Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 18
Capítulo XVI
Por aerien
 
Esta mañana me despertó un extraño repiqueteo, una especie de sonido tamborileante que resonaba muy cerca de mis oídos. Afuera aun era oscuro, aunque empezaba a clarear.
Saqué la cabeza por la abertura de la tienda, que habíamos cerrado con un doblez y varios cordones y la lluvia me golpeó la cara.
- ¡Vaya! ¿Una tormenta de verano tan de mañana? – dijo Ghash, preguntándose a si misma mas que a mi.
- Sí, parece que esas nubes que veíamos ayer por el Este llevaban algo de carga y nos la han querido dejar en La Comarca – exclamé
La verdad es que estaba sorprendido, la lona de la tienda nos protegía de la lluvia. Por la abertura de la puerta, que yo había dejado entreabierta, se veían las gotas caer y rebotar en la superficie tensada. Dentro se estaba calentito, arrebujado en la manta.
El suelo estaba seco, Ghash supo escoger bien el lugar. Yo quería poner la tienda en una hondonada porque había mucha hierba en ella y pensé que así estaríamos más cómodos, pero ella no me dejó, se empeñó en ponerla en un alto con la hierba mucha más escasa y rala.
En aquel momento yo me sentí un poco ofendido porque ella no había aceptado el lugar que le proponía, pero ahora veo el porqué. Todas las hondonadas se están llenando con el agua de la lluvia, si hubiésemos colocado la tienda allí nos habríamos mojado, ya que el suelo se habría encharcado.
La lluvia arreció durante un buen rato mientras iba clareando el día. Yo estaba sorprendido de la cantidad de agua que podía soportar el toldo de tela sin traspasar.
- Oye Ghash – pregunté – ¿Que lleva esta tela que el agua no se cuela? No está embreada como la lona del carro, porque si no seria mucho mas gruesa y pesada.
Mientras preguntaba toqué la lona con el dedo, presionando hacia el exterior. Ghash gritó en ese momento.
- ¡No hagas eso!... ¡Vaya! ¡Ahora tendremos una gotera!
Yo no entendía muy bien porque, pero en el lugar donde yo había tocado empezó a formarse una gota de agua y al momento se creo un gotero que iba dejando caer gotitas sobre la estera. Ghash apartó la estera y me hizo sentar a su lado.
- mira Bob – me dijo – las tiendas son solo lonas tensadas, la fuerza de las cuerdas hace que los hilos que forman la tela se aprieten y aprisionen aire en los agujeros. Cuando una gota de agua las golpea rebota en los hilos tensados y así no traspasa hacia el otro lado. Pero si tocas la lona quitas esa película de aire de entre las fibras y entonces se produce una gotera.
Me quedé callado en la penumbra de la tienda mientras mi corazón repiqueteaba al son de la lluvia, oí a Ghash cantar una canción con voz queda mientras afuera el agua se escurría pendiente abajo hacia el riachuelo.
- La tormenta ya amaina – anunció de pronto Ghash – será mejor que doblemos las mantas y las esteras. Así, si para, aunque sea un poquito, nos podremos meter en el carro.
Y la verdad es que sí, al poco rato las gotas se fueron volviendo mas y mas esparsas y luego pararon. Yo cogí las esteras y corrí bajo los árboles que goteaban hacia el carro para dejarlas allí. Ella me siguió al momento con las mantas.
- ¿Que hacemos con la tienda? – pregunté – estará chorreando ahora
- Nada – dijo ella – dejémosla que escurra un poco y luego la recogeremos. Aunque lo mejor seria dejar que se seque, no creo que tarde en salir el sol.
Como respuesta a sus palabras un tímido rayo asomó entre las nubes e iluminó las copas de los árboles.
Di la vuelta al carro para comprobar que no tenia las ruedas en el barro y justo tras de él encontré el inicio de un sendero que se dirigía al Oeste.
