Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 20
CAPITULO XVIII
Por aerien
 
Por toda respuesta el montaraz levantó la mano y me indicó el edificio que se veía a lo lejos, al otro lado del rió.
Parecía estar a un paso pero resultó estar bastante lejos. Tardamos como una hora en llegar al viejo puente y allí Dírhael desmontó de su caballo y se dispuso a cruzarlo a pie llevándolo de las riendas.
Yo también desmonté, aun que podría decir mejor que me escurrí hasta el suelo y los dos caminamos de lado por el puente.
Parecía hecho de sólida piedra, algunos sillares eran tan grandes que sobrepasaban el largo de mis brazos extendidos. Estaba construido en un solo arco y tenia una barandilla de piedra muy baja, aun cuando fuese para un hobbit.
A mitad de camino un par de agujeros indicaban lo deteriorado que estaba. Aunque era ancho para una carreta era evidente que las ruedas no hubiesen podido sortear todos los boquetes que se abrían a lo largo de el.
El paso del puente fue lento, pero luego nos resarcimos. El montaraz me preguntó si tendría miedo si ponía el caballo al galope y yo le contesté ilusionado que me encantaría saberlo.
Dio una orden y este salió a todo correr por la ladera cubierta de hierba. Sentí el viento golpear mi cara mientras el caballo iniciaba un galope desenfrenado colina abajo.
Sentía como las lágrimas salían disparadas de la comisura de mis párpados y el viento me golpeaba las mejillas hinchándolas en cuanto abría la boca.
Me sentía tan alegre que no podía parar de reírme, cerré los ojos e imaginé que era el señor Peregrin, cabalgando con Gandalf en Sombragris. Atravesando las tierras del sur a toda velocidad.
La carrera acabó de pronto en un prado, un terreno llano por donde discurría un riachuelo. El montaraz descabalgó y me bajó a mí del caballo.
Tenía el corazón acelerado cuando pisé de nuevo la tierra, miré al montaraz que tenia los ojos brillantes y parecía haber disfrutado tanto como yo.
Continuamos el camino a pie, entre las jaras y los sauces que reseguían el curso del agua. Nos paramos a beber en una fuente al lado del camino y en ese momento yo aproveché para entrar al trapo con mis preguntas.
- dígame señor montaraz – dije poniendo cara inocente – ¿de verdad habéis pasado tanto tiempo en el este?
- Casi diez años – contestó éste – bueno, en el este unos seis, los otros los pasé recorriendo los territorios del sur.
- ¡Ahhh! Por eso conocíais el lenguaje de mi maestra- contesté – la verdad es que la habéis sorprendido mucho hablándole en su lengua.
- No creas – contestó el montaraz complacido, pero algo burlón – no conozco más que algunas palabras de saludo en esa extraña lengua. Y aunque te parezca extraño las aprendí en Gondor. Uno de mis amigos es esa tribu del desierto, bueno, su abuela lo era.
Me pregunté de pronto si la casualidad había hecho que ese hombre conociese a uno de los nietos de Ghash, pero pronto deseché la idea. Seguramente había un montón de personas de esa zona viviendo en la capital.
- es extraño – murmuré como por casualidad
- ¿que es lo que es extraño pequeño amigo? – me preguntó enseguida el.
- Es que tengo la sensación de que no nos habéis contado toda la verdad allí en la cueva – dije – ya se que es absurdo, pero siento como si nos hubieseis ocultado algo.
- Yo diría que vosotros también lo habéis hecho – respondió sarcástico – así que estamos en paz.
- ¡Entonces yo tenia razón! – exclamé exultante
Y de pronto me di cuenta de que estaba viajando con un perfecto desconocido. Me pregunté cuales serian esas cosas que el nos había ocultado. En que nos había mentido, y decidí indagar un poco más.
La verdad es que tuve que contarle a que íbamos de verdad a la capital. Y también lo de los años de Ghash. El humano me escuchó sin pestañear y pegó un respingo cuando supo la edad de ella.
Aunque omití decirle que ella había sido un orco. Pensé que no era necesario explicarle a ese hombre todo de nosotros.
El humano estaba sorprendido, se sentó de pronto en una piedra y se me quedó mirando.
- Ahora solo me falta que me digas que eres hijo del Thain o que tu apellido es Gamyi – murmuró
- Uy no, por eso no os preocupéis – contesté – yo soy el mas anodino de todos los que hoy se encontraron en esa carretera.
