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Relatos Marineros
Capítulo 1
Bautismo de mar
Por [sTuKa]
 
Mi ciudad natal es Calembel, sita en el corazón de Gondor, a los pies de las Ered Nimrais y hogar del Señor Protector de Lamedon.
Nací allí hace ya 19 años, y desde que tuve uso de razón y aprendí a leer, siempre quise ver el mar y navegar por sus aguas durante toda la vida. Este hecho produjo conmoción en el seno de mi familia, especialmente en mis padres, pues ellos jamás lo vieron ni ganas según decían.
Ellos culpaban a los mercaderes que asíduamente visitaban Calembel, provenientes de ciudades costeras, y con los que me gustaba charlar mientras les atendía en la posada familiar, La Piqueta Dorada, de incitar mi curiosidad sobre el mar, ya latente en mí desde pequeño.
En la posada se reunían muchos mineros camino de las minas de las cercanas Montañas Blancas, pero también lo hacían muchos mercaderes que venían hasta la ciudad para cerrar tratos y llevarse el mineral hasta, principalmente Linhir y Pelargir, pero en menor medida hacia otras localizaciones como por ejemplo Dol Amroth.
Esta ciudad era el blanco de mis fantasías desde que era un niño..
Mi padre, al ser un acaudalado ciudadano de Calembel, pudo costearme estudios y al ser yo el menor de 3 hermanos, estaba predestinado a continuar el negocio familiar, pero aquella idea me horrorizaba...

Mi hermano mayor se enroló en el ejército real hace unos meses y partió, según tengo entendido, a servir en la provincia de Ithilien, donde permanecerá por espacio mínimo de 2 años. Por el contrario, mi hermana Terieth se casó con el hijo de un amigo de mi padre y se mudó a vivir al provinciano Ossarnen, todavía más cercano a las montañas y más alejado de mi amado pero desconocido mar. Allí le esperaba una larga y cómoda vida, pues su marido era el propietario de un par de ricas minas y vivía en una próspera hacienda.
Conforme iba creciendo, mis ganas de dejar aquella aburrida pero cómoda vida aumentaban exponencialmente, deseaba ver mundo y ante todo navegar por el mar, así fue hasta que al fin, el día después de mi 18 cumpleaños, en un arrebato recogí mis pertenencias más queridas y tras dejar una nota explicativa a mis padres, dónde les citaba los motivos de mi partida, mi destino, el amor que sentía por ellos y que volvería, me fui.
Espero que comprendan, al menos en parte, mi partida y que no sufran mucho por ello,pues no me lo perdonaría jamás en caso contrario.
Marché hasta los muelles y tras pagar una pequeña suma por un pasaje, me subí al bote de fondo plano que me conduciría hasta Spathlin, Ciril abajo, que era el punto más al Sur en el que hasta ese momento había estado nunca. Desde allí cada paso que diera sería en un terreno nuevo y desconocido para mí, aunque gracias a mis clases de Geografía podría orientarme relativamente bien.

Iba ligero de equipaje, con unas ropas comunes ideales para pasar desapercibido, aunque quizás era demasiado imberbe aún para merodear por ahí solo, también llevaba conmigo ocultos, todos los ahorros acumulados tras largos años de propinas en la Posada y una pequeña espada corta, con la que había estado practicando en casa de un amigo, instructor de esgrima, que me enseñó algunas fintas y estratagemas útiles, aunque esperaba no tener que emplearlas hasta que las tuviera más perfeccionadas.
En Spathlin sólo pernocté una noche en una posada portuaria, de dudosa reputación y peores camas, en la cual se reunían por la noche la mayoría de patronos de gabarras que se dirigían hacia, primero Glanhir para después continuar hasta Dol Amroth, allí conocí y negocié aquella misma noche con uno, como resultado de dichