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ESDLA: Destinos
Por Mei_Asakura
 
La luz dorada del sol del atardecer bañaba el valle donde Imladris, más conocido como Rivendel se aposenta. Un silencio de calma y paz inunda el lugar, sin embargo en una de las múltiples habitaciones de ese pequeño remanso de tranquilidad, el dolor y la angustia se abren paso en los corazones de los que allí se encuentran.
Es una habitación acogedora y la luz del sol entra fácilmente a través de sus amplios ventanales cayendo directamente sobre la pieza principal de la recámara, una cama sobre la cual yace el cuerpo de una hermosa mujer. De cabellos castaños oscuros y tez pálida, su rostro refleja sufrimiento; a su lado un niño llora mientras se aferra vanamente a la mano de la mujer y un elfo, sentado al lado del infante, mira con pesar a la mujer.
-Madre… - solloza el niño mientras sendos ríos de lágrimas surcan sus mejillas.
La mujer abre los ojos con debilidad y dificultad.
-¿Aragorn? –llama en un susurro apagado.
El niño levanta la mirada y se sube a la cama colocándose entre el rostro de su madre y el techo de forma que ella le vea sin necesidad de moverse; una dulce y apagada sonrisa se esboza en el rostro de ella.
-Aragorn… He tenido un sueño tan extraño… Todo era… Oscuridad, sentía agua bajo mis pies pero no podía ver… Nada… Hasta que apareció la silueta de un ojo… Con una pupila brillante… Y de ella salio una esfera aun más brillante… Y en ella había una persona… Era una chica joven, de cabellos negros… Y me dijo que… Quedaba poco para el final… Y de pronto estaba en Gondor… En… La ciudad blanca… Y estaba en… Ruinas… No quedaba nada en pie… Y veo a gente luchando… Y de pronto… Nada… Estoy envuelta en una extrema… Blancura… Como si no quedase nada… Y ante mi aparece otra vez aquella chica… Y me dice que no estoy soñando… Que eso no era un sueño…
Aragorn mira a su madre desconcertado sin saber muy bien que hacer o que decir, ¿estaba siendo su madre victima de un simple delirio febril? Había oído en una ocasión, que a los moribundos y a los locos a veces Iluvatar les concedía el don de ver el futuro o al menos una parte; pero ¿sería ese su futuro? ¿El mundo destruido?
La mujer levanta una mano lentamente y acaricia la mejilla del muchacho con ternura mientras este la mira con impotencia.
-Aragorn… Hijo mío… Estarás bien… Lo sé…
El niño se vuelve a mirar al elfo que le acompaña pero este parece demasiado sumido en sus pensamientos tras la revelación del sueño de la madre del muchacho que no le presta atención. Un fuerte suspiro devuelve la atención del joven y del elfo al lecho junto con el sonido de algo golpeando la cama, ese algo era la mano de la mujer cuyo cadáver yace ahora inerte en el lecho.
-¿Madre? –Murmura el niño nuevamente con lágrimas en los ojos.- ¡¡MADREEEEEE!!

“De un modo u otro la ruleta del destino ha empezado a girar.”

*****************

Un punzante dolor y una extraña sensación de mareo. Eso es todo lo que sabe, todo de lo que está absolutamente segura en estos momentos; de tener un punzante dolor en los ojos y de estar tremendamente mareada. El dolor lo produce la amplia y potente claridad que inunda el mundo que se extiende ante sus cerrados párpados; el origen del mareo lo desconoce y su mente no se encuentra en condiciones de pensar sobre ello.
Lentamente y con dolor, Ginkawa abre sus ojos al mundo sintiendo como se le abrasan por el tremendo brillo de esa bola de fuego en el cielo. Tras unos segundos obliga a su cuerpo a levantarse y sus huesos, músculos y células se quejan y lloran ante el esfuerzo. Una vez se levanta, su mirada confusa y dolorida recorre el mundo que le rodea, un mundo desconocido, un mundo al que no sabe cómo llegó, un mundo del que no sabe como saldrá, un mundo del que no sabe cómo sobrevivirá en él.

Las leyes del universo dictan que el tiempo debe avanzar su curso, inexorable e inalterable a cualquier evento; así los minutos se convierten en horas y las horas en días y los días en semanas. Ginkawa avanza sobre el desconocido suelo hacia un desconocido lugar en busca de un desconocido sueño; lo único bueno de todo esto, piensa, es que de tanto andar ya no siente dolor en el resto del cuerpo.
¿Qué día es hoy? No lo sabe. ¿Qué hora es? No lo sabe. ¿Cuánto tiempo lleva en ese mundo? No lo sabe.
Su única certeza es el dolor que siente en cada parte de su cuerpo, su único pensamiento es cuánto le duele el cuerpo, su único deseo es que desaparezca ese dolor, su único objetivo es lograr aunque sea acallar ese dolor. Mataría por algo más que no fuese dolor, lo que fuera, pero que no fuese dolor. Mataría por algo que la hiciera sonreír y la distrajera. Aunque fuera un momento si quiera. ¿Por qué cuanto menos pides, más difícil es que ocurra?
Ginkawa odia la lluvia, le hace sentir triste, le amarga, le hace pensar y eso le amarga aun más; sin embargo, si ahora lloviese quizás… Quizás apagaría el hedor. Ese maldito hedor a cadáver que inunda el área. Ese maldito hedor de los muertos. Sus piernas flaquean, ¿cuánto tiempo lleva andando? Lo cierto es que desde que despertó no se ha detenido y el cansancio le pasa factura; su cuerpo cae inerte junto a los cadáveres de los hombres y seres extraños que murieron allí. Solo una cosa los diferencia a ellos de ella; ella volverá a levantarse cuando despierte…

