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La Asistenta de Celebrimbor
Capítulo 7
Últimas Palabras
Por Aicatar
 
Apenas sé decir nada más de mi viaje, salvo que crucé el Baranduin aprovechando un viejo puente de madera que no sobreviviría a la guerra si es que llegaba hasta allí, como llegó. Tras el río, los bosques clareaban y dejaban paso a grandes praderas salpicadas de colinas suaves y riachuelos cantarines. Era un lugar hermoso en su sencillez, un lugar que debería ser aprovechado por gentes sin maldad, que rechazasen las armas y a quienes las portan. Sentí la necesidad de caminar por esa hierba corta y bajé de mi caballo, que me siguió a pocos metros. Me descalcé y anduve así durante horas, sin que ninguna piedra malintencionada me dañase. Mi pueblo, a falta de grandes obras, ha desarrollado una especial relación con la Tierra y la hierba me hablaba con su tacto, el viento me arrullaba con su susurrar y los arbustos cantaban a mi paso, hablándome de pequeñas casas que se construirían en el futuro, casitas subterráneas con puertas redondas de brillantes llamadores. Me hablaban de personitas anodinas, pero tan bellas en su insignificancia, que harían palidecer a Reyes y Señores Elfos cuando despertasen. Vi, mientras caminaba por aquellas tierras, poblados de agricultores y ganaderos, cultivando tabaco para pipa y criando cervezas de mil clases. Escuché la música de laúdes y violines, en festejos populares donde nadie traía más vileza que unos rumores falsos y unos cuchicheos maliciosos.

En esos prados compuse la única canción que jamás me he atrevido a componer. Y la compuse en el Quenya de los Noldor, la lengua que tanto amaba mi hermano Silmirion, pues era una canción de despedida para aquel que me espera donde Mandos reina para siempre.

Wílar imbë met aicar lómini.
Rúcin ar yéllin essetya,
Entë lalar quettanyainen
"Fírienye", equë lómilli,
"Fírienye ar etye uin harë ósë".

"Lá", equen, "Erye uin fírin, er lorna"
Yellin essetya ar etye áva cuiva.
Lómilli lalar, wílar ar equë:
"Úcuivëa lorna, Fëanturwa Coassë Fúmerye,
Avacúma pella"

"Lá", equen, "Eryë uin Fëanturessë, er Ardassë"
Lómilli wíla ar áva equë.
"Lá", equen, "Eryë uin firin, er laiwa"
Lómilli áva equë.
Rúcin.

"Náryë firin", equen, "É Náryes"
Lómilli wíla loicotyanna
ar colentes menelenna, elenna
"Fëanturwa coassë omentuvaryet"
Áva Rúcin. Fëanturwa coassë omentuvaryen.

Después, las praderas quedaron atrás y pude oír el golpear de las olas contra los acantilados y las playas. Las montañas estaban entre mi caballo y el Mar, el Mar que todos los Sindar anhelan y todos los Noldor añoran. Cuando alcancé las primeras torres de Lindon, reconocí la hechura de los grandes arquitectos de Eregion, pero más mística y oscura, más poderosa quizá. Eran los dos estilos de los Noldor: el viejo estilo de los Exiliados de Aman y el nuevo estilo de los Jóvenes habitantes de Endor. En Eregion, el proyecto de los Noldor se había malogrado y, de algún modo, los Anillos que portaba eran su último legado. El viejo reino se marchitaba tan lentamente como solamente se marchitan las obras élficas, pero ya entonces quedaba claro que caería.



Llevo casi seis años en este lugar y un barco me espera para llevarme hasta donde no hay guerra, ni muerte, pero donde tampoco obtendré más esperanza. Númenor respondió a la llamada. Tarde, pero no a destiempo. Sauron fue vencido, pero su poder continúa sobre la Tierra Media y no la abandonará hasta haber vuelto a levantarse contra todo lo que es hermoso o noble. Ése es su cometido. Ahora sabemos qué son los Anillos, pero no me importa si pueden curar las heridas de Arda o si son solo baratijas para mantener el espíritu de los Eldar contra la adversidad. No siento nada más que tristeza por Celebrimbor, mi Amo cuya sabiduría no supo adelantarse a los acontecimientos y cuya Ambición le hizo aliarse con el Enemigo sin siquiera darse cuenta. No siento nada más que pena por Eregion, el gran proyecto de los Noldor y su última oportunidad de mantenerse en pie. Llegará la Edad de los Hombres y hasta el más recóndito de los elfos se retirará adonde éstos no puedan encontrarlo. De ellos es el Destino de Arda, ellos son los Seguidores y los que superarán a los Primeros Nacidos.

Las aguas del Mar me llaman y me esperan, me esperan desde el despertar en Cuivienen, cuando Oromë nos llamó a todos a un largo viaje y mis antepasados recelaron. Yo no recelo. Nada queda en la Tierra Media que pueda decirse mi hogar, pues todo será devastado por Sauron el Maia. De algún modo sé ahora, que aunque Hombres y Elfos vuelvan a alzarse juntos, Sauron prevalecerá y que el orgullo humano se verá sepultado por la Tormenta del Señor de los Anillos.

Mis ojos han aprendido a ver más allá del presente, pero, aunque todavía puede quedar una esperanza, no soy capaz de verla...

EPÍLOGO del AUTOR.

Así me lo relató Silmiriel, poco después de que Gil-Galad anunciase el fin de la guerra y los hombres de Númenor se dispusieran a reconstruir lo derribado. Escuché y anoté cuanto pude y, después de terminar su relato, caminó hacia los Puertos y desapareció para siempre.

Los Anillos Vilya y Narya habían estado en sus manos. En las manos de una asistenta tan débil de cuerpo como poderosa de corazón.
 
Aicatar
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 25-12-2005 Hora: 19:14
La historia se desvanece tanto como los Eldar en Endor. Es un relato que ha ido a menos en intensidad, en los últimos tres capítulos sobre todo, salvo por el encuentro con el hermano muerto, y tengo la sensación de que me ha decepcionado un poco.