El hombre me miró inquisidoramente. De pronto comprendió que era su turno. Yo le había contado unas cuantas cosas de nosotros y el debía corresponder con la verdad sobre el.
- de acuerdo – dijo – no he sido totalmente sincero antes, cuando os he contado quien era.
- ¡Lo sabia! – repetí – entonces lo que ella pensaba, que sois de la realeza ¿es verdad?
- No, no he llegado a tergiversar tanto la verdad – dijo sonriendo – solo os he ocultado que soy una especie de capitán en el grupo de montaraces de la frontera del este. Enriéndelo, esa mujer me miraba de una forma tan extraña que no quise darle ningún motivo para que continuase rebajándose de aquella forma. Además yo tengo aquí una misión, una misión que no debe estar en boca de nadie, ni siquiera en las de los propios soldados.
- Entonces, cuando lleguemos al puesto de guardia, ¿vos os haréis pasar por lo que no sois? – pregunté
- Digamos que para todos ellos solo seré un oficial de los montaraces en viaje de vuelta a la capital después de visitar unos amigos en la guarnición del puente.
- Entiendo- respondí sonriente – ¿y que tal vuestros colegas? ¿Les sienta bien eso de estar destacados en la frontera?- pregunté guiñándole un ojo.
- Pues de maravilla – respondió - se llevan la mar de bien con los fronteros hobbit.
De pronto se me ocurrió que la misión que llevaba ese hombre tenia que ver con la visita de alguien importante tal vez el propio rey Elessar viniese desde las tierras del sur hasta la capital del norte.
Debí poner una cara rara, porque el montaraz me miró de pronto con suspicacia.
- ¿y que mas desea saber mi pequeño inquisidor? – preguntó
- es que veréis – solté sin pensar mucho lo que decía - pensé que vuestra misión debe estar relacionada con la venida de alguien muy importante y me preguntaba…
Dírhael soltó un respingo, puso sus manos sobre mis hombros y me miró como si no creyese lo que veía.
- pero ¿de donde has sacado tu que…? – empezó a decir, pero de pronto se interrumpió – de acuerdo, te lo contare – dijo – pero como se te ocurra decir algo en la guarnición te quitaré la piel y convertiré esos pies peludos en un felpudo. ¿Entendiste?
Asentí con la cabeza mientras tragaba saliva. Las amenazas de ese humano no parecían ser vanas. Le creía muy capaz de hacer eso que me había dicho.
- ¡no voy a hacerlo señor! – exclamé – ¿por quien me habéis tomado? ¡No soy un bocazas! – dije, mientras en mi interior pensaba que esta vez había ido demasiado lejos y que merecía un buen tirón de orejas por meterme en asuntos que no me concernían.
- Chico, te tomo por lo que eres – contestó el – un descuidado e inocente hobbit, poco dado a mantener un secreto por mucho tiempo. Pero no te preocupes – añadió sonriendo - ya se como sois los hobbits, no acostumbráis a hacer las cosas con mala intención.
Creo que enrojecí, porque el montaraz se echó de pronto a reír.
- ¡Vaya! Por lo visto di en el clavo – dijo
- De acuerdo, tenéis razón ´- dije – creo que a veces, puedo ser un poco inconsciente. Pero no me negareis que tengo unas buenas dotes de observación.
- En eso tienes razón – dijo poniéndose de pronto serio – me ha sorprendido bastante que pudieses adivinar a que había venido.
- Creo que eso es debido a las lecciones de Ghash – murmuré – y a mi experiencia con el trato con otras personas de muy diferentes lugares. ¿Sabéis? Allí en Bree trabajo en la posada y eso hace que conozca muchos tipos de gentes diferentes. Bueno, la verdad es que me dedico a perseguir a todos los viajeros que me parecen interesantes y les pido que me cuenten su historia.
Ya me había embalado y parecía que no había nadie que me parase los pies así que acabé contándole al montaraz porque había decidido trabajar en la posada, como había estado recopilando las diferentes historias y como al final había conocido a la señora.
De pronto me paré. Debía hacer siglos que hablaba porque el prado se había acabado y ahora el camino empezaba a subir por una colina coronada por unos cuantos abedules.
- ¿así que también me pedirás que te cuente mi historia? – me espetó de golpe el
- ¡Eso seria maravilloso! – exclamé – he estado pensando en pedíroslo pero no me atrevía
- De acuerdo, te la contaré – dijo, después de pensarlo un momento - pero no creas que es una historia muy emocionante. Yo solo soy un soldado.
