Ir a Posada de Mantecona
 


Ghâsh
Capítulo 24
Capítulo XXII
Por aerien
 
En cuanto volvimos al camino Ghash tomó las riendas y se puso a guiar el carro, no parecía tener ganas de hablar porque mis intentos de iniciar una conversación acabaron en largos silencios. Entonces recordé que hacia mucho que no escribía en estas libretas y sacando los enseres me acomodé en el pescante y me dispuse a relatar todo lo que nos había sucedido en estos días.
La letra me salió bastante torcida al principio, pero pronto me adapté al traqueteo del carro. La verdad es que el regalo de mi padrino haradrim me resultó muy útil, los tinteros parecían tener algo que les impedía salpicar la tinta y la pluma corría por el papel de forma suave y sin manchurrones.
Estaba tan absorto en la escritura que no me di cuenta de que el carro había parado y que Ghash había bajado hasta que no terminé de anotar la lista de las cosas que nos habían obsequiado los soldados. En aquel momento sentí la necesidad de acariciar el arma que me habían regalado y de pronto noté el silencio a mí alrededor.
Me sorprendió no ver a mi maestra, el carro estaba en un recodo del camino, junto a un llano; el caballo no había sido desenganchado y no había nadie por los alrededores.
Llamé a Ghash y de pronto esta apareció de la parte de atrás del carro.
- ¿ya terminaste con tu escritura? – preguntó – antes no he querido molestarte ¡parecías tan concentrado!
- ¿Porque hemos parado Ghash? –pregunté
Mi maestra señaló al sol.
- ya ha pasado mediodía – anunció – ¿tu barriguita hobbit no te esta diciendo que es hora de comer?
- La verdad es que si – respondí, dándome cuenta entonces de lo hambriento que estaba – ¿que hay para comer?
- Allí, en la sombra de aquel árbol lo he dejado – dijo ella – pero antes da un poco de pienso al caballo y también agua. Hay un riachuelo ahí detrás.
Hice lo que mi maestra me ordenaba pero no saqué al caballo de entre las varas, supuse que volveríamos a salir rápidamente en cuanto hubiésemos comido.
En cuanto empezamos a comer Ghash me preguntó acerca de lo que había estado escribiendo.
- son las cosas que nos han ocurrido estos últimos días – expliqué – el encuentro con el señor Dírhael, la guarnición…
- ¿y algo sobre nuestra pequeña aventura? – preguntó interesada Ghash
- Claro que si – respondí – si quieres puedes leerlo después, yo me ocuparé de las riendas para que puedas hacerlo.
La viejita asintió con la cabeza mientras me tendía un pedazo de queso. Mis dedos rozaron el mango del cuchillo al cogerlo y no pude menos que pensar en nuestra reciente aventura.
Creo que a ella le ocurría algo parecido porque por un instante nuestras miradas se cruzaron.
- ¿que fue lo que le dijiste para desconcertarle de esa forma? – pregunté
- Oh nada importante – respondió un poco azorada – le amenacé, creo que le llame rata de albañal y escoria y luego le pedí amablemente que se rindiera – respondió con una mueca
- Si ya, con muchos ¡shaaa! y ¡Skai! Y algo como Snaga, Glob y pushdug – dije riendo
- Jovencito no creo que este sea vocabulario apto para ti – me avisó riendo a su vez
- Tampoco lo es para una dama como vos – le respondí en el mismo tono.
- Tienes razón – me dijo poniéndose de pronto seria – pero no me negaras que fue efectivo
Asentí con la cabeza y no insistí en que me tradujese esas palabras. Seguro que estaban repletas de cosas de esas que hacían que mi madre me amenazase con lavarme la boca con jabón y algunas podían ser peores que eso.
- ¿me prestaras tu libreta para leerla entonces? – preguntó de pronto ella
- ¡claro que si! – respondí – va a ser un honor que mi querida maestra lea mis escritos. Aunque me temo que esta última parte tiene los renglones un poco torcidos.
En cuanto terminamos de comer tendí la libreta a Ghash y me dispuse a recoger todas las cosas y a colocarlas en el carro.
Ghash se sentó en el pescante y yo la acompañe
- ¿que camino debemos seguir? – pregunté al ver que había tres posibles direcciones
- toma el de la derecha – dijo ella sin levantar la mirada de mi libreta – antes he mirado en el mapa y este es el que esta marcado de rojo.
