Ir a Posada de Mantecona
 


El Hombre que vino del Este
Por LocoGris
 
-¡Era mucho hombre para una mujer de “por ahí”!¡Ahora le van a matar!- repitió haciendo con las manos unos vagos ademanes, tratando de indicar que “por ahí” podía ser el Norte, podía ser el Sur, o tal vez el Oeste (pero nunca el Este).

La anciana, ancha de caderas a fuerza de parir, todavía recordaba perfectamente a nuestro hombre pero en su memoria estaba todavía más nítida la imagen de aquella con la que se casó, esa mujer venida de “por ahí” que le robó el lecho junto a un hombre que debió ser suyo.

Mucho hombre para una mujer de “por ahí”, por eso ella murió al traer al mundo al cuarto vástago, una preciosa niña de cabellos rubios. Nuestro hombre se quedó solo y madrugó demasiado para criar tres hijos, se esforzó demasiado para educar tres hijos y los amó demasiado para perderlos a los tres en la misma guerra. Su hija, la que debiera ser la perla de su vejez, se casó pronto y mal con un misterioso hombre de tez morena que también vino de “por ahí”, un hombre que la condenó a servir en el lecho de otros hombres para sobrevivir, un hombre que la condujo a una mala muerte en una penosa posada.

-Cuando mi hombre se enteró de la muerte de su hija lloró, no de tristeza, sino de la alegría de que la muerte arrancase a su hija de la cama de cualquier hombre con un par de monedas que gastar. Quemó las cartas escondidas en las que su hija confesaba las lujuriosas deshonras a las que era sometida y partió lejos. Mi hombre se fue “por ahí”. Tal vez al Norte, tal vez al Sur o quizás al Oeste, pero nunca al Este. ¡Era mucho hombre para una mujer de “por ahí”! ¡Y yo podría haberle dado doce hijos y todavía buscar el número trece con la misma fogosidad que el primer día!

Nuestro hombre partió al Oeste recorriendo caminos ya antes pisados por suelas de reyes y héroes, pero también seguramente por ladrones y asesinos, muchas pisadas ilustres, muchas pisadas perversas, muchas pisadas desconocidas.

Y en lo más alto de un cerro encontró una Elfa que bailaba, y le gustaba mirarla y sintió deseos de poseerla y quizá forzarla. La observó desde el último día de luna nueva hasta el ultimo día de la luna llena y le preguntó:

-¿Por qué bailas, Elfa, sin música, sin festejos, sin luces y sin tus semejantes?¿Acaso es tu música el viento?¿Es suficiente festejo la esperanza de un nuevo día y de una nueva noche?¿Acaso son tus luces las estrellas y acaso son tus semejantes los grillos y las briznas de hierba?- La Elfa, sin dejar de bailar, respondió- Solo rindo pleitesía a la lluvia.

Nuestro hombre esperó desde el último día de la luna llena hasta el último día de luna nueva y la Elfa bailaba y a él le gustaba mirarla y sentía deseos de poseerla y quizá forzarla. Le preguntó.

-¿Cuándo va a llover?

Ella no dejó de bailar y respondió:

-Cuando termine de bailar.

-¿Y cuándo vas a dejar de bailar?-Preguntó aquel que se casó con una mujer
de “por ahí”.

-¡Cuándo empiece a llover!

Nuestro hombre sintió entonces rabia y deseos de tomarla para sí, era joven y blanca y virgen y quería forzarla. Viajó al Norte.

Atravesó montañas que se alzaban terribles como Dioses y en las montañas encontró templos donde los Dioses tiritaban de frío y de miedo a las alturas bajo formas de madera policromada y piedra erosionada.

Subía una montaña y de la montaña bajaba el invierno vestido de blanco y se encontraron un día y nuestro hombre no pudo seguir y se refugió en un gruta y la gruta llevaba a los salones de los Enanos. Los Enanos guardaban grandes tesoros y eran avariciosos y desconfiados pero recibieron con gusto a aquel que perdió tres hijos varones en una misma guerra porque traía noticias de “por ahí”, de más allá de la montaña, y traía compañía.Y llegó el Día de Durin del año siguiente, que es el primer día del Año Nuevo de los Enanos, el primer día de la última luna otoñal, en los umbrales del invierno, aquel en que el sol y la última luna de otoño están juntos en el cielo y nuestro hombre había aprendido a reconocer el valor y la pureza de las piedras y las mejores vetas y las mejores técnicas para pulirlas y la mejor forma de cortarlas y engarzarlas y estaba ya preparado para marcharse antes de que las nieves volvieran a cubrir los caminos. Todavía tenía una pregunta:

-¿Por qué, Enanos, guardáis tan bien vuestros tesoros de dragones y ladrones pero dejáis que uno de los vuestros robe cada día una única piedra de cada una de vuestras montañas de tesoros?-

Y lo que decía era cierto y sucedía por las noches.

Los Enanos respondieron, tranquilos -Gracias a nuestros vigías, nuestras defensas y nuestros guerreros es difícil que alguien se atreva a robar nuestros tesoros, pero, ¿no es acaso más difícil que nos roben dos veces una misma noche?

Entonces quien lloró de alegría por la muerte de su hija sintió odio hacia los Enanos y quería robarlos en el Día de Durin, , que es el primer día del Año Nuevo de los Enanos, el primer día de la última luna otoñal, en los umbrales del invierno, aquel en que el sol y la última luna de otoño están juntos en el cielo. Viajó hacia el Sur.

