Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 23
CAPITULO XXI
Por aerien
 
Me quedé echado en mi lugar pensando que tal vez Ghash había sido un poco brusca al cortar sus explicaciones de ese modo. La verdad es que su forma apresurada de salir me pareció un poco extraña. Ella nunca se comporta así, como diría mi madre ella es toda una dama.
La hoguera crepitó cuando uno de los troncos se partió. Me incorporé para arreglar el fuego, pero unas manos mucho mas rápidas y hábiles que las mías se me anticiparon.
Miré al montaraz que fumaba sentado en un rincón, envuelto en su capa. Sus ojos brillaban con el reflejo de las llamas y cada vez que la cazoleta se encendía, podía ver su nariz y su bigote salir de la oscuridad.
De pronto me encontré pensando en el rey Elessar, o mejor dicho en Trancos el montaraz y comprendí porque ella había salido disparada de esa forma.
- no creo que tarde en volver – pensé justo un instante antes de quedarme amodorrado.
Desperté de golpe un rato después, creo que no fue mucho tiempo el que estuve dormido porque todo seguía igual, Ghash no había vuelto y el montaraz seguía fumando su pipa.
- Uy creo que yo también voy a salir un momentito – me excusé – ya sabéis, la cerveza…
El montaraz me indicó que no me alejara mucho, pero no dijo nada de mi maestra. Esto me extrañó, empezaba a estar preocupado por su tardanza en regresar.
Salí al exterior y me dirigía a la parte de atrás de la cuadra cuando la vi. Estaba en el mismo muro donde la había visto el día anterior, pero esta vez tenia las piernas encogidas y se abrazaba las rodillas.
- ¿que haces aquí solita? – pregunte sentándome a su lado – vas a coger frío aquí sentada sobre la piedra
- ¿y tú? – me respondió – ¿que haces saliendo sin abrigarte nada?
- Es que iba a … - conteste
- Si como yo – dijo ella
- Exacto, como tu – le respondí
Nos quedamos sentados en silencio mirando la luna que iba haciéndose vieja. Ghash extendió su manto y me cubrió la espalda, mientras mi mano se perdía en la suya.
- ¿por que no vamos adentro? – sugerí – allí hay un buen fuego y las mantas. Seguro que estas cansada y querrás dormir.
- Veras, es que… - titubeó Ghash – hace un rato, ahí dentro, me sentí mal ¿entiendes?
- Si, te sentiste mal por tener que explicar que fuiste un orco a ese hombre – murmuré – lo siento, creo que fue mi culpa que esté tan interesado en todas estas cosas. Ayer me fui de la lengua y le conté…
- Sabes que no me importa que las otras personas sepan lo que fui – dijo ella – pero ¡es que se parece tanto a el!
- ¿A quien se parece Ghash? – pregunté – ¿a alguien que conociste cuando eras soldado?
- Se parece al rey- murmuró Ghash con un escalofrío – a su majestad el rey. Hace un momento era igual a como yo le vi la primera vez.
- Trancos – murmuré – hace un momento a mí también me lo recordó. así es como lo describen las canciones.
Y de pronto me di cuenta de lo que ella acababa de decirme.
- Ghash, antes, cuando lo dijiste, no acababa de creérmelo – dije – ¿de verdad tu conociste al verdadero Trancos, quiero decir al rey Elessar?
- la primera vez que le vi – contestó Ghash – estaba sentado frente a una hoguera, con la cara casi cubierta por el capuchón de su capa. Estaba solo, fumando su pipa y pensando. De pronto levantó la cabeza y pude ver sus ojos brillantes mirar a las estrellas. Murmuró algo, no se que fue, no lo entendí, y se levantó para perderse en la oscuridad.
- Y tú, ¿que estabas haciendo entonces? – pregunté – ¿eras un orco al acecho? ¿O uno de sus soldados?
- Ni lo uno ni lo otro – me respondió – yo era un orco prisionero en espera de que sus captores tomasen una decisión al día siguiente. Al igual que unos cuantos centenares de prisioneros mas.
- ¿Fue por eso por lo que te escapaste aquí afuera? ¿Porque el te recuerda algo muy malo que te sucedió? – le dije
- No fue algo muy malo – respondió, creo yo que sonriendo, aunque no lo vi – fue una de las cosas mejores que me ha sucedido en la vida, porque ese día volví a nacer.