El camino subió hasta la cresta de las lomas y se mantuvo en ella durante un buen trecho, en esta zona había algunos calveros recubiertos de vegetación rala. Daba la sensación de que en esos lugares había habido árboles que habían sido talados mucho tiempo atrás, pero por alguna razón el bosque no había vuelto a crecer en ellos.
Ghash estuvo leyendo durante mucho rato, me di cuenta de que no había empezado la lectura por los episodios de los últimos días sino que había decidido leer todo lo que estaba escrito en ella. Me sentí un poco extraño al principio, creo que era la primera vez que alguien leía uno de mis escritos, aunque luego recordé que eso no era verdad, yo había estado leyendo a mi tío muchos de ellos, hasta le había prestado alguna de mis libretas. Aunque tengo que reconocer que si era la primera vez que daba a leer algo de la vida de Ghash.
Mientras ella leía me dio por pensar en si alguien mas leería mis notas dentro de un tiempo, y si al final podría, como yo deseaba, ponerlos en forma de relato para que fueran leídos por todos.
Me preocupaba el hecho de que aquello que yo escribía solo resultase atractivo para mí y me sentí muy satisfecho cuando vi a mi viejita emocionarse con lo que yo había escrito. Aunque eso tenia poco mérito, ella había vivido como yo todas esas cosas y recordarlas seguro que le producía una intensa emoción.
No se cuanto rato había pasado, pero el sol empezaba a esconderse por entre las colinas cuando ella cerró el libro con los ojos brillantes y me estampó de improviso un par de besos húmedos en las mejillas.
Estaba tan sorprendido que solté las riendas, y el caballo, viéndose libre, decidió salir corriendo camino abajo.
- ¡sooo! Ceporro – chillé – para de una vez condenado caballo! – mientras buscaba frenéticamente las riendas para tirar de ellas.
Ghash fue mas rápida que yo, las cogió al vuelo y tiró mientras silbaba del mismo modo que había oído hacerlo al montaraz.
El caballo se calmó casi al momento, se puso al paso y terminó por pararse unos metros más allá.
- ¡uff! – resoplé mientras bajaba de la carreta – menudo susto me he llevado. Pensé que este bicho nos arrastraría hasta el fin del mundo.
- Hasta el fin del mundo no – exclamo ella – pero si hasta un lugar perfecto para establecer nuestro campamento.
Miré a mí alrededor, el camino terminaba allí mismo, en un pequeño rellano rodeado por los árboles y con un grupo de rocas al final.
Junto a nosotros corría un hilillo de agua, suficiente como para que Ceporro bebiera y para preparar nuestra comida.
- ¿como hemos llegado hasta aquí? – pregunté – esto no es el camino principal.
- El camino torcía hacia la derecha – me explicó Ghash consultando el mapa – pero el caballo ha seguido recto. No te preocupes Bob, no nos hemos perdido.
Suspiré aliviado, la maraña de caminos que habíamos estado cruzando durante todo el día hacia que me sintiese inseguro. Menos mal que el mapa nos estaba ayudando muchísimo.
Solté al caballo que se apresuró a buscar la hierba fresca que crecía en el rellano y después ayudé a bajar las cosas para preparar la cena.
- ¿donde dormiremos esta noche? – pregunté – ¿vas a montar la tienda?
- No – dijo ella – el suelo esta demasiado húmedo en este lugar. Dormiremos en el carro. Aun no lo hemos hecho y creo que tu hermano se tomo muchas molestias para que pudiésemos estar cómodos.
- Claro que si – dije mientras me dirigía a la parte de atrás y empezaba a bajar las plataformas.
- Espera – dijo ella – primero comamos. Así podremos volver a colocar las cosas antes de dormir.
- ¿Que hay para cenar? – pregunté.
Por toda respuesta mi maestra me tendió una olla y me pidió que la llenase de agua.
- pero no de aquí – me indicó – ve hacia las rocas, así no estará pisoteada por ese caballo.
- De acuerdo – dije
Entre las rocas el agua se embalsaba en una serie de charcos cristalinos donde crecían lirios. Aproveché para tomar un par de ellos que aun conservaban las flores y volví al lado de mi maestra.
- unas hermosas flores azules para una hermosa dama – dije ofreciéndoselos
- iris – murmuró – ¡muchas gracias Bob!
- Te gustan? Hay una zona encharcada ahí detrás y esta llena de ellos – expliqué – ¡anda la olla! – exclamé al recordar que la había olvidado bajo el chorro de agua.
Volví hacia el estanque a recoger la olla y vi que Ghash me había seguido y que recogía con cuidado unas cuantas plantas de esas.
