Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 22
CAPITULO XX
Por aerien
 
Seguí a Ghash y al montaraz, aun impactado ante lo que había sucedido. Este escogió un sendero un poco desdibujado que bajaba hacia el camino principal, en vez de volver por la grieta que habíamos usado nosotros.
La patrulla nos esperaba abajo, el sendero discurría por terreno descubierto y los soldados nos habían visto bajar.
Creo que estaban tan maravillados como yo de que un montaraz, un hobbit y una vieja mujer hubiesen capturado solos a tan peligroso fugitivo.
En el cruce los soldados habían instalado una especie de campamento. En un rincón los caballos y en el otro un sitio de descanso con un fuego encendido; supuse que para calentar la comida o preparar algo de te.
Dírhael entregó a su prisionero al que parecía ser el jefe de la patrulla y este lo puso a buen recaudo atado a un árbol entre los caballos y el fuego.
El tipo miraba a izquierda y derecha, no parecía asustado. Yo diría que estaba furioso por haberse dejado apresar de una forma tan sencilla.
Nos sentamos a hablar con los soldados. Bueno, la verdad es que el que habló fue el montaraz. Les contó que había conseguido capturarlo gracias a una treta urdida por la señora. Y que eso había sido posible porque ella, cuando joven, había sido soldado en las tierras de Gondor.
Los jóvenes guardianes de fronteras miraron a Ghash sorprendidos y hasta alguno se atrevió a acercarse y darle la mano, como si eso fuese un gran honor. Ella les miraba sonriente mientras murmuraba que no había sido gran cosa su participación, que el mérito debían dárselo al montaraz, que era el que lo había capturado.
Cuando me acerqué para llenar mi taza, Dírhael me palmeó la espalda y les dijo a los soldados que yo había sido un hobbit muy valiente. Que había salido en defensa de la viejita aun cuando no tenía un arma en las manos.
- la verdad es que no hice nada – rezongué – tan solo mirar.
- No lo creáis – contestó el montaraz – cuando creyó que su amiga estaba en peligro no se quedó escondido entre unas rocas como se le había ordenado sino que enarboló un cuchillo y salió a defenderla.
- Bien poco podía yo hacer con este cuchillo de cocina – me excusé yo, mostrando el pequeño y afilado cuchillo que servia para cortar el queso y los fiambres.
Los soldados rieron complacidos y me aporrearon la espalda con sus manazas. También me pidieron que les contase como había sido la captura.
Mientras, Dírhael se había acercado al camino y oteaba en las dos direcciones como si esperase algo.
De pronto Ghash se levantó y fue a hablar con el y un momento después se dirigía hacia el prisionero. Vi que llevaba un tazón en las manos y que se lo entregaba.
Estuvieron conversando un rato, pero no pude oír nada de lo que decían. Los otros soldados me tenían copado con sus risotadas y sus bromas.
En cuanto pude me zafé de ellos y me acerqué a Ghash.
Esta hablaba al fugitivo en la lengua de los orcos, pero el tono de su voz no se parecía al que había usado para capturarle, era un tono conciliador como si intentase convencerle de algo.
El hombre la miraba desconcertado. No creo que hubiese esperado encontrarse con alguien que hablase su lenguaje y menos una anciana mujer humana.
Vi como Ghash sacaba algo de su bolsillo y me acerque para verlo mejor; se trataba de la placa metálica con el símbolo del ojo que ella guardaba en un cajón; esa placa que había formado parte una vez de su uniforme mucho tiempo atrás.
El prisionero pareció encogerse cuando la vio y por primera vez respondió a lo que parecía preguntarle ella.
Ghash sonrió complacida, murmuró unas palabras y se alejo hacia el lugar donde estaba el montaraz.
Yo me quedé un instante mirando al prisionero. Se veía claramente que era un humano. Aunque tenía la piel bastante oscura. Yo no he visto nunca en mi vida un orco, y espero no verlo jamás. Pero sabía por mi maestra que estos tenían los ojos pequeños, a veces oscuros y otras amarillos, inyectados en sangre y que a menudo mostraban unos largos comillos.
De pronto el me miró a la cara. Había fiereza en su mirada y en la comisura de sus labios desprecio. Me escupió un par de palabras que no entendí y se giró con desdén hacia otro lado.
Comprendí que mi compañía no le resultaba grata al cautivo, así que fui a reunirme con mi maestra i el montaraz.
Ésta le estaba contando a Dírhael que el prisionero entendía la lengua común y que hasta sabia hablarla. Por lo visto su gente había renegado de ella y solo usaba el lenguaje órquico para comunicarse.