- Allí esta La Comarca – dije para mi
Tomé a Ghash por la mano y tiré de ella para que me siguiera – ven vamos a buscar el sol – le dije
Seguimos el caminito, que de pronto empezó a subir serpenteando suavemente hasta llegar a un claro, allí se encontraban los restos de una construcción y detrás de ella el camino terminaba bruscamente en un cortado.
Estábamos en lo que parecía un lugar de observación, situado en un altozano, a nuestros pies se extendía el rió Brandivino y al otro lado de éste las tierras de La Comarca.
El sol eligió ese momento para salir de entre las nubes, ofreciéndonos un espectáculo de luz y de color. El rió refulgía y las hojas de los árboles dejaban caer pequeños arco iris que aterrizaban sobre la hierba mojada.
Una ligera y fantasmal bruma se elevaba del bosque, rompiéndose en jirones cuando llegaba al valle.
Le mostré a Ghash los campos y los prados lavados por la lluvia que resplandecían a lo lejos.
- Mira Ghash, La Comarca – murmuré.
En aquel momento me sentí absolutamente feliz, todo estaba como yo lo recordaba, más hermoso si cabe. El amarillo de los campos recién segados contrastaba con el ocre y el pardo de la tierra en los campos que ya habían recibido la caricia del arado. Aquí y allá hileras de frutales señalaban el lindero de las fincas y pequeñas y gráciles humaredas indicaban la ubicación de las granjas i de las villas.
No se cuanto rato estuvimos allí contemplando aquel paisaje que se levantaba con el sol de la mañana, después de un lavado temprano de cara. Pero mientras nosotros mirábamos el valle y las colinas, el sol se empezó a elevar de entre los árboles y fue resiguiendo los campos, llenándolos con su luz y estos respondieron llenándose de vivos colores y de hermosos reflejos.
Cuando llegó al río los rayos de Anor, juguetones, tejieron en las aguas un maravilloso juego de luces. Este fue creciendo y llenando el cielo con sus siete franjas coloreadas.
Me sentía exultante, toda esta belleza llenaba mi alma y me hubiese puesto a cantar una vieja canción de los elfos solo de la alegría que sentía.
De pronto mire a Ghash, ella seguía con la mirada perdida en las colinas labradas y en su cara había tristeza, un gran y hondo pesar.
Me acerqué y tomé su mano, mientras con la otra le señalaba el hermoso paisaje.
- ¿Te gusta? ¿Es hermoso verdad? – le dije
Ella asintió con la cabeza, sin dejar de mirar a lo lejos hacia el horizonte.
- pues entonces te lo regalo – exclamé – Es tuyo, aunque no puedas pisarlo nunca, yo te doy ese paisaje para que puedas llevarlo en tu corazón.
Ghash se acuclilló y abrazó sus rodillas, me acerqué y entonces vi como una lagrima salía de sus ojos perdidos en la lejanía, una lágrima que resbalaba lentamente por los repliegues de su arrugada cara e iba a mezclarse con las gotas de lluvia que mojaban la hierba a nuestros pies. No sin antes regalarme un pequeño e irisado reflejo en su pulida superficie.
Puse mis manos sobre sus hombros y apoyé mi barbilla en ellas para dejarla a su altura.
- Te lo regalo – repetí - esto es un trocito del corazón de los hobbits. Quiero que tú también lo tengas.
Ella no dijo nada mientras el momento mágico pasaba y la bruma volvía a cubrir el río.

De pronto una voz tras de nosotros nos sobresalto.
- ¿Quienes son ustedes? ¿Y que hacen aquí? – oímos que alguien decía a nuestra espalda.
Me volví sorprendido, mientras Ghash se incorporaba lentamente.
Frente a nosotros había un hombre, uno de los de la gente grande, era alto y parecía fornido.
Me quedé mirándolo fijamente, no parecía un soldado, aunque llevaba una espada al cinto y un arco y flechas colgando de su hombro. Vestía de verde y de pardo y llevaba una amplia capa oscura con capucha ceñida al cuello por un broche en forma de estrella.
En un primer momento pensé que podía tratarse de uno de los soldados que controlan las fronteras, pero no llevaba el uniforme del Rey.