- Será un honor escribirla – respondí haciendo una reverencia, mientras pensaba que eso ya se vería y que un hombre que tiene misiones secretas ha de llevar una vida llena de aventuras.
- Entonces montemos y te iré contando mientras llegamos a la guarnición - exclamó. y tomándome de las axilas me hizó sobre el caballo –adelante – dijo, saltando con una asombrosa agilidad sobre su grupa.
Azuzó el caballo para que terminase de subir la pendiente y luego lo puso al paso, parecía que no tenía prisa en llegar.
- veras yo nací en … - empezó a contar
Dirhael me estuvo contando su vida mientras a nuestro alrededor se sucedían las colinas y los bosquecillos y en el cielo el sol se iba haciendo cada vez más rojo e iba bajando hacia el horizonte. Creo que fueron unas dos horas de charla, aunque no habló solo el. Yo le interrumpía a menudo para que me explicase algunas cosas o me indicase donde caía tal o cual lugar.
La verdad es que resultó tan entretenido que casi no me di cuenta y ya era casi de noche. De pronto levanté la mirada y vi. Como a una legua una negra mole con un montón de lucecitas brillando.
- ya casi hemos llegado – anunció el montaraz – ahora recuerda que me prometiste no meter la pata y soltar lo de mi misión.
- Si, lo recuerdo – respondí – pero no os preocupéis yo soy solo medio Tuk
- Antes ya oí como se lo decías a la señora – me dijo – que quieres decir con eso de que solo eres medio Tuk?
- Es que los Tuk tenemos fama de ser un poco alocados y de hacer cosas inesperadas y mas después de aquel asunto, bueno ya sabéis… - explique – pero no temáis yo solo soy Tuk por parte de abuelo así que no hay que temer. – añadí
- entonces si formas parte de la familia del Thain – me soltó
- bueno, si pero solo pariente mas o menos lejano. Mi abuelo era Tuk pero solo primo segundo por parte de padre. Aunque se apellidase Tuk y eso es casi como decir que tenia tanto parentesco con el como cualquier otro de los de la Comarca.
- Una vez hablé con el – murmuró – me ofreció hoja de pipa, igual que tu hiciste esta mañana.
- ¿Con quien? – pregunté
- Con el señor Peregrin – respondió – yo formaba parte de su escolta para un viaje. En uno de los altos me vio sacar la pipa y me ofreció de su hoja.
Me sorprendió que lo citara ahora, cuando me contó su historia ni lo mencionó, así que se lo pregunté.
- casi lo había olvidado – dijo – tu me lo has recordado
No nos dio tiempo de más, unos pasos mas adelante una voz nos dio el alto.
- soy un montaraz al servicio de Su Majestad
El soldado nos iluminó la cara con una linterna y de pronto se puso firmes y se golpeó el pecho con el puño.
- señor – saludó – Sabéis que mi deber es pediros que os identifiquéis.
- Soy Dírhael, montaraz de la compañía del este y este es Bob, mi acompañante y como veis es un hobbit. – explicó el montaraz
- Adelante señor – exclamó el soldado y con la mano nos indicó el camino de entrada.
El puesto de guardia no era, como yo había supuesto un edificio enorme, era un conjunto de edificios de piedra adosados a la colina. Eso le daba una extraña forma escalonada y hacia que pareciese enorme desde lejos.
En el edificio mas bajo había un gran patio donde descabalgamos. Allí unas manos diligentes se llevaron el caballo y un soldado nos guió hacia una sala enorme donde esperamos.
Al poco rato entraron un par de soldados con velas y detrás de ellos uno que parecía ser el que mandaba en aquel lugar.
Dírhael se puso en pie en cuanto lo vio entrar y le saludó golpeándose el pecho con el puño. Yo me levante e hice una reverencia como saludo.
El capitán saludó a su vez y nos indicó que nos sentáramos. Luego quiso saber quienes éramos y porque habíamos ido hasta allí.
Dirhael dijo su nombre y explico que estaba de permiso, visitando la zona ya que había sido soldado en ella. De mi le contó que yo viajaba con una mujer humana y que nos habíamos extraviado. Y que el se había ofrecido para prestarnos un mapa para que pudiésemos llegar a la carretera principal sin problemas.
