Ir a Posada de Mantecona
 


La maldición de Isha
Capítulo 1
Prólogo y capítulo 1
Por Tuilere
 
Prólogo: Adios.

El río de Daria transcurría tranquilo por entre las montañas, rodeado de bosques y de pueblos. Es su orilla más blanca, muy cerca del pueblo Klaos. Klaos no llegaba a ser una ciudad por su tamaño, pero sus riquezas superaban incluso las de la capital del reino, Tanshiba. Klaos se encontraba entre las montañas que más oro, plata, cobre, plomo y diamantes producían. Era el mayor pueblo herrero del reino. El mercado de Klaos era uno de los más concurridos de toda la tierra. Allí podías encontrar jollas de todo tipo, municion espacial para las armas, y todo tipo de artilugios. Solía estar plagado de magos que iban allí a comprar piedras preciosas para sus báculos y de reyes que llevaban a sus hijas para comprarles las más delicadas jollas. A Klaos no le faltaba nada, a la riquesa proveniente de las montaña, se sumaba la del rio, que proveía de pescado fresco y piedras preciosas; y la del bosque, donde se podía encontrar una muy buena caza y muy buena madera.

A pesar de su enorme riquesa, Klaos no era una ciudad, era tan solo un pequeño pueblo. Esto se debía a que pertenecía a un clan, al clan de Klaos, únicos en el mundo; y tan solo los pertenecientes del clan podían vivir en el pueblo.

Muy cerca de Klaos, a la orilla del rio, estaba una mujer lavando la ropa. Mojaba la ropa en el río, la frotaba en una piedra y luego la volvía a moja y a frotar... y así varias veces. Llevaba repitiendo su taréa monótonamente varias veces ya, cuando de pronto oyó un suave susurro a su espalda. La mujer miró hacia el lugar de donde provenía el ruido. Las hojas de un arbusto se movieron levemente y salió, dando saltos, un conejo marrón. La mujer se quedó completamente quieta para no asustar al animal. El pequeño conejo, se acercó a ella arrastrando las patas traceras, se paró en dos patas frente a ella y, moviendo los bigotes de un lado a otro, comenzó a olisquearla. De pronto, miró los árboles asustado y huyó como alma que se lleva el viento.

- Qué animalito más tierno...- suspiró la mujer. Canturreando feliz, volvió a su colada. Cuando ya estaba acabando, volvió a oir un susurro tras de si. Se dio la vuelta y vio como las hojas del arbusto se volvían a mover.

- Conejito... ¿eres tú?- preguntó feliz. Dejó la ropa en el suelo y se acercó para mirár. Las hojas volvieron a moverse.




Una niña pequeña entró corriendo en casa de sus padres. Llevaba un gatito en brazos.

- ¿Papá, mamá, estáis?

Nadie contestó. la niñita entró, manchando el suelo con barro, al cuarto de sus padres. Miró, no había nadie. VOlvió a preguntar:

- Mamá, papá... ¿hay alguien?


Capítulo 1: Noticia.



- ¡Despertad!

La voz retumbó en el dormitorio.

- ¡Despertaos, por favor! Ha ocurrido algo que debeis saber...

Volvió a retumbar.

- ¡Maina! ¡Despertad, por favor!

La manta voló por el aire de un tirón. Maina abrió los ojos por fin. A su lado vió a Laerus. Era un humano de cabellos grices, ojos blancos y piel pálida. La ropa blanca que llevaba hacía parecer que hubiera caído en un saco con harina de arroz. Maina se sentó en la cama y dijo:

- ¿¡Qué ocurre!?- Un escalofrío recorrió su espalda. Laerus se sonrrojó y apartó la vista.

- Cubríos con algo, os lo suplico.

Maina se puso en pie. Un escalofrío más se apoderó de su cuerpo al sentir el frío suelo de roca bajo sus desnudos pies. Corriendo cogió la manta, que había caído a pocos metros de la cama, y volvió a centarse en su cómoda cáma, cubriéndose el torso con la manta.

- Ya podéis mirar.