Ghash fue más rápida que yo, se inclinó levemente y saludó al desconocido.
- Mi nombre es Ghash y el es Bob, somos viajeros. Vamos camino a la capital. – explicó
Yo pensé que ella había sido muy atrevida diciendo enseguida nuestros nombres al hombre desconocido, pero no dije nada, yo sabía que ella no hacia las cosas porque si.
El desconocido saludó a su vez con una inclinación de cabeza
- El camino que va a la capital esta muy lejos de este lugar – dijo – creo que en algún momento os desviasteis y tomasteis una ruta equivocada.
- ¡Oh no! Contestó Ghash, no tenemos prisa, vamos en dirección a la capital pero seguiremos el curso del río. Nos gusta contemplar el paisaje sin agobios.
- ¿Esto es lo que hacíais? – preguntó otra vez el desconocido – la verdad es que no podíais escoger mejor lugar para contemplar el paisaje. Esta colina es un observatorio de primera.
Yo sentí un poco de vergüenza al pensar que me había oído regalar La Comarca como si yo fuera el amo de toda ella. Aunque luego me consoló la idea de que si nos oyó hacerlo debió pensar que era una especie de juego. Para los humanos los hobbits son muchas veces como si fueran niños.
- Le estaba mostrando a la señora lo hermosa que es La Comarca – dije enrojeciendo seguramente, ya que noté de pronto como se me calentaban las mejillas.
- Y tanto que lo es – contestó él, sonriendo bajo sus poblados bigotes - Me gusta venir aquí por la mañana cuando hago una de mis rondas. Es un punto privilegiado por la vista que te da.
El hombre echó atrás su capa y avanzó un par de pasos hasta quedar junto a nosotros. Oteó el horizonte y sonrió satisfecho.
- No parece uno de los guardias de la frontera – susurré muy bajito a Ghash mientras el hombre se alejaba unos pasos en dirección a las ruinas.
- Pues lo es – me contestó ella – parece uno de los montaraces
- ¿Un montaraz? Yo pensé que ya no quedaban. Pensé que solo había soldados vigilando las fronteras y los caminos.
- Sigue habiendo montaraces, como tu los llamas, al servicio de su majestad el rey – contestó el hombre acercándose de nuevo a nosotros – permitidme presentarme, mi nombre es Dírhael y soy un soldado al servicio de su majestad el rey Elessar.
En cuanto el hombre nos dijo como se llamaba, la actitud de Ghash, un poco rara ya de por sí, cambió. Inclinó la cabeza con reverencia y contestó al hombre con una voz extraña, como si de pronto toda la humedad de esa mañana se hubiese quedado atascada en su garganta.
- ¡Es un honor conoceros, señor!
Me sentí rarísimo en ese momento, ella no había hecho nunca algo así. Los hobbits acostumbramos a hacerlo, pero no así los humanos. De todos modos no quise ser menos que ella y saludé al hombre con una reverencia.
- ¡Bob Sotomonte a vuestro servicio señor! - exclamé
El hombre clavó sus ojos grises en Ghash, supongo que también estaba sorprendido por el gesto de ella, luego me miró a mí y sonrió.
- ¡Señor! – dijo entonces ella – íbamos a desayunar, ¿Nos haríais el honor de comer con nosotros?
El montaraz sonrió de nuevo y aceptó la invitación.
En cuanto llegamos al claro Ghash sacó una estera del carro y la tendió al lado de los restos de la hoguera del día anterior e indicó a “nuestro invitado” que se sentase.
El hombre empezó a decir que no era necesario, que se sentaría en una de las piedras, pero a media frase se paró, miró a Ghash y se sentó de pronto en la estera.
Ella fue sacando los enseres para preparar el desayuno mientras yo me afanaba en encender el fuego. Por suerte la noche anterior habíamos hecho una buena provisión de leña, que ahora estaba seca gracias a que la guardamos bajo la lona del carro.
