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Melyave y la Dama del Bosque
Capítulo 1
Por Curukambe
 
Erase un hombre de un país lejano llamado Norost. Dicho hombre era el mas valiente de toda la región, todos los hombres eran intrépidos, guerreros, campesinos . . . y nadie se atrevía a desafiar el poder del reino.

Melyávë, que así se llamaba el hombre, solía salir de la fortaleza a explorar terrenos lejanos. Esta actividad era conocida en Norost pero nadie la practicaba ya que todos sus asuntos estaban dentro del país.

Cientos de leguas al Norte, había un bosque grande y frondoso. Antaño, los hombres que se atrevían a penetrar en el no salían jamás, pero ahora todo el mundo se había olvidado de dicho bosque. Ya que no era recordado, también su nombre no había sido pronunciado desde hace cientos de años, pero su nombre era Kidur, o así era como lo llamaban en la antigüedad.

Melyávë, en uno de sus largos viajes sobre las tierras vírgenes de Lador, avistó a lo lejos el bosque. Puesto que nunca había visto uno igual, el hombre, se sintió atraído por sus misterios. Entrando en el por una senda olvidada, Melyávë, intrépidamente, penetró en el bosque. Desviando su rumbo al Este, encontró un río. En los mapas del Norte este río aparecía marcado con el nombre de Agrin. Ya que Melyávë era muy precavido, y eso le había salvado la vida mas de una vez, no se atrevía a probar aquel agua tan cristalina y brillante a la luz del sol. Después de vacilar largo rato decidió no correr el riesgo, pero también, que quería cruzarlo y descubrir lo que había al otro lado.
Se ajustó las botas, se remangó y se dispuso a llegar al final de su nueva aventura. No tardó en descubrir que el agua del río reconfortaba todos y cada uno de los miembros de su cuerpo.
Tras cruzar el río, Melyávë, se sintió con fuerzas renovadas y un nuevo ímpetu que le empujaba a seguir adelante.

Contemplando el bosque, de repente, escucho un canto. La voz, que parecía que venía del bosque mismo, cantaba la canción mas hermosa que había escuchado en su vida, la voz, era muy melodiosa y cantaba en una lengua que Melyávë no llegaba a comprender. Quizás, era una lengua olvidada y casi extinta, pero una cosa era cierta, era una lengua muy bella y daba esperanza a quien lo escuchaba.

Entonces, se vio empujado a encontrar la procedencia de la voz. Se metió entre matorrales y árboles infranqueables siguiendo el dulce canto incesable hasta que encontró otra senda al lado del río y corriendo tanto que empezó a sudar, llegó a una cascada. La primera impresión del hombre fue que la cascada estaba cantando, pero entonces la vio, allí de pie, junto a la cascada, la mujer mas bella que había visto el mundo desde el comienzo de los tiempos, pero...
No era una mujer. Tenía las orejas puntiagudas y era tan hermosa, que para Melyávë, parecía un sueño imposible de alcanzar.

Lleno de incertidumbre, se acerco despacio temiendo asustarla. Ella estaba de espaldas y Melyávë se acercaba cada vez mas, pero a su vez, mas despacio todavía.

- No temas acercarte a mi, joven guerrero –dijo la mujer- No me asustare.

Melyávë, asombrado, comenzó a comprender el misterio de la mujer, las antiguas historias los nombraban... A los elfos.

Los elfos eran gente de gran belleza y sabiduría, de aspecto humano pero con orejas puntiagudas, eran inmortales para el paso de los años y no se dejaban ver por los hombres desde hacía varias eras.

- ¿Quién sois vos mi señora? –se atrevió Melyávë.

Y la elfa dijo riendo:

- Tenéis un lenguaje cortes, mas los hombres nos tenían muy poco afecto antaño, pero si lo deseáis saber, yo soy la Dama del Bosque y mi nombre es Taurwen –le sonrió- Bienvenido a las cascadas del Agrin en el bosque de Kidur.

- Se dice de los elfos que desaparecieron hace ya muchos años y que ya no quedan en estas tierras, mi señora –dijo el hombre mirando anonadado a la Dama.

- Mi pueblo aun persiste en valles y bosques, sin embargo, evitan el contacto con los hombres desde hace cientos de años –le respondió ella.

Estuvieron hablando todo el día, aunque la Dama nunca hablaba demasiado. Ya pasada la medianoche, Melyávë, debía volver a la fortaleza, pero antes, tenía que despedirse de la Dama del Bosque.

Sentía el ardiente deseo de quedarse y que esa noche durara para siempre.

Una vez llegado a su país, pasó toda la noche pensando en tan hermosa imagen y tan dulce nombre. Ya que no conseguía conciliar el sueño, recordando el canto, decidió volver al día siguiente a Kidur.