Por lo que pude entender, el tipo pertenecía a una tribu que, cuando cayo el amo oscuro, había conseguido eludir a los soldados y escapar a las montañas. Ellos se creían orcos, pero no lo eran. Ghash explicó que probablemente tuviesen algo de sangre órquica en las venas, producto de los cruces entre humanos y orcos que el señor oscuro realizaba.
Ella también le contó que no procedían de soldados uruk, como mínimo no todos. Suponía que habían sido un grupo de snaga guiados por algunos soldados. Ya que para ellos la forma de hablar y los símbolos de los uruk eran algo que debía ser respetado.
Dírhael la miró interesado, para el la viejita era una caja de sorpresas y por lo visto aun no las había descubierto todas.
De pronto entendí porque estaba tan interesada Ghash en ese tipo, no fueron sus palabras sino un gesto lo que me dio la clave. Ella creía que podía ser como el, que como esa gente, era producto de una manipulación del mal, de uno de sus cruces entre razas.
Y entonces supe lo que debía hacer.
- oiga señor montaraz – dije interrumpiendo la conversación – ¿van a estar mucho rato los soldados aquí?
- Hasta que todas las patrullas se reúnan – me contestó – ¿para que quieres saberlo? – preguntó
- es que me preguntaba si podría acercarme a la cueva, estoy inquieto por los caballos – respondí
- ve tranquilo – dijo entonces el – la patrulla no se ira hasta que yo de la orden
- ¡entonces esperenme por favor! ¡Vuelvo en un periquete! – respondí echando a correr.
La verdad es que los caballos no era lo que me preocupaba en aquel momento. Había recordado que había una pieza, un eslabón, que podía unir a Ghash con su pasado. Si ella era, como se temía, un ser con sangre de orco; esos seres que eran como ella deberían reconocer su bolsa. Estaba casi seguro que no lo harían y estaba convencido de que eso demostraría a mi maestra que ella no llevaba la sangre de los orcos corriendo por sus venas.
Llegué a la cueva resoplando y tuve que pararme un momento para recuperar el aliento. Acaricié a los dos animales que me saludaron al verme y tomando la bolsa de piel de de su equipaje, salí disparado camino abajo hacia el cruce.
Llegué al campamento sin resuello y con una cara tan roja que Ghash se asustó y pensó que me había ocurrido algo.
En cuanto recuperé un poco el aliento le explique que había ido al carro a buscar algo y le mostré la bolsa de piel.
- puede que ese hombre sepa algo de esto – dije.
Ghash me besó de pronto en la frente y tomo la bolsa emocionada.
- ¿quieres decir? – preguntó dudando
- ¡claro que si! – intenté convencerla – si el sabe algo sobre esto es señal que tu perteneciste a ellos. Y si no continuaremos buscando.
Ella asintió y tomando la bolsa se dirigió al prisionero.
- ¿que es esta bolsa? – me preguntó en voz baja Dírhael
- es algo muy importante – murmuré – esta gente podrían ser los suyos.
El montaraz movió la cabeza sin entender.
- ella cree que podría ser como este prisionero – entendéis – que lleva sangre de orco en las venas.
El montaraz me miro aun sin entender nada de lo que yo le decía.
- va a mostrarle algo por si lo reconoce – explique – de esa forma sabrá si ese grupo son los suyos.
Dírhael asintió, no creo que comprendiese mucho lo que ocurría, supongo que pensó que ella le explicaría después.
Seguimos a Ghash que se había acercado al cautivo y parecía hablarle. El hombre la miró interesado de pronto y luego nos dirigió una mirada asesina a nosotros cuando nos acercamos.
Ella levantó la bolsa en alto y la acercó a la cara del tipo mientras le interrogaba en su lengua. El hombre nos miró desafiante y no se dignó responder a las preguntas de la mujer.
De pronto ella cambió el tono, creo que hasta el idioma. Las palabras sonaron duras, hirientes y entonces el hombre bajó la cabeza y respondió.
- míralo bien – murmuró Ghash – ¿estas seguro que no lo conoces?
El hombre negó con la cabeza y escondió la cara entre las manos. Parecía de pronto asustado, o como mínimo tan desconcertado como antes cuando le habíamos capturado.
Mi maestra se levantó apretando la bolsa contra su pecho y fue a sentarse en una piedra algo alejada.
Me apresuré a acercarme y a tenderle los brazos, sabia que estaba decepcionada, era una búsqueda demasiado larga para ella.
En cambio yo me sentía feliz, si esa gente no había reconocido la bolsa quería decir que ella no tenia que ver con un grupo de semiorcos. Yo estaba convencido de que no llevaba nada de la sangre negra de estos en sus venas.
