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La maldición de Isha
Capítulo 2
Ocho reyes
Por Tuilere
 
El corcel dorado de Maina corría, seguido por el caballo caoba de Laerus, por un estrecho sendero abierto entre los árboles del bosque. El viejo animal de Laerus a duras penas podía seguir el paso del la joven yegua de Maina. Cada vez que el camino se torcía, Laerus perdía de vista a Maina. La joven cabalgaba sin prestar atención a su compañero de viaje. Pronto Laerus llegó a una bifurcación y aterrado miró a ambos lados sin ver a Maina. miró el suelo, intentando ver las huellas del caballo de Maina, pero estas no estaban por ninguna parte. Indeciso bajó de su caballo y llamó:

- ¡Maina! ¿Dónde estáis?

Maina escuchó la llamada pero no hizo caso. Detuvo su caballo en seco y miró hacia atrás. Esperó un minuto.

- ¡Maina! ¿Dónde estáis?- volvió a llamar Laerus.

Maina tiró levemente de las riendas de su yegua y esta relinchó poniéndose en dos patas. Laerus oyó el grito del animal. Rápidamente volvió a montar y cabalgó rápidamente en dirección de dónde provino el sonido. Pronto pudo ver el caballo dorado de Maina esperándolo.

- Deberíais hacer uqe vuestro caballo corriera más. No puedo estaros esperando constántemente.- regañó Maina.

- Lo siento mucho... pero mi caballo es viejo y no puede ir más rápido.

- En el primer pueblo lo cambiaréis.- ordenó Maina.

- Pero... es mi caballo... no puedo cambiarlo.

Maina frunció el ceño y gruñó:

- No me importa. No podemos perder tiempo.

- Pero...

- Calláos. Lo cambiaréis, y si no queréis, no me sigáis.- Maina espoleó su yegua y se alejó veloz. Laerus dudó un segundo y, poco antes de ver desaparecer a Maina, espoleó él también a su caballo y la siguió lo más veloz que pudo. Pronto la perdió de vista. El camino ya no tenía más bifurcaciónes, y al salir del bosque, pudo verla esperándolo impaciente.

- Veo que habéis decidido venir conmigo.

Laerus no contestó. Cabizbajo siguió a Maina hasta la entrada del pueblo. Allí ella desmontó y dijo:

- Estaré en la posada del pueblo. Tenéis una hora para conseguir otro caballo. Me marcharé aunque no hayáis llegado. ¿Comprendéis?

Laeros asintió en silencio, pero no hizo nada. Maina lo miró impaciente y brusca preguntó:

- ¿A qué esperáis? Marcháos ya.

Laerus desmontó y llevó su caballo al paso hasta el mercado. Miró a su alrededor. Estaba rodeado de desconocidos. La gente pasaba frente a él sin mirarlo, como si no estuviera allí.

- Perdonad...- detuvo a una mujer mayor.- Perdonad señora...

- Dígame hijo.

- Perdonad, ¿dónde puedo comprar un buen caballo?- preguntó triste. La mujer lo miró y preguntó:

- Es forastero, ¿verdad hijo?.- Laerus no contestó.- En este pueblo, la venta de animales está prohibida. Si queréis un caballo nuevo deberéis ir a otro pueblo. No muy lejos de aquí, a unos treinta kilómetros al suroeste se encuentra la ciudad equina de Klablaes, allí podréis encontrar muy buenos caballos.

- Vaya...- suspiró Laerus apesumbrado.- Muchas gracias por la información.

- De nada, hijo.- se despidió l amujer y siguió haciendo sus compras.

Laerus volvió a mirar a su alrededor. Estaba seguro de que Maina sabía que allí no podría conseguir un buen caballo.<< ¿Qué quería conseguir con aquello? ¿Acaso pretendía abandonarlo allí? ¿Qué quería que hiciera?>> Intranquilo volvió a montar su viejo caballo y al paso comenzó a recorrer la ciudad. << Un momento,>> pensó deteniendo su caballo.<< ¿porqué he de hacer lo que ella me mande? Después de todo no la conozco de nada... pero es tan hermosa y tan dulce... pero esos no son motivos para hacer todo lo que me diga. Pero, no quiero separarme de ella...>>

En ese momento pasaron frente a él cinco ginetes montados en velóces caballos haciendo una carrera.

Maina se encontraba en la posada del pueblo. Jugaba a las cartas tranquílamente con unos hombres de mal aspecto.

- Cuatro reyes.- dijo uno de ellos y mostró las cartas poniéndolas en la mesa. Sonriente comenzó a coger el dinero de sobre la mesa.

- Un momento.- lo detuvo Maina sugetándole la mano.- Habéis hecho trampa.- El hombre la miró fiero.

- ¿Qué decís niña?

- Digo que habéis hecho trampa.- dejó sus cartas boca arriba sobre la mesa.- Cuatro reyes.

El hombre abrió la boca muy grande para decir algo.

- Pero que demo...- los otros dos jugadores se pusieron de pié enfadados y uno de ellos, sacándo un puñal dijo:

- Sucia rata... aquí no nos gustan los tramposos.

- Pero...- gruñó el hombre.- Ellá es la tramposa, no yo. Yo he jugado limpio.

- ¿Cómo podéis acusar a una dama tan bella de hacer trampas?

Los tres hombres comenzaron a pegarse, volcándo sillas y tirándo cosas por el suelo. Después de unos minutos de furia descontrolada la peléa acabó.

- Pedídle disculpas a la dama.- ordenó uno de ellos. Los tres miraron la mesa, pero allí no había nadie. Maina se había marchado con el dinero de los hombres. Los tres salieron corriendo de la posada, pero fuera no había nada, ni siquiera sus caballos,habían desaparecido.

Maina había aprovechado la confución de la pelea para coger el dinero, volverse a guardar las cartas trucadas y marcharse. Desató todos los caballos que había fuera y, cogiendolos por las riendas, montó su yegua y se alejó veloz. Estaba por salir del pueblo cuando un veloz ginete la alcanzó. Era Laerus que montaba un joven caballo gris. Maina le sonrió y dijo:

- Veo que habéis tenido que robar...

Laerus no contestó, tan solo se limitó a seguirla.
 
Tuilere
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 07-01-2007 Hora: 16:54
Es bueno, pero creo que los capítulos son muy cortos y no dan muchas luces acerca de lo que se trata la historia. Pero es entretenida. No dejas espacios en blanco
PD: Se escribe jinetes, no ginetes OK