El fuego estuvo encendido en un momento, en la sartén crepitaban las lonchas de tocino y en la tetera se hervía agua para hacer te.
El desayuno resultó de lo mas apetitoso, pese a estar fuera de casa, fue un desayuno de campaña tipo hobbit, abundante y sabroso.
Ghash sirvió primero a nuestro invitado, tal como rigen las normas de cortesía.
- ¡Gracias! ¡Huele delicioso! – fue su respuesta
La observé mientras comíamos, no apartaba la vista del humano, atenta a cualquiera de sus deseos.
Yo la había visto varias veces servir un desayuno o una merienda a un invitado. Pero esta vez todo parecía diferente.
Ghash es habitualmente amable y cortés con todo el mundo, obsequiosa a veces, y otras, majestuosa como una reina. Pero nunca la había visto así, se comportaba como si fuese la sirvienta de ese hombre.
Yo estaba muy sorprendido, me preguntaba que podría causar esta extraña actitud de Ghash, así que aproveché que ella había ido a buscar algo al carro y me acerqué
- Ghash, ¿que ocurre? ¿Quien es ese hombre? – pregunté
- No lo se – me contestó – pero lleva en él la sangre de los reyes de los hombres.
Los ojos de ella acompañaron sus palabras en un gesto reverente, y vi su mano temblar cuando tomó la bolsita de cristal dulce que había ido a buscar al carro.
- ¿Quieres decir que es de la familia del rey? – pregunté asombrado
No…, no lo se – dudo Ghash – ¿pero viste sus ojos? ¿Y su nombre? Ese es un nombre de la realeza.
Sentí un escalofrío cuando la miré, pensé que era una extraña casualidad, una especie de jugarreta del destino que nos hubiésemos cruzado con ese hombre
- ¿Como sabes eso Ghash? – pregunté sorprendido
- Joram, el escriba me contó la historia de Gondor y de Arnor, de sus reyes y de sus hazañas. Y también la del rey Elessar – contesto Ghash
Creo que no la había oído hablar nunca del rey, o si lo había hecho había sido por encima, como evitándolo. Por lo tanto me sorprendió su gesto en cuanto lo nombró. ¡No había ninguna duda de lo que ella sentía en aquel momento!
En cuanto terminamos de comer empecé a recoger los cacharros, ya que me toca fregarlos todas las mañanas, pero ella se me adelantó, recogió todo y se fue al arroyo.
No tengo ni idea de porque lo hizo, normalmente, si me hago el remolón, me coge suavemente de una oreja y me muestra la fregadera.
De esta forma, sin quererlo, quedé libre de mi trabajo matutino así que saqué la bolsita de la hierba y la pipa y me senté a fumar.
En cuanto me vio sacar la pipa, el montaraz sacó la suya de entre sus ropas. Le ofrecí de mi hierba antes de que pudiera llenarla con la suya
- Tomad – dije – es hierba de Valle Largo, la mejor de la Cuaderna del Sur.
El hombre acepto encantado y un momento después dos pequeños hilillos de humo salían de su nariz.
Yo estaba deseando preguntarle, pero se ve que estos montaraces son parcos de palabras y poco dados a explicarse. Hice varios intentos de empezar una conversación, pero él me contestaba con monosílabos, creo que no pude sacarle ni media docena de palabras seguidas.
De pronto me miro interrogante, como si se hubiese acordado de algo súbitamente.
- Oíd – me dijo – Ella… ¿Es del sur verdad? De las tierras del Harad supongo
- Si lo es –contesté – Ghash es sureña, de un lejano país allá en las tierras del Harad.
- Que curiosa asociación – dijo el hombre hablando como para si mismo – una anciana haradrim y un hobbit. ¿Me pregunto que es lo que os ha traído hasta aquí?
El humano me miró interrogativamente, como escrutando mi reacción. Supongo que estaba sondeándome. Entonces me di cuenta de que él no havia llegado allí por casualidad, era un guardián de la frontera y nosotros unos intrusos que se habían metido en su territorio.