Atravesó ríos claros y atravesó ríos turbios, y en los ríos claros se reflejaba su cara y el cielo y en los ríos turbios se reflejaba su corazón y su alma.

Se recostó en la tierra y miró a un Mediano que pescaba en la orilla de un río claro desde el primer rayo del sol hasta el primer destello de la luna. El Mediano volvía por el camino y el hombre cuya mujer murió al dar a luz una preciosa niña de cabellos rubios preguntó:

-¿Qué tal el día de pesca?

-¡Yo no he pescado hoy!- respondió convencido el Mediano.

-¿Y esa caña y esos anzuelos, y ese cubo para los peces y ese sombrero para el sol?

El Mediano mostró el cubo, que estaba vacío. –Si un pescador no pesca nada ¿podría acaso decir que ha ido a pescar?- añadió tranquilamente.

Nuestro hombre miró la estúpida sonrisa del Hobbit y quiso atravesarle la garganta y quiso matarlo. Viajó de vuelta a casa.

Aquel que era mucho hombre para una mujer de “por ahí”, aquel cuya mujer murió al dar a luz a una preciosa niña de cabellos rubios, aquel que perdió sus tres hijos en la misma guerra y lloró de alegría por la muerte de su hija, aquel, nuestro hombre, viajó por el Norte, viajó por el Sur y también por el Oeste (pero nunca por el Este). Atravesó caminos ya antes pisados por suelas de reyes y héroes, pero también seguramente por ladrones y asesinos, muchas pisadas ilustres, muchas pisadas perversas, muchas pisadas desconocidas, y atravesó montañas que se alzaban terribles como Dioses y en las montañas encontró templos donde los Dioses tiritaban de frío y de miedo a las alturas bajo formas de madera policromada y piedra erosionada y atravesó ríos claros y atravesó ríos turbios, y en los ríos claros se reflejaba su cara y el cielo y en los ríos turbios se reflejaba su corazón y su alma.

Y, aunque fue al Norte, fue al Sur y fue al Oeste (pero nunca al Este), nuestro hombre regresó a su casa por el Este y allí nadie le recordaba ya, y tenía la tez morena del sol y se parecía a aquel hombre vicioso que se casó pronto y mal con su hija, una preciosa niña de cabellos rubios. Solo una anciana sabía quien era él y la anciana le señaló y le dijo:

-Eras mucho hombre para casarte con una mujer de “por ahí” y ahora te van a matar.

Nuestro hombre fue encarcelado, juzgado y condenado y en la taberna alguien preguntó:

-¿De qué se le acusa a nuestro hombre, aquel que vino de “por ahí”, del Este?

Solo una anciana supo responder desde la demencia-¡Se le acusa y se le condena por hombre!¡Era mucho hombre para una mujer de “por ahí”!¡Ahora le van a matar!

 
LocoGris
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 31-10-2005 Hora: 16:33
Es una lección de cómo, con intención, se puede hacer de todo en un relato. Es prosa poética, por decirlo así, donde nos dejas paladear las sensaciones de una construcción muy redonda en la que prima la estética, el acabado, el cuidado de las palabras, sin necesidad de acudir a barroquismos, por encima de, por ejemplo, el narrador.
La abstracción es tal que a la vez de gustarme me da un poco de rabia, pues aunque no hace falta incidir en el argumento, la aleatoriedad quizás se desprenda en exceso del mismo.

Fecha: 30-10-2005 Hora: 19:25
No suelo dejar opinión en los relatos. Hoy haré un excepción, pues el relato lo vale.

LocoGris creo que has conseguido un buen relato corto, con su principio y su fin, como si de un cuento se tratase, lo que no es fácil. La estructura es sencilla como la historia y la reiteración, que en otros relatos es un lastre, en éste le da su sentido; la narración es correcta y por momentos cautivadora, al estilo de los cuentos populares.

En resumen, un buen trabajo.

Aldor

Fecha: 29-10-2005 Hora: 11:31
Ohh señor, que bueno. Me ha parecido fantástico. Es todo un ejemplo de como debería ser un relato corto. Por una parte el texto rodea y se centra en todo lo que concierne al hombre pero por otro lado permaneces distante a él, no nos dejas que le conozcamos profundamente (¿Que pensaba al robar a los enanos?¿Que pensaba al querer matar al hobbit?). Sus reacciones no nos resultan extrañas pero tampoco sabemos su porqué. El recurso empleado de las repeticiones lo manejas muy bien, encaja perfectamente, y combinado con la circularidad del relato lo hace maravilloso.

Fecha: 27-10-2005 Hora: 23:35
Estoy de acuerdo con Falas
No conocia esta faceta tuya, noble Majareta mezcla de Blanco y Negro, pero no me desagrada en absoluto
Una historia muy entretenida y curiosa, si señor.

Fecha: 27-10-2005 Hora: 13:42
Nunca un café con leche me supo tan bien como el que me he tomado leyendo este relato. Voy a obviar mis comentarios porque pecaría de ostentosa y quizás de pedante, quizás incluso mostraría vasallaje ante el autor Diré simplemente que me ha gustado, porque no sabría hacerlo de otra manera. ¡Ya te estás poniendo a escribir otro¡