Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 17
Capítulo XV
Por aerien
 
Ghash III

Empiezo aquí esta libreta, en el primer alto en nuestro viaje a la capital, para dejar constancia de mi intención de escribir paso por paso todos los aconteceres de esta aventura que hoy iniciamos.
He empezado una nueva libreta, aunque a la otra aun le quedan unas páginas y algunas cosas que debo rellenar. No he querido llevarme las que están escritas por miedo a que se estropeen durante el viaje y las he dejado en la caja, en su lugar, en el sótano del Poney.
En cambio hay algo que sí que me he llevado, algo que espero me acompañe durante muchos años, se trata del recado de escribir regalo de mi padrino. Lo llevo metido en una bolsa colgando de mi hombro, junto con varias libretas de las delgadas, para anotar las historias de las gentes que vaya conociendo y la más gruesa, donde estoy escribiendo en estos momentos.
Iniciar un viaje es como abrir una puerta, no sabes que habrá detrás, pero debes hacerlo si quieres pasar al otro lado. Lo más difícil es tomar la decisión y poner el primer pie en el camino, como dijo hace muchos años el señor Bilbo Bolsón.
Hacia ya varias semanas que planeábamos este viaje, pero aunque íbamos adelantando poco a poco los preparativos, el tiempo parecía estirarse y no veía nunca la hora en que podríamos por fin coger el carro y salir a la ventura.
Pero a pesar de mi impaciencia, ese día llegó, y ese día fue hoy. Aunque yo diría que el día de ayer, cuando llegó mi hermano con el carro cargado de cosas fue como una especie de llamada, un disparo de flecha pronto a alcanzar el blanco de mis sueños: salir a ver el mundo.
Sí, se podría decir que nuestro viaje empezó ayer, cuando ayudados por mi hermano empezamos a cargar las cosas que íbamos a llevarnos en el carro. Había, mantas, la tienda, los enseres de cocinar y las provisiones, nuestras ropas, varios cestos con potingues…
Mi hermano fue acomodando todas estas cosas en una especie de compartimentos que había hecho fabricar al carpintero y que se encuentran en la base del carro. Luego nos mostró su gran invento, una idea genial que nos ahorrará montar la tienda si no nos apetece. Se trata de una especie de enrejados de madera que se encuentran durante el día verticales a cada lado de la lona que cubre el carro, y eso hace que todas las cosas que guardamos en él sean accesibles. Durante la noche se bajan y forman una superficie lisa, que mi hermano ha recubierto con una especie de colchón atado a ellas para que no resbale al ponerlas de pie. Eso va a ser nuestra cama, estaremos un poco apretados, ya que el carro no es grande, pero nos resguardará del frío y de la lluvia mejor que la tienda ya que no estaremos a nivel del suelo.
Hemos dejado Bree muy de mañana, justo cuando las primeras luces empezaban a teñir el cielo. Mi hermano ha querido estar presente, así como mi tío Rocco. No es algo habitual ver a un hobbit emprender un viaje como este, hasta mi tío que se pasa la vida con el carro, no va mas lejos que una o dos jornadas de camino.
Cuando la puerta de Bree se ha cerrado detrás de nosotros he tenido un momento de miedo, la sensación de que el hobbit que dejaba en ese día Bree no volvería.
Ghash me ha sorprendido anunciando.
- Bien, ya estamos en camino. No tengas miedo, ¡volveremos! Pero mucho me temo que ese hobbit que se atrevió a cruzar el umbral hacia el exterior no volverá a ser igual aunque lo pise de nuevo.
Me quedé callado, mientras sopesaba sus palabras y de pronto vinieron a mi mente los versos del poema del señor Bilbo, y recitándolos para mí dejé que el caballo me levase hacia el norte, hacia la capital.
El verano seguía en todo su esplendor y en los campos recién segados, nubes de pájaros revoloteaban buscando grano. Los bordes del camino estaban cubiertos por una densa maraña de hierbas y arbustos, muchos de ellos cargados de frutos.
