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Prisionera de su destino
Capítulo 4
Por Driad_de_Einar
 
Pasaba el mediodia cuando Alethea llegó al castillo. El patio era un hervidero de ir y venir de gentes. Los hombres habían regresado de su jornada de cacería, y los criados se movian con celeridad descargando las piezas obtenidas, de los carros.
Junto a la torre del homenaje vió a dos hombres a caballo.Uno de ellos, el más corpulento, tenía una risa atronadora. Aquella risa.... Alethea sintió un profundo dolor e instintivamente llevó la mano a su cara... a su mente llegaron nuevas imágenes, de una noche de dolor....auqella risa...golpes...miedo, y finalmente oscuridad...una oscuridad que la había acompañado durante todos aquellos años y que, ahora, empezaba a mostrar ciertos atisbos de claridad... Sin duda, aquél hombre era uno de sus carceleros...tal vez tuviera la ocasión de saber más... al menos quería verle de frente.
Se aproximó a él lentamente esperando no ser descubierta... cuando una voz a sus espaldas la detuvo.
-Quieto muchacho.... ¿quien eres tu? ¿No querrás importunar al Conde y al Duque? los señores han tenido un duro día de caza... así qeu si quieres algo, dirígete a las cocinas..allí hacen falta muchas manos.

-Tranquilo Ambrose-dijo el otro hombre a caballo, divertido por la cara de sorpresa del joven, ante la reprimenda del jefe del servicio de su buen amigo el conde- tal vez este jovencito tenga algo interesante que contarnos.

- Busco trabajo señor-Acertó a decir Alethea entre balbuceos- alguien me dijo que podria encontrarloi aquí en el castillo... estoy buscando al jefe de servicio.

-Pues ya lo has encontrado-dijo Ambrose tomándola del brazo-ahora muchcho.. a la cocina...no importunes mas.

-Espera-dijo el duque-conoces la cetreria?
Alethea descubrió para su sorpresa, que la cetreria no tenía ningún secreto para ella. así que afirmó,
-Si milord.
-De veras?- dijo el conde entre la incredulidad de la diversión- Sabes James-dijo al duque- tal vez deberías quedarte al chico como halconero. - rió. rió de nuevo con aquella fatídica carcajada que hacía estremecer a Alethea. Pero ella no cambió un ápice su semblante.
-Bueno,-dijo el duque con condescendencia- será mejor que comprobemos si dices la verdad. ¿Ves aquellos halcones que sobrevuelan la torre? uno de ellos es mio. Acudirá a ti si le muestras mis colores y le haces la señal de llamada...supongo que sabes como hacerla ¿no?.

Alethea tomó el paño verdinegro del duque de Dungloire y atándolo a su mano lo alzó al cielo. dos silbidos cortos y uno largo. Aquella era la señal. y ella lo hizo sin ningún problema.
El halcón volo con premura hacia su mano, ante el asombro de los dos nobles.

- Vaya, muchacho -aplaudió el Duque.- tengo que reconocer que jamás creí que pudieras atraer a Wildwind. ... ha estado muy nervioso. Desapareció durante unos días...y cuando creía que lo había perdido apareció de nuevo... ha estado muy arisco, pero parece que tú le gustas.

Alethea sonrió aliviada. conocía la cetrería. Pero la fortuna le había sonreído en demasía, pues el halcón del duque resultó ser el ave a quien con tanto mimo había curado su ala herida.

-Gracias Milord- dijo ella haciendo una reverencia.

Ahora era el conde quien volvía a reir: -Bueno Halconero, sabrás mucho de cetrería, pero deberías mejorar tus reverecias peus así es como saludan las damas.- todos rieron la gracia del conde. Alethea debería tener más cuidado.

-Milord-dijo Ambrose con voz temerosa- lamento interrumpir este momento de distensión pero...ha ocurrido algo que merece su pronta atencion... Milord...la prisionera de la torre...ha escapado.

El rostro del Conde se ensombreció.

-Cuando, cómo?. Haré decapitar a los inútiles que la dejaron escapar...

-Engañó al joven Ian Roughs.- dijo Ambrose-El dice que le hechizó y después escapó dejándole en la torre. le encontramos sin sus ropas.
El conde estaba rojo de ira. Desmontó y se encaminó rapidamente
hacia las mazmorras.