- para que sirven? – Pregunté
- para muchas cosas – me respondió – provocan el vómito si se ha ingerido un veneno e hidratan la piel, además de tener un olor delicioso.
- Vaya! Yo que pensaba que se trataba solo de unas flores bonitas – pensé
En cuanto volvimos con la olla llena ella se puso a cocinar, ya que nunca dejaba que lo hiciese yo, debía creer que los chicos no sabemos de eso, pero la verdad es que los hobbits aprendemos desde pequeños. Yo aproveché para cuidar del caballo que me agradeció que lo cepillase con un par de relinchos.
Después de cenar llené mi pipa y me senté en las rocas, hacia fresco pero se estaba bien en ese lugar, aunque estábamos bastante altos y en una zona un poco expuesta.
Ghash se sentó a mi lado al cabo de un rato, parecía mirar las estrellas y de vez en cuando acariciaba la que llevaba prendida en el manto.
- hace siglos que no me cuentas nada sobre tu vida como orco – protesté – estoy deseando saber que sucedió, como fue que dejaste de ser un orco.
- Esto no es verdad – me respondió ella – ayer os estuve contando
- Si, ya lo se – repliqué - pero creo que cuando estaba con nosotros el señor montaraz tu no contabas las cosas de la misma forma que cuando estamos solo tu yo
- De acuerdo, tienes razón – dijo ella – ayer intenté no entrar en según que temas delante de el, es que la verdad el es un montaraz y yo…
- Pero ahora él no esta – dije – ¿no podrías contarme un poco más sobre eso por favor?
Ghash accedió, pero yo noté una cierta reticencia, como si rememorar ese momento de su vida fuese algo demasiado fuerte para ella, o como si temiese que yo no creyese lo que me contaba.
- podrías empezar por contarme como es que estabas prisionera de unos sureños – sugerí
Ghash pareció animarse y empezó su relato:
- veras, es un poco largo de contar, todo esto sucedió durante la guerra del anillo. El señor de Lugburtz había mandado a sus tropas a atacar Gondor: centenares de batallones de orcos, hombres y bestias iban a asaltar la capital bajo el mando del señor de los nazgul.
- ¿y tú estabas entre ellos? – pregunté
- No exactamente – yo no pertenecía a las tropas que debían ir a ese combate – muchos de los batallones del señor oscuro se quedaron en Mordor, pero paso algo que hizo que me encontrase allí en ese momento
- ¿Y entonces?‘ – pregunté mas que interesado
- No debíamos ir a Minas Tirith, nuestro camino pasaba por el norte, hacia Lorien – explicó Ghash – pero esto fue antes, casi una luna antes de la batalla en la capital de Gondor
Abrí los ojos interrogándola. No tenia ni idea de donde quería llegar.
- Ya sabes que el gran amo oscuro mandó varias patrullas en busca de la compañía del anillo, sabíamos que habían pasado por Moria y que se habían refugiado en el bosque de la Dama Galadriel. Una de ellas era comandada por ese maldito Ghishnak. ¿Te acuerdas de el?
- si, ese era el nombre del orco ese que te tenia ojeriza – comenté – pero me parece que según cuenta la historia ellos fueron al sur y se unieron al las gentes de Saruman para esta misión.
- ¡exacto! – dijo entonces Ghash - Ellos fueron los que tenían asignada la zona sur y llevaban la misión de capturar al hobbit y llevarlo a Mordor. Bueno ya sabes que fue lo que sucedió.
En cambio nosotros solo debíamos ir en misión de reconocimiento. Ver por donde salían, espiar sus movimientos y esperar ordenes. Pero algo salió mal. Las gentes del bosque dorado nos sorprendieron y tuvimos que salir por piernas. Cruzamos el río por una especie de vado, no sin peligro de nuestras vidas y nos dirigimos al sur. Por suerte pudimos llegar a las llanuras de Rohan, aunque muchos no lo consiguieron...
- ¿Y como conseguisteis sobrevivir? – pregunté
- Un grupo de nosotros tomó un sendero que seguía el río y aprovechando las horas de oscuridad nos fuimos desplazando al sur y al este – me explicó ella- el problema fue que mientras nosotros nos escabullíamos hasta Isengard, intentando unirnos a las tropas oscuras. Este, atacó a los Rohirrim. Ya sabes como acabó aquello. Primero la patrulla de orcos fue muerta en las proximidades de Fangorn. Encontramos sus restos quemados y supusimos, por la dirección que habían tomado, que Saruman había traicionado al gran amo.
