Ir a Posada de Mantecona
 


Relatos desde la sombra
Capítulo 2
Nazgûl
Por [SETSUNA]
 

Era invierno, los puertos estaban helados y a duras penas el pueblo conseguía subsistir. Yo era Rey de los hombres por aquel entonces, pero en mi mano no había solución ante aquella hambruna atroz debida a la crueldad del invierno. Mandé mensajeros a todos los demás reinos de los hombres, pero no hubo respuesta ni ayuda para mi pueblo... nos habían dejado a nuestra suerte y desdicha. Un día apareció sin más un extraño personaje, su voz, aunque oscura, endulzaba el oído con melosas promesas de cambio y poder. No dió su nombre, solo me obsequió con un anillo con el que, según él, podría ayudar a mi pueblo. Lo guardé, no me sentí atraido por esa joya por ese momento, a la mañana siguiente volví a mandar mensajeros en busca de ayuda, pero todo fué en vano... no se volvió a ver rastro de ellos en la nieve del frío este. Al poco tiempo volvió aquel extraño personaje, y nos dió noticias de los mensajeros: -"Fueron los montaraces, ellos desean ver muertos a los hombres del Este... yo ví con mis propios ojos como los acribillaban con sus flechas.".
Las nefastas noticias hicieron sentir un amargor nunca antes conocido por mí, el extraño me instó a usar el anillo, pues según él, adquiriría poder necesario para poder devolver la ofensa a los Dunedain y conseguir recursos para mi pueblo. Fuí al arcón donde guardé el anillo y allí estaba, era de oro, con unos grabados desde la mitad del anillo que se unian en una gema Oscura. Lo cogí con dos dedos y observé la gema... tenía un tono apagado, pero a la vez cálido, como si aún conservase dentro el fuego con que fué forjado. El anillo era a la vez hermoso y horrible, su serena hermosura no lo hacía mas cálido a la apariencia, sino más bién al contrário. Tenía un halo de sombra que parecía ordenarte usarlo. Me llamaba a la guerra. Entonces me lo puse en el dedo índice de la mano derecha.
No sentía nada especial, solo comencé a sentir la vergüenza acompañada de la ira, aquel extraño se había burlado de mí, en ese momento me arranqué el anillo con todas mis fuerzas y lo arrojé al primer sitio que fue a parar, mis ojos ardían de impotencia y entonces rompí a llorar ante mi ineptitud como monarca de mi gente y desee aún más la venganza ante todo el que se había reido de mi pueblo y había osado condenarnos a morir de hambre.

Pasaron varias semanas, el invierno seguía en nuestras tierras a pesar de que era bien avanzado Marzo, la población había sido diezmada considerablemente, no había muchas alternativas para nosotros, morir a manos del invierno o morir a manos de un posible ataque de los Dunedain, cada vez los odiaba más... ellos tenían el don de la larga vida mientras que mi pueblo estaba condenado a una vida efímera, y para más rabia mía osaban arrebatarnos la poca vida que nos quedaba. En un intento desesperado, fuí a mi habitación a buscar el anillo, pero no lo encontraba. Cada vez estaba más nervioso, arañaba los muebles de nogal viejo y rompí el baúl de rabia al no encontrarlo, hasta que oí una voz.. me llamaba por mi nombre, y me decía que me acercase... venía de la vieja estantería, donde los libros y los pergaminos. Rápidamente comencé a tirar todos los libros de Astrología y por fín alcancé a verlo. Ahí estaba, tan bello como el primer día, pero esta vez tenía algo diferente, como si irradiara una luz oscura de su interior. Lo cogí, y no pude resistir la tentación de ponermelo, fue ahí donde ví su poder, fue entonces cuando comprendí cuán poderoso era, me sentía fortalecido y con esperanza, algo que había perdido hacía mucho tiempo.

Los días comenzaban a parecer más grises, a pesar de que el invierno había pasado hace dos meses, mi reino estaba desierto, solo quedaron unas pocas granjas habitadas, y el reino aún parecía seguir siendo acechado por los montaraces. Hacía quince días que comenzaba a sentir en mi cabeza una voz, en parte me resultaba familiar, esta voz me obligaba a tomar decisiones y a menudo me hacía sentir dolor. No era una persona muy amiga de la belleza, pero hice llenar de espejos el salón del trono, por alguna extraña razón cada vez me parecía mas extraño el mundo del otro lado del espejo. Era yo quien se asomaba a él, pero en el reflejo solo veía un espectro, coronado, rey en la muerte sobre los vivos. La imagen me helaba el corazón, y al mirarla, el anillo me susurraba... -"He ahí al enemigo del hombre, al rey negro, y señor del invierno."- Era un rey, sin duda, portaba una retorcida corona y una potente maza, y su alarido infundia terror en los corazones, era un grito metálico y oxidado, como salido de las profundidades de las colinas de hierro o algún páramo del norte. Su visión me atormentaba por las noches, y cada vez sentía el cuerpo más frío. Mi carne cada día estaba más pálida y los médicos de la corte se preocupaban por mi salud, a medida que pasaba el tiempo dejé de ingerir alimentos, era como si el anillo me diese el sustento, él y yo eramos todo y nada en el mundo. Volvió el invierno y volvió más crudo que el anterior, pero por algún motivo no sentía ni frío ni calor, las personas en mi corte habían comenzado a fallecer a causa del frío y el hambre, pero no me importaba, yo tenía al anillo, y sabía que me haría seguir en la tierra tanto tiempo como lo llevase.