Ghash dirigió el carro con seguridad por el camino principal que une Bree con la capital. Es un camino muy transitado y nos cruzamos con varios viajeros al poco de salir de la villa.
Más o menos una hora después Ghash me pasó las riendas. Ella se quedó en el pescante sentada a mi lado, mirando con atención los lados del camino, parecía buscar algo.
Por un momento pensé que miraba las hierbas que crecían frondosas y que habían empezado a agostarse por el calor de los últimos días, porque de pronto me hizo parar y bajó del carro. Atravesó unas matas y lanzó una exclamación de alegría.
Aparté el carro del camino y la seguí. Tras lo que parecía una maraña de arbustos y que resultó ser una valla, aparecía un camino, marcado por las ruedas de los carros, un viejo camino de caballerías, un poco desdibujado por el desuso.
- Mira Bob – dijo Ghash –Esto lleva al viejo camino que conduce a la capital, esta trazado siguiendo el río. Lo construyeron hace muchos años en substitución del que pasaba por el centro de La Comarca, Empieza en el puente del Brandivio y podriamos haberlo tomado desde alli, pero tu tío me habló de este porton, conduce a una zona de pastos y va a unirse al camino un poco mas arriba.
- Si, he leído sobre ello, el señor Mantecona tenia un libro que hablaba de él, contaba la visita del Rey a la capital del Norte hace muchos años– contesté
- ¿Que te parece si lo tomamos?- propuso Ghash - lleva igualmente a la capital, pero seguro que será mas relajante viajar sin tanto carro como se acumula en el camino principal. Y además puede ser toda una aventura.
Yo tenia mis dudas, pero la palabra aventura hizo latir en mi deseos de descubrir como era ese camino, un camino por donde pasó el rey cuando vino por primera vez desde Gondor.
- De acuerdo Ghash , tomemos ese camino – dije
- Ale, ¿A que esperas para guiar el carro hasta aquí? Yo mantendré la puerta abierta y la cerraré en cuanto pases – me ordeno Ghash.
Hemos avanzado todo el día por un camino delicioso, que sigue el curso de un riachuelo y que está bordeado de abedules. A la hora de la comida hemos parado en un recodo y nos hemos sentado en la hierba a vaciar la cesta que nos ha dado mi hermano para el primer día de viaje.
Me he tumbado un buen rato después de comer, mientras ella recogía flores i plantas medicinales en el prado junto al arroyo. La verdad es que, si no estas acostumbrado, el traqueteo del carro te deja la espalda molida.
Ghash se ha sentado al rato a mi lado, ella no tenia sueño porque ha echado una cabezadita mientras yo conducía, la he visto entretejer varias flores con manos hábiles y hacer una especie de collar.
- ¡Me gusta tu país, es tan verde! – ha dicho de pronto.
Me he incorporado y la he mirado.
- Esto no es mi país Ghash, es tan desconocido para mí como para ti – he respondido
- No es verdad, esto es tu tierra, la tierra de los hobbits.- ha dicho señalando hacia poniente- ¿ves esa colina blanca? Pues, si no me equivoco, al otro lado esta el río y allí empieza La Comarca. El camino pasa todo el tiempo bordeando sus límites, se hizo para la vigilancia en los primeros tiempos después de la guerra.
Y tomando un palo alisó un poco una zona donde se acumulaba arena, justo al borde del camino y se puso a trazar líneas en ella.
- Ves – me dijo – esto es Bree, de donde salimos esta mañana, aquí esta el camino que lleva a la comarca y el puente sobre el Brandivino.
Aquí el camino principal que lleva a la capital, pasando por la ciudadela de Fornost. Y aquí al Norte esta la capital, a la orilla del lago. El río Brandivino nace allí ¿sabes? Y baja siguiendo más o menos esta dirección. Esta mañana hemos salido en dirección norte, pero nos hemos desviado al oeste y ahora estamos más o menos aquí. ¿Ves?, casi al lado del río, y lo estaremos siguiendo durante bastantes millas.