- ¿Y entonces? ¿Porque huiste de el? – quise saber
- Porque hablando con ese hombre he vuelto a sentirme como entonces. he vuelto a sentir aquel dolor que me hacia pelear con los compañeros y que a menudo hacia que me hiciese daño a mi misma para no causarlo a los demás. – me explicó – veras, lo mas difícil de dejar de ser un orco no fue aprender a comportarme como un humano. Lo más difícil fue descubrir la barbarie y la brutalidad en la que había vivido y asumir que yo no podía borrar todo aquello, que había de aceptarlo como parte de mí. Aprender de todo aquello e intentar mejorar.
- Y lo conseguiste, te convertiste en una persona fantástica. – exclamé – por eso yo te quiero tanto – pensé
- Eres un adulador Bob – exclamó ella
- No, soy sincero – dije para mi – pues vas a tener un adulador con los pies congelados si seguimos aquí – le dije en vez de eso – recuerda que los hobbits no llevamos zapatos.
- De acuerdo – dijo ella – vamos adentro
En cuanto entramos vimos que el montaraz dormía sentado, con la cabeza sobre las rodillas.
Ghash se empeñó en arroparme, doblando con cuidado la manta para que yo tuviese los pies calentitos y antes de meterse entre las suyas tomó una manta del montón y se la echó al humano sobre los hombros.
No creo que estuviese durmiendo porque un momento después vi como se la apretaba entorno del cuerpo y se disponía a dormir.
Cerré los ojos y me quedé pensando en Trancos y en la historia del anillo y supongo que debí dormirme porque estaba pensando que Dírhael era también alguien muy especial y que había sido una suerte encontrarnos con el y para cuando terminé la frase un rayo de sol jugueteaba con mi cara.
- buenos días – exclamé – pero no había nadie a mi alrededor.
Me levanté sorprendido y salí al exterior. El sol empezaba a despuntar entre las colinas, los caballos pastaban por el prado cercano, pero no había ni rastro de mis dos acompañantes.
Fui hasta el carro para ver si estaban allí y comprobé que Ghash había dejado el desayuno a punto, aunque allí había tres raciones, por lo que supuse que ellos aun no habían comido.
Me acerque a la fuente y me lavé. Mientras me frotaba tras las orejas pensé en mi madre y en su insistencia en que me lave bien todas las mañanas y sentí una punzadita de nostalgia.
- solo esta a un par de días de camino de aquí – me dije, mientras salía hacia el prado.
Los caballos me recibieron juguetones. Ceporro como siempre mendigó su manzana, así que le di una y también al caballo del montaraz que yo había bautizado como Azabache, aunque no se que nombre debía darle el.
Al rato vi a Ghash y al montaraz acercarse. Parecía que habían estado conversando sobre ellos, porque en sus miradas había un deje de complicidad.
- buenos días dormilón – me saludó Ghash
- buenos días - saludé – ¿como es que me habéis dejado dormir y os habéis ido de paseo?
- El señor Dírhael dijo que estarías agotado después del día de ayer. Además dijo que en la guarnición tampoco pudiste dormir muchas horas – me explicó Ghash
- Y no querrás dormirte en el pescante ¿verdad? – preguntó entonces el montaraz – ya sabes que hoy salís para la capital
- ¡Que va! Yo no me duermo nunca en el pescante – protesté
- Solo a los pocos momentos de salir – bromeo Ghash
- Eso no es verdad – protesté, pero nadie me escuchó, se estaban riendo a carcajadas los dos.
- Me voy a desayunar – dije haciéndome el ofendido.
- Eh! ¡No te lo vayas a comer todo que nosotros también tenemos hambre! – me dijo el montaraz
- Entonces espabilad y venid a comer – les dije
Nos sentamos a comer junto al muro. Vi que esta vez mi maestra también servia al invitado, aunque su actitud era algo diferente. Y pude comprobar que así fue porque en cuanto terminamos puso el balde con los cacharros frente a mí y me dijo.
- te toca
- vale, me toca – rezongué – pero déjame que me termine el pastelito.
Mi maestra había hecho una especie de pasteles en la sartén que estaban riquísimos, todos recubiertos con miel. Creo que a Dírhael también le gustaron porque como yo repitió.
- si queréis os ayudo con la vajilla – sugirió
- no, por favor, eso es algo que me toca a mi – proteste – mi maestra lo dice.