En aquel momento llegó la patrulla y los soldados se dispusieron para la marcha.
El montaraz les habló, parecía aleccionarles sobre como debían tratar a su prisionero. De pronto Ghash le interrumpió.
- ¿vais a llevaros a este hombre a la capital? – preguntó – es que yo quisiera…
- Estas son las ordenes – contestó el montaraz
Ghash parecía dudar y al final no dijo nada.
- ¿que ocurre señora? – preguntó este – ¿que ibais a decirme?
- olvidadlo – murmuró esta – no era nada importante.
Me pregunté que debía ser lo que quería mi maestra, ella no acostumbraba a dudar de esa forma, la verdad es que no la había visto nunca tan indecisa.
El montaraz sonrió, supongo que pensó que dejaría esa conversación para otro momento y se dirigió hacia la patrulla para indicarles lo que debían hacer.
Los soldados se alejaron llevando a su prisionero atado entre ellos. Este dirigió una mirada a Ghash antes de alejarse y ella le sonrió de pronto como si le comprendiese.
En cuanto nos quedamos solos nos dirigimos hacia la cueva. El montaraz nos acompañó, yo suponía que para recoger su caballo.
Pero en cuanto llegamos nos informó que dado que la tarde empezaba a caer no era aconsejable que saliésemos ahora y que lo mejor era que pasásemos la noche en el refugio. Y que había decidido que el la pasaría con nosotros.
Ghash pareció alegrarse, acondicionó un lugar para que el montaraz se sentase junto al fuego y se dispuso a preparar algo de comer.
Este se sentó en su lugar y tomó la bebida que la viejita le ofrecía, parecía satisfecho y relajado y sonreía bajo sus bigotes.
Me acerqué y le ofrecí algo de hierba y estuvimos fumando pausadamente mientras veíamos a Ghash trastear con la cena.
Aun quedaban un par de horas de luz cuando se me ocurrió que los caballos habían estado todo el día encerrados en el establo y que tal vez les gustaría salir un rato a pastar.
El montaraz estuvo de acuerdo y los dos nos dirigimos con ellos al prado para que comiesen un rato. Así que dejamos a la viejita sola, afanándose con la comida y salimos a caminar.
Estuvimos paseando un rato en silencio, con nuestras pipas humeantes en la boca. De vez en cuando Dírhael abría los labios y exhalaba un anillito de humo y yo, para no ser menos le imitaba.
- oye Bob – me dijo de pronto – ¿tu crees que la señora me contaría como es que sabe el lenguaje de los orcos? Estoy muerto de curiosidad por saber donde lo aprendió.
- Yo creo que si lo haría – respondí – ella os respeta muchísimo ya sabéis. Creo que por mucho que le digáis, ella siempre creerá que sois de la realeza. Que lleváis en vuestras venas la sangre de los señores del Oeste.
El montaraz sonrió, supongo que pensaba que los dos, tanto ella como yo, éramos un par de cabezotas.
Cuando el cielo empezó a oscurecer llamé al caballo pero este decidió que yo no era nadie a quien debía obedecer y continuó pastando tranquilamente.
En cambio, cuando Dírhael silbó al suyo los dos caballos acudieron veloces a nuestro encuentro.
- vais a tener que enseñarme a silbar así – rezongue – a ver si ese tozudo jamelgo me obedece de una vez.
El se rió por lo bajo mientras guiábamos a nuestras respectivas monturas hacia la cuadra.
En cuanto entramos vimos que Ghash nos había preparado la mesa. Había expendido una de las esteras sobre una gran piedra plana y en ella había colocado tres cuencos con sopa y en medio una cazuela con un guiso de carne con patatas.
En un rincón vi un barrilito cuya marca me resultó conocida.
- ¡Carambaa! ¡Cerveza! – grité – esto si es un banquete.
Había reconocido la señal con la que marcaba los barriles mi tío. Supongo que debió darle uno de los pequeños para el viaje.
No había picheles para servirla pero nos apañamos con las tazas de hojalata que usábamos para el te.
En cuanto olí la sopa me di cuenta de que estaba muerto de hambre, con todas las emociones del día había olvidado que hacia horas que la hora de la merienda había pasado.
Pero creo que a mis compañeros les pasaba lo mismo porque no hablamos casi de nada hasta haberla terminado.
Me pareció deliciosa, sopa de verduras, con zanahorias, patatas y puerros cortados en trocitos diminutos.
Me pregunté de donde los habría sacado, las verduras de la huerta de mi hermano se habían acabado ayer. Bueno supongo que no las patatas, pero si todo lo demás.
Cuando terminó de rebañar el cuenco el montaraz pidió un poco más.