- Como sabes eso Ghash? – le pregunté, sintiendo de pronto una punzada de deseo y de añoranza.
- Por un mapa – me contestó – los soldados que vinieron a la posada tenían uno y lo estuvimos viendo con tu tío.
Ella siguió trazando líneas en el polvo.
- El camino que seguimos bordea el río hasta los límites de la comarca, lo atraviesa y va a encontrarse con el viejo camino que sube desde la comarca hasta la capital. Pero nosotros no podemos seguirlo, por un lado porque deberíamos cruzar el río y por el otro porque no hay ninguna forma de llegar al camino principal que une la comarca con la capital sin atravesar, aunque sea solo por unas millas el territorio de La comarca. Y ya sabes que eso me esta vedado. Por lo tanto seguiremos un camino que sigue paralelo al río, sin atravesarlo y que va a parar al camino principal, justo ahí, en el puente.
Yo asentí con la cabeza pero a la vez me sentía un poco dolido de que ella no me hubiese mostrado también el mapa a mí y ella lo notó.
- No te enfades Bob, eran los días de la fiesta y tu estabas muy atareado – me explicó
- No es nada – dije – sólo que me hubiese gustado verlo, ¡me encantan los mapas!
- Por eso no te preocupes – dijo ella – supongo que en la capital habrá lugares con montones de mapas para mirar.
- ¿De veras? – pregunté – ¿y podremos verlos ghash?
- Claro, a eso vamos allí ¿no? A buscar un lugar perdido en alguno de esos antiguos mapas – me contestó ella
Ghash se quedo en silencio revolviendo la tierra con el palito. Mientras,yo la miraba y me preguntaba como seria una gran ciudad, había leído muchísimo sobre ella, casi podía verla en mi imaginación, las torres blancas reflejándose en el lago y las montañas de fondo.
- ¿Por qué hemos tomado este camino Ghash? – pregunté de pronto –¿No era más rápido el otro para llegar a la capital?
- No me gustan las aglomeraciones, ni el tránsito. Y además hay demasiadas posadas en ese camino – me contestó ella evasiva.
De pronto entendí. Tomar ese camino había sido un regalo, un regalo de ella para mí. Ir por el camino principal habría sido emocionante, pero no tenia nada de aventura. Ella había querido mostrarme como era viajar hace muchos años, cuando las pocas millas que separan Bree del puente del Brandivino eran como ir al otro lado del mundo. No me extrañaría nada que el arreglo del carro fuese algo que mi tío y mi hermano tramaron confabulados con ella para que yo tuviera mi ración de aventura.
- Gracias por tomar este camino – dije de pronto
- ¿Te gusta? – dijo ella – los soldados dijeron que era un camino que pasaba por lugares preciosos. ¡Creo que va a ser emocionante descubrirlos!

Volvimos al camino al poco rato. Ghash llevaba las riendas y yo pensé que podría dormir un poquito, el madrugón había sido importante y estaba medio amodorrado. Pero el camino decidió que no debía dormir y nos obsequió con una serie de baches, producto de las lluvias, que nos dejaron el cuerpo traqueteado y molido.
La línea de colinas que señalaba la frontera se deslizaba lentamente a nuestra izquierda, Ghash tenía sus ojos clavados en ella. Yo tenía la sensación de que temía que el camino la cruzara en algún momento. Por eso me sorprendió oír de sus labios el deseo de atravesarla y de ver como es La Comarca.
- ¿No te gustaría a ti verla si te hubiese sido prohibido?- preguntó extrañada
- Supongo que sí – dije – no me he planteado nunca el hecho de que alguien que no sea hobbit pueda desear ir a La Comarca.
- Entonces Bob, ¿Para que crees que están todos esos guardias que vigilan las fronteras? Hay mucha gente que intenta ver que es lo que hay al otro lado – dijo ella – y no todos con buenas intenciones.
- ¡Claro! – contesté – ¡Tienes razón! Lo que pasa es que yo soy un hobbit un poco atolondrado y no me fijo en las cosas.
