Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 21
Capitulo XIX
Por aerien
 
Desperté de pronto al oír unas voces en el corredor. Afuera aun estaba oscuro. En un primer momento no supe donde me encontraba pero rápidamente lo recordé.
Estaba en la guarnición y dormía en una habitación muy grande. En ella había una cama enorme y una especie de diván, que casi parecía otra cama.
Es la habitación para invitados especiales - me había dicho Dírhael – nos han colocado aquí porque las habitaciones para los soldados están llenas. Como ves solo hay una cama, así que tendremos que compartirla. Si no te importa.
Le dije que no me importaba nada compartir esa cama tan enorme. Allí cabrían unos tres humanos durmiendo sin apretujones, así que dado mí tamaño estaríamos la mar de cómodos.
Una fina línea de luz se filtraba por la rendija de la puerta y eso me sirvió para orientarme y saltar al suelo.
El corredor estaba iluminado con antorchas y en él los soldados se afanaban en una extraña y por lo que se veía, apresurada tarea.
En el otro lado de la puerta Dírhael hablaba con el capitán en voz baja. Los dos tenían una cara muy seria. En cuanto me vieron abrieron la puerta y me hicieron entrar en el interior.
El montaraz encendió una linterna y me pidió que me sentase en el diván. Por lo visto algo estaba ocurriendo, y era lo suficientemente importante como para teñir de preocupación sus caras.
- Había pensado acompañarte durante un trecho cuando volvieses por la mañana a reunirte con la señora – dijo – pero ha ocurrido una cosa que ha cambiado todos nuestros planes.
- No importa señor – contesté – solo que me prestéis una montura que luego sepa volver o que una de vuestras patrullas pueda recoger será suficiente.
- Veras, es que ha ocurrido algo que puede hacer el camino peligroso – intervino entonces el capitán
- No os preocupéis por eso, los hobbits somos lo bastante precavidos como para saber cuando debemos escondernos si hay peligro – respondí haciéndome el importante
- No dudo de ello – contestó el montaraz – pero creo que si topáis con ese peligro podríais salir muy mal parado.
- ¿De veras? – pregunté – ¿de que se trata? ¿De una banda de ladrones?
- De algo peor – contestó el capitán – de algo mucho peor.
Dírhael y el capitán me contaron entonces que desde hacia un tiempo, algunas aldeas al norte de la capital eran saqueadas por un grupo de gentes del norte. Se creía que provenían de las montañas grises. Llegaban por la noche y se iban al alba, saqueaban todo lo que podían y no dejaban supervivientes para contar lo ocurrido. Por su forma de actuar se hubiese dicho que eran orcos, pero nadie les había visto para poder asegurarlo.
Hacia unas semanas parte de ese grupo cayó en una emboscada urdida por los soldados y se pudo comprobar que no se trataba de orcos, aunque lo parecían. Había algo extraño en ellos, su forma de actuar, su resistencia a moverse de día y hasta su lenguaje hacia pensar en esos seres.
El cabecilla fue uno de los que fueron capturados, y por eso, dadas las extrañas maneras de ese tipo, decidieron llevarlo prisionero a la capital.
Y hacia dos días, aprovechando un momento de descuido de sus vigilantes, el tipo había huido.
Hacia un rato había llegado un correo a caballo ordenando a todos los hombres disponibles en las guarniciones que salieran en su búsqueda. Puesto que había sido avistado dirigiéndose hacia la comarca.
El corazón me pegó un vuelco cuando pensé en Ghash, sola en ese lugar.
- tengo que salir enseguida – murmuré – ella esta allí sola.
- Si – contestó rápidamente Dírhael – es necesario que la avisemos de que puede haber peligro.
- Entonces es mejor que recoja mis cosas y salga lo mas deprisa posible – respondí
- Mira, es muy improbable que haya llegado hasta donde esta la señora – respondió entonces el montaraz – pero por si a acaso tu y ella deberéis quedaros escondidos en el refugio hasta que lleguen los soldados y os dejen marchar. Haré una cosa, te prestaré mi caballo, ya sabes que es muy veloz y además conoce el camino de vuelta. Cuando llegues al refugio guárdalo contigo y si os ocurriera algo, solo suéltalo y dile mi nombre al oído. El volverá aquí y yo sabré que algo pasa.