Despertó con el canto del gallo, se vistió, y fue corriendo a buscar el caballo mas rápido de todo Norost.

Cuando volvió a avistar a lo lejos el bosque, presionó los flancos del corcel para que fuera mas deprisa. Siguió la senda del río, exactamente por el mismo camino para no equivocarse.

Llegando a la cascada se acercó al mismo sitio de donde la pasada noche había emanado un canto que hechizaba al que lo oía, pero no encontró a nadie y temió que todo fuera un sueño, una fantasía.

- Te esperaba – dijo una voz a su derecha.

Era Taurwen y a Melyávë se le encendió el corazón al verla de nuevo. Reconoció su delicado perfil y se fijó en algo que no había visto antes, la Dama llevaba colgada del cuello una joya de plata que emanaba la luz de una estrella. La joya tenía gravado un símbolo de elfos pero Melyávë no le dio importancia.

- ¿Cómo lo sabía? – Dijo Melyávë intentando adoptar un lenguaje cortes- No recuerdo habérselo contado, señora de los Elfos.

- Los Bosques encierran secretos, Melyávë -dijo la Dama.

- Desearía que me los desvelaras –respondió el hombre dejándose llevar por sus sentimientos.

- Lo siento Melyávë, temo tener que irme, se acerca el invierno –ahora la Dama tenía la cara afligida.

Y Taurwen se fue corriendo. El pobre Melyávë se quedó solo en el bosque, entre sus pensamientos y desolación ante la noticia.

La Dama, volvió el verano siguiente y así fue durante largos años. En ausencia de Taurwen, Melyávë, cantaba la canción que le llevo a ella, esperando vanamente, que regresara antes del día largamente esperado en verano.

Durante el séptimo verano al regreso de Taurwen, cuando se reunieron, ella se lo llevó a un valle donde todos los habitantes eran elfos, en el cual, el padre de la Dama, era un gran mandatario. El, parecía muy joven aunque tenía unos 5.000 años. Era un Gran Señor Elfo y por lo tanto, de una sabiduría innegable. Melyávë, pasó allí 3 días, los cuales, fueron los días mas fascinantes de su vida. De vuelta al bosque, la Dama, le confesó al hombre sus sentimientos y renunció a su vida de elfa por el.

Una noche de invierno, salieron a pasear por el bosque. A la Dama, esto, le encantaba ya que nunca había visto el bosque en una noche de invierno.

Faltaba 1 hora para el alba y la noche se hizo mas oscura. Las estrellas ya no brillaban y la luna no se veía. Un cuarto de hora para el alba. ¿Que pasaba? Ni Melyávë ni Taurwen podían responder. Un minuto. El canto del gallo desgarro el silencio que dominaba el mundo pero el alba no llegó, solo estaban iluminados por la luz del colgante que la Dama llevaba en el pecho, una sombra se había cernido sobre la tierra como un manto negro.

En ese momento se escucharon ruidos de pisadas, espadas que tintineaban y se veían fuegos de antorchas. Estaban siendo atacados. Juntos, echaron a correr guiados por la luz del colgante.
De repente, la joya se cayó al suelo y la Dama desapareció. Melyávë, la recogió del suelo y siguió corriendo hasta que llegó al mar. Allí había una barca, el hombre, metió los remos dentro y empezó a empujar. Pero. . . algo lo retuvo, no podía irse sin su querida Dama. Se sintió en un problema, tenía que tomar una difícil decisión, pensó que, como Taurwen había desaparecido, no la volvería a ver.

Y se alejó remando con la cadena que sostenía la joya encima de las rodillas, recordando los momentos que pasó con la Dama. Una vez mas, cantó la canción que había oído hace tanto tiempo allá, en el bosque de kidur.

Y así comenzaron los Años Oscuros. . .



 
Curukambe
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 05-03-2004 Hora: 15:39
Aiya Curukambe!
Bueno, ¿qué clase de enamoramiento es ese que después de que ella renuncie a su inmortalidad él la deja abandonada a la primera de cambio?? hummm no me ha gustado ese final ¿habrá segunda parte?
Por otro lado, auque el escribir con frases cortas puede dar agilidad al relato, creo que le resta continuidad. La historia está bien, aunque creo que le falta un toque de originalidad.

Fecha: 30-06-2003 Hora: 16:46
Quizás demasiados tópicos en un relato que habrá que ver por donde lo encauzas. En cualquier caso no dejes de escribir y sácanos del estupor que nos quedó con la desaparición de Taurwen.

Fecha: 28-05-2003 Hora: 03:46
Se te echa de menos Curukambe, a ti y a tus excitantes relatos...