Ir a Posada de Mantecona
 


La Aventura del Pequeño Ladrón
Capítulo 1
Gente extraña en el Salón Común
Por Eardilen
 
Una tarde de otoño de la Tercera Edad de Arda, llegué a Bree después de pasar más de un mes viajando por el Norte. Por si algunos no me conocen, soy Eardilen, una Montaraz de las tierras norteñas. Aquella tarde llegué especialmente fatigada, pues llevaba dos días de marcha incansable. Me dirigí directamente a una agradable posada conocida por todo Bree: el Poney Pisador. Mantecona-el amable posadero de dicha posada-me ofreció una de las habitaciones del segundo piso, y acepté sin dudarlo. Después de darme un buen baño caliente, me vestí, cogí mi capa y me dispuse a bajar al Salón Común.

Solo era mi quinta estancia en el Poney, por lo que no conocía demasiado a su clientela. Por lo tanto, y ya que no tenía al lado de quien sentarme; esperé a que Mantecona me sirviera la cena desde el lugar donde me había sentado las últimas cinco veces, y que más tarde se convertiría en mi lugar favorito de la estancia: junto a la ventana, mirando al Camino del Este. Mantecona me trajo la cena, y la engullí sin vacilar.

Probablemente, amigos, esta historia les esté pareciendo aburrida y monótona, de lo más normal hasta ahora, pero siempre he pensado que para narrar bien una aventura es necesaria una buena introducción. Aclarado esto, prosigamos.

Fue en ese momento, cuando terminaba de engullir mi cena, cuando dos extraños individuos entraron en la sala. El uno vestido completamente de negro y armado, y el otro también. Ambos parecían querer ocultar su rostro al mundo. Me dieron mala espina desde el primer momento. ¿Por qué iban a mostrar tanto sigilo en una posada, donde nadie se preocupa de lo que hacen o no hacen los demás? En un primer momento me precipité, y pensé que podrían ser siervos de Mordor. Pero no, no lo eran. Demasiado exhibicionistas. Los siervos de la Sombra eran más discretos. Pensé, pensé y pensé, hasta que, a mi derecha, oí la conversación de dos hobbits:

-¿De verdad no has oído hablar de ello? Dos robos seguidos y en agujeros-hobbit que comparten pared. Pobres, ambas familias comparten parentesco conmigo.
-Pues acabo de saberlo, amigo…

Solo me hizo falta ver como los dos individuos de negro se giraban bruscamente ante la conversación, y temblaban levemente. Llamaron a Mantecona para pagarle las pintas, pero yo fui más rápida. Necesitaba retenerlos hasta que terminara la conversación, para sacar la máxima información. Estaba segura de que algo tenían que ver. Mantecona vino a mi mesa. Me cubrí con la capucha de mi capa.

-Dígale a esos dos señores que una dama les invita a unas pintas. ¡Ah! Y no se le ocurra decirles quien es esta dama-le pedí señalando a los individuos.
El posadero asintió, y les sirvió dos pintas a los extraños individuos. Ellos parecieron murmurarle algo, y Mantecona sirvió otra pinta más, para luego venir directo hacia mí.
-De parte de los señores para la dama que les ha invitado a las pintas-dijo Mantecona sonriendo.

Maldije para mis adentros. Ahora aquellos tipos me tenían identificada, y me hicieron un gesto con la mano que yo les devolví. La conversación de los hobbits había terminado, así que determiné que aquella noche no podría averiguar nada más. Me retiré consternada a mi habitación, deseando que llegara el día para llegar al fondo de aquello.

Desperté con las primeras luces del día. Los hombres que había visto en el Salón Común habían invadido todos mis sueños aquella noche, y no había conseguido dormir tranquila. Me di la vuelta en mi cómoda cama. “Pensemos”, me dije. Desde luego aquellos hombres no habían sido los autores materiales de los robos. ¿Por qué? Porque la Gente Grande no pasa desapercibida entre los hobbits. Y no era probable que ningún mediano les hubiera confiado la llave de su casa, de su agujero-hobbit. Podía haber otros hombres implicados, no descartaba esa posibilidad, pero no la creía probable. Entonces recordé la facilidad de los hobbits para pasar desapercibidos… ¿algún hobbit de dichas casas habría sido sobornado o amenazado para robar en su propio agujero? ¿O quizás un ladrón contratado por los hombres, algo parecido al caso del célebre Bilbo Bolsón? Infinitas hipótesis surcaban mi cabeza. Me levanté, y solucioné que me cambiaría, e intentaría averiguar algo más en el desayuno.
 
Eardilen
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 27-11-2005 Hora: 14:19
Me gusta mucho ^^ Aunque una cosa... porque das por supuesto que ellos fueron? tal vez solo a ellos tambien les ocurrió lo mismo y por eso se ponen nerviosos. Y otro detalle, cuando quieras que no sepan quien invita no te cubras con capucha, pide algo para ti y luego cuando te lo traigan pides que lleven lo otro, y si no hay tiempo pues todo a la vez. ^^
Pero me gusto mucho, asi que ahorra leere3 el 2 para saber que ocurre.

Fecha: 14-07-2005 Hora: 17:09
Bien, me gusta cómo tratas de urdir la trama, y con una correcta expresión, consigues un ritmo adecuado. Lo que noto es cierta inocencia de argumentos. ¿Por qué iban a tener que estar relacionados esos tipos con el robo? ¿por qué llama tanto la atención de la protagonista el robo? ¿por qué llaman tanto la atención los tipos? No necesariamente tienes que justificar todo lo que pasa, pero al lector le debe dar la sensación de que es normal que eso sea así. A veces esto se consigue con razones que debes contar, otras simplemente con la manera de contar las cosas, poniendo énfasis en ciertas escenas, parándote más cuando el relato lo necesite, o menos si cabe. No obstante, esto no impide que den ganas de saber más,y de llegar al fondo del asunto con nuestra curiosa montaraz, cuya actuación me ha gustado, sobre todo porque ha demostrado no ser infalible, slaiéndole mal el truco de la cerveza. Muy bien

Fecha: 27-06-2005 Hora: 02:08
quedé con ganas de mas.


Fecha: 26-06-2005 Hora: 02:26
Concuerdo contigo en una buena introducción...esta interesante el relato espero saber más...saludos