- ¿Creéis de verdad que puede estar por esa zona? – pregunté un poco asustado
- Es muy improbable – contestó el capitán – ayer por la mañana fue visto dirigiéndose hacia el oeste, hacia las torres blancas. Pero a pesar de todo acabo de mandar un correo para avisar en los otros puestos de guardia y una patrulla para que controle la zona.
Respiré aliviado al oír que el fugitivo estaba en el lado contrario al nuestro, pero no pude dejar de sentir inquietud por Ghash, sola en la casa de la cueva.
Preparé rápidamente el petate y salí hacia el patio. No tenia ni idea de cómo lo haría para no caerme del enorme caballo negro del montaraz, pero pronto descubrí que éste estaba cargado de inventiva y que tenía muchos recursos.
El caballo había sido ensillado con un extraño artilugio. Era una silla de montar que llevaba una especie de cintas para atar al jinete. Dìrhael me explicó que se trataba de un aparato que inventaron para el uso de un soldado que se había quedado sin una pierna, para que pudiese seguir montando a caballo
El capitán parecía reticente a dejarme ir a pesar de todo, creo que a última hora le habían entrado los miedos, por lo que tuve que convencerles que no me ocurriría nada y que no haría nada peligroso.
Aunque no creo que ellos estuviesen muy convencidos cuando me izaron a la silla y me ataron con todas esas cinchas.
La verdad es que yo tampoco las tenía todas conmigo, aunque procuraba hacerme el fuerte. Tenía el corazón en un puño y una especie de funesto presentimiento. Como si a Ghash estuviese a punto de sucederle algo.
Dírhael me acompañó hasta el cruce llevando de la mano las riendas del caballo. Allí me saludó y desapareció a toda prisa entre los matorrales, siguiendo un escondido sendero en dirección oeste.
- vamos Azabache – dije dirigiéndome al caballo – corre al encuentro de Ghash.
El caballo pareció entenderme, relinchó y se puso al trote. Yo creo que su amo le había aleccionado porque aunque yo le azuzaba solo tomaba un galope ligero cuando yo me empeñaba en que corriese.
Las sombras parecían retirarse a mi paso mientras el sol se iba levantando por el horizonte. Un par de veces me crucé con patrullas. Que me pararon para informarse de quien era. Pero en cuanto veían el caballo con la extraña silla sonreían y me dejaban pasar.
Todos los soldados con los que hablé estaban seguros de que el fugitivo se encontraba muy lejos de allí. Que había ido en dirección oeste para tratar de reunirse con sus compañeros en las colinas al norte de la capital.
Esto me hizo sentir algo mas seguro, pero no apagó del todo ese desasosiego que me producía la incertidumbre de no saber como estaba mi compañera.
Justo en el puente encontré la tercera patrulla. Esta, bastante mas numerosa, se había dividido en tres grupos. Uno de ellos se quedaría en la zona del puente. El otro seguiría el camino hacia el sur para encontrarse con la patrulla que venia de allí y el tercero peinaría el camino que nosotros debíamos tomar al día siguiente.
Tardé como una hora en llegar al refugio, aunque estuve azuzando el caballo todo lo que pude. La verdad es que cuan mas cerca estaba, mayor era mi inquietud.
Encontré a la viejita clasificando tranquilamente manojos de hierbas frescas, acabadas de coger. Estaba sentada en el rellano de cara al camino y parecía esperarme.
Se sorprendió al verme llegar montando solo el gran caballo negro y se rió divertida cuando le pedí que me desatara para poder bajar.
Salí disparado en cuanto pude pisar el suelo. Había algo que me estaba reclamando desde hacia rato. La noche anterior había tomado demasiada cerveza y allí, atado al caballo no había podido aliviar la presión en mi vejiga.
Cuando entre en la casa medio derruida, vi que ghash tenía al fuego algo que me recordó que no había desayunado todavía. Estaba cocinando alguna cosa que olía delicioso y se lo dije sin más preámbulos.
- sabia que volverías hambriento – me dijo entonces ghash – por eso he preparado estas gachas. Vamos siéntate y pruébalas.
- ¡Ay no! Primero tengo que acomodar el caballo en el establo – contesté – el señor montaraz me pidió que lo guardásemos allí hasta mañana.
- ¿Mañana? – pregunto extrañada ella – yo creía que nos iríamos en cuanto hubieses comido.