- ¿Tanto os gusta? –preguntó Ghash sorprendida, mientras rellenaba otra vez su cuenco
El montaraz asintió y entonces ella le contó que era una sopa que había hecho con verdura desecada al sol y un par de pedazos de carne curada y le mostró la bolsa donde guardaba los pedacitos de verduras.
Por lo que se ve es una forma que tienen allí en el sur de conservar las verduras. Ella dijo que resultaba muy practica para cuando se esta de viaje y acabó regalando la bolsa al montaraz.
Este agradeció el regalo con una inclinación de cabeza y se dispuso a atacar el segundo plato.
En cuanto vi los pedazos de carne en mi plato no pude menos que gritar.
- ¡esto es conejo! ¿De donde ha salido? – añadí
- si, es conejo – dijo ella sonriente – anoche me aburría, así que puse un par de trampas y conseguí cazar un par de gazapos.
El montaraz rió divertido ante la cara de sorpresa que puse.
- no te preocupes Bob, no me alejé mucho – dijo – además ya ves que no me ocurrió nada
El guiso estaba estupendo, llevaba un montón de hierbas y el resto de las patatas de la cesta de mi hermano.
Además la cerveza de casa me hacia sentir especialmente bien. Sobretodo porque Ghash me estuvo alabando la valentía de salir a salvarla.
Después de cenar nos sentamos al fresco, bajo las estrellas y sacamos las pipas y entonces el montaraz se aventuró a preguntar a Ghash sobre la lengua negra.
- veréis – contesto esta – hace muchos años yo era como ese hombre. Yo era un orco, un soldado uruk al servicio del amo oscuro, por eso conozco algunas de las lenguas que utilizaban los orcos en aquel entonces.
Creo que el montaraz no esperaba esa respuesta porque se quedó de pronto rígido y solo atinó a carraspear ligeramente.
- ¿Decís que erais un orco? Pero vos sois humana. ¿Como es posible eso? – murmuró
- yo era muy diferente entonces, si me hubieseis visto no me habríais podido diferenciar mucho de ese hombre que capturasteis hoy. Bueno si, os hubiese parecido mas brutal aun que el. – contestó Ghash
- la señora era un orco feroz, un soldado uruk – explique
- si, lo fui – replicó ella – hasta que cayo el mal y los montaraces me liberaron de todo ese horror.
- ¡Anda Ghash! Esto no me lo contaste. – dije ilusionado de pronto por oír otra de sus aventuras – ¿fueron de verdad los montaraces del rey los que…?
Ghash me interrumpió de pronto, parecía tener prisa por contarlo.
- ya lo sabes Bob, yo era un soldado uruk y de pronto el gran amo desapareció y todo se vino abajo. Los orcos huían despavoridos sin el control férreo de la mente que los dominaba. Y los humanos se sentían indecisos, como vacíos al notar que aquel poder que nos guiaba se había esfumado.
Por una extraña casualidad fui a caer prisionera justo antes de que todo ocurriera y esto me salvo de la locura que pareció dominar a los orcos cuando el amo cayó
- ¿eras prisionera de los soldados de Gondor Ghash? – pregunté
- ¡uy no! Los que me tenían prisionera era un grupo de soldados sureños. No tengo ni idea de porque no me mataron y al final me llevaron con ellos. Hasta que los capturaron los montaraces del rey.
- Entonces vos erais un orco, por eso conocéis ese lenguaje tan extraño – interrumpió el montaraz, mas interesado en descifrar el enigma de las lenguas órquicas que en la historia que me estaba contando Ghash
- Si, lo fui – contestó ella – viví casi cuarenta años de mi vida como tal.
- Es que yo quería preguntaros algo– dudo Dírhael – pero temo que…
- No os preocupéis por mi – contesto ella – hace ya mucho tiempo que asumí esa parte de mi vida. No es agradable de recordar, pero no puedo negar lo que fui, seria una estupidez de mi parte querer borrarla
- Intentaré no hurgar mucho en la llaga – respondió el – ¿pero por favor, podríais satisfacer la curiosidad de este montaraz?
- Evidentemente que si – contesto ella – ¿que es lo que deseáis saber?
- Es sobre ese lenguaje. Antes en el momento en que hemos capturado al fugitivo vos habéis usado una lengua muy áspera, casi diría que cruel, en cambio después parecía que no estabais hablando la misma lengua, las palabras sonaban mas suaves.