- Entonces yo me ocuparé de los caballos – replicó
- Os estaremos muy agradecidos – respondí, haciendo gala de mi, no muy a menudo, buena educación.
Mientras fregaba los platos y cacharros del desayuno y la cena del día anterior vi como el montaraz cepillaba a su caballo y luego se ponía con el mío. La verdad es que tarde bastante en lavar todos los cacharros, porque con agua fría no se limpiaban así que tuve que poner un cazo con agua a calentar.
Cuando terminé vi que el montaraz casi había acabado de cepillar a nuestro caballo.
- es un hermoso ejemplar – me dijo – aunque no es un caballo de tiro, esta raza se usaba para la guerra – me explicó.
- ¿De verdad? – pregunte ilusionado – ¿Ceporro es de raza entonces? ¡Que sorpresa se va a llevar mi tío cuando lo sepa! el lo compro muy barato porque el vendedor decía que no había forma de hacerle obedecer. ¡Y la verdad es que es bien difícil!
El montaraz se rió y me contó que estos caballos no soportan estar atados con otro de su especie. En cambio en solitario son muy dóciles. Aunque solo se entregan a las personas que les caen bien.
- es difícil hacerse obedecer de ellos – murmuré – sobretodo si uno es tan pequeño
- no te preocupes – me dijo – creo que tu y tu caballo os entendéis a la perfección.
- Eso es por las manzanas – explique – le doy una todos los días. Esta mañana también le di a Azabache ¡ay perdón! Quise decir a vuestro caballo.
- Azabache, es un bonito nombre – me dijo – en realidad se llama daegond que significa roca oscura en el idioma de los elfos. ¿Como es que se te ocurrió ponerle este nombre?
- ¿Sabéis lo que es el azabache? Es una piedra de color negro muy hermosa – dije – las mujeres del sur la usan en sus collares y en sus pulseras. Los hombres del desierto la llaman así, aunque no se como se llamara en otros lugares. A mi me lo explicó un comerciante haradrim. Se me ocurrió cuando le vi los ojos, parecen dos piedras de esas.
- Azabache – murmuró – me gusta
- ¿Como se os ocurrió ponerle ese nombre señor? – pregunté
- No se lo puse yo – me respondió – veras el caballo es un botín de guerra. Fue en mi primera campaña como soldado, yo llevaba un caballo prestado, bastante viejo por cierto, y aquella noche, en plena escaramuza se le ocurrió salir corriendo enloquecido arrastrándome a mi con el. La verdad es que mi participación en la lucha no fue muy lucida que digamos, pero sirvió para descubrir donde guardaban los sureños los caballos. Me topé con uno de ellos, echado de costado, inmóvil como una roca. Creí que estaba muerto, pero se levantó, así que lo monté y me volví hacia el campamento.
- ¿Y ese caballo es azabache o dae…?
- Si, llevaba una silla con ese nombre gravado en caracteres élficos. El capitán los leyó para mí – explicó Dírhael – así que le puse ese nombre y desde hace unos años es mi compañero. Se podría decir que el me encontró a mi en vez de yo a el.
- Es un bonito nombre para un noble animal – dijo Ghash apareciendo de pronto tras de mi.
- Si lo es – respondió el montaraz – aunque el nombre que le puso nuestro amigo hobbit es también muy hermoso.
- Y por una extraña razón los dos nombres tienen algo que ver con una piedra negra – dije pensativo
- Esto es porque el verdadero nombre del caballo debe tener alguna relación con ello – dijo Ghash enigmática.
- Uy señor montaraz – dije bromeando – será mejor que sigáis sus consejos, mi maestra es un poco bruja, o eso dicen las gentes de su pueblo.
Ella me pegó un codazo mientras aseguraba que no era nada de eso, que tan solo conocía las plantas y sus utilidades.
Salí corriendo hacia el carro con el balde lleno de vajilla tintineante y me entretuve en acomodarla en su lugar.
Mientras Ghash aparejó el caballo, ayudada por el montaraz. En poco tiempo tuvimos todas las cosas cargadas y en aquel momento me di cuenta de que era hora de partir.
- voy a dar una ultima ojeada mientras vosotros sacáis el carro al camino – anuncié
La vieja casa parecía aun más destartalada a la luz del día. Me pasee por las habitaciones semiderruidas y recogí un par de cosas que guardé en el bolsillo, con las esperanza de sacarlas triunfalmente en cuanto ella las echase en falta.