Laerus se volvió. Intentó mirarla a la cara, pero llamó su atención un oscuro pezón que asomaba por encima de la manta. Volvió a sonrojarse. Maina se dió cuenta y se cubrió hasta el cuello.

- ¿Mejor así?- preguntó. Laerus asintió tímido con la cabeza. Maina sonrió levemente. Era extraño encontrar en aquellos tiempos un hombre capaz de respetar la integridad de una mujer, y más difícil aún era encontrar un hombre tan tímido como Laerus. Ambos se conocían tan solo hacía pocos días, pero Maina ya confiaba completamente en el humano.

Se habían conocído en una ciudad a las afueras de la comarca de Franxya, al norte del continente. Laerus se encontraba comprando frutas en el mercado, cuando un desconocido le robó el bolso sin que él se diera cuenta. Después de intentar explicar sin ningún resultado que le habían robado el bolso, fue encarcelado por hacer perder el tiempo a los vendedores. En prisión descubrió compungido que su compañero de celda era una mujer. Pasaron dos días sin que se dirigieran la palabra el uno al otro.Por fin, Laerus dió el paso justo el día antes de que lo soltaran. << Soy Laerus, espadero oficial.>> La mujer lo había mirado intrigada y había contestado: <> <> Al día siguiente liberaron a Laerus, y este, por petición de Maina, le ayudó a huir de prisión. Ahora se encontraban en la casa de Maina, perdida entre las montañas.

- ¿Por qué me habéis despertado?- preguntó Maina intrgada.

Laerus sacó un pergamino doblado de su bolsillo.

- Mirad lo que repartían en el pueblo.

Maina cogió el pergamino y comenzó a leerlo. Este rezaba:

<
Mediante este escrito se anuncia a todos los comerciantes el cierre de las rutas comerciales al pueblo mercante de Klaos por motivos de seguridad.

El pueblo ha sido saqueado en tan solo 2 horas. No ha habido supervivientes de ningún tipo. Todo viajante que provenga del pueblo de Klaos o se dirigia a Klaos, será detenido y puesto en prisión para ejecutar un interrogatorio exaustivo.

Queda Decretado desde este momento el paro de todo tipo de comerecio en la frontera sur y el parlamento sur entre reinos del sur o con reinos del norte. Quien incumpla este decreto, será castigado con la pena de un latigaso por libra de peso que transportara.>>

El text continuaba, pero Maina no acabó de leerlo. Dobló de nuevo el papel se lo entregó a Laerus.

- Guardadlo bien.

- ¿Qué ocurre?- preguntó el humano intrigado ante la reacción de Maina.

- Por favor, marchaos... me agradaría vestirme.- suplicó Maina poniénndose de nuevo en pie.

Laerus salió de la habitación rápidamente. Nada más se hubo cerrado la robusta puerta de madera tras de sí se dió la vuelta y se detuvo un minuto mirándo la madera marrón. Se volvió a sonrojar al imaginarse a Maina desnuda poniendose las braguitas. Sacudió la cabeza para alejar aquellos impuros pensamientos de su mente. Caminándo a paso tranquilo e inquieto a la vez fue hasta la cocina. Una vez allí, se detuvo frente al cocinero y este le prenguntó:

- ¿Qué deseais?

- Esto...- dudó un segundo Laerus.- ¿Podríais prepararle el desayuno ya a la dama Maina?

- Por supuesto, señor.




Maina bajó corriendo por las escaleras. Llevaba una camisa habierta hasta el pecho, una falda corta, botas y capa. De su cintura colgaba una espada y un largo puñal. Antes de Laerus dijera nada, Maina ordenó:

- Coged vuestras cosas. Nos marchamos en una hora.

Laerus la miró sorprendido ante la prisa y preguntó:

- ¿Qué ocurre?
 
Tuilere
 
 
 

436 personas han leído este relato.

SIGUIENTE CAPITULO
Haz click sobre las esquinas abiertas para avanzar o retroceder de capítulo

  

Comentarios al relato:
Fecha: 22-12-2006 Hora: 22:15
Estos son el prólogo y el capítulo 1 de un relato que acabo de comenzar a escribir. Espero con ansias vuestra opinión y vuestras críticas.