- Sois muy observador señor montaraz – dijo ella – la verdad es que he usado dos lenguajes para dirigirme a ese hombre. Mirad, entre los orcos existían una multitud de lenguajes diferentes. Cada grupo tenía el suyo y a menudo no se entendían entre ellos. Por eso usaban la lengua común para comunicarse. Pero también había un lenguaje que todos conocían, aunque muy pocos se atrevían a usar. La lengua negra del gran amo oscuro Sa…
- Sauron – ayude yo a decir
- ¿Y vos conocéis esta lengua? – preguntó entonces el montaraz
- La mayoría de uruk la conocían, era la que servia para dar las ordenes y por lo tanto los demás la temían
- ¡Aha! Y vos habéis usado ese lenguaje para desconcertar a ese hombre y que yo pudiera atraparle – saltó triunfalmente Dírhael
- ¡Exacto! Y también la he usado para obligarle a contarme cosas sobre su gente – continuó Ghash – veréis, me di cuenta de que esta gente teme a los uruk y por eso supuse que provendrían de la tropa o de los grupos de esclavos.
Y eso me lleva a pediros algo – siguió temerosa – mirad, hace mucho tiempo, alguien que viajaba con un grupo de montaraces, salvó mi vida porque de pronto dudo de si yo era o no un orco. Y eso me permitió descubrir que era un ser humano y cambiar para siempre.
Ghash parecía irse por las ramas, creo que tenia miedo de enojar al humano si le pedía directamente lo que deseaba.
- ¿y quienes eran esas personas? – pregunté
Ghash enrojeció de pronto y con un hilo de voz nos dijo que se trataba de su majestad el rey y de varios de sus montaraces. Luego nos contó que también había un hombre anciano muy poderoso con ellos y unos elfos.
Creo que en ese momento tanto el montaraz como yo teníamos todo el vello del cuerpo erizado, era como si de pronto un pedazo de la historia se hubiese materializado a nuestro lado.
- decid, por favor ¿que es lo que deseáis? - preguntó el montaraz aun impactado
- creo que ya lo se – dije de pronto – ella desearía que vos dieseis a ese hombre y a los suyos la misma oportunidad que ellos le dieron a ella ¿no es cierto Ghash?
La viejita enrojeció de golpe y asintió con la cabeza.
- contad con ello – salto de pronto el montaraz – estas gentes tendrán su oportunidad. Me ocuparé de que así sea.
Ghash no sabia como darle las gracias por ello, parecía que le hubiesen hecho un favor mayúsculo. Estaba tan emocionada que no atinaba a hablar, tomó la mano del montaraz y la besó.
Yo me sentía exultante, ese montaraz adusto y hasta un poco esquivo, había resultado ser una gran persona.
Me levanté y le palmeé la espalda ante los ojos desorbitados de mi maestra, que no entendía tantas familiaridades con el.
- me caéis bien señor montaraz – dije, mientras iniciaba una reverencia – así que ya sabéis, aquí tenéis a este hobbit para lo que deseéis.
Dírhael se levantó a su vez y se inclinó sonriente.
- Será un honor contar con vuestra amistad – dijo – y con la vuestra también mi señora.
Ghash saludó a lo sureño muy emocionada.
Y entonces la luna salió de entre las nubes y todo el paisaje se transformo.
- es la hora de los orcos – dije, repitiendo una de las frases preferidas de mi maestra.
- Si – dijo ella – esta es la hora en que los orcos empezaban el día. Pero para los humanos es la hora de sentarse junto al fuego y de pensar en dormir. Y también para los hobbits – añadió mientras me tiraba suavemente de una oreja.
- ¡De acuerdo! – acepté – pero antes de dormirnos tienes que contarnos alguna de tus historias de cuando eras un orco.
- Si al señor montaraz le parece bien – contestó ella
- Me parece una buena idea – dijo este – estoy deseando oír estas historias.
Volvimos al campamento y nos sentamos junto al fuego. Yo iba a pedir a Ghash que continuase contándonos sobre el rey y los montaraces pero Dírhael se me adelantó.
- me gustaría que me contaseis una cosa – dijo en cuanto se hubo aposentado junto a la hoguera - veréis, es que me intriga como es posible que pudiesen convivir orcos y humanos, allá en las tierras de Mordor.
Ghash sonrió, creo recordar que esa era una de las preguntas que yo también le hice, aunque no de una forma tan directa.
- veréis – explicó – allá en la tierra negra había muchas razas de seres que servían al señor. Había orcos y también humanos, además de Trolls, wargos y otros animales
- y no te olvides de los nazgul – intervine yo
- no, no me olvido de ellos – dijo entonces Ghash – nadie que haya visto de cerca uno de ellos puede olvidarlos jamás.
El montaraz parecía sorprendido ante la revelación de mi maestra. Y mas sorprendido quedó aun cuando se dio cuenta de que para mi eso no era una novedad.