El capitán asintió y ordenó que me fuera con uno de los soldados. Me dijo que el me entregaría el mapa que yo solicitaba. Y yo lo seguí. Sabía que ellos deseaban conversar a solas.
La sala de mapas era un lugar espectacular, había un montón de ellos, un estante lleno para ser mas exactos y luego en una pared un mapa enorme, pintado sobre la roca donde se veía Bree y La Comarca y también la capital y el lago. Me explicaron que era muy antiguo, de antes de la caída de los reyes del norte y que se había conservado porque alguien lo había recubierto con barro.
Se ve que cuando hicieron las obras para adecuar la guarnición encontraron el mapa emparedado y lo limpiaron y lo volvieron a pintar.
Al cabo de un rato un joven soldado con el pelo muy rubio me llevó a una hermosa habitación y me dijo que allí podía asearme. ¡Uf! ¡Lo estaba deseando! Me parece que no sirves mucho para aventurero – pensé – dos días en el campo y ya estas suspirando por un baño caliente.
La verdad es que me sentó de maravilla, aunque no pude cambiarme de ropa y con las mismas ropas de viaje que llevaba me dirigí a la zona de comedor.
Tuve que subir un montón de escaleras para llegar, pero cuando miré afuera me sorprendió ver que volvía a estar en un patio, no era una terraza. Había árboles en el.
Cuando aparecí en la sala hubo un gran silencio. Me sentí muy cohibido, así que pensé que debía decir algo.
- buenas noches señores – salude – Bob Sotomonte a vuestro servicio – y me incliné en una reverencia.
El joven soldado que antes me había conducido al baño se acercó y me llevó con sus compañeros.
- venid – dijo – y tomad algo mientras esperáis que el señor montaraz termine.
Estuvimos tomando cerveza, no tan buena como la de mi tío pero bastante aceptable y estuvieron interrogándome.
La verdad es que no querían saber mucho de mi, se contentaron con saber que era un viajero extraviado al que el montaraz había ayudado. Pero en cambio les intrigaba sobremanera Dírhael, tuve que controlarme porque me cosieron a preguntas y no quería hablar más de la cuenta.
Al rato entraron el montaraz i el capitán, iban acompañados de dos soldados que parece que tenían algún cargo allí, porque rápidamente despejaron una mesa frente a la chimenea para que se acomodasen.
Dirhael me saludó y me indicó con la mano que me acercase a ellos, cosa que hice de inmediato, sobretodo porque en ese momento llegaba una bandeja enorme con comida y mi estomago empezó a rugir.
Me senté a la mesa después de saludar. Y entonces empezaron a servir la comida en todas las mesas. Era extraño ver el orden que había en esa sala repleta. Y también a todas esas personas comiendo juntas. Siempre había pensado que no había tantos soldados en esas guarniciones de frontera. Y menos para controlar las de La Comarca.
- hoy somos el doble de lo normal – oí que me decían - mañana toca cambio.
Me volví sorprendido hacia el que había hablado, era un soldado alto y rubio, vestido con un mandil, que cargaba una bandeja con asado. Por lo que se ve yo había pensado en voz alta y el había respondido a mi pregunta.
- por si deseáis saberlo – prosiguió – cada medio año hay un grupo de soldados que vuelve a los cuarteles de la capital y otro grupo le reemplaza.
- ¡Uy si! Eso ya lo sabia – le interrumpí – hace unos días los soldados del puente pasaron por Bree para celebrarlo. Pero eso fue en los días del medio año. ¿como es que aquí se hace mas tarde? – pregunté
El soldado con el mandil se rió mientras me ponía en el plato una generosa ración de verduras con tocino.
- siempre sois tan curiosos los hobbits? – preguntó
Asentí con la cabeza mientras procedía a llenar mi boca con el contenido del plato y el entonces me explicó que habían tenido un problema con un grupo de asaltadores de caminos y que por eso aun no se había producido el relevo, pero que al día siguiente se irían la mitad de los soldados.
También me dijo que había llegado en el mejor día, porque habían hecho una comida especial para celebrarlo.
Asentí con la boca llena de comida y el hombretón me palmeó la espalda y se fue.
Yo me dedique entonces a vaciar mi plato. Las emociones de ese día y la loca carrera con el caballo me habían dejado el estomago en los pies, así que había mucho que llenar.