- Eso quiere decir que tardasteis un montón de días en recorrer ese trecho del camino – dije
- Muchos – contestó ella – estuvimos buscando un paso para cruzar el río pero había demasiada corriente y luego llegó la zona de los rápidos. El camino a casa no estaba lejos pero la barrera acuática nos impedía atravesar y tomar el camino a la puerta negra.
- Así que cuando conseguisteis llegar a las llanuras de Rohan había pasado una luna. Isengard había sido destruido y el ejército de Saruman había perdido la batalla y había sido aniquilado por los uncornos.
- Así era – prosiguió ella – así que tuvimos que buscar la forma de volver a casa desde aquel lugar.
- ¿Donde os dirigisteis entonces? – pregunté – Isengard ya no pertenecía al mal, en aquel momento los ents debían señorearlo. Intentasteis volver a Mordor?
- Supimos por un grupo de espías que las huestes del señor oscuro iban a sitiar la capital así que tratábamos de unirnos al resto de ejército que se apiñaba en las proximidades de ésta. Lo más importante era reportarnos, luego ya se vería donde nos mandaban.
Había un gran ejército de orcos y de hombres rodeando la ciudadela y una densa oscuridad la cubría. La vimos llegar mientras nos afanábamos en cruzar la Lanuza para unirnos a los compañeros.
- ¿Y lo conseguisteis no? – pregunté – ¿te llegaste a unir a ese ejército?
- Si, exacto. un grupo de nosotros consiguió llegar y nos pusimos a las órdenes de los capitanes que había allí.
Estábamos en una especie de fuerza de repuesto, la retaguardia de la batalla. Pero que podía volverse en vanguardia si aparecían fuerzas por la llanura ya que Estos habían recibido la orden de parar cualquier entrada desde el exterior. Sobretodo si provenía de Rohan. Para ello habían cavado fosos y trincheras a lo largo del camino.
En cuanto el amo que comandaba las tropas vio mi emblema con la serpiente azul me miró con suspicacia y me mandó quitármelo, pero a la vez quiso aprovechar la ventaja de tener un grupo espía entre ellos. Así que nos mando a lo que podríamos llamar la zona de nadie, un espacio vacío de tropas entre las huestes principales y nosotros. Se trataba de que sirviésemos de ojeadores y le llevásemos las noticias de lo que estaba ocurriendo en el Pelennor.
- ¿entonces tú no tomaste parte en esa batalla? – pregunté
- claro que si, yo no fui hasta la lucha pero ella vino a nosotros – respondió Ghash – los hombres de los caballos consiguieron pasar nuestro cerco. No les vimos hasta que salieron del bosque y para entonces se habían saltado la mayor parte del ejército que iba a interceptarles.
- Si, conozco la historia – dije – los hombres del bosque y el pedregal de las carretas
- Si – contestó Ghash – aunque esto lo supe después. En aquel momento los Rohirrim nos cayeron encima como buitres venidos de no se sabe donde. No tuve tiempo ni de informar y estos ya estaban atacando las filas de los que sitiaban la ciudad. Y penetraban en el Pelennor por las brechas que los nuestros habían hecho.
- ¿Y vosotros que hicisteis? – volví a preguntar
- Pues debíamos esperar ordenes así que nos quedamos quietos protegidos tras unas ruinas de lo que fue un edificio. Este estaba situado en un altozano así que era un buen lugar de observación de todo lo que sucedió. El cielo estaba oscuro, velado por las artes del gran amo, solo se veían las luces de los fuegos. Las hogueras ardiendo las torres de asalto acercándose a la muralla. El golpe del ariete intentando atravesar las puertas y los gritos de los amos y las bestias en la penumbra. hubo un gran estallido y las puertas se rompieron. Pero de pronto cambió el viento, la oscuridad pareció disiparse un poco y en aquel momento llegó el ataque de los hombres de los caballos.
Se produjo una gran desbandada mientras las tropas de los Rohirrim nos atravesaban como una cuña y se metían en la zona amurallada y de pronto nos vimos rodeados de soldados que huían y de otros que avanzaban. Los amos bramaron una orden y los guiaron hacia el norte mientras los Rohirrim se las veían con los mumakils de los sureños. Un momento después el terror nazgul se abatió sobre el campo de batalla. Pero algo ocurrió allí y de pronto un chillido estremecedor me heló la sangre y supimos que el señor de los nazgul había sido aniquilado.
En aquel momento alguien tiró de mi, uno de los mandos y sin atender a mis explicaciones me ordeno unirme a la tropa en el interior del Pellenor.