Una tierna caricia en la mejilla… Una mano buscando su pulso… Dos brazos que la levantan al vuelo… Pasos sobre la hierba rota… Crepitar de llamas.
Sus ojos vuelven a abrirse al mundo que esta vez le muestra su traje de noche y al girarse las llamas de una hoguera le dedican una danza. Sus ojos negros se posan en un hombre sentado junto a ella, un hombre cansado como ella pero que parece tener una mayor carga sobre sus hombros. Los surcos de la edad y las heridas marcan su rostro, su ropa y su armadura, desgastadas y abolladas. Un guerrero de muchas batallas y de aun más penurias y pérdidas, no hay que ser un genio para adivinar que es de los pocos supervivientes de ese campo de cadáveres. Quizás el único con esa suerte.
-¿Estás mejor? –su voz es grave y profunda, intensa y recia. Seguramente como su carácter.- Antes tenías mucha fiebre.
Ella no responde, no encuentra voz con que hablar ni palabras con que expresarse; solo permanece sentada y callada, su mirada fija en la danza con que las llamas les deleitan esa noche. Él suspira pesadamente y sin decir tampoco ni una palabra le acerca una espada larga mellada por el tiempo, un pequeño escudo abollado por los golpes y una daga, pequeña y afilada. Ninguno dice nada, las palabras son innecesarias, él no necesita explicarse y ella no necesita que le expliquen que para sobrevivir necesitará esas armas.

Silencio absoluto, el crepitar de las llamas ya no lo interrumpe ahora que la hoguera se ha extinguido y el sol comienza a lamer con sus primeros rayos el mundo despertándolo de su letargo nocturno. Ginkawa mira el cielo con una mezcla de tristeza, melancolía y maravilla, observando con atención cada matiz en sus colores memorizando cada aspecto de la gama que ante sus ojos aparece. Una extraña tranquilidad y serenidad se apodera del mundo en el alba de un nuevo día. Pero nada dura en esta vida. Un grito gutural y unos seres se lanzan sobre ellos; él desenvaina su espada y le grita a ella que huya de esos monstruos: los orcos.
En un mundo desconocido, rodeado de seres y gente desconocidos, con unos dioses desconocidos… Lo único a lo que puedes encomendar tu vida es a tu instinto de supervivencia, dejándote guiar por el hasta las últimas consecuencias sin la más mínima duda o reproche. Ginkawa no necesita esperar a recibir esa guía para saber que ha de hacer; correr por su vida. Casi no tiene tiempo ni de pensar, no razona, solo coge lo que más cerca tenia y corre sin mirar atrás, sin oír lo que ocurre a sus espaldas. Solo corre, no se pregunta hacia donde ir, no se preocupa por lo que tiene delante o detrás, tan solo se preocupa de que sus pies no tropiecen interrumpiendo su carrera y reza para que esto no ocurra. ¿Por qué cuanto menos pides, más difícil es que ocurra?
Cae, no sabe con que ha tropezado, solo sabe que cae al suelo y rueda ladera abajo. Pierde el poco sentido y conocimiento que tenía, ya no sabe donde esta el cielo o el suelo, ya no sabe que es adelante ni que es atrás; el mundo gira en un frenesí a su alrededor perdiéndose en una locura sin control. Hasta que se detiene bruscamente y alguien decide apagar las luces y Ginkawa piensa si no sería mejor estar siempre con la luz apagada.

*****************

Nada salvo un rítmico goteo ampliado por el eco. Nada salvo un débil leve rayo de luz de luna. Nada salvo la completa incertidumbre. Pero nada más. Ni un grito, ni un sollozo, ni una lágrima, ni una súplica, nada más. Solo el rítmico goteo ampliado por el eco. Solo el débil rayo de luz de luna. Solo la incertidumbre. Y nada más.