- Dentro de los grupos de orcos había jerarquías, no era lo mismo un soldado uruk que un snaga. Al igual que también había jerarquías entre los humanos que le servían. Algunos de ellos eran esclavos prisioneros, esos eran los considerados mas inferiores. Normalmente eran obreros en los talleres o en las obras y a menudo formaban parte del menú.
Después había los humanos que servían al amo como soldados. Normalmente en grupos organizados, con un líder que había jurado lealtad al amo. Estos habitualmente venían de tierras lejanas. Del sur o del este.
Y por encima de todo estaban los amos. Había algunos de ellos que eran humanos, otros eran orcos.
Los grupos no acostumbraban a mezclarse. Los esclavos humanos trabajaban durante el día y los orcos durante la noche. A los soldados humanos se les encargaba un tipo de tareas y a los orcos otras. Hasta entre los amos había una cierta distancia.
- ¿y no se relacionaban nunca entre ellos? – preguntó interesado el montaraz
- Casi nunca. Veréis, a los sirvientes del señor oscuro se les potenciaba al máximo la competitividad. Se les enseñaba a odiar todo lo que no fuese de su grupo. El amo mantenía todos los grupos cohesionados bajo su mano de hierro. Pero a la vez aquello era un polvorín, donde las riñas, las peleas y hasta las matanzas estaban a la orden del día. Cualquiera podía acabar formando parte de la sopa de la mañana si se descuidaba. La única forma de que las cosas marchasen era a base de miedo y de golpes. A menudo pienso que al gran amo le encantaba tener a toda su gente peleando entre si. De alguna forma sentía que el odio que se generaba aumentaba su poder sobre ellos.
- ¿Y entonces, no había misiones conjuntas entre orcos y humanos? – pregunté
- Muy pocas – contestó Ghash – en general las relaciones entre los dos grupos tenían casi siempre que ver con los látigos o con las espadas. los orcos podían estar a veces encargados de algunos grupos de snaga humanos o bien podían sofocar alguna pelea entre soldados. Pero lo más habitual es que se ignorasen. Hasta en las batallas orcos y humanos luchaban cada uno por su parte, sin mezclarse.
Solo en unos casos especiales un uruk podía formar parte de una patrulla, la mayoría de veces en patrullas de reconocimiento y misiones de espionaje.
- entonces tu si trabajaste con humanos – volví a interrumpir
- si, lo hice – respondió ella concisa
- Es que era una especie de espía – explique yo al montaraz, que no salía de su asombro.
Ghash me miró un momento con los ojos llameantes, aunque pronto se tranquilizó.
- Durante un tiempo – explicó – estuve en un grupo encargado de… digamos operaciones especiales.
- Y tenias misiones con humanos – añadí
- Si claro, el grupo era mixto, había gentes de todas las razas y de todas las tribus en el. El amo no hacia diferencias entre nosotros. Las gentes eran usadas según sus necesidades y sus valías. Resultó un poco difícil acostumbrarse a tener un compañero de otra raza. Aunque había algunas misiones mucho mas complicadas que otras.
- ¿Como cuales? – pregunte
- Sobretodo las misiones en las que teníamos que combinar un grupo de soldados humanos con uno de los nuestros. Recuerdo que una vez fue exasperante – empezó a contar Ghash
- Cuéntanos como fue por favor – suplique
- Si al señor montaraz le parece bien - dijo ella
Dírhael asintió con la cabeza y la viejita se dispuso a contarnos su aventura.
- Veréis, éramos un grupo mixto de seis exploradores: tres soldados humanos, un rastreador, un uruk enorme y yo. Se trataba de acercarnos lo más posible a un asentamiento humano y allí recabar información. Se había informado de movimientos de tropas de los gondorianos en las proximidades y se pretendía saber si en los próximos días los soldados estarían en la zona. Evidentemente los informes eran ciertos. Los soldados habían pasado por allí. El rastreador nos informo de que se habían dirigido hacia el sur, en dirección al río.
Aquel era un grupo peculiar debido a una rencilla que había tenido nuestro amo con uno de los amos de humanos por quien tenía los mejores espías. El gran amo les llamo a los dos y después de insultarles un buen rato les llamo incompetentes y les ordeno que formaran un grupo conjunto para una misión.
Cada grupo escogería tres de sus hombres, se trataba de pasar desapercibidos entre los humanos, de mezclarse con ellos y ver que nos podían contar. El rastreador junto con el uruk corpulento recogerían pistas sobre el paradero del grupo que había pasado los días anteriores. Se temía que en Gondor se recibiesen refuerzos.