- ¿No sientes que allá, al otro lado de esas colinas, está tu hogar? – preguntó otra vez ella - ¡Que suerte para todos vosotros saber que hay un lugar del que procedéis y al que siempre podréis volver! – añadió
- Bueno - contesté – no me lo había planteado así. Yo soy de Bree, nací allí. Y si algún lugar de esta tierra puede ser considerado mi hogar éste es Entibo, la aldea bajo la colina donde los míos tienen su casa. Pero creo que si supiera que algo no iba bien en La Comarca… creo que haría todo lo posible por arreglarlo.
- ¿Lo ves Bob? – me cortó ella – llevas Bree en tu corazón pero La Comarca habita en cada uno de los poros de tu piel.
- ¡Es que es un lugar tan hermoso! – exclamé sin poder contenerme – los campos labrados, las colinas verdes horadadas por los smiales, Delagua junto al río, las barcas, el trasbordador…
– ¿Y dices que no lo sientes tu hogar? – me dijo risueña– imagina que todo esto desaparece, que los hobbits ya no tienen un lugar donde volver, un sitio que sea “su país” su identidad.
Cerré mis ojos intentando imaginar tal situación. Vi la villa de Bree con los smiales vacíos, semiderruidos por el paso del tiempo. Vi la comarca desnuda, los campos abandonados, con gentes extrañas viviendo en ellos. Me dije – ya no hay ningún sitio al que puedas volver- me estremecí y sentí un deseo irrefrenable de ver que nada de lo que yo había imaginado sucedía.
Ghash puso su mano sobre mi hombro y de pronto entendí. Ella no tenia una Comarca de la que podía decir que era originaria. Ella tenia su tribu del desierto, su frontera de Gondor y apurando un poco su tierra oscura. Pero todo eso era después. Todo eso eran lugares que te llenan el alma porque vives en ellos y se van cargando de recuerdos hasta que forman parte de ti.
Creo que en aquel momento me di cuenta del porque de esta búsqueda de Ghash y apreté fuertemente su mano.
Seguimos así, avanzando camino arriba un buen rato, en silencio, con los ojos fijos en las cercanas colinas, tan inaccesibles para ella como ese hogar que desconocía.
Poco después de eso dejamos el arroyo y nos internamos en un bosque. El aroma fragante de la tierra impregnaba el ambiente, el sol se filtraba entre las hojas de los castaños y de los robles dibujando en nuestras caras redondeles dorados.
Ghash conducía con una expresión de placer en su cara, de pronto algo, un recuerdo quizás, hizo asomar una lágrima por la comisura de sus parpados.
- Este lugar me recuerda los bosques de Ithilien – dijo – cuando era un orco y nos daban misiones de vigilancia en ese lugar, todo lo que nos rodeaba olía así. Y cuando salía el sol y todo brillaba con las gotitas del rocío yo me sentía como en un paraíso.
- ¿Cuando eras un orco te gustaban las cosas bonitas Ghash? – pregunté sorprendido – creía que a los orcos les daban asco las cosas hermosas y que por eso las destruían
- Eso que dices es cierto Bob, los orcos no pueden soportar la belleza porque les recuerda su propia fealdad – dijo Ghash – pero yo era un orco un poco diferente. A mi me gustaba ver las salidas y las puestas de sol y oler las flores. Aunque tuve que mantenerlo en secreto. Era un secreto mejor guardado que el aspecto que tenia el amo oscuro en aquellos tiempos.
- ¿Y como lo conseguías? – pregunté – si alguien te hubiese visto oler una flor…
- ¡Oh una vez me ocurrió! – dijo ella - fue de un tris que no me descubren.
- ¿Como fue Ghash? ¿Que te ocurrió? – dije intentando tirarla de la lengua. Estaba ávido de sus historias.
- Fue durante una guardia en el exterior. Nos colocaron en un altozano que dominaba la llanura para que vigilásemos los movimientos de una tropa de Gondorianos que se dirigían a la ciudad. Supongo que para reforzar las tropas de ésta de nuestro inminente asedio.