Ojos negros clavados en un punto en la oscuridad, en la negrura. Lenta respiración, casi inexistente. Fría roca pegada a su espalda y costado. Húmeda roca bajo sus pies. Oscuridad pura a su alrededor. Y la más absoluta incertidumbre en su corazón. Y a pesar de todo, aun los siente sobre ella. Aún nota como horadan en ella, como la espían. Aún puede ver el asco y el desprecio, la sorpresa y la indignación, y el inconfundible terror impreso en ellos. Esos ojos. Esos cientos de ojos fijos en ella, cientos de ellos que actúan como uno solo pues en todos están impresas las mismas emociones.
Desearía que la dejasen de mirar. Desearía no estar allí si no muy lejos, donde sus miradas no la pudiesen alcanzar. Ni sus voces. Voces asustadas, orgullosas e hipócritas que resuenan en sus oídos. Ojos y voces que la desprecian, y todo por estar allí. Todo por estar en un sitio en el que no deseaba estar. Intenta recordar su camino hasta aquel lugar, pero no lo encuentra. No hay camino, solo estaba y ya está. No quería llegar allí, no sabe como llego ni como saldrá.
-¡ENCERRADLA! ¡GUARDIAS! ¡ENCERRADLA CUANTO ANTES! –gritaban las voces, así se dijo y así se hizo.
Encerrada. Inocente y asustado canario en jaula de metal, su canto ahogado por su orgullo, su orgullo asfixiado por su miedo, su miedo avivado por la incertidumbre. Encerrada en prisión de hierro y roca solo por estar donde no quería. Encerrada en la nada. Nada salvo un rítmico goteo ampliado por el eco. Nada salvo un débil leve rayo de luz de luna. Nada salvo la completa incertidumbre… Pero ya no más.

Estruendoso sonido de puertas que se abren. Atronador ruido de pasos que avanzan. Ensordecedor ruido de una llave girando. Turbadora luz de antorchas y ensordecedor sonido de una voz grave, profunda, recia y a la vez cálida y serena.
-Dejadnos solos.
La puerta se cierra nuevamente dejando solo oscuridad cegadora y un rítmico goteo ampliado por el eco. Es consciente de que está allí, de pie ante ella, observándola a pesar de la oscuridad. El murmullo de ropas rozando y doblándose apenas resalta en el silencio de la celda y ella tarda en darse cuenta de que él esta ahora sentado como ella.
-Vuestro nombre, -una orden con tintes de súplica que hace que ella dude de su objetivo, quizás quiera interrogarla, quizás solo hablar, pero su tono no le dice nada.
-Xinnai.
-Vuestro origen.
-Lejos de aquí, -un susurro que casi no oye ni ella misma, una respuesta vaga y vacía pero sincera ya que como descubrió al intentar recordar cómo llegó allí… Su memoria esta vacía, no hay nada en ella salvo nombres dispersos unidos a algún rostro, nada salvo la débil certeza de no ser de ese mundo, nada salvo la incertidumbre de no saber nada. –No lo recuerdo…
-¿No recordáis de dónde sois?
-No.
-Pero recordáis vuestro nombre.
-En realidad… No, alguien me llamaba Xinnai. Pero no se si es mi nombre real.
-¿Recordáis algo que explique vuestra presencia en el castillo?
-Nada…
Siente que se levanta y oye la puerta abrirse y cerrarse dejándola sola una vez más. Una vez más sumida en la nada. Nada salvo un rítmico goteo ampliado por el eco. Nada salvo un débil leve rayo de luz de luna. Nada salvo la completa incertidumbre. Y nada más. Ni siquiera en su memoria ahora completo espacio vacío y oscuro, silencioso salvo unos nombres... En la celda y su mente solo hay una cosa cierta, absoluta y total. La nada.

Continuara...
 
Mei_Asakura
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 11-03-2005 Hora: 17:09
me encanta!!!!!!!!!!

Fecha: 10-03-2004 Hora: 15:13
Interesante estilo... muy bien llevado. Nos introduces perfectamente en las emociones del protagonista. Un ritmo muy bueno y una historia que nos hace querer seguir leyendo para ver como acaba todo. Me ha gustado mucho

Fecha: 22-09-2003 Hora: 17:22
Cuando se narran emociones se tiene que contar con un buen narrador, y parece que tú lo seas. Es un buen ejemplo para aquellos que no logran dar un buen ritmo a sus relatos. Se lee de un tirón, casi rápidamente, lo cual incrementa la angustia del personaje. La primera parte hace que nuestra imaginación busque una relación, y luego insinuas cosas, pero nos confundes, para que nos identifiquemos más con la protagonista. Lo que más me gusta es el buen uso de las figuras retóricas, como la reiteración de ciertas palabras o frases y el uso de frases cortas, con su principio y su fin, separadas por puntos. Controlas el ritmo y sabes como crear las sensaciones que buscas sin recargarlo demasiado con adjetivos. Es la prueba de que muchas veces es más importante él "cómo se cuenta" que el "qué se cuenta".

Fecha: 21-09-2003 Hora: 22:17
Muy buena... Un estilo de redacción muy marcado y maravillosamente poético. Es un gran principio que promete grandes historias... Espero que continúe pronto... Un saludo cordial:

Cala_Ithil

Fecha: 19-09-2003 Hora: 15:51
Tu también has entrado con ganas Mei, sin duda un relato con dos partes muy diferenciadas, pero que supongo que en futuras partes tendrán alguna relación entre sí, espero, el estilo es muy poético, algun fragmento podría pasar por poema, y el tiempo presente, una elección difícil de representar pero muy bien llevado por tí, continúa así, a ver si el resto de capítulos nos desvelan algo más de acción, para que no se estanque el relato...