Por último bebí agua del manantial y corrí a reunirme con mi maestra y el montaraz junto al camino.
Para mi sorpresa en el cruce nos esperaban un par de soldados que saludaron militarmente y le entregaron un paquete a Dírhael.
- ¡gracias por traerlo! – dijo este – pueden continuar su ronda señores
Los soldados volvieron a saludar y se fueron camino arriba.
Entonces el montaraz entregó el paquete a Ghash con una reverencia.
- esto es de parte de los soldados de la guarnición – dijo – contiene un mapa y varias cosas que os pueden ser útiles
- ¡ostras! ¡Es verdad! – me dije – tu habías ido a la guarnición a buscar un mapa, pero volviste sin el
- Dad las gracias a todos vuestros compañeros de nuestra parte, señor – dijo Ghash, desplegando lentamente el mapa, que estaba enrollado en un tubo de metal.
No pude menos que echar un silbido ante la gran cantidad de detalles que llevaba y el hermoso colorido con que había sido dibujado.
- que mapa más precioso – exclamé – si hasta trae todos los caseríos y aldeas y los caminos, las fuentes y los riachuelos y ríos que hay en toda la zona.
- Nos será muy útil señor – agradeció Ghash – prometo que lo cuidaremos. Y tal como quedamos lo entregaremos en la primera guarnición que encontremos al llegar a la carretera.
- Esto no será necesario – respondió Dírhael – el mapa es un obsequio del maestro cartógrafo para su joven copero
Abrí los ojos sorprendido, yo no había conocido a nadie en la guarnición que fuese el cartógrafo.
- claro que si, ¿no recuerdas a mi amigo Altheras? ese hombre corpulento con un parche en un ojo y que cojea de un pie – me explicó
- ah yo pensaba que era el cocinero – respondí
- pues no, solo cocina en ocasiones especiales – dijo el montaraz – normalmente se dedica a pintar y dibujar los mapas que nosotros usamos. Veras, hace muchos años fue mi compañero y era tan desastre que cada vez que salía de patrulla se perdía, así que decidió pintarse un mapa donde señalar las rutas utilizando el que viste en la pared. La idea resultó ser tan buena que todas las guarniciones la adoptaron, y aunque resultó herido y no puede luchar como los demás, sigue siendo útil a sus compañeros.
Por lo visto le había caído muy bien al humano ese, porque el mapa que me había regalado estaba muy completo, hasta tenia pintados muchos detalles del interior de la comarca.
Dírhael me explicó que ese mapa no era todo de su mano, que un hobbit que conoció le había ayudado a plasmar en el la comarca. Evidentemente ese no era el mapa original, sino una copia, pero a pesar de todo era un regalo magnífico.
Ghash estaba tan sorprendida como yo por el regalo, de pronto sacó de entre los paquetes unos tarros y unas bolsas.
- tomad señor – dijo – esto es para vos.
El montaraz se inclinó ante ella agradeciendo el regalo.
- esto es un ungüento que sirve para curar las heridas. Sobretodo las de las armas. Es una receta orca – dijo sonriendo
Este otro es para los golpes, y también para las viejas heridas a las que les da por doler de vez en cuando, creo que a vuestro amigo el cartógrafo le será bastante útil. Hace un momento dijisteis que cojeaba.
Y aquí tenéis una selección de hierbas que supongo debéis conocer. Bob se entretuvo en ponerles etiquetas y en indicar para que sirven y como deben tomarse.
- Ya se que nuestro regalo no es tan esplendido como el vuestro pero si alguna vez vais a Bree, acercaos al Poney Pisador o bien a Entibo y preguntad por los Sotomonte y probareis la mejor cerveza que mi tío pueda fabricar – añadí
Cuando Ghash fue a cerrar la bolsa con el cordel este se rompió pero ésta ni se inmutó. Se sacó un anillo de oro de uno de sus dedos y lo uso como cierre. Dírhael no debió darse cuenta del cambio porque no dijo nada.
- menuda sorpresa se va a llevar cuando intente abrir la bolsa – pensé – espero que lo conserve, este hombre se lleva un trocito del corazón de Ghash atado a su bolsa.
- bien creo que ya es hora de partir – dijo entonces el montaraz – Que el camino os sea grato y encontréis lo que habéis ido a buscar. Y no olvides tu promesa – dijo dirigiéndose a mi
- que las estrellas iluminen el vuestro – respondí, mientras Ghash murmuraba algo en la lengua de los hombres del desierto y extendía los brazos.