No había terminado aun el primer plato cuando un estruendo me sobresaltó. Levanté la mirada y vi a un soldado de gran tamaño, vestido también con un mandil de cocinero y armado con una enorme sartén avanzaba resuelto hacia nosotros.
Tenía la cara rechoncha y colorada y un parche en un ojo, cojeaba ostensiblemente y su voz atronadora resonaba en toda la sala.
-¿con que estas aquí eh granuja? ¡Perro más que perro! – dijo
Todos nos quedamos petrificados cuando vimos que se dirigía a Dírhael pero este sin volverse le soltó:
- debí suponer que el cocinero eras tu – dijo sin inmutarse – sigues cocinando el mismo tipo de bazofia que siempre.
Y sin darle tiempo a contestarle el montaraz se levantó y abrazó al hombretón.
Respiré aliviado cuando supe que los dos habían sido compañeros y que esa era una de sus habituales bromas
El hombretón pidió permiso para sentarse al capitán y se coloco al lado de su amigo.
Estuvieron charlando entre los dos un rato y después el montaraz se dirigió a mí para presentarme a su amigo el cocinero.
Creo que le caí bien, sobretodo porque viendo que no tenia cerveza me levanté y llené una jarra para el y otra para el montaraz y se las llevé a la mesa.
Se rió de mi maestría sirviendo el dorado y espumoso líquido y entonces tuve que decirle que ese era mi trabajo habitual en la posada del Poney Pisador.
Los otros soldados se envalentonaron y me pidieron una demostración, así que fui llenando un montón de jarras y luego las serví en una bandeja.
- a la salud del pequeño pies peludos – gritó uno – hacia días que no tomaba una cerveza que no tuviese la mitad de la jarra llena de espuma.
Tuve que brindar con ellos varias veces i evidentemente la cerveza se me fue subiendo a la cabeza. Por suerte había gran cantidad de comida así que pude paliar sus efectos poniendo entre trago y trago una buena cantidad de materia sólida en mi estomago.
La comida fue estupenda, después de las verduras había venado asado con salsa de arándanos y de postre el cocinero había preparado unas natillas borrachas que estaban de rechupete.
Cuando terminamos la comida se fueron formando grupos en el comedor, unos jugaban a las cartas y otros a los dados. Unos cuantos se sentaron a fumar cerca de la chimenea y los otros, los menos, se retiraron a dormir.
Tomé mi pipa y la llené y fui a sentarme frente al fuego. Uno de los soldados había empezado a contar una historia. Se trataba de una anécdota que había oído sobre una escaramuza entre los soldados sureños y un grupo de orcos.
La historia se estaba animando, el grupo de soldados había caído prisionero y los orcos los llevaban de vuelta a sus cubiles. Se suponía que para hacerlos sus esclavos.
La cerveza siguió corriendo mientras la historia se iba desgranando. Me pusieron un pichel en las manos y al cabo de poco rato, sin yo darme cuenta, lo había vaciado.
De pronto uno de los soldados interrumpió la narración.
- eso que dices es una soberana tontería – dijo – seguro que te lo estas inventando en este momento. Los orcos no se comportarían nunca de ese modo.
- ¿Y tú que sabes? – le contestó el otro despectivo – seguro que no has llegado ni siquiera a ver uno.
- Para que lo sepas si los he visto – contestó el primero – tan cerquita como estas tu ahora.
- Eso no te lo crees ni tu – replicó otro de los soldados – ¿desde cuando los orcos se pasean por ahí tan campantes? Porque debió ser el otro día cuando los viste ¿verdad? Porque no creo que tu hayas ido mucho mas lejos de la capital que el lugar donde estamos.
Una carcajada general coreó esta última frase. La verdad es que en la cara del tipo se notaba que habían dado en el blanco y que había hablado solo por hablar.
El montaraz y su amigo el cocinero no se encontraban con nosotros. Se habían sentado un poco más lejos y charlaban animadamente. Totalmente ajenos a nuestras bromas.
Pero de pronto algo debió llamarles la atención porque les vi mirarnos.
En aquel momento el soldado había reanudado la historia que se iba volviendo más y más fantástica por momentos.
Estaba escuchando la sarta de barbaridades que el soldado daba por hechos probados sobre los orcos y pensaba que a Ghash no le gustaría oír todas esas sandeces y de pronto me encontré de pie sobre la mesa baja, gesticulando exageradamente.
- no podéis creer que todo eso es cierto – me oí decir estupefacto – orcos a pleno sol, ¡que estupidez!
