Ir a Posada de Mantecona
 


La Aventura del Pequeño Ladrón
Capítulo 2
El Pequeño Ladrón
Por Eardilen
 
El Salón Común no estaba muy lleno a aquellas horas. Solo había en él algún parroquiano madrugador, ciudadanos medio dormidos, y en ocasiones algún que otro Montaraz. Y por supuesto, Cebadilla Mantecona.
-Buenos días, Maese Eard… Bueno; usted siéntese, que Nob le trae ahora mismo un rico desayuno… Si aparece por aquí-dijo, alzando la cabeza y mirando a los lados.-Mejor se lo traigo yo mismo.
Hice un gesto de asentimiento. A los pocos minutos, el rico olor del desayuno prometido llegó hasta mí.
-Mantecona, siéntese un momento-pedí.
El posadero obedeció, y se sentó en la silla que había enfrente de mí. Lo miré fijamente.
-Señor Mantecona, ya que no conozco demasiado esta agradable villa, me gustaría pedirle un favor. Dígame dónde están los agujeros-hobbit, pues he de visitarlos para resolver cierto asuntillo-dije, con toda naturalidad.
Mantecona lo pensó unos segundos. Después de la breve meditación, pareció recordar algo, y me dedicó una amable sonrisa.
-Por supuesto. Los agujeros se encuentran en la parte alta de la colina, al este del Poney.
-Muchas gracias. Por cierto, excelente desayuno-dije limpiándome la comisura del labio inferior con la manga del blusón.
En cuanto terminé de desayunar subí a mi habitación. Había decidido visitar la parte alta de Bree, a ver si podía enterarme de algo. Guardé mi daga en mi bota derecha. Si llevaba mi espada podía llamar la atención. “Ante todo, cautela”, me dije a mí misma.

Un ejército de nubes cubría el claro sol de la mañana. Eché a andar por el Gran Camino del Este, hasta que este se bifurcó en dos sendas: una, supuse, llevaba a la Puerta Norte. La otra, a los agujeros hobbits, ya que ascendía en dirección este. Era un camino serpenteante. Cuando llevaba unos quince minutos ascendiendo, comencé a notar que algunos agujeros-hobbit se mezclaban con las casas de la Gente Grande. Avancé un poco más y llegué a un punto donde la senda tornaba hacia mi izquierda. Alcé la vista. En la parte más alta de la colina tan solo veía hogares hobbits. Estaba llegando.

De pronto me detuve. Me descubrí pensando que no tenía pruebas concluyentes contra los tipos. ¿Y si eran simples Montaraces? ¿Y si me equivocaba y nada tenían que ver con los robos? No estaba segura de querer arriesgarme. Quizás me había dejado llevar por la excitante emoción de una aventura. De una aventura que no terminara como las que solía correr, con personas atravesadas por la cimitarra de un vil Orco. Sí, eso era. Solo mera emoción.

