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Corazones Libres
Capítulo 1
Una decisión de vida o muerte
Por Eldaisil
 
La magia existe tanto en este mundo como en cualquier otro, pero solo se hace presente a los ojos de aquellos que tienen el valor de creer o de aquellos que necesitan desesperadamente que les arranquen esa venda de los ojos...

Los tesoros más grandes del reino estaban bien resguardados detrás de los muros del palacio; oro, títulos de propiedad, piedras preciosas, cuanto pudiera imaginar vuestras mentes estaba ahí, en una gran cámara en la ultima torre, detrás de una enorme puerta de madera tallada y barnizada en negro, con tres cerraduras y cuatro candados, además de 5 de los guardias mas fieles del palacio.

Pero por extraño que parezca, esta no era la posesión mas valiosa del ambicioso rey, había una habitación aun mas protegida y celosamente custodiada, nadie tenia acceso a ella, solo el rey y tres doncellas podían entrar, y todo aquel que se atreviera a mirar tan preciado tesoro de frente seria encerrado en el calabozo y el atrevimiento de tocarlo era castigado con la muerte. Fueron pocos los que lograron apreciar la belleza de la joya favorita del rey y vivir para atestiguar su existencia.

Fina y delicada, majestuosa como un cisne a los rayos de sol, ligera como las nubes, de una silueta exquisita que parecía tallada por los mismos dioses, de un andar orgulloso como los ciervos... la posesión mas valiosa del rey, su única hija, aquella por la que entrego la vida la mujer a quien había jurado lealtad y entregado su alma.

De una belleza incomparable pero opacada por la tristeza que reflejaban sus ojos, la desgracia de nacer con privilegios y vivir encadenada a sus obligaciones, añorando la libertad, derramando lágrimas silenciosas a la luz de la luna, soñando con ser algún día tan libre como las aves a las que contemplaba día a día desde su ventana.

Debía permanecer dentro de su habitación mientras hubiera gente rondando el castillo, pues el rey la cuidaba tan celosamente, que no soportaba que alguien mas la mirara, era de él solo de él, el ultimo suspiro de la mujer a la que había amado lo exhaló cuando la bebé dio su primer respiro, y así juro por siempre proteger ese suspiro que permanecería dentro de la pequeña; que aunque su padre se resistía a ver la realidad, era ahora una hermosa doncella de 16 años que añoraba la libertad tanto como un ave que ha sido arrancada de su hogar y encerrada dentro de una jaulita de oro.

La luna su fiel compañera de juegos, su confidente, su única amiga. Tan solo se le permitía salir al jardín de noche, cuando el castillo estaba en calma y reinaba la soledad en aquellos lugares, solo las doncellas podían acompañarla, pero se les tenía prohibido dirigirle palabra alguna. La princesa caminaba solitaria a la luz de la luna, rozando con sus pies descalzos el pasto humedecido por la suave brisa, se sentaba en la fuente a dibujar siluetas en la superficie del agua con su dedo, preguntándose si algún día se cumplirían sus sueños, si conocería lo que había detrás de los muros que la aprisionaban, si podría caminar a la luz del sol sin tener que ocultarse debajo de una gruesa y larga capa a los ojos de los curiosos, si... si algún día conocería lo que era ser amada por un hombre que no fuera su padre...


Los días en que había que pagar los altos impuestos que el rey exigía a todo su reino, el castillo se llenaba de rumores, gritos, hasta suplicas de los campesinos que no lograban completar las sumas tan altas que debían entregar. Los calabozos se llenaba de aquellos que se “negaban a contribuir por el bien del reino con unas moneditas”, en su mayoría campesinos, panaderos, personas que apenas tenían para comer y se veían obligados a vender todo aquello que tuvieran para pagar, aunque esto significara quedarse en la calle, y con mucha frecuencia, esto no era suficiente.

Parecía un viernes de impuestos como cualquier otro, las multitudes se empujaban en las apretadas filas de contribuyentes, pero esta mañana se escuchaban con más fuerza y menos piedad una y otra vez el grito “¡al calabozo!”; el rey estaba de mal humor puesto que había discutido en la mañana con su hija, situación que cada vez se hacia más común, y se desquitaba con aquellos que le llegaban a pedir tiempo para juntar el dinero.