Entonces me empezaron a llamar "El Muerto", debido a mi extrema palidez y cabellos blanquecinos, había cumplido ya más de 150 años y ni rastro de los Dunedain. El ejercito era inexistente, mi reino había muerto y sin embargo su rey seguía en pié. El último bastión frente al pueblo amigo de los elfos, entonces decidí atacar al enemigo y salí del castillo bajo una intensa nevada, mi cuerpo caminaba encorvado y con pesadez, entonces comencé a pensar que el enemigo me había envenenado, esos malditos Dunedain me estaban arrebatando la vida, pero no conseguirían mi anillo, antes me arrojaría a alguna grieta a entregarselo... es mí vida, me fué entregado y dado en custodia. ¡No me lo iban a robar esas ratas montaraces!

El anillo comenzó a hablarme una vez más...-"Viaja al sur... hacia Rhûn y sigue el mar hacia el sur... al sur deberás seguir por el río y adentrarte en la tierra negra... una vez allí acudirás a tu Señor y a él rendirás pleitesía a cambio de un poder ilimitado..." Y así hice... bajé con pesar hacia la costa y allí los marineros me rehuian como a la peste, cuando llegué hasta el límite con las Montañas de Ceniza no podía dar un paso más y allí quedé tendido, no se cuanto tiempo permanecí ahí pero de pronto comencé a sentir un dolor intenso, como de fuego que salía del anillo. Intenté quitarmelo pero me fué imposible y mi cuerpo comenzó a arder, un dolor indescriptible se apoderaba de mi cuerpo y mi mente cada vez se llenaba más de odio.

Abrí los ojos, el dolor había cesado, el tiempo que antaño fluia invisible era ahora visible en todo su esplendor, pero ahora fluia de otro modo, las cosas habían cambiado a pesar de seguir igual, no sentía nada, no percibia nada. Solo quedaba en mí odio hacia la vida. Y entonces miré a mi alrededor y contemplé a ocho más como yo, pero les faltaba algo que solo yo tenía, pues la sed de poder era ahora la esencia en mí. Ahora apareció alguien familiar, era el personaje extraño que me entregó el anillo, pero ahora lo veía en su verdadera forma; una forma terrible y cruel, reflejo de otra forma más cruel aún.
-"A mi te sometes, y yo te nombro Señor de los Nazgûl, pues yo soy Sauron y tengo para tí una misión de ataque y conquista... estos son tus siervos, poseen parte de tu poder pero a la vez todos poseeis parte del mío pues con El Anillo estaremos en comunión, y someterás al pueblo del norte, porqué así lo he dispuesto."
-"¡Sí, mi Señor!"-
Contesté.
Y entonces fuí coronado de nuevo.


 
[SETSUNA]
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 20-05-2005 Hora: 20:07
Yo trabajaría un poco más el tema de las comas y los puntos para así mejorar la intensidad y claridad de algunas frases, e incidir en lo que realmente quieres expresar. Me parece, con frecuencia, estar asistiendo a una enumeración de hechos, pensamientos, etc. Pero no está mal, sigue currando en ello

Fecha: 20-05-2005 Hora: 11:33
Pues a mi sí me ha gustado... es cierto que se hace más ameno hacia el final, pero me gusta como describes la agonía del rey por au pueblo. Hay cosas que me resultan un poco incoherentes, como que de pronto el rey tenga 150 años... pero bueno, en general me ha gustado!

Fecha: 19-05-2005 Hora: 16:18
No me gustan las notas de autor que acompañan al texto, más que nada porque lo que haces es curarte en salud. El texto debe hablar por sí mismo.
A mi me aburre un poco, pero al fnal, desde que empiezan a notarse los efectos del anillo en adelante, se hace más ameno, y cúenta más cosas. Me gusta la última frase: "y entonces fui coronado de nuevo"