Ir a Posada de Mantecona
 


La partida
Por [SETSUNA]
 
Es madrugada, el frí­o de la helada que precede al amanecer hace que mi cuerpo se estremezca por un instante. Mis padres me despiertan: "Tenemos que partir, coje tus cosas y tu petate." sin poder apenas hablar nos dirigimos al carro tirado por dos viejos caballos y allí­ suelto los bultos. Tengo sueño pero un extraño sabor a desazón y melancolí­a me embarga por completo, era la hora de partir...

Las estrellas me dicen adios mientras el carro parte, su mirada es melancólica y no hace mas que ahondar mi sufrimiento más aun. No digo nada durante todo el camino, fuimos desde un pueblo cercano a Bree y allí­ paramos a desayunar en El Poney Pisador, nos atendieron estupendamente, pero el posadero parecí­a algo mayor y despistado.

Antes de retomar la marcha fui a pasear por los establos... allí­ habí­a un joven poney (sin duda la "montura" de algún hobbit) y le acaricié la testa con cariño y en parte con algo de añoranza, ¿Quién sabe si a donde iba habrí­a algún hermoso ejemplar como aquel? Quizá fuese el último poney que viese en mi vida... no puedo estar seguro de lo que me deparaba el futuro.

"Son tiempos duros en estas tierras" añadió mi padre para intentar sacarme conversación, pero yo estaba absorto en pensamientos mientras intentaba expresar algo en unos pergaminos viejos que encontré. Dibujé a Eärendil en su barco, en cierto modo me sentía como él, viajó por ayudar a los suyos y nunca más pudo volver...
"Es Eärendil, el navegante del cielo" dijo mi padre a lo que yo añadí­ "Otra ví­ctima de su destino..." a lo que el solo contestó con un silencio incómodo. Mi madre solo hablaba para preguntar algo sobre el camino o algo que le atrajese del paisaje, como si intentase de evitar pensar en el hecho de abandonar abruptamente la tierra natal, esto me hací­a daño y a la vez me hundí­a aun más en el silencio.

Llegamos al mar, allí deberí­amos tomar un barco hacia las tierras del Oeste, un destino desconocido para los que no estan bajo la protección de los Valar, el barco salió de noche y la travesía duró varios meses, cada vez pensaba más en qué sentido tení­a mi vida, si acaso no era más insignificante que el más pequeño de los peces del mar. Frente a mis padres me mostraba impasible, como si no me importase la situación, pero por dentro mi alma lloraba amargamente por una partida que no entendía y que me parecí­a injusta y precipitada. Al fin tras un arduo viaje la nave llegó a Töl Eressea, donde intento rehacer mi destino y forjarme el mí­o propio.
 
[SETSUNA]
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 11-05-2005 Hora: 11:52
Bueno, es pasable, pero creo que no es tan emotivo como pretende. Tengo un profesor que dice que "la belleza acontece", y cuando se hacen textos buscando la belleza, a veces se corre el riesgo de que se olvide lo demás, y encima la belleza no aparezca...

Fecha: 06-05-2005 Hora: 09:37
Me gusta, breve y conciso. Salvo ese gordo error que ya has arreglado...

Por cierto, si quieres te echo un cable y atraviesas el mar como los equilibristas del circo

Fecha: 06-05-2005 Hora: 00:36
que bonico vida meua!
Lástima lo de los acentos...