La princesa presenciaba desde la ventana de su habitación, en lo alto de una de las torres, la gran hilera de personas que esperaban su turno para presentarse frente al rey. Había de todo: ricos, pobres, de estos más que de ningún otro, unos campesinos, otros herreros o carpinteros, hombres, mujeres, unos altos, otros chaparros, algunos flacos y otros con una panza bastante pronunciada, algunos impacientes, otros aburridos y muchos más reflejaban en su rostro preocupación y angustia; pero ahí, entre toda esa multitud resaltaba un joven campesino, un muchacho delgado y alto, de cabellos oscuros y enmarañados, pegando brinquitos para ver por encima de las cabezas de todos aquellos que estaban parados frente a él, mirando de un lado a otro con mirada curiosa, era obvio que era la primera vez que entraba al castillo y todo a su alrededor le parecía sorprendente.

¿Cómo era posible que le encontrara algo interesante a aquellos aburridos rincones que ella había recorrido una y otra vez hasta el cansancio a lo largo de toda su vida?, ¿por qué tenia una sonrisa dibujada en su rostro si era evidente que era pobre y que probablemente el dinero que llevaba en ese saquito de piel era lo ultimo que le quedara?; la princesa lo miraba con curiosidad y se preguntaba ¿qué le daba tanta felicidad?, ¿cómo era posible que a pesar de vivir en la desgracia, encontrara motivos para sonreír?, tenia que hablar con él, tenia que saber como le hacia para sobrevivir y ser feliz en medio del sufrimiento, si era posible que le enseñara a sonreír.

Esa noche, mientras daba su acostumbrado paseo por los jardines reales tomo una decisión que cambiaria el curso de su vida para siempre. Ella conocía el palacio al derecho y al revés y sabia bien que a espaldas del castillo, detrás de los cobertizos había un canal donde entraba el agua del rió que pasaba a un costado y llenaba la pequeña laguna cerca de lo manzanos, en muchas ocasiones le había pasado por la mente la posibilidad de salir por ahí, pero nunca lo había tomado en cuenta como una posibilidad real, ya que debía nadar por debajo del agua aguantando la respiración hasta atravesar el muro, pero desconocía que tan grueso era, podía no ser mucho... pero también podría ser mas de lo que ella aguantara sin respirar...

Podía arriesgarse a intentarlo y morir ahogada en pocos minutos, o podía quedarse y vivir por años viendo como su alma se extingue lentamente mientras la vida se le escapa frente a sus ojos sin poder hacer nada para evitarlo. ¡No! , era ahora o nunca, tenía que hacerlo esa misma noche. ¿Pero como se le haría para deshacerse de sus doncellas? Y ahí fue que se le ocurrió una idea...

-Deseo bañarme en la laguna, pero quiero hacerlo sin ropa, y para esto necesito que ustedes tres vigilen que nadie se acerque, una en la puerta trasera del castillo, otra en la delantera y tú allá, detrás de aquellos árboles, los que están cerca de la entrada.-

Como no se les permitía hablarle, solo se miraban unas a otras angustiadas pensando en lo que les haría el rey si se enteraba que la habían descuidado.

-Si no me obedecen le diré a mi padre que no cumplen mis caprichos y que se han atrevido a dirigirme la palabra de una manera descortés e igualada, no creo que quieran pasar el resto de su vida en un calabozo ¿verdad?, claro que no, no tardare mucho, en unas... 4 o 5 horas regresare a mi habitación, ahora por favor déjenme sola-

Las doncellas se miraron unas a otras sin saber que decir, y sin más opción se fueron a los puestos que les había ordenado la princesa cuidar. En cuanto estaban fuera de la vista la princesa se apresuro a meterse en el agua y nadar hacia el muro, se detuvo frente al canal, aquí se decidiría todo, si moriría o viviría para conocer lo que la esperaba detrás del castillo... apretó los puños e inhalo todo el aire que sus pulmones le permitieron, y se sumergió hasta el fondo, y empezó a avanzar moviendo las piernas y con un brazo estirado hacia arriba para ir sintiendo el muro, los segundos se le hacían eternos, parecía que nunca acabaría de pasar, el aire empezaba a terminársele y las piernas se le cansaban y no lograba encontrar la salida, desesperadamente estiro ambas manos y se giro para poder jalarse del muro y avanzar mas rápido, pues ya no resistiría mucho tiempo, o encontraba la salida o se quedaría ahí como castigo a su rebeldía...
 
Eldaisil
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 18-08-2006 Hora: 16:00
Da la sensación de que empieza más como cuento y se va desarrollando como novela. No sé si esa decisión va a favorecer al relato; ahora depende de los siguientes capítulos.

Fecha: 08-08-2006 Hora: 06:30
Muy bueno

Fecha: 08-08-2006 Hora: 06:28
Muy bueno