- No podemos irnos Ghash – explique – veras, es que…
Ghash me tendió la escudilla y una cuchara y me pidió que le contase mientras desayunábamos.
Le explique todo el asunto del prisionero fugado. Y las razones por las que nos habían pedido que pospusiéramos nuestra marcha hasta el día siguiente. También le hablé de las patrullas y de cómo habían organizado la batida.
Parecía muy interesada en ese hombre, el fugitivo. Me estuvo preguntando muchas cosas y de pronto se quedó callada.
Yo seguí comiendo en silencio. Sabia por experiencia que cuando ella ponía esa cara sus pensamientos se iban muy lejos. A las tierras requemadas y cubiertas de cenizas que fueron su hogar durante tantos años.
- ¿dices que estas gentes se comportan como orcos? – preguntó de golpe
- si, eso me dijeron. Se mueven de noche. Asaltan los poblados y no dejan supervivientes. Y por lo que se ve tienen un lenguaje extraño que no pudieron identificar.
- ¡Mmm! ¡Podría ser! – dijo ella para si – aunque no deben serlo del todo.
- ¿Que es eso que no deben ser - pregunté
- Orcos – contestó ella – por lo que dices podrían ser una tribu de semiorcos o de humanos órquicos. El amo oscuro estuvo haciendo muchos experimentos cruzando razas. Se rumoreaba por ahí que había algunos orcos mixtos que eran hijos de humanos. El amo fabricaba así los nuevos soldados para su ejército.
De pronto tomó una resolución, se levantó y echó tierra sobre el fuego para que se apagase. Cuidando sobretodo de que no hiciese humo.
- Vamos – dijo – si lo que pienso es cierto, ese tipo debe estar más cerca de lo que creemos.
- ¿Donde vamos? – pregunte – no querrás ir a su encuentro ¿no?
- Vamos arriba, ayer encontré un camino para subir. Es un observatorio perfecto de los alrededores.
Seguí a Ghash que se internó en una especie de pasadizo. Este estaba formado por un lado por la pared de la cueva y por el otro por una enorme enredadera cubierta de flores blancas.
Al poco de caminar enfilamos por una grieta donde había peldaños tallados toscamente en la roca y llegamos a la parte alta del risco.
Allí había restos de construcciones y una especie de excavación circular donde uno podía mirar hacia todas partes sin ser visto.
Ghash oteó el horizonte y me hizo indicarle donde se encontraban las patrullas.
Se extrañó que no vigilaran el camino del rió y me preguntó.
- Supongo que piensan que como el camino esta cortado no puede pasar por ese lugar – respondí – pero, no se que buscas Ghash. Los soldados dijeron que había sido visto hacia el oeste. No creo que se encuentre cerca de nosotros.
- En eso te equivocas – murmuró entonces la mujer – si ese fugitivo tiene las costumbres de los orcos habrá usado una treta muy vieja para confundir a los que lo persiguen.
- ¿De que se trata? – pregunté intrigado –
- Mira, hay una pequeña estratagema orca que consiste en hacerse ver en un par de puntos alejados del verdadero lugar donde se piensa ir. Y entonces, aprovechando la noche, eludir a los que te persiguen yendo en dirección contraria al lugar donde te mostraste.
- ¿Es decir que dejan que los vean como un señuelo para que sus perseguidores equivoquen el camino? –pregunte
- Exacto – respondió ghash – mientras oteaba el horizonte poniendo una mano en visera sobre sus ojos.
- ¿Y piensas que ese hombre podría estar por esta zona? – pregunté sintiéndome aterrado de golpe
Ghash asintió con la cabeza sin dejar de mirar hacia los caminos. Yo hice lo mismo que ella pero no veía nada de particular en esa zona boscosa y rocosa que nos rodeaba.
De pronto un dedo nudoso señaló en la dirección del camino del río.
- ¡allí esta! – murmuró ghash – ¿ves como tenia razón?
Miré en esa dirección y pude ver en la lejanía un puntito que se movía. Parecía que retrocedía y luego volvía a avanzar.
Ghash me dijo que probablemente buscaba un paso para sortear la zona derrumbada y que por eso lo veíamos salir y desaparecer en el horizonte.
- Pues lo tiene mal – comenté – en la sala de mapas me contaron que el derrumbe había ocasionado que el agua del río se embalsase en el cañón por lo que el paso esta realmente cortado hasta para los que van a pie.
