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El Viaje de los Surranes
Capítulo 3
El reino de Pirau
Por dargos
 
En pocos días llegaron al reino de su surran amigo, el reino de Pirau, el río de amplio caudal con sus incontables y bellísimos saltos daba la imagen de un reino de fantasía, unicornios galopaban en lo amplio del terreno, kelpies amamantaban a sus crías, el agua al caer hacia un ruido encantador, golpeaba los cantos rodados y formaba música, desde arriba se podían ver los hermosos peces multicolores en la transparente agua, Pirau los invitó a sentarse en un tronco semi podrido que había sobre el esmeralda césped y les contó un bella historia que decía así:
Era se una vez, en el hermoso reino Belopriso, el lugar en donde se encuentran, vivía un genio, era un apuesto pintor que quería dibujar una roca musgosa, que según el, le hablaba, la gente de los alrededores lo abucheaban y le decían loco, no dejaban que los niños se le acercaran, pero el pintor sabia que ellos eran los únicos que lo entendían.
Paso muchos años intentando bosquejar a la roca, yo me escapaba de mis padres y lo venia a visitar a este mismo lugar todas las tardes y hablábamos horas enteras, acerca de rocas, aves y cosas insignificantes para los otros, el me decía, que era como yo de chico y eso me llenaba de orgullo, un día llegue algo tarde y lo vi rodeado de bolas de papel alrededor, varias puntas de lápices, canutos y bocetos esparcidos por el suelo, en torno a el, le pregunté a que se debía y no me respondió, luego de la octava vez me dijo:
La roca no es la misma que era hace dos segundos, a cambiado, el universo a cambiado, una sombra mas que hace un instante, un bichito que se posa, un musgo que florece, la roca no es la misma de ayer.

Luego de unos días fui donde el y lo vi sollozando tristemente, me le acerque y lo entendí todo, el musgo de la roca se había secado y caía lentamente hacia el suelo, luego me contó que hacia días que el musgo se había ido secando, volviéndose amarillento, ahora su roca había muerto, el la tomo y la limpio, lagrimas cayeron sobre su amiga, la guardo en un bolsillo y camino por años por las márgenes del rio, un día, la roca callo al suelo, resbalo y se zambullo en el agua, fue como un renacer, la corriente la llevo rápidamente a un salto, al caer hizo un agradable sonido, una hermosa melodía, el tiempo se detenía para el pintor, su roca había vuelto a vivir, brincaba dando lo que se asemejaba a risas, y el pintor sonreía también, no le importaba lo que los demás pensaran de el, el estaba con su roca...

Una pequeña lagrima, ocultada rápidamente recorrió la mejilla de Shiva, quien exclamo:
-Que hermosa historia nos haz contado!!!
-De veras, pero, cual era el nombre del pintor???, que fue de el???, dijo Ulior.
-No puedo contestar ningunas de tus preguntas, le pregunte de su vida reiteradas veces pero el cambiaba enseguida de tema y me formulaba una pregunta para mi y me veía obligado a responder y de su futuro nada se supo, algunos lo vieron en el Rasffum, otros dicen que partió en una barca hacia el mar, era conocido como el “loco de la roca”

El silencio se explayó por la llanura, el atardecer comenzaba, la flores de colores variadísimos se cerraban remisamente, flores rojas, amarillas, rosadas, naranjas, verdes, y varios tonos y muchísimas combinaciones, se caían quedamente, otras de colores blancos, se abrían paulatinamente y su exquisito aroma se expandió lentamente por el llano, un intenso sueño hizo sucumbir poco a poco a los surranes, quienes se acurrucaron lánguidamente en el suelo esmeralda estampado en bellísimas flores, como tantos otros hermosos animales terrestres, algunos aéreos bajaron a sus nidos mientras que otros comenzaron la vida y unos tantos marinos se introdujeron en sus cuevas submarinas, otros se mantuvieron alertas, los saltos de agua cambiaron sus rítmicas músicas por lentas melodías de noche, Belopriso durmió.

***

Unos enormes seres alados taparon por un instante la luna, un trueno ilumino la cara de los jinetes, jirones de brunos nubarrones se asomaron, un aguacero cayo incansable durante toda la noche, una tempestad se desató, y paso a las pocas horas, llevándose consigo la vida de cientos de árboles que habitaban en las márgenes del río, este creció hasta transformar las llanuras costeras en tierras pantanosas, los surranes habían entrado en una cueva bajo un tronco, donde vivía Pirau.
Al otro día, los surranes salieron por la puerta triangular de la cómoda y distinguida casa subterránea, al mirar el cambiado paisaje, lagrimas brotaron de los ojos de Pirau y recorrieron sus mejillas lentamente, todos quedaron estupefactos, Pirau se decidió de algo que ni se le había cruzado por la cabeza, había visto a los dragones en la noche y sabia que ellos habían desatado la tormenta, iría a la guerra...

El surran de estas tierras, ahora en ruinas, movió la mano izquierda y un montón de artículos de guerra, espadas melladas, lanzas herrumbradas, escudos arruinados, yelmos semi destrozados, armaduras casi rotas y otros artículos bélicos aparecieron sobre el suelo, otro movimiento de mano y uno a uno, cada artículo se elevo y fue volando al ras del suelo y se sumergía en el agua, al salir de la misma surgían impecables, con el oro, la plata, el acero y la piedras preciosas resplandecientes.
En pocos minutos un enorme arsenal de armas como para quinientos hombres apareció en la orilla del río, Pirau dio un giro de mano y silbó muy, pero muy fuerte, en ese instante el cielo se lleno de aves de enormes dimensiones, iguales a
Pirau, venían gritando con un alarido atronador, muchas aves de menores dimensiones se unían al ejército, ciervos, conejos, ardillas, tejones, mangostas, alces, arbustos y árboles se acoplaban a la hueste, y corrían con ligereza y elegancia por los prados lodosos y recordando la hermosura que tenia su reino hacia menos de un día sus ojos centellaron, el llamado era claro lucharían contra los malignos seres causantes de tanta maldad.

Al llegar frente Pirau los seres terrestres se transformaron en humanos, eran cientos de tránfiros listos para la guerra, Pirau cambio de forma hacia la de un ave y mando descender a sus compañeros alados, todos los tránfiros terrestres tomaron armas, escudos y armaduras del montón y subieron a las aves, Pirau, que llevaba a un apuesto hombre en la espalda se despidió diciendo:
-A la guerra me han llamado, y a la guerra me voy, ustedes busquen ayuda en sus reinos, no se demoren, el tiempo apremia.
Se coloco al frente de la tropa y volaron hacia el suroeste gritando con voz fuerte y clara:
-Temblad Orusco, temblad!!!!!, el golpeteo de las espadas con los escudos resonó por el ahora inmundo llano, los surranes vieron como hombres montados en inmensas aves se unían para engrosar las filas de Pirau, los suranes pensaron, al ver el acontecimiento, que Orusco si no lo estaba haciendo, debía comenzar a temblar.

















 
dargos
 
 
 

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