- Veréis señor, la verdad es que sí que es un poco rara – expliqué – aunque todo tiene su porqué. La señora es entendida en plantas y en preparados medicinales y yo soy su ayudante, trabajo para ella.
El humano se sorprendió, no creo que esperase aquella explicación. Al revés, creo que pensaba que yo era una especie de hobbit ricachón que había tenido el capricho de hacer un viaje. Y que había alquilado los servicios de una mujer humana para que me hiciera de sirvienta. Esto no me extrañó, visto el comportamiento tan poco habitual de ella.
- entonces ella … - empezó a decir.
- Ella es…, bueno…, ella es mi amiga y mi maestra ¡No podéis pensar mal de ella tan solo por que sea del sur! – exclamé.
- ¿Y quien te dijo a ti que pienso mal de ella? - exclamo el humano, tuteándome de pronto, mientras una carcajada pugnaba por salir de sus labios.
- Vos sois un guardián de la frontera – le espeté de golpe – creo que vinisteis a saber quienes somos y cuales son nuestras intenciones.
Ghash había vuelto de fregar los cacharros y nos miraba expectante, se veía a tres leguas que estaba asustada ante mi osadía.
El hombre soltó al fin la carcajada, creo que no pudo contenerse ante mi pose resuelta y la cara de matadragones con que lo obsequié.
- De acuerdo, ¡os diré la verdad señor hobbit! – contestó al fin – pero como contrapartida ustedes tendrán que contarme también algunas cosas.
Ghash se sentó siguiendo una indicación del humano y yo hice lo mismo a mi vez.
- Mirad – empezó a decir – ayer por la tarde me dijeron en el puesto de vigilancia del puente sobre el Brandivino que uno de los soldados había avistado una carreta en las colinas. También me dijeron que no había pasado por el cruce ya que ellos no la habían visto. Lo normal es que los viajeros que deciden tomar esa ruta, que la verdad son pocos, vayan hasta el puente y allí se registren, es decir indiquen donde quieren ir y quienes son a los soldados.
- Sí, tenéis razón – dije – cuando voy a La Comarca me para siempre la patrulla de caminos y me pregunta.
- Si, de esta forma tenemos un registro de las personas que viajan en las inmediaciones de La Comarca y podemos actuar en consecuencia si surge algún problema – continuó explicando el hombre – Pues bien, ayer me dijeron que habían visto unos viajeros que no se habían registrado y como yo tenia que viajar en la misma dirección me ofrecí para ver quienes eran.
- Supongo que esos viajeros somos nosotros – dije – debisteis pensar que éramos facinerosos entrando en el camino tan sigilosamente.
- Lo siento – se excusó Ghash – no imaginé que debíamos registrar nuestro paso por esta zona. Tomamos este camino siguiendo las indicaciones de un hobbit y de un grupo de soldados. Se trataba de buscar un camino poco frecuentado, lejos de las rutas habituales
- ¿Un grupo de soldados? – pregunto interesado el montaraz – ¿y ellos no os dijeron que debíais pasar por el puesto de vigilancia?
- Creo que obviaron este dato – contesté yo – los muchachos estaban celebrando y además creo que pensaron que un antiguo compañero no debía pasar por esos trámites.
El hombre me miró extrañado. No creo que entendiese nada,
- ¡Serví en la frontera de Gondor hace ya muchos años, señor! – explicó Ghash
- Ahora entiendo – murmuró el hombre – creyeron hacer un favor a un viejo camarada. Lo que no entiendo es porque no lo relacionaron – se preguntó
- Creo que yo se porque – contesté triunfante – eran del grupo que marchó ayer hacia el cuartel principal. Lo se porque pasaron por la posada.
Pero el hombre ya no me escuchaba, ni tampoco Ghash. Éste se había acercado a ella y le había clavado sus pupilas en la cara. Ghash le miró un momento a los ojos y bajó luego la cabeza. Su gesto me recordó a Thalem aquella tarde en yo supe quien era ella para su gente.
- ¿Porque hacéis esto? - Preguntó entonces él – ¿Tanto miedo os doy?