Evidentemente me tocó a mí, junto con dos de los humanos de mezclarnos con las gentes de la aldea. Fingiríamos que éramos soldados rezagados del grupo que había pasado unos días antes.
El tercer humano, un tipo con la piel demasiado oscura para pasar desapercibido, se quedaría con los otros.
Antes de salir nos entregaron unas ropas con que disfrazarnos y mi primera sorpresa fue que las ropas que me dieron eran de mujer.
- ¿De veras? – me reí – el tiempo que debía hacer que no te probabas un modelito con faldas
- no te rías – contestó ella – no veas lo complicado que es andar con ellas cuando no se esta acostumbrado. Además, la forma de andar de los orcos no ayudaba mucho – dijo ella encorvándose y abriendo las piernas para que lo viésemos.
Ghash avanzó un par de pasos con las piernas abiertas y patizambas y el cuerpo inclinado hacia delante. No pude parar de reírme al imaginarla de esa guisa. La verdad es que siempre la había visto vestida de mujer, pero la imaginaba con ropas masculinas cuando era un orco.
Dírhael también se reía, no se si porque le había contagiado mi hilaridad o porque todo aquello le resultaba tan gracioso como a mi.
Ghash volvió a sentarse y prosiguió con su historia.
- Pues bien, en cuanto llegamos a las proximidades del pueblo las cosas empezaron a ir mal. Los soldados se habían ido pero había un grupo de comerciantes con sus escoltas pernoctando en la posada. Cuando entramos nos miraron con mal ojo. La verdad es que no teníamos muy buena pinta. Uno de los soldados era un hombre de las montañas, un renegado que formaba parte de las huestes que servían al mago Saruman, pero que había decidido cambiar de amo y quedarse en la tierra negra, donde esperaba hacer fortuna.
El otro era un tipo con una mirada cruel, se decía que se ofrecía voluntario en los piquetes de castigo y hasta como verdugo. Le encantaba la sangre y el sufrimiento de sus victimas le enardecía. Su piel era muy pálida y su boca al contraste parecía manchada de sangre.
Y el tercero era yo, un orco hembra disfrazado de mujer, con una cofia para ocultar mi rebelde cabello cubierto de brea y con la cara roja de tanto frotar para quitarme el potingue protector de la piel.
Nos sentamos en una mesa y mis compañeros pidieron cerveza, pero como tardaron en servirnos, ya que la posada estaba a rebosar, la tomaron con el mesero mientras reclamaban a gritos su bebida.
En cuanto nos la trajeron vaciaron las jarras de un trago y pidieron más y al rato los dos estaban demasiado alegres para servir para nada en nuestra misión.
O los dos eran un par de nenazas o les pusieron algo en la bebida porque a la tercera cerveza estaban tan borrachos que ya no sabían que era lo que hacían.
El hombre de las montañas se dio cuenta de que todo iba mal y se llevó a su amigo al patio a refrescarse en el agua del pozo.
Yo pensaba que por suerte nadie les había hecho mucho caso cuando me encontré con uno de los carreteros sentado al lado, medio beodo. El tipo intentaba conseguir que yo le cediese mis favores a cambio de unas monedas. No se que debió ver en mi, supongo que le gustaban las mujeres hombrunas. Accedí, pensando que tal vez podría conseguir la información que buscábamos de ese hombre y le pedí que trajese algo de beber. Mientras yo iría a ver que tal les iba a mis amigos.
Salí al patio buscando a los dos soldados y me encontré con un espectáculo deplorable. Uno de ellos estaba chorreando, sentado en el suelo, con una herida en la frente. El otro sostenía en sus manos un cubo con el que supongo había intentado reanimarle.
Les gruñí que eran unos ineptos y que por su culpa la misión se iría al garete y esto pareció que les hacia reaccionar. En unos minutos les puse al corriente de cómo estaba la situación, era evidente que tenia que tomar el mando y tuve miedo de su reacción si lo hacia.
Propuse que uno de ellos, continuase su comedia de borracho y se juntase con un grupito que parecía estar en unas condiciones parecidas que había en una de las mesas.
- ¿y te hicieron caso? – pregunte – ¿creo que a ellos no debió gustarles que les dieses ordenes no?
- No les gustó nada, así que tuve que amenazarles. Les dije que dado que la misión casi se había ido a pique gracias a ellos. Solo cabían dos posibilidades. O íbamos cada uno por su lado, a ver quien conseguía reunir la información o ellos dos hacían lo que yo les ordenaba.
- Y ellos ¿que escogieron?– preguntó interesado el montaraz.