- Entonces no tendrá otro remedio que retroceder y tomar otro camino – dijo ella – ¿lo ves? Empieza a hacerlo.
Ghash se quedó un momento mirando hacia el hombre. Parecía contar algo. La pequeña silueta se recortaba en el azul del cielo para luego esconderse entre la espesura.
Unos minutos mas tarde la figura volvió a aparecer, esta vez mucho mas cerca.
- vamos – dijo entonces ella – debemos alertar a los soldados. Esta viniendo hacia aquí.
- ¿Quieres decir que viene hacia donde nos encontramos? – pregunté con un hilo de voz
- Más o menos – me contestó mientras enfilaba la grieta hacia la cueva.
- Ghash ¿cuanto crees que tardara en llegar? – pregunté
- Un par de horas más o menos – me contestó, pero primero tendrá que pasar por el cruce. Solo hay un camino posible, la zona es demasiado abrupta para poder saltar de un valle a otro por la parte alta.
- Voy a avisar a Dirhael – dije entonces – soltaré a Azabache y el sabrá llegar hasta él.
- Ponle una nota en la silla para que sepa que es lo que ocurre.
- ¿Podrías darme un par de hojas de ahtelas? – pedí – es para que el sepa que se la mandamos nosotros.
Ghash me dio las hojas y me dejó preparando la nota y el caballo. Se cubrió con su manto pardo y se fue sigilosamente hacia el cruce para intentar encontrar a la patrulla.
Yo metí la nota y las hojas en una alforja y azucé al caballo.
- Corre Azabache, ve a buscar a Dírhael – dije golpeando suavemente al animal en las ancas
El caballo salió al galope, pasó como una exhalación por el prado y se perdió camino allá.
Volví a subir a la atalaya para verlo, como una estela oscura, atravesar los prados para reunirse con su amo.
Eché una mirada al lugar donde se suponía debía estar el fugitivo. Pero no llegué a verlo. Supuse que caminaba al amparo de las sombras del barranco y que por lo tanto no se dejaría ver.
Abajo en el cruce había un grupo de soldados, unos cuatro o cinco. No vi a Ghash, por lo que supuse que esta no había llegado aun para avisarles.
De pronto vi un bulto oscuro que se movía con precaución hacia el lugar donde estaban ellos. Creo que mi corazón decidió pararse en aquel momento porque creí que era el fugitivo que iba a matarles.
Pero resultó que era Ghash. Un momento después la vi charlar con ellos y uno de los soldados salio como alma que lleva el diablo hacia el puente.
Suspiré aliviado. Las cosas no parecían ir tan mal después de todo. Si los soldados estaban alertados, lo mas probable es que el asunto ese del fugitivo se solucionase pronto.
Poco tiempo después vi como Ghash empezaba a volver hacia nuestro refugio. El fugitivo seguía sin aparecer y eso me daba mala espina.
Descendí del observatorio para recibirla, estaba ansioso por enterarme de lo que le habían dicho los soldados.
Ella me contó que uno de ellos había ido a buscar a la patrulla del camino del sur i que pronto tendríamos un buen grupo en el cruce.
- Oye, Ghash – pregunté – ¿Y que va a ocurrir si no decide tomar el camino del cruce? ¿Y si se aventura a cruzar por las crestas? Recuerda que es un orco, o como mínimo eso parece – argüí
Ella me miró pensativa durante un momento. Juntó sus cejas en una mueca y entrecerró los ojos.
- antes deberíamos saber donde se encuentra ahora – murmuró como para si
- no lo se – respondí angustiado – hacia mucho rato que no lo veía cuando baje a hablar contigo.
- Ah! ¿Estabas arriba? – exclamó ella – dime lo que viste.
- Estaba arriba, como dices – contesté – fui a ver si veía al caballo dirigirse al encuentro de Dírhael. Y antes de ver al caballo atravesar el prado si lo vi. Estaba en unas peñas, pero de pronto se escondió y aunque estuve esperando no volvió a salir.
- ¿Y cuando fue esto? – quiso saber ella
- Pues antes de verte a ti hablar con los soldados – respondí
- Ven, acompáñame arriba – me pidió – quiero que me enseñes el lugar ese donde el fugitivo se escondió.
- ¿Pasa algo malo? – pregunté, sintiendo de pronto que las cosas se estaban torciendo.