Ya me disponía a dar media vuelta, cuando alcancé a ver dos siluetas ascendiendo. Se hallaban sumergidos en una airada conversación. Sería sospechoso que me vieran allí, así que me escondí como pude en un callejón. En ese momento, pasaron frente a mí. Uno era el más alto de los sujetos de los dos tipos que la noche anterior había visto en el Poney. Doblaron la curva que llevaba a los agujeros-hobbit, y pude ver que su acompañante era un hobbit con rostro risueño, mofletes colorados y abundantes rizos castaños. Por un momento dudé. Había algo que me impulsaba a desentrañar todo aquello. “¡Al cuerno todo!”, me dije. La extraña pareja seguía ascendiendo, por lo que apresuré mis pasos. Se detuvieron ante un agujero-hobbit, el primero que se veía al doblar la curva. Pero no entraron. El hombre se retiró la capucha del rostro, dejó ver su cabello, de un rubio platino, su tez blanquecina y unos ojos que parecían atentos a todo. Se dispuso a hablar al hobbit:
-Muy bien, señor mediano. Nuestro siguiente objetivo es este agujero. Ahora todos sus ocupantes estarán durmiendo. Esta noche, cuando el Sol desaparezca en el Este, Grold subirá para ayudarte.
-Pero, señor… Dijisteis solo dos robos…-balbuceó el hobbit.
Una furtiva mirada de su acompañante bastó para acallar al mediano.
-Recuerda, en la Puerta Norte cuando el Sol se ponga-terminó el hombre.
Dicho esto, el hobbit echó a andar calle arriba. El tipo lo observó hasta que desapareció de su vista. A continuación, tomó el camino de bajada. Yo, sigilosamente, seguí sus pasos. Cuando estaba llegando a la bifurcación, tropecé con una caja. Para mi desgracia, esta caja derrumbó las que me protegían, y el tipo lo oyó. Pese a mis intentos de escapar me vio.
-¿Qué se le ofrece?-preguntó. Al acercarse a mí pareció reconocerme.- ¡Vaya! ¿No sois vos la dama que ayer nos invitó tan amablemente a unas pintas?
No dije nada. Pareció no entender mis intenciones.
-¿Quién era ese hobbit?-pregunté.
El tipo frunció el ceño. Lentamente, se llevó la mano al puño de su espada. Esos preciosos segundos me sirvieron para sacar la daga en un impulso. Las armas chocaron. Necesitaba distraerle para ganar tiempo. Me separé de él, y en ese momento recordé las cajas, a mi derecha. Corrí entre ellas, hasta que me alcanzó. El tipo estaba al otro lado de la caja frente a la que me encontraba, y se dio cuenta de lo que pensaba hacer demasiado tarde. Di una fuerte patada a la caja, que le dio de lleno en la entrepierna. Cayó al suelo, y su espada a dos metros de él. La cogí, y se la puse en el cuello justo cuando él comenzaba a levantarse con una mueca de dolor en el rostro.
-Quieto. O te rebano el cuello-dije.
No pensaba hacerlo, pero me convenía convencerle de que era perfectamente capaz. Guardé mi daga, y a continuación rasgué el puño derecho de mi blusón, hice una bola con la tela y se la metí en la boca, siempre con la espada amenazante. Para que no escupiera la tela, corté un largo rasgué un largo trozo de su camisa, y se lo até alrededor de la cabeza, a la altura de la boca. Repetí la operación con los ojos. Finalmente, pedí a Eru que por favor el contenido de alguna de las cajas consistiera en cuerdas. Y pareció escucharme. Lo até de pies y manos, y lo arrastré hasta lo que parecía un montón de paja, que le eché por encima hasta que quedó totalmente oculto.

Emprendí el camino de bajada, urdiendo un plan en mi mente.
 
Eardilen
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 27-11-2005 Hora: 14:26
O_O
Seamos sinceras, yo lo habría degollado y habría clavado su cabeza en un palo cerca de la casa que sería robada como advertencia a todos sus complices... pero bueno... cada uno lo hace a su manera.

Me ha gustado mucho, aunque hablar por la calle de un robo es muy poco profecional, aunque esté sin nadie, sabes? es el único detalle que no me gusto... y otra ulltima cosa... el final lo encuentro un poco debil, lo dejas alli y te vas??? no crees que es arriesgarse mucho? y si lo encuentra uno de sus complices, lo libera, el te delata y entre todos te matan? bueno, por lo demas....

MUY BIEN!!! ME HA ENCANTADO!!!! aunque muxisima tencion, pero mejor asi ^^

Fecha: 22-08-2005 Hora: 23:10
Me gusta mucho cómo describes los movimientos y actos en primera persona; son detallados, muy personales. Es un estilo que particularmente me gusta porque consiguen que te familiarices con el personaje, que te identifiques incluso con él. Aunque como dice nuestro amigo Silon la historia puede pulirse y crecer (creo que a eso es lo que se refiere), me gusta, sigue trabajando en ello

Fecha: 22-07-2005 Hora: 15:43
¿hablan de los robos en plena calle?
Me parece que la narración está muy conseguida y tiene la tensión justa para este tipo de relatos, siendo muy ameno el conjunto. Pero, aunque quizás menos que en el primer capítulo, aún hay cierta inocencia en los actos que se describen.