- ¿quien era ese? ¿Era el mismo amo que te había mandado allí? – pregunté
- no, no era el, este pertenecía a un grupo que estaba en el interior. Supongo que nos tomo por desertores o algo así.
- ¿Y entonces entraste en batalla? – volví a preguntar inquieto. La verdad es que no me gustaba mucho la idea de que ella hubiese estado matando.
- Pues si - continuo ella – el amo nos guió a la zona norte, para que nos uniéramos a los batallones que debían saquear la ciudad, pero no llegamos a ella. La verdad es que el viento verdaderamente había cambiado, la oscuridad se estaba disipando desde el sur y los orcos se replegaban temerosos de ella.
- Y entonces fue cuando llegaron los barcos – dije yo metiendo baza
- Si, aunque yo no lo vi – dijo ella – de pronto entre las filas había cundido el desanimo. La oscuridad se retiraba y los uruk se sentían inseguros. Pero un rumor empezó a correr rápido como la brisa. Los capitanes de Umbar estaban llegando por el río.
Hubo una gran algarabía entre las huestes al enterarse. Tanta que Gothmog tuvo que mandar a los amos a acallar la tropa. Pero esta se volvió en pánico cuando, como el fuego sobre la paja, nos llego la historia de que los barcos no iban llenos de corsarios sino que llevaban hombres con aceros brillantes.
El amo me había colocado en un flanco muy cerca de la muralla norte, en las últimas filas de los saqueadores. Creo que como castigo deseaba que mis compañeros y yo no pudiésemos entrar y obtener un botín sustancioso ya que nos consideraba unos desertores.
Esto me salvó la vida, estuvimos combatiendo y retrocediendo hostigados por el grupo que salió de la ciudad. Muchos cayeron a mí alrededor mientras retrocedíamos hacia el río, lo ultimo que recuerdo de aquella batalla fue un hombre corpulento que blandía una enorme hacha. Logré parar el golpe que me hubiese partido por la mitad pero el mango me golpeó en el hombro y todo se hizo oscuridad para mí.
- ¿y como conseguiste salvarte entonces? – pregunté
- fue la casualidad, los hombres de Gondor me tomaron por un muerto mas y no hicieron caso de mi – siguió contando mi maestra – la verdad es que era como si estuviese muerta porque no me enteré de nada de lo que había sucedido hasta que desperté muchas horas después. Estaba entre un montón de cadáveres, muy cerca del río, allá donde terminan las murallas. A mi alrededor solo oía los gritos de los humanos que iban cargando con nuestras carroñas, apilándolas en montones, supongo que para quemarlas.
Aproveché un momento en el que no había nadie a mí alrededor y me arrastré hacia un montón de rocas que habían formado parte de la muralla. Me costó llegar allí porque la herida en el hombro me dolía horrores y además al caer me había herido la rodilla y la tenia toda hinchada.
Me metí en un agujero entre dos bloques de piedra y me quedé esperando, deseando que no me encontrasen. Afuera había luz y podía ver lo que los hombres de Gondor hacían con los orcos que encontraban malheridos o escondidos.
- ¿que hacían? ¿Se los llevaban prisioneros? – pregunté
- no precisamente – contestó Ghash con una mueca – los remataban.
- Que suerte que no te encontraron – exclamé – ¿porque no te encontraron verdad?
- No, no me encontraron ellos. El que me encontró, desmayada por el dolor, fue un orco. Una especie de bruto enorme que ostentaba un buen chichón en la cabeza y una herida en un ojo que lo había dejado tuerto. Supongo que le pasó como a mí, le hirieron y .le dieron por muerto porque hedía a cadáver.
- ¿Y este tipo te ayudó a escapar? – pregunté
- ¡Que cosas dices Bob! A estas alturas ya deberías saber que los orcos no hacían nunca nada por un compañero. A menos que este pudiese serles útil para algo. – me riñó – el tipo estaba muerto de hambre. Por lo que se ve habían pasado casi dos días desde la batalla y había perdido su ración de supervivencia. Por lo tanto había decidido tomarme a mí como alimento de reserva para la vuelta a la ciudadela negra. Así que me ató como un fardo y me llevó con el en su huida pensando que estaba muerta.
- Ostras! ¿Eso es como salir del fuego para meterse en las brasas no? – exclamé – los gondorianos mataban a todos los orcos que veían pero ese orco quería convertirte en su cena.
