Ir a Posada de Mantecona
 


Camino a Seguir
Por Eclaffang
 
La noche caía ya sobre el pueblo, o lo que quedara de él. El silencio era un terrible compañero de la soledad. La tranquilidad no auguraba nada bueno.
La niña se levanta, sus ojos azules están enrojecidos de tanto llorar. Mira al techo de ese sótano desértico y descubre con pesar un nido de pájaros, con su poyuelo, abandonado sin su madre. Duerme el animal, duerme inocente, sin saber que nunca volverá a saciar su hambre. Duerme sobre un nido del que jamás se irá.
La niña tiembla de frío y de miedo. Se asoma a la ventana y sólo divisa ruinas…
La verdad se cierne poco a poco sobre ella y ya no le quedan más lágrimas que verter. Sube las escaleras, consciente de que, suceda lo que suceda, debe luchar
Camina con lentitud, sabiendo que fuera, la luna llena se jactará de ella.
Alcanza el último escalón y la húmeda noche la envuelve en un manto de desolación
Nada...


Aquellas calles que tanto le había costado recorrer sin perderse, ese tumulto de gente caminando de un lado a otro, esas casas pequeñas y acogedoras... Nada....
No quedaba nada, sólo piedras, millones de piedras. Tiradas de cualquier manera, esparcidas por todo el lugar.

-¡Mamá!¡Mamá!- grita la pequeña, desesperada. Pero su voz se pierde en el espeso bosque, y las frías piedras parecen ignorarla, junto al cielo y las estrellas


Corre... sin buscar, sin esperar encontrar, sin pretender morir, intentando olvidar. Agotada, tropieza con una cabeza ensangrentada y grita. Observa su entorno y descubre restos de cuerpos por todos lados. Sangre... ojos sin cabezas, brazos amputados, niños muertos, mujeres muertas, ancianos muertos, hombres muertos y mucha sangre…



La niña se levanta y camina hacia su antigua casa, ha decidido ser valiente, debe hallar a su familia, muerta o viva. Aparta piedras, brazos, cabezas, piernas. Hasta encontrar a su madre, que parece observarla, con terror. Ella contempla esos ojos desorbitados, esas manos sin dedos, esa boca ensangrentada y empieza a pegarle al cadáver, a maldecirlo.

La niña les avisó, les dijo que se escondieran, que no merecía la pena luchar, que todos morirían. Exigió que se escondieran bajo tierra, tal y como ella había hecho. Pero no le hicieron caso. La llamaron cobarde, y se prepararon para la guerra. Los enemigos los superaban en número y experiencia. Cada persona debería haber matado como mínimo a doscientos guerreros para salir victoriosos. Y la mayoría nunca había tocado un arma en su vida. Sólo ella los vio acercarse en la lejanía y solo ella fue lo bastante lista como para esconderse. Ahora estaba sola por culpa de la insensatez sus familiares y amigos. ¿Qué podía hacer? Estaba perdida, allí, en un cementerio que representaba toda su vida. Sin nadie, sin nada.

De repente una luz de esperanza la hace sonreír. ¡Es libre! Puede hacer lo que desee sin una voz que se lo prohíba. Ya no tendrá que hacer más de comer para los hombres, sólo para ella, adiós al trabajo de ama de casa. Ahora podrá ser lo que quiera, ese sueño de viajar a cualquier parte puede hacerse realidad. Será alguien en el mundo. Una guerrera poderosa, la mejor que nunca se haya visto. Por fin se ha librado de soportar a sus familiares, a esa madre que la obligaba a casarse con alguien a quien no quería. Su vida por fin le pertenece. Mira al pueblo derruido y lo ve como una bendición. Observa el espeso bosque y ya no siente miedo a recorrerlo sola.
Un llanto hace que se olvide de sus sueños. Hay un superviviente. Sigue el sonido del llanto hasta que por fin lo encuentra. Es su hermano pequeño, el bebé de tres meses al que tanto había tenido que cuidar. Lo coge en brazos lamentando no poder alimentarlo de ninguna manera. El pequeño continúa llorando. La niña lo contempla con cariño al principio, pero poco a poco deja de acunarlo, y lo mira con el ceño fruncido. Su sueño de libertad, ese que tanta alegría le había proporcionado se esfumaba de repente en los ojos de ese hermano. Ahora tendría que cuidarlo, alimentarlo, buscarle un hogar y tarde o temprano volvería a ser la misma que en ese pueblo muerto. Podía llevarlo al lugar más cercano, alguien se apiadaría de ambos, pero ella ya no podría ser lo que había soñado, no podría viajar. No, eso no le agradaba en lo más mínimo, no podía cargar con el bebé.

Lanza al bebé al suelo con fuerza, no es suficiente, el pequeño llora con mayor intensidad, pero aun respira. La niña no quiere que su hermano sufra, así que coge una piedra y se la lanza. El llanto cesa. El silencio vuelve a reinar. La pequeña sonríe y se encamina hacia un nuevo mundo. Se acerca al umbral del bosque y piensa hacia dónde debe dirigir sus pasos. A la derecha, el camino del mal, a la izquierda, el del bien. Y en medio, el bosque, sin un camino marcado, preparado para que alguien lo construya a su manera. Sin nada en las manos, ni en la espalda, pero llena de esperanza y decisión, escoge el de en medio, aquel que ella forjará a su manera.
 
Eclaffang
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 16-06-2006 Hora: 17:24
Muy bueno. Hay un momento en el que no sé por dónde van a ir los tiros, si se va a quedar a medias o realmente describe la locura de la niña, pero el episodio del bebé lo salva todo. Es como debe ser. Me gusta.

Fecha: 15-06-2006 Hora: 17:52
Sencillamente bueno, sencillamente increible.