-No sabía que tuvierais una prisionera Guy-dijo el duque.
-Es una larga historia...james...ahora no tengo tiempo....debo ir a hablar con los carceleros. Hay que encontrarla. Es peligroso que ande suelta.
-Habláis de ella como si fuese una fiera en lugar de una dama.
-Creedme James. Su libertad es mi yugo.Ahora si lo deseáis podeis acompañarme a las mazmorras, yo mismo interrogaré a ese patán.
Lo notó, cuando iba a salir, lo notó.

Había descendido a las mazmorras con intención de ver que le ocurría a Ian. El Conde le interrogaba sin dejar tregua a una posible reflexión. El joven se escudaba continuamente en que lo que había ocurrido era un hechizo por parte de ella.

Un horror más profundo que cualquier otro zarandeó a Alethea al ver como el Conde golpeaba al chiquillo como despedida. "Quizás no sea más que una doncella, quizás no tenga el manejo de la espada que tienes tu, seguramente nunca tendré la ocasión de vengarme... pero me volverás a ver, si, me volverás a ver" pensó para si misma Alethea Sobre el conde.

No podía hacer absolutamente nada, si la descubrían también a ella, ambos estaban perdidos. Fueron los cinco minutos más largos de su vida, pero finalmente el conde se retiró (seguramente a planear torturas más intrincadas). Alethea se acercó al exausto prisionero.

"Ian, soy yo, no te preocupes, no te voy a abandonar", dijo.

El joven dió un bote cuando escuchó la voz de ella y se acercó a los barrotes.

"Sácame de aqui, tienes que buscar el medio", dijo Ian al borde de la histeria.

"Yo no pretendía que pasara esto. Es mentira que te hechizara ¿porque me dejaste salir?", susurró ella.

"No es mentira... no del todo. Me has hechizado de tal forma que incluso la tortura es preferible a verte presa. Yo no creo ya que estés maldita. Yo... creo en ti", dijo él.

Alethea comenzó a llorar de alegría, era una sensación extraña. Tan extraña como lo que seguiría, porque ian se acercó a los barrotes y ella pudo besar sus labios durante un instante. El mundo de las cosas que ocupaban espacio y tenían un nombre había desaparecido. Y no importaba nada más, salvo que aquello no terminara.

Un ruido horriblé fue el antecedente a la retirada de Ian de los barrotes. Otro prisionero le había cogido por el cuello y susurraba palabras a sus oídos.

"¡Déjale! ¡Déjale inmediatamente!", gritaba alethea fuera de sí.

Cuando el otro preso comenzó a mover su mano hacia la entrepierna de Ian , ocurrió algo muy superior a todos los espantos que alethea pudiera imaginar. Y ese algo vino de dentro de ella.

Lo notó, saliendo de si misma como una fuerza indómita y desconocida, como un gigantesco animal ávido de presas. El prisionero salió despedido contra el techo y una fuerza invisible comenzó a golpearle contra las paredes, la sangre brotó de él a borbotones.

"¡¡Dios mio eso lo estoy haciendo yo!!!" debió pensar alethea.

Inentó detender esa fuerza que surgía de ella, pero le era imposible. Era como un Monstruo incontrolado e incontrolable, muy por encima de la voluntad de la joven. Ian había comenzado a gritar.

Alethea consiguió apartar la mirada y salió corriendo del lugar, entre gritos y sollozos de terror ¿Que había sido eso? ¿Tenía algo que ver con su encierro? Huyó hasta que sintió que se le doblaban las tierras, más allá del castillo y las murallas exteriores. Lo último que vió antes de desmayarse, fue la ribera del río que bordeaba el reino.
 
Driad_de_Einar
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 25-03-2007 Hora: 06:37
¡¡¡Quiero mas, quiero más.... !!!
La historia me esta gustando tanto que creo que me voy a hacer adicta a ella ...

Fecha: 25-11-2005 Hora: 23:23
Se mantiene en su línea, aunque los párrafos se precipitam un poco. Es como si no se dejaran degustar bien. Si bien el narrador me parece mejorable, los diálogos me resultan bastante completos, y el énfasis lo consigues en ciertas frases clave del duque o de Ian.
Me sorprende el final, y supongo que eso es bueno.

Fecha: 16-05-2005 Hora: 08:21
Así que este es el secreto de Alethea? me gusta... y me inquieta. Veamos que ocurre ahora.