- Espero que no – me dijo, mientras enfilaba la grieta hacia el observatorio.
La seguí, sintiendo que no me estaba diciendo toda la verdad. Ghash subía a toda velocidad y me costaba trabajo seguirla. Parecía imposible que fuese una viejecita de más de cien años, por muy largas que tuviese las patas.
Ya en el observatorio me pidió que le mostrara el lugar donde había desaparecido el individuo y cuando yo se lo señalé frunció el ceño y puso cara de preocupación.
- hay una sola posibilidad de esquivar a los soldados del cruce – murmuró – aunque creo que seria muy peligroso hacerlo a pleno sol
Yo la miré interrogativamente, pero ella no pareció haber visto mi cara, sus ojos miraban detrás de mi, en algún punto no muy lejano.
- ¿y por donde crees tú que podría pasar? – pregunté entonces.
- ¿Ves esa repisa de ahí? – me dijo, señalando un estrecho rellano. Si salta hasta ese lugar luego podría seguir ese resalte de roca mas dura hasta…
- Hasta nosotros – la interrumpí, con un hilo de voz.
- Si, eso me temo – contestó ella
- ¡Entonces estamos en peligro! – exclamé – ese hombre puede aparecer aquí en cualquier momento.
- Por ahora no – me contestó ella, bastante más tranquila que yo – primero tendrá que atravesar la zona descubierta y los soldados pueden verle.
- ¿Entonces? – pregunte otra vez – ¿que crees que va a hacer?
- Creo que buscará un lugar donde esconderse. Recuerda que es como los orcos. No le gusta la luz del sol – me explicó pacientemente ella
- Y además debe sentirse bastante convencido de que no le persiguen aquí – añadí, mas para mi tranquilidad que para la de ella.
Ghash no parecía que estuviese preocupada por lo que acababa de contarme, la verdad es que casi podría decirse que disfrutaba de aquel momento. Sus ojos brillaban bajo la capucha de su manto. Hasta creo que la oí suspirar. Me parece que para ella esa aventura era como si de pronto el tiempo no hubiese pasado y volviese a ser un orco emboscado en la espesura, al acecho de su presa.
En cambio yo no las tenía todas conmigo. Me sentía muy inútil y muy pequeño para poder hacer algo si las cosas empezaban a ir mal. Sabia que no seria rival para un tipo corpulento como ese. En un momento deseé no estar allí ni un minuto más. Coger el carro y salir pitando en dirección a casa.
Ella debió darse cuenta de mi azoramiento porque me pasó un brazo sobre los hombros.
- no te preocupes Bob, los soldados le capturarán – me dijo – y si por casualidad nos lo encontramos frente a nosotros piensa siempre que el mejor soldado es una mente despierta.
Asentí con la cabeza mientras pensaba que lo mejor serian unas buenas y largas piernas para salir disparado si se acercaba demasiado.
- ¿y cuanto tiempo crees que se ocultará? – pregunté, para, de alguna forma, dejar de pensar en el peligro que estábamos corriendo.
- Pues hasta que las sombras cubran la repisa – contestó rápidamente – más o menos un par de horas después del mediodía.
- Entonces deberíamos hacer que algunos soldados viniesen aquí arriba – sugerí – así le cortarían la retirada
- Si – contestó ella – pero piensa que si nosotros hemos podido verle, el también puede vernos a nosotros. Creo que seria contraproducente hacer subir a los soldados antes de saber que puede ocurrir.
- De acuerdo – exclamé – entonces haremos nosotros la guardia. Así que será mejor que vaya abajo y traiga alguna cosa para hacer mas llevadera la espera.
- De acuerdo – me dijo ella – pero no abandones para nada la grieta ni la cueva. Así hay menos posibilidades de que te vean.
Me dirigí al carro y cargué un cesto con unos cuantos víveres. También pasé por el establo a ver como se encontraba el caballo y llené un cubo de agua para el.
También cuidé de que tuviese suficiente heno y le ofrecí unas manzanas rogándole que no hiciese ruido ya que estábamos en peligro. Una voz a mis espaldas me interrumpió.
- para estar en peligro creo que algunos hobbits son demasiado confiados – oí que me decían.
Salté de golpe al oírla y me volví satisfecho.