- Oh no es miedo, no creo que Ghash tenga miedo a nada – dije metiéndome como siempre donde no me llamaban – creo que lo que le pasa es que siente un respeto muy grande por vos.
Entonces ella me miro con los ojos llameantes. Cállate, me dijeron sus labios sin que saliese ninguna palabra de ellos. Pero yo hice caso omiso, estaba demasiado emocionado para parar en ese momento.
- ¿Respeto por mí? – se extrañó el hombre
- Dice que tenéis nombre de rey y que por vuestras venas corre sangre de Oesternesse – solté sin respirar.
Ella se tapó la boca con las manos intentando ahogar un gemido. Y yo me sentí de pronto mal, si este hombre resultaba ser lo que ella dijo yo habría metido la pata otra vez.
Él no pareció incomodarse ante mis palabras, parecía que no era la primera vez que alguien se lo decía. Sonrió suavemente y se encaró otra vez con Ghash
- ¿Eso pensáis de mí? – preguntó el humano – ¿Por eso os comportáis de esa forma? No temáis, yo no soy lo que vos pensáis. Puede que alguna gota de la sangre numenoreana corra por mis venas, pero no pertenezco a la realeza, aunque mi nombre os lo hiciese pensar. Yo solo soy un montaraz, uno de los soldados del rey, mi padre lo fue y también el padre de mi padre. Y no tengo el don de la larga vida ni el poder de mi señor, solo llevo el nombre de un hombre sabio. Y esto es porque el capitán de los montaraces me lo puso al nacer, dijo que con mis ojos debía llevar un nombre así.
Ghash no parecía creer lo que el humano decía, aunque le miro de pronto y le sonrió tímidamente.
- ¿Lo ves Ghash? – le dije – ya me parecía extraño que alguien tan importante corriese por estos caminos, mojándose con la lluvia y ensuciándose las botas con el barro.
- El rey Elessar si lo hizo, y muchos de su estirpe antes que el – murmuró ella
- En esto tenéis razón – dijo el devolviendo la sonrisa a Ghash.
Ella pareció relajarse entonces, vi como sus hombros bajaban y de pronto me pareció más viejecita que nunca, más frágil.
- ¿No crees Ghash que deberíamos contar a este señor donde vamos? – pregunté
Por toda respuesta ella volvió a sentarse y empezó a hablar.
- Como os dije antes somos dos viajeros. Yo provengo del sur, de las tierras más allá de la frontera de Gondor. Soy lo que en mi tierra llaman una sanadora. Aunque a lo que me dedico es a fabricar y vender productos para la salud y la belleza a partir de plantas flores y frutos. El es mi pequeño amigo Bob, mi ayudante y mi compañero. El como veis es hobbit y los dos venimos de la villa de Bree, ya que éste es el lugar donde resido desde hace unos meses.
- ¿Y decís que vais a la capital?– interrumpió el hombre grande – Aunque elegisteis un extraño camino.
- Si señor, vamos a la capital – contesté – queremos consultar unos archivos y ver unos mapas.
El humano nos miro con cara inquisidora, yo pensé que había metido la pata. Que ahora nos preguntaría que mapas queríamos ver, pero Ghash fue mas rápida.
- Se trata de unos tratados sobre medicina y plantas medicinales – soltó de golpe ella.
El hombre pareció convencido con las explicaciones que le dimos, se levantó y desentumeció las piernas.
- Lo que no entiendo mucho es porque tomaron este camino – dijo – el otro les hubiese resultado mucho más cómodo, esta lleno de posadas y es mucho más ancho, a menos que pretendiesen incumplir la prohibición y entrar en La Comarca.
- ¡Oh no! - Contesto enseguida ella – nunca se nos ocurriría. Su majestad el rey ordeno que nadie de la gente grande lo hiciese, ¿Como podríamos desobedecer?
El montaraz volvió a sonreír bajo sus bigotes
- No os preocupéis, os creo – contestó – aunque tenéis que reconocer que la situación es sospechosa.