Estábamos echados en el suelo, oteando el horizonte en la penumbra de las horas crepusculares. El sol hacia poco que se había puesto, rojo detrás de las montañas. Un olor delicioso empezó a filtrarse entre los variados y apestosos efluvios que nosotros desprendíamos. Sudor, brea, sangre y porquería se mezclaban sobre nuestra piel. Si yo hubiese acercado mi brazo a tu nariz en aquel momento, seguro que caes desmayado del hedor.
Husmeé quedamente intentando identificar la causante de ese fresco y maravilloso olor que llegaba a mi nariz y al final lo conseguí. Era una plantita rala, con unas pequeñas flores rosadas. Ahora sé que era una mata de menta enana. Una de esas rarezas que crecen en los parajes mas inhóspitos con solo que les caigan de tanto en cuanto unas gotas de agua.
Busqué con la mano la plantita y la corté y sin hacer ruido me la lleve a la boca, la dejé colgando de mis labios y aspiré con fruición.
Yo creía que nadie notaria el ruido, pero mi compañero, un orco con un oído excepcional, me oyó aspirar.
¿Que haces? – Me dijo – ellos están demasiado lejos para poder olerlos. Y además con esta peste de plantas no se puede oler nada – gruñó
Me giré hacia él olvidando que tenia una mata de esas plantas en la boca y él me vio.
- ¿Que haces con esa porquería? Pregunto ¿No estarías oliéndola? No me digas que eres uno de esos raritos a los que les gusta oler florecitas – me espetó
- ¡que rarito y que ocho cuartos! – le solté – lo que pasa es que mis tripas están haciendo un ruido espantoso del hambre que tengo, así que he probado esta porquería verde a ver si era comestible.
- ¿Y esta buena?- Pregunto él - la verdad es que no era un tipo muy listo.
- Asquerosa – le contesté yo escupiendo la ramita
- Si - me contestó él – la intendencia no es muy buena que digamos. Si esos idiotas no se hubiesen dejado rodear por los humanos ahora estaríamos zampándonos un buen festín de carne fresca.
La verdad es que habíamos quedado aislados entre dos patrullas de Gondorianos. Nuestros compañeros, el grueso de la patrulla, se encontraban en ese momento a varias millas de nosotros, al otro lado de los humanos.
- Como uno de estos se acerque desprevenido ya tenemos cena – murmuró mi compañero – mira ese, lo pusieron de guardia pero se está durmiendo. Parece que es jovencito, tendrá la carne tierna – dijo mientras se relamía de antemano.
- ¡Si haces eso nos descubrirán estúpido! – le solté – ¿tu crees que podríamos con mas de veinte humanos tu y yo solos? Si te crees esto es que eres más idiota de lo que pareces ¡shaaa! Toma,¡ masca hierbajos!, así se te pasará el rugido de tripas. – y le eché un puñado de hierbas en la cara
Ghash parecía haber vuelto en ese momento a aquel punto de su historia. Había cambiado la voz y el gesto. Cuando hacia esto daba de verdad miedo. Menos mal que yo sabia que tras de aquella mirada torva se escondía la dulzura de una viejita humana, alguien que me hacia sentir especial.
- el otro gruño por lo bajo, parecía dispuesto a iniciar una pelea. Pero de pronto se lo pensó mejor, no sé si mi aspecto feroz lo había intimidado o que de pronto había entrado en su cabezota que si hacíamos el mínimo ruido que demostrase que estábamos allí éramos orcos difuntos en cuestión de segundos – siguió contando Ghash
- ¿y que hicisteis entonces? – pregunté
- Yo nada, seguir echada en el altozano, aspirando el delicioso olor – me contesto ella – hasta que la luna se ocultó, entonces, protegidos por la oscuridad atravesamos la patrulla enemiga y nos pudimos reunir con nuestros compañeros.
Aunque, ¿sabes una cosa?, durante las dos o tres horas de espera, el orco ese estuvo metiéndose hierbajos en la boca y tragándolos en silencio. No se a que sabrían, yo la verdad, no los probé. – me explicó ella guiñándome un ojo.