- ¡que poco habéis tardado señor montaraz! - exclamé
Debía haber pasado más o menos una hora desde que mandé al caballo en su busca, así que no esperaba que este apareciese de pronto frente a mí.
- es que no estaba muy lejos – respondió – veras, esta mañana, en cuanto llegué al lugar donde había sido visto por ultima vez, me sorprendió una extraña sensación. La sensación de que todas aquellas pistas parecían hechas adrede. Llegó un momento en que esta era tan fuerte que pedí un caballo y me dirigí rápidamente hacia el lado contrario. Y la verdad, por lo que se ve mi intuición no me falló.
- ¿Encontrasteis la nota? – pregunté
- Si, y eso confirmo mis temores. Por esto he venido lo más rápido que he podido. Sabia que estabais en medio del peligro y por eso… - se interrumpió de pronto - ¿Dónde esta la señora?
- Venid, os lo mostraré – dije – pero tendréis que arrastraros un poco
El montaraz me siguió sorprendido por mis palabras. Al pasar por la carreta tomé el cesto y también el cuchillo orco de Ghash, que aunque mellado, conservaba parte del afilado.
Dírhael puso una cara muy extraña cuando vio el artilugio pero no dijo nada y se limitó a seguirme. Subimos al risco sin problemas, cuidando de no ser vistos. En el último tramo, nos arrastramos de muro en muro para no quedar al descubierto.
Encontramos a Ghash echada en el observatorio, con la mirada fija en la repisa. No pareció sorprenderse de la pronta llegada del montaraz. Creo que para ella éstos eran una especie de héroes, capaces de las más grandes hazañas.
En pocas palabras le puso al corriente de lo que sucedía. El montaraz asintió con la cabeza y vi en sus ojos una especie de admiración hacia la viejita.
Mientras ellos conversaban yo me retiré hacia el fondo de la grieta que nos servia de observatorio. Allí crecía un arbusto pegado a la roca que daba un poco de sombra y permitiría conservar la comida que había subido al fresco. Ya que en esa hora, cerca de mediodía, el calor estaba apretando.
Cuando volví a reunirme con ellos pude ver al montaraz como escrutaba las rocas usando un pequeño catalejo.
- tenéis razón – dijo sin volverse - si usa ese rellano y el árbol que esta junto a el puede eludir el camino. Y entonces solo le quedara una ruta que tomar.
- Y esa ruta pasa por aquí – aseguró Ghash
- Pero no creo que lo haga – dijo de pronto Dírhael – es mas práctico intentar eludir la patrulla camuflado entre la vegetación de ribera hasta haber tomado el camino de las colinas.
- Nunca puedes saber que va a decidir hacer un orco – respondí – bueno a menos que seas otro orco – añadí , mientras pensaba para mi que Ghash lo había sido.
- Tienes razón – me respondió el montaraz – pero por ahora solo podemos esperar y hacer conjeturas sobre lo que hará o dejara de hacer.
- ¿Que tal si comemos algo mientras? – propuse
Mis compañeros estuvieron de acuerdo y yo saqué las viandas. Fue una comida frugal, aunque deliciosa. Pastel de carne de la posada, queso y manzanas. Aunque le faltó un poco de cerveza para acompañarlo y nos tuvimos que contentar con el agua fresquita del manantial que yo había traído en una botella.
Había pasado mas de una hora y las sombras empezaban a apoderarse de la repisa por donde se suponía debía pasar el fugitivo. Todos habíamos estado silenciosos observando la lejanía, intentando captar el más ligero movimiento. El montaraz me había prestado su anteojo y pude ver con claridad las rocas y las grietas como si estuviesen al alcance de mi mano.
De pronto éste se incorporó, parecía que había tomado una decisión.
- voy a traer una patrulla – dijo – creo que tenéis razón y vendrá hacia aquí
- creo que no hay tiempo – contestó Ghash – mirad, ¡ahí esta!
Enfoqué el anteojo hacia el lugar donde señalaba la viejita y vi una figura vestida con una ropa parda moviéndose con precaución entre las rocas.
- si, tienes razón Ghash – dije – ese tipo acaba de salir de su escondrijo.
- Déjame ver – pidió el montaraz, tendiéndome la mano.
Le pasé el anteojo y fui a acurrucarme al lado de mi maestra.
- ¿crees que podremos hacer algo? – pregunté – se ve muy fuerte
- claro que si – contestó ella – el es un montaraz. Seguro que lo apresa. Además, tengo una idea.