Ghash se estremeció y supuse que hablarme de esos momentos era duro para ella. Pensé que recordar todo aquello era como volver a sentir todas esas emociones, el odio, el miedo, la necesidad de matar para no ser matado. El olor de la sangre y de la muerte impregnándolo todo. El olor del fuego quemando la carne de sus compañeros…
De pronto se puso de pie y me miró como si no me viese. Sus manos se crisparon mientras aferraba el manto negro y empezó a murmurar algo. Una especie de salmodia que no entendí.
Me aferré a su mano y tiré de ella. Tenia miedo de que se encendiese de furia como aquella vez, allá en su casa en Bree.
- tranquilízate por favor – murmuré, mientras tiraba de ella y la hacia sentarse otra vez.
Ghash pareció volver en si, me miró como si no me conociese mientras yo le hablaba y le pedía que no se moviese de donde estaba. Y dejándola sola un momento me acerqué al carro y preparé la cama.
- ven, metámonos en el carro, así te sentirás mejor – dije tirando de ella.
Ghash me siguió aun perdida en sus pensamientos. Le indiqué que subiese y en ese momento pareció despertar.
- ¿que? – preguntó – ¿que ha ocurrido? – dijo al ver que yo la había llevado hasta el carro.
- Creo que he hecho que hablases demasiado – exclamé – casi te pierdes en tus recuerdos.
- ¡Lo siento Bob! ¿No te habré hecho daño verdad? – preguntó preocupada, mientras me escrutaba en busca de una herida o de un coscorrón.
- Que va! Tu nunca me podrías hacer daño – le dije – solo que de pronto parecía que te habías ido, no me respondías, solo murmurabas cosas que no entendía.
- Es el dolor de los recuerdos – murmuró esta – me asalta cuando rememoro todas estas cosas que me sucedieron.
- Creo que yo tengo una cura para ello – dije – unas horas de sueño en una cama muy especial.
- Creo que tienes razón Bob – me contestó – vamos a dormir.
Nos acomodamos el uno al lado del otro en la especie de cama que había fabricado mi hermano y nos tapamos con las mantas. Se estaba calentito allí, arrebujados entre las cobijas y con la lona del carro bien cerrada.
Cerré los ojos e intenté dormir pero la fantástica historia de la batalla de los campos de Pelennor volvía una y otra vez a mi mente. Yo conocía su desenlace, pero nunca la había visto desde el punto de vista de los otros, de los atacantes.
Ese era uno de los momentos emocionantes de mi lay favorito. Siempre había imaginado la grandeza de la batalla, los soldados a caballo cargando contra los enemigos. La llegada de los barcos cargados de esperanza… las grandes gestas de los héroes. Ghandalf, el rey Elessar, el rey Theoden de la marca, Eowin, la que venció al capitán de los nazgul…
Ghash me había mostrado esta noche la otra cara de la moneda, la miseria y la muerte y también el dolor. De pronto comprendí que en una batalla morían seres de los dos bandos, tanto vencedores como vencidos y que todos tenían un hogar al que volver y una familia que les añoraría.
Me removí inquieto mientras mi pensamiento se llenaba de sangre y de muerte. De montañas de cadáveres salpicando la llanura y entonces el carro se balanceó siguiendo mi movimiento.
- ¿no puedes estarte quieto y dormir? – preguntó ella – parece que en vez de en un carro estemos en un barco y además en medio de una tormenta.
- Lo siento – murmuré – es que estaba recordando y…
- Y tuviste miedo de pronto. lo entiendo, a veces sueño con ello, una especie de pesadilla que me hace levantarme con el cuerpo sudado y agotado de tanta tensión. – murmuró Ghash con la voz rota
- No dejaré que sueñes con estas cosas – le dije apretándome junto a ella – si sientes miedo recuerda que yo estoy aquí.
Ghash no dijo nada pero me apretó entre sus brazos y al poco oí su respiración acompasada, signo inequívoco de que se había dormido.
- has estado demasiado tiempo sola, tragándote toda esta infelicidad – murmuré – pero tranquila ahora yo estoy aquí y no pienso marcharme. Estas muy equivocada si piensas que voy a dejarte, porque no lo haré.
Tardé mucho rato en dormirme mientras por mi cabeza vagaban imágenes de orcos y de sureños, de barcos negros y de mumakils. Imágenes de desesperación y de esperanza. Todo un mosaico de luz y de sombras mientras oía acompasado el tap tap de un corazón humano, que un día fue de un orco, resonando junto a mi oreja.
Y con ese sonido tranquilizador me dormí.
 
aerien
 
 
 

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