Yo solté la carcajada, la verdad es que el ingenio de ella era una de las cosas que me sorprendía. Supongo que eso fue lo que le permitió sobrevivir en esas difíciles circunstancias.
Mientras nosotros conversábamos el bosque se iba cerrando a nuestro alrededor, el camino lo atravesaba casi en línea recta, al menos eso nos parecía a nosotros. Era un lugar hermoso, uno de esos lugares donde esperas ver salir un elfo de la espesura, aunque sabes con certeza de que eso no ocurrirá, ¡por desgracia ya no queda casi ninguno de la hermosa raza en la tierra media!
Seguimos el camino hasta un claro, anochecía entre las colinas de la comarca cuando empezamos a montar la tienda. El cielo estaba despejado, aunque por el Este asomaban algunas nubes. Podríamos haber dormido en el carro, pero yo me empeñé en hacerlo en la tienda. Nunca había dormido en una y la perspectiva me ilusionaba. Ghash tenía mucha maña en ello, la verdad es que me dijo que había pasado más de cuarenta años haciéndolo regularmente y las tiendas de la tribu no eran precisamente tan pequeñas como la nuestra.
La tienda estuvo montada en muy poco tiempo. Se trata de un armazón de palos, anclados al suelo por cuerdas y piquetas, que está recubierto por una lona, que se coloca muy bien tensada entre ellos.
Mientras ella terminaba de tensar las cuerdas que sujetaban la lona, que ella llamo vientos, yo me dediqué a encender una fogata para preparar la cena. Cubrimos el suelo con un par de esteras y unas mantas mientras en la olla se cocinaba una sopa caliente, con patatas y verduras de la huerta de casa, que nos había dado mi hermano.
Las estrellas titilaban en el horizonte y la luna empezaba a asomar entre las nubes cuando terminamos de comer.
- Esta es la hora de los orcos – dijo Ghash de pronto
- ¿Que quieres decir con eso Ghash? – pregunté
- Los orcos salían de sus cubiles en cuanto salía la luna, después de llenar sus panzas con el desayuno, y entonces empezaba la jornada, los snaga se dirigían a las construcciones y los soldados a nuestras misiones o a los campos de entrenamiento.
- Es como si viviesen al revés – contesté – te debió resultar difícil el cambio, tú eras como las lechuzas, que duermen de día y cazan por la noche.
Ghash se rió con mi comparación y como respuesta una lechuza ululó entre los árboles.
- Oye Ghash – dije de pronto, recordando la historia que me había contado el día de la fiesta - hay algo que no entiendo… veras… ¿Qué hacia una patrulla de orcos al mediodía en las montañas cercanas a Minas Morgul? – dije – algo no cuadra en todo esto.
- ¿Cuando te dije yo que fue una patrulla de orcos la que me recogió? – contestó ella sorprendida – ¿no te he dicho un montón de veces que los orcos no salen a la luz del día?
- Ya me parecía raro a mi – conteste – ¿pero si no eran orcos, que eran?
- Era una patrulla de humanos, había algunos orientales y otros que no podría decirte su procedencia. Todos ellos se habían rendido a las artes de los guardianes del anillo y se habían transformado en semiespectros. Hubieses dicho que eran hombres, pero su aliento era helado y el contacto de sus manos gélido como si fueran cadáveres.
Me estremecí al pensar en estos seres, medio humanos, medio espectros. Sobretodo al oír lo que ella fue contándome a continuación.
- Me desmayé justo ante sus pies, así que no puedo saber muy bien que fue lo que sucedió, aunque durante un tiempo me dije que había tenido una suerte envidiable.
Veras, estos seres se alimentan de humanos y aun de orcos, pero no les matan, les consumen, aspiran su fuerza vital. Para ellos yo era un manjar que llevarse a la boca. Un orco perdido. Nunca supe porque no me atacaron, porque no me devoraron. Aunque con el tiempo llegué a formular una hipótesis.