- Dudaron un poco, así que tuve que presionarles un poquito – contestó Ghash – les dije que si yo veía que me ponían en peligro no dudaría en decirles a todos que eran unos soldados renegados al servicio del mal y que yo era una pobre aldeana y que me habían obligado a acompañarles.
- Y al final acabaron aceptando tu liderazgo – dije yo
- Bueno, no del todo. pero si que estuvieron de acuerdo con mi plan. Así que volvimos los tres al interior y yo me senté con el carretero. Mientras el hombre de las montañas se juntaba con un grupo al fondo de la sala y el de la mirada torva se unía a otro grupo que jugaba a los dados.
- Yo casi había conseguido mi objetivo. El tipo había cantado, entre trago y trago y algún que otro pescozón, me explicó que se esperaba un buen grupo de soldados para los próximos días y que por eso ellos iban al campamento a proveerles. El hombre de las montañas se había levantado y se acercaba a nosotros como si quisiese marcharse cuando de pronto se armo un gran alboroto.
El tercero del grupo había estado limpiando a los parroquianos a base de hacer trampas y al final estos se habían enfadado.
- ¿Y que ocurrió entonces? – pregunté
- Pues que se armo una refriega de esas de narices. Las armas empezaron a salir de entre las ropas y creo que los tres creímos que de esa no salíamos vivos.
En medio de la batahola sentí que alguien tiraba de mí y me sacaba de la posada, el carretero que esperaba gozar de mis favores me había sacado del atolladero. Este me dejo en el portal y se fue a buscar algo a las caballerizas.
Pero lo peor era lo que ocurría en el interior, si alguien descubría que nosotros no éramos lo que parecíamos la misión se iría al garete. De pronto el hombre de las montañas apareció fuera resoplando pero ileso, solo faltaba que el otro humano pudiese salir también. Entonces los tres saldríamos pies para que os quiero de ese lugar.
El tercero de nuestra cuadrilla no salió como esperábamos. Tres tipos le llevaron afuera a rastras después de vapulearle de lo lindo y de quitarle todo el dinero que había conseguido haciendo trampas.
El posadero nos grito que nos largáramos y nos dijo que no le extrañaría nada que fuésemos desertores. Evidentemente no contestamos, aunque mis esfuerzos me costó, nos limitamos a irnos para reunirnos con los restantes miembros del grupo.
- Así en el fondo, la misión fue un éxito – dije yo
- Digamos que si, obtuvimos bastante información. Pero, la verdad, ¡a que precio! Los otros dos estaban hechos una porquería, llenos de cortes y magulladuras y yo había tenido que dejar que ese humano me manosease.
- ¿Y entonces? – pregunto interesado el montaraz – supongo que después de una experiencia como aquella el grupo se cohesiono ¿no?
- ¡Uy no lo creáis! – se apresuró a contestar ella – pasamos el camino de vuelta discutiendo sobre quien había sido el culpable del casi fracaso. Algunas de las discusiones llegaron a las manos y creo que todos llegamos ante nuestros amos con algunos cardenales de propina.
- ¿Y al amo le pareció bien la información que le trajisteis? ¿Que dijo cuando se lo contasteis? – pregunté
- Me parece que el amo debió pegarles una buena bronca por hacer peligrar la misión de aquella forma – respondió el montaraz para si – aunque no se si me equivoco.
- No os equivocáis – respondió entonces Ghash – nos tocó vigilancia de snaga durante una luna y en el grupo que vaciaba las letrinas.
- ¡Que asco! – exclamé
- ¡Y que lo digas! Creí que no podría librarme nunca de ese olor. Aunque los humanos lo llevaban aun peor – contestó Ghash
- ¡Cielos, que aventura! – exclamé – creo que podría pasarme toda la noche escuchando tus historias.
- Pues yo no. Tengo que… – contestó ella y levantándose y pidiendo que la dispensásemos se alejó hacia la oscuridad.
 
aerien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 24-12-2005 Hora: 16:11
Desde que Ghâsh es interrogada por el montaraz sobre su pasado, todo cambia. Los flashback siguen siendo lo mejor, pero está bien que no abuses de ellos, y que cada vez que se produce alguno esté el camino tan allanado por lo que les va pasando en "el presente" (que a su vez es ya pasado @_@). Así que bien, la estructura me sigue pareciendo efectiva, y aunque controles mucho más el relato desde unas perspectivas, no dejas de usar las otras, aunque sea para dejarnos en vilo un rato.
Como nota negativa, hay más faltas que de costumbre...

Fecha: 19-12-2005 Hora: 14:52
Por fin más historias de Gash como orco!! me ha encantado!!a ver si esta vez no nos haces esperar tanto para el siguente capítulo!!