizo avanzar hácia él, hasta que consiguió que sus labios se rozaran, y después de sentir la respiración de ella sobre la suya propia, la besó dulcemente.

Pasaron largo rato juntos, hasta que los primeros rayos de sol despuntaron por el horizonte, haciendo desaparecer las estrellas, indicando que la hora de la partida había llegado. Ambos se levantaron, sin soltarse de la mano, pues sabían que una vez se hubiesen dejado ir, pasaría largo tiempo hasta que volvieran a verse.

-Supongo que quieres que te devuelva la capa.- dijo ella, aún cubierta por la prenda de él.

-Prefiero que te la quedes tú. Así siempre podrás tener presente que cualquier día me la tendrás que devolver.- Oyeron el ruido de los soldados elfos que estaban montando ya a sus caballos, para iniciar el viaje, y también gritos que llamaban al joven elfo para que acudiera. Soltó la mano de la joven, y avanzó unos pasos. Le dirigió una última mirada, tan tierna como su triste sonrisa.- Namárië.- fue lo último que oyó decir de los labios del elfo.
Entonces, ella negó levemente con la cabeza, y en su interior, sintió las leves llamas de una esperanza.

-Hasta pronto.- dijo ella.

* * * * * * * * *



 
Ithilien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 23-03-2005 Hora: 15:02
Creo que, fueran Legolas e Ithilien u otros, has manejado muy bien los tiempos del relato en la conversación entre ambos. Has sabido dosificarnos las emociones y te ha quedado un relato de amor muy digno. Mejorable en cuanto a que mejoraras el uso del lenguaje tan sólo.

Fecha: 22-03-2005 Hora: 19:36
aiya!! Bueno esta es la ultima parte por fin!!

1º parte: Tinúviel
2º parte: Mientras llovia
3º parte: El adiós de Ithilien

Pues nada espero que os haiga gustado, lo he intentado hacer lo mejor posible pero tampoco soy una gran escritora

Gracias
Ithilien