Yo creo que no me hicieron nada porque yo llevaba en mi uniforme el emblema de mi amo, que me adscribía en el grupo de los espías y eso los frenó.
- ¿Y que hicieron entonces contigo? – pregunté
- Oh me llevaron a ver a su amo – contestó ella – y el nazgul estuvo interrogándome, no sé cuanto tiempo. A mi me parecieron horas y luego me soltó. Ordenó a un grupo de orcos que me llevaran arriba a la fortaleza. Y de allí me trasladaron a nuestro cuartel. Estuve varias semanas recuperándome de las quemaduras.
- ¿Y como era eso de estar frente a frente con uno de ellos? – pregunté anhelante
- Espantoso – contestó ella – mira, a mí me llevaron a una especie de antesala, un sitio extraño lleno de puertas. Digo que me llevaron porque aunque había despertado de mi desmayo estaba débil y tenia parte del cuerpo enrojecido por la quemadura del sol, así que usaron una especie de angarillas para trasladarme.
- ¿Y el estaba allí? – pregunté esperando una respuesta afirmativa
- No, estuve sola un buen rato, luego sentí como se acercaba. Sus pasos resonaban en el pavimento así que supuse que vestía una armadura. Los espectros no tienen un cuerpo, son una especie de niebla incorpórea que llena las vestiduras o las armaduras ¿sabes? – me explicó
- ¿Y que ocurrió entonces? – pregunte, ya en ascuas
- Pues él se acerco a mi, no vino solo. Iba acompañado de un par de esbirros. Supongo que eran parte de los que me habían rescatado.
Sentí de pronto un frío intenso que recorría todo mi cuerpo y con él la sensación de que todo estaba perdido. De pronto todo se volvió gris, indefinido como si mirase a través de una espesa niebla. Una voz habló en mi mente pidiéndome que me identificase. Luego su voz volvió a repetirlo, sonaba ajada, como si viniese de muy lejos.
Le di mi nombre y el grupo al que pertenecía y señalé la placa que me acreditaba como a tal que llevaba al hombro. Sentí su mente sondeándome, mientras me hablaba de lo maravilloso que podía ser pertenecer a los suyos. El miedo atenazaba mis miembros, no podía moverme y cuando lo intenté sentí un dolor atroz. Cerré mis ojos y vi un torbellino de imágenes danzando a una velocidad increíble que se entrecruzaban frente a mi cara. De pronto una gran negrura, un oscuro vacío que me atraía, era como si me estuviese diciendo que me lanzase hacia el, que penetrase en las entrañas de esa densa oscuridad.
La presión sobre mi cabeza era asfixiante, creí que moriría en aquel momento sin que nadie necesitase cortar mi carne. El poder de ese ser era enorme, yo sabia que podía matarme solo con mantener su mirada espectral fija en mi unos momentos mas.
De pronto todo cesó, la presión se aflojó de golpe y yo caí desmadejada en la camilla. El se fue de la habitación y me dejo al cuidado de los otros dos seres. Uno de ellos tomó mis muñecas y puso mis manos sobre mi pecho. El contacto con esos dedos helados provocó en ellas un par de moretones, pero yo no sentí nada de dolor en aquel momento. Creo que mi cuerpo estuvo insensibilizado durante varias horas después del encuentro con el nazgul.
Sentí un escalofrió recorriendo mi espalda mientras ella me contaba su aventura. Por un instante pensé en el señor Frodo y sus compañeros, en su valentía al enfrentar a esos seres.
Ella sintió mi desasosiego, puso una mano en mi espalda y me murmuró al oído que hacia muchísimos años que no existían seres de esos.
- Se deshicieron como el polvo en un vendaval – dijo – cayeron en el vórtice que se llevó a su amo allá donde nada existe.
 
aerien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 04-08-2005 Hora: 00:20
Desde luego, me siento un poco como el hobbit Bob, estoy ansioso por escuchar historias de Ghâsh, tanto que todo lo que no es eso me está empezando a aburrir.