Sentí un nudo en la garganta cuando el humano picó espuelas y se perdió camino allá en dirección al puente.
Pero creo que no fui el único que estaba emocionado. Oí sorber a mi viejita como si se hubiese resfriado de golpe, mientras el caballo nos llevaba hacia las colinas.
Cuando pasamos por el segundo cruce, el del camino del río, Ghash miró hacia el lugar donde el día anterior estuvo atado el prisionero y apretó mi mano.
- no te preocupes – le dije – el señor Dírhael cumplirá su promesa, ese hombre tendrá su oportunidad
- ya lo se – me respondió – pero no puedo dejar de pensar que esa gente podría haber sido mi gente.
- Pero no lo era – respondí – aunque estoy seguro que en la capital encontraremos todas las respuestas. Allí hay muchísimas personas, alguno habrá que conozca de donde salió esa bolsa de piel.
- Eso espero – murmuró ella, y se quedó pensativa mientras miraba hacia el horizonte.
El camino de las colinas, como lo bauticé yo al cabo de un rato, se elevaba lentamente, resiguiendo una hilera de altozanos y de colinas cruzados por torrentes y barrancos. La mayor parte de el estaba cubierto de bosque y había muchas encrucijadas donde uno podía perderse fácilmente.
El mapa nos resultó realmente útil, sobretodo porque alguien había dibujado en el nuestra ruta con un lápiz rojo.
- no se porque habrá tantos caminos – murmuró de pronto Ghash – si la mayoría no conducen a ningún lugar.
- Se hicieron para extraer madera – expliqué – allá en la guarnición hay un mapa como este enorme pintado en una pared. Uno de los soldados me explicó que esta maraña de caminos se hizo hace mucho tiempo para poder llevar los troncos hasta el camino principal. Algunos de estos senderos son tan antiguos que son de la época en la que se construyó la guarnición. También me dijo que algunos de los árboles de esta zona eran enormes y que sus maderas se usaron para hacer las vigas de los palacios de la capital.
- Entonces debieron ser unos árboles muy viejos – asintió Ghash – aunque los que quedaron aquí tampoco desmerecen
Asentí con la cabeza mientras miraba la hilera de troncos de color oscuro que nos rodeaba, sobretodo eran hayas y robles, aunque también vi algún fresno y en un pequeño claro un par de abetos elevándose por encima de los demás.
Ghash me sacó de mis ensoñaciones pasándome el paquete que nos había entregado el montaraz.
- aun no has pedido que miremos que es lo que contiene – anuncio – me extraña viniendo de un aprendiz tan curioso como el mío
- me estaba preguntando cuando lo sugerirías –dije – como ves, mí querida maestra, creo que tus lecciones empiezan a tener algún efecto en mí, me estoy volviendo comedido.
Ghash soltó la carcajada. Era evidente que no pensaba que yo pudiese nunca comportarme como un hobbit comedido. Estaba segura que de pronto, aunque no quisiera, mi enorme bocaza volvería a meterme en líos.
- va, no te rías – repliqué – y pásame esta bolsa que ardo en deseos de saber que es lo que contiene
- ¿y donde se fue ese hobbit comedido? – me respondió tendiéndome el paquete.
No respondí, aunque le eché una miradita culpable y me dispuse a abrir el envoltorio. Se trataba de una bolsa de tela de la que fui sacando lentamente su contenido.
En primer lugar había un paquete con una especie de tortas secas que olían muy bien. Ghash las miró y sonrió.
- es alguna especie de pan del camino - dije – nos ira perfecto porque el pan de casa ya esta acabándose.
- Si, eso creo – dijo ella – Cram, creo que así se llama.
Yo pensé que nunca había probado nada parecido así que rompí un pedacito y me lo llevé a la boca.
- ¿que mas hay en la bolsa? – preguntó entonces Ghash – parecía demasiado pesada solo para contener esto.
- Pues hay esto – respondí – sacando de ella un objeto largo como de unos dos palmos y bastante pesado, envuelto en una tela gruesa.
Me entretuve en desenvolverlo mientras mi maestra, atenta a los baches del camino, iba mirándome de reojo a cada rato.
Cuando terminé de desenrollar la tela vi que contenía un puñal, un pequeño cuchillo de unos dos palmos (de hobbit claro) adornado con la estrella de los montaraces y el emblema de los soldados. La hoja estaba ligeramente curvada y brilló bajo los rayos del sol cuando la levanté.