No sabia a que idea podía referirse, pero todo aquello me sonaba a peligro. La verdad es que por un lado estaba aterrado. Solo de pensar que podría toparme cara a cara con alguien que parecía un orco me ponía los pelos de punta. Pero a la vez estaba muy excitado, ¡aquello si era una aventura de verdad!
No tuve mucho tiempo para pensar si estaba o no asustado. En unos minutos me encontré con el cuchillo del queso en la mano, emboscado entre dos rocas. Con la orden de no salir si no era necesario.
Ghash i el montaraz se apostaron en un par de puntos estratégicos, uno a cada lado de una grieta estrecha y alta. Se veía claro que el fugitivo debía pasar por allí si quería alcanzar el camino a las colinas y eludir las patrullas apostadas en el cruce.
Tenia el corazón desbocado mientras esperaba. Desde mi lugar podía ver el rellano que según ellos utilizaría el para acceder hasta donde nosotros estábamos.
De pronto lo vi, saltando con precaución entre las rocas y colgándose de las ramas de los árboles hasta alcanzar la repisa rocosa.
Se movía de forma extraña, caminaba encorvado y parecía molestarle la luz porque se había cubierto la cabeza.
Sentí el corazón desbocado cuando paso a unos metros de donde yo estaba y se dirigió hacia la grieta.
En cuanto el se hubo metido en la trampa vi como Ghash salía de su escondrijo y se colaba detrás de el.
De pronto pensé que haría una locura y temí que el fugitivo pudiese acabar con su vida o herirla y sin pensar, enarbolé mi cuchillo de cocina y corrí hacia ella.
En la grieta Dírhael y el hombre se miraban cara a cara. El montaraz llevaba la espada desnuda y le impedía el paso y el hombre había tomado del suelo una rama seca y pretendía defenderse con ella.
Ella apareció por sorpresa a sus espaldas, con el cuchillo orco en ristre y de pronto unas palabras ásperas y rudas salieron de su boca.
Ghash había usado el idioma de los orcos para dirigirse al prisionero, y por lo que se veía este la había entendido, puesto que le escupió una ristra de frases malsonantes como respuesta.
La viejecita le respondió con una larga frase donde me pareció entender la palabra snaga y luego un par de exabruptos en los que no faltaron ¡shaaa! y ¡ska!
El fugitivo parecía sorprendido, tan sorprendido que olvidó que a sus espaldas tenia otro oponente, y éste aprovechó el momento para acercase y bloquearle con una llave certera.
El hombre intentó revolverse, pero Ghash le puso el cuchillo en la garganta y tuvo que dejar que lo apresasen y lo atasen.
Cuando todo acabó ella se me acercó y me dijo:
- Respira Bob, o te ahogarás.
¡Evidentemente debía tener cara de estar realmente asustado!
 
aerien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 13-11-2005 Hora: 23:40
Aunque pienso que te manejas mejor en ambientes más, digamos, hogareños, y que la historia se vuelve más infantil cuando le das el toque aventurero (infantil en el sentido "el hobbit"), la clave se descubre en la seguridad del discurso de Ghâsh y el complemento de su sancho panza particular en forma de pequeño hobbit.

Fecha: 07-11-2005 Hora: 23:47
Que bueno, este es el capítulo más aventurero de Ghash eh! Pero creo que a pesar de todo no te gusta ser demasiado dramática, o eso es lo que creo.. igual luego acaban muriendo todos, y me partes el corazón, snif. No, no se, si yo hubiera estado escribiendo hubieran pasado mil desdichas, pero realmente está bien, Bob no acostumbra a que le pasen cosas, cualquier cosilla asi es como una aventura para él... pero realmente es un poco huevón al hacer una cacho de merendola y pensar en cerveza teniendo a un asesino a poca distancia.
Te felicito Aerien por tu magnífica serie. Sigue escribiendo. Oeoeoeoeoe

Fecha: 07-11-2005 Hora: 20:37
Caramba!!! sí que tenía yo ganas de tener noticias de Bob y de Gash!!! Buena continuación! aunque creo que tienes un poco olvidada la parte que más me atrajo de esta historia, la vida de Gash como Orco... aún así consigues engancharme en cada capítulo más y más!!! ale, una pinta para ti y otra para tu musa, que os la habéis merecido