Yo tenía la seguridad en ese momento de que ella decía toda la verdad, que nunca se le ocurriría saltarse una ley que hubiese dictado el rey. Creo que aunque la ley hubiese sido algo absurdo o humillante ella la hubiese seguido incondicionalmente tal era la devoción que vi en su mirada.
Esto me hizo pensar que aun quedaban muchas lagunas por llenar en mis conocimientos sobre la vida de ella y me hice el firme propósito de aprovechar cualquier momento para ir rellenado estos huecos.
- Debió tener en algún momento contacto con los montaraces del norte – pensé – tal vez fue cuando era soldado en la frontera. Pero por lo que se ve dejaron una huella imborrable en su alma.
- Entonces señor – preguntó Ghash de pronto – ¿somos libres de continuar nuestro camino?
- Así es – contestó el – pero si no os disgusta la idea os acompañaré durante un trecho, hasta el puente sobre el río. Allí yo cruzaré al otro lado, pero ustedes tendrán que tomar el camino del paso y volver a la carretera principal, ya que el camino del río quedo destruido hace unos años por una riada.
- Que suerte haberos encontrado señor – exclamé – nosotros pretendíamos seguir ese camino, no sabíamos que no era transitable.
- Pues ahora solo hay dos formas de llegar a Annuminas y una de ellas obliga a cruzar el río, justo en los límites de La Comarca. Es la mas rápida, pero tiene un problema, el puente se derrumbó parcialmente en las riadas que arrasaron la carretera y solo queda un paso para caballerías y personas a pie.
- Pero ese camino cruza territorio de La Comarca – exclamó Ghash de pronto
- Si, un par de millas se encuentran dentro de los límites de La Comarca, pero las patrullas y las personas que van acompañadas de ellas pueden usarlo, siempre que no se demoren.
- ¿Y nosotros podríamos usarlo? – pregunté
- Sí, puesto que iríais en mi compañía – contestó el sonriendo otra vez.
La verdad es que el humano empezaba a caerme bien, a parte del hecho de que tenía una mirada amable y una sonrisa cálida y que las prodigaba a menudo. Estaba también la reacción que había tenido con ella: No todo el mundo nos hubiese contado que él no era el gran señor que nosotros suponíamos. Al revés, mucha gente se hubiese aprovechado de la situación. Lo había visto a menudo en la posada.
Ghash rompió el hilo de mis pensamientos cuando dio un golpecito cariñoso en mi hombro.
- ¡Bob! ¡Baja ya de las nubes y ayúdame con la tienda por favor!
Se ve que mientras yo me perdía en disquisiciones ella me había estado hablando y al ver que no respondía no tuvo más remedio que zarandearme un poquito.
Ayudé a Ghash con la tienda, que por aquel entonces ya estaba casi seca y observé con sorpresa que el humano no estaba con nosotros.
- fue a por su caballo – me explico Ghash, cuando me vio buscando con la mirada – Así que apresúrate que en cuanto llegue saldremos.
Un par de minutos mas tarde, mientras nosotros colocábamos la tienda en el carro, lo vimos avanzar por el sendero, llevando de las riendas un hermoso caballo del color de la noche.
 
aerien
 
 
 

582 personas han leído este relato.

CAPITULO ANTERIOR
SIGUIENTE CAPITULO
Haz click sobre las esquinas abiertas para avanzar o retroceder de capítulo

  

Comentarios al relato:
Fecha: 07-08-2005 Hora: 17:15
Sí, Laeron tiene razón, afirmo cada una de sus palabras, y es que tu estilo ya es inconfundible, para lo bueno y para lo malo, y creo que eso es lo improtante. Incluso los catalanismos me hacen sonreir

Fecha: 28-06-2005 Hora: 18:26
Aerien, es precioso, como siempre. Tu estilo afable y costumbrista es inconfundible.
Una cosa que me intriga: ¿la explicación física de por qué no se cala la tienda es verídica,no? Lo desconocía. Un saludo!