- creo que esto es para ti – dijo entonces Ghash – como sustituto para el cuchillo del queso
- no, no lo creo, es demasiado bonito – protesté – seguro que es para ti
Ghash cortó de pronto mis protestas pidiéndome que sacase mas cosas de la bolsa, cosa que hice en el acto.
Había muchas otras cosas en ella: una especie de silbato que no emitía ningún ruido, pero que Ghash me explicó que era para llamar a los perros. Un pichel de hojalata con el emblema de la guarnición. Un puñado de baratijas entre las que había un espejito, una figurita tallada, una botellita con un tapón de corteza…
Y por ultimo una cajita de madera que contenía una estrellita de plata, igual a la que el montaraz llevaba en su capa pero bastante más pequeña.
A Ghash se le humedecieron los ojos en cuanto la vio y me pasó bruscamente las riendas para secárselos con la manga.
- ¿no traía nada más? – preguntó – ¿una nota o algo así?
- Pues no - dije dándole la vuelta y sacudiéndola
En aquel momento salió de la bolsa un papel. Éste revoloteó un momento y se alejo camino abajo impulsado por la brisa.
Salté del carro a medio parar y me puse a perseguirlo a toda prisa. Me costó atraparlo, el pedazo de papel parecía tener vida propia y se escapaba de mis dedos en cuanto lo tenía al alcance.
Al final me hice con el y volví triunfante al carro.
Ghash había retirado la carreta del camino y se había bajado del pescante. Me estaba esperando sentada en una piedra y no paraba de reírse.
- ahora tendrás que leerlo tu – le dije entre resoplidos – yo no voy a poder respirar en un buen rato.
- De acuerdo – aceptó – ven siéntate aquí, a mi lado
Me senté y mi maestra empezó a leer la nota.
- Queridos Ghash y Bob.
Estos son algunos presentes que las gentes de la guarnición han querido que tengáis. Es una forma de daros las gracias por la ayuda que nos prestasteis en la captura de ese prisionero evadido.
Todos han querido poner su granito de arena para la bolsa. El cocinero os ha preparado Cram que es una especie de torta que proviene de las tierras del este, de la ciudad de Esgaroth.
Los soldados han reunido una serie de objetos, mahtoms creo que les llamaste Bob, para que te acuerdes de tu estancia en la guarnición.
Aunque creo que algunos serán de utilidad para Ghash, como el aparato que sirve para abrir y cerrar los tarros.
Y por ultimo, y de acuerdo con el capitán he de informaros que los dos habéis sido nombrados guardianes honoríficos de la frontera y por lo tanto junto con lo demás os hacemos llegar, para la señora Ghash el emblema de la estrella de los montaraces del norte y para el señor Bob un cuchillo con los emblemas de la guarnición.
Espero que nuestros regalos os gusten y os sirvan para recordar tan singular encuentro
Que las estrellas guíen vuestros pasos
Dírhael
Ghash se apresuró a prender la estrella en su manto con los ojos humedecidos por las lágrimas.
La verdad es que yo también sentía un nudo en la garganta, mientras me ataba el cuchillo a la cintura con una correa que llevaba a tal efecto.
Me sentí de pronto extraño, en unos días había pasado de ser Bob el pies peludos, tabernero de oficio, a ser Bob el aprendiz y ahora era Bob, guardián honorífico de los montaraces, me pregunté de pronto que seria lo siguiente y como un rayo el recuerdo de mi padre cruzó por mi mente, pensé que el se hubiese sentido muy orgulloso de mi si hubiese podido verme y un par de lagrimones enormes me resbalaron por la cara.
- fue una hermosa aventura – dijo ella mientras me acariciaba la cabeza con su mano – Como dijo el señor Dírhael, su amistad será algo para guardar en nuestros corazones para siempre.
- Sabes? Me hizo prometer que seriamos corteses con todos los viajeros que encontrásemos en el camino- expliqué – se ve que esta era una norma común en otros tiempos.
- Y eso haremos – murmuró Ghash – en pago de todo lo que el nos dio.
Asentí con la cabeza mientras mi mano buscaba la empuñadura del cuchillo y mis dedos se perdían en la estrella gravada en el.
- Que la verdad es mucho mas de lo que nunca había imaginado – pensé.
 
aerien
 
 
 

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