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El Viaje de los Surranes
Capítulo 4
El Duelo
Por dargos
 
Pirau no supo decir la cantidad de transfiros que se le unieron en el camino, algunos iban apenas armados con palos y antorchas, otros con cotas de malla y espadas cortas, otros con elegantes armaduras, escudos y lanzas pero el sentimiento era uno solo, el lema igualmente, también era una la empresa y era uno asimismo el cántico que se entonaba con voz de trueno y que resonaba por todos los rincones del mundo, despertando corazones y llamando a la emancipación de los pueblos sometidos por el imperio oligárquico de Orusco.

Siete lunas y seis soles debieron ver los ocho mil transfiros para llegar por fin a los limites del este del imperio de Orusco, allí había una gran ciudadela llamada Londoada Corgol, desde el cielo, los tres transfiros espías vieron que la ciudad estaba sin guardia, todos habían partido a la ofensiva de Mortana la Vella, habían cerrado las puertas y los jinetes pudieron ver a lo lejos a las gentes retorciéndose en el suelo del hambre, la ciudad que antes había sido de los elfos, al igual que Mortana la Vella estaba en penosa ruina.

Los espías avisaron lo visto y Pirau comandó un equipo de mil transfiros y entró en la ciudad, de las torres de vigilancia y los cuarteles salieron al instante cinco mil bakenos armados hasta los dientes y atacaron con flechas al ejercito de Pirau, los hombres saltaron de las aves y mataron a cuantos pudieron, un grupo de mil quinientos transfiros arribaron en la ciudadela, bajaron y mataron a cuantos podían, mientras tanto las aves atrapaban con las garras a los habitantes y los llevaban a fuera, luego de un tiempo habían sacado a todos, les habían prometido comida, bebida y un hogar a cambio de sus servicios militares.
Con un giro de mano, todos a la vez, los transfiros transformaron la harapientas ropas de los hombres en cotas de malla de oro y plata, sus palas, martillos, asadas y palos en escudos, lanzas y espadas y calzaron su desnudos pies, a las mujeres y a las niñas las vistieron de togas de seda blanca, bordadas con hilos de plata con el símbolo la antigua raza de los transfiros: , a los niños los vistieron con sotanas de raso negras con el mismo símbolo bordado con hilos de oro, todos estabas calzados con sandalias.


Debían ser mil hombres, se enfilaron, golpearon las lanzas con los escudos, guardaron las espadas y se dirigieron hacia la puerta de roble, un transfiro gritó, los hombres se detuvieron en seco y voltearon, todos las compañeros de el transfiro, giraron sus manos izquierdas y los hombres lo apreciaron: un enorme ariete, salpicado aquí y allá con oro y plata, las grandes ruedas eran de alerce, la osamenta era de lapacho, la carpa que había encima era de piel de ronsorone, el ser con piel mas dura y resistente de la tierra de occidente y alrededores, tenia el símbolo de los transfiros cada tanto en carmesíes y el tronco del centro era de cedro, con mangos de oro, y figuras de ciervos, conejos, peces, alces, renos y muchos animales del bosque incrustadas en oro, plata y bronce, en la punta tenia un ave de oro de gran y muy detallado pico, en la frente tenia el mismo logo que las togas.
Algunos hombres se subieron al ariete y otros se dedicaron a empujar, un batallón de novecientos hombres se enfilo detrás del mismo, los hombres empujaron con mucha fuerza hasta que por fin llegaron a las puertas, los que estaban dentro del aparato empujaron el tronco central, un gran golpe hizo temblar la puerta y exaltó los corazones, otro, y otro, y otro, y muchos mas golpes se sucedieron, hasta que los grandes goznes volaron por los aires, el pico del ave del ápice se melló, el tronco céntrico se rajo en parte, dos hombres cayeron hacia los lados, las murallas temblaron, la puerta cayo hacia atrás y un ruido sordo, penetrante se esparció como agua por el llano, la noche cayó, un grito de guerra rompió el momentáneo silencio, las ruedas del ariete crujieron, los hombres empujaron, el artefacto entró en la ciudadela, arqueros se adelantaron, guerreros montaron a los transfiros y partieron hacia la ciudad, las espadas fueron desenvainadas, un fulgor azulado deslumbro los oscuros ojos del enemigo, los contraatacantes, corrieron descubriendo amenazantes cimitarras, cuchillos y hachillas de guerra.

El ruido del metal contra el metal, retumbó, en el llano rocoso y escarpado, gritos de guerra se esparcieron lentamente y ecos vacíos respondieron el llamado.
A medida que los transfiros atacaban eran repelidos por mas y mas hombres del mal, chispillas saltaban por todo el lugar, en un momento, cuando los transfiros ganaban, el cielo se oscureció, un torbellino negro apareció y un grito de muerte escapo de los bocas de los guerreros del mal, un ser verde, escamoso, y fétido apareció del centro de la tierra, nadie se dio cuenta al principio, pero un violento rayo rojo ilumino el horrendo rostro del individuo, unos inmensos y planos pies, con garras enormes lo sostenían, una risa se escapo de su rostro y se notaron
sus amarillos, ganchudosy afilados dientes, su musculoso vientre verde se alumbro en parte, puntiagudas orejas adornadas con horrendas caravanas fueron vistas con desprecio por los hombres del bien, chasqueó los dientes y un mísero sirviente, vestido con harapientas ropas le entrego un afiladísima cimitarra, el demonio la tomo con las garras que tenia como manos y dio un aullido que se extendió por el llano, fue respondido por sus compañeros con furor, otro trueno sacudió los corazones, era tal la violencia, el rojo sangre del trueno y la rapidez con la que desapareció que todos los corazones en los que había bondad dieron un vuelco, la fiereza desapareció en seguida y toda esperanza se esfumó como un buen sueño.
La lucha duro mas de cuatro horas, la sangre derramada fluía a través de la ciudadela como un arroyuelo de numerosos afluentes, los cuerpos se apilaban formando una alta montaña de pestilencia, las moscas formaban densas paredes, y el olor era inaguantable otro trueno hizo callar a los defensores y temblar a los atacantes.
Sangre, sangre y mas sangre corría por el suelo formando un lodo pegajoso, de repente, la lluvia comenzó a caer, como balas, golpeaba los cuerpos mullidos de los guerreros y cuando el animo volvía a surgir otro trueno bermejo hacia temblar los cielos, la lluvia mezclada con la sangre y la tierra, formaron una espesa capa de lodo que impedía el caminar seguro y el avance o retroceso rápido, los corazones latían con dificultad y los que caían eran ahogados por el denso barro, o bien masacrados por los rivales, los caballos caían atascados por el fango, y morían en manos de guerreros.
Los niños se aglomeraban en las puertas y veían expectantes la batalla, de repente un hombre fue empujado por la bestia y tirado varios metros atrás, su hijo, un pequeño niño de ocho años tomó la espada de su padre, corrió, y de un golpe certero desplomo a la bestia, que se transformo en polvo y desapareció, al igual que las nubes y los guerreros enemigos, allí Pirau se dio cuenta: estaba frente al señalado...




















 
dargos
 
 
 

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