Todos me miraron entonces, el soldado que había replicado antes me palmeó la espalda.
- así se hace pequeño – me dijo – demuéstrales que hasta un hobbit sabe mas de orcos que ellos.
Eso me envalentono, lo reconozco, me gusta que me alaben. Así que sin pensar les solté a todos que yo si sabia esas cosas de primera mano ya que me fueron contadas por alguien que conoció de cerca a los orcos.
Durante un momento nadie de la sala rechistó, al contrario, un silencio tenso invadió de pronto el ambiente mientras yo me ponía colorado hasta la punta de las orejas. En aquel momento me entró el pánico. Acababa de destapar un secreto que no me pertenecía y no sabia como salir de ese embrollo.
Tuve un momento de suerte. Cuando los soldados se disponían a acribillarme a preguntas me entro hipo. Me ocurre a menudo cuando me pongo nervioso, sobretodo si me he tomado unas pintas.
- ¡jaja! – bramó un hombretón con unas grandes barbas – por un momento he llegado a creerte. Pero se te acaba de descubrir el pastel. Lo que a este hombrecillo le pasa es que ha visto orcos nadando entre la espuma de su jarra.
Todo el mundo coreó la risa del humano, incluido yo, que en ese momento vi la forma de escapar del lío en el que mi propia inconsciencia me había metido.
Levanté la jarra y brindé a la salud de los orcos y acabé mi discurso con un sonoro ¡hic!
- señores creo que este hobbit necesita salir a tomar el aire – dijo de pronto el dúnadan – vamos muchacho, creo que la cerveza de la guarnición es demasiado fuerte para ti.
Después de pedir disculpas por retirarme tan pronto, me acompaño al patio para que tomase un poco el aire. Me hice un rato el beodo, bueno, la verdad es que estaba un poquito achispado, para evitar las preguntas de Dírhael, sabia seguro que me preguntaría, su mirada en la sala me decía que estaba interesado en el tema.
El aire fresco me fue bien, el hipo se me quitó casi por completo al cabo de un rato de estar allí y entonces me tocó aguantar la preguntadera del montaraz.
El humano quería saber, la verdad es que estaba convencido de que lo que yo había dicho allí en la sala era cierto y que yo había conocido a alguien cercano a los orcos. Alguien que conocía sus costumbres y su forma de ser como si hubiese vivido con ellos.
Me machacó a preguntas, pero yo me hice el loco. Este era un secreto de Ghash y si ella no le había contado nada a ese humano sus razones tendría. Hacia un rato había metido la pata pero no pensaba hacerlo otra vez.
El montaraz murmuró algo en una lengua que yo desconocía y de pronto se echó a reír.
- de acuerdo señor hobbit – dijo – guárdese su secreto. Pero la próxima vez sea más cauteloso con la cerveza.
Creo que en aquel momento mis orejas volvieron a ponerse al rojo vivo, mientras mis mejillas se ponían a la par y entonces mi mitad Tuk me jugó una mala pasada.
- de acuerdo señor – respondí – eso haré. Y además le pediré a ella que me permita contarle cosas sobre los orcos.
En aquel momento hubiese querido que la tierra me tragase, deglutí saliva e intenté decir algo pero no pude.
El montaraz me dirigió una mirada suspicaz y luego, como si tal cosa me dijo que era mejor que entrásemos, que empezaba a ser hora de dormir
 
aerien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 19-08-2005 Hora: 00:28
No me acaba de cuadrar la relación montaraz-hobbit. Sobre todo porque no se dan motivos de peso para tanta confianza. No digo que no pudiera ser, pero a mi no me convence. Lo relatado en este cápítulo es interesante sobre todo cuandoestán con la guarnición. Hasta entonces se me hace pesado.

Fecha: 18-08-2005 Hora: 18:09
Mmm, nuevo capítulo de mi serie relatada preferida! Bueno ante todo enhorabuena por la ya veintena de capítulos y por las más de 1.000 visitas que llevas.
En este capítulo he encontrado elementos nuevos en tus relatos. Uno son las descripciones medioambientales. Me gusta como prolongas tu narración costumbrista a estos aspectos, yo apostaría por fomentarlos un poquito más. El otro aspecto que veo es que cada vez desaparece más la linealidad del argumento, las cosas empiezan a complicarse cada vez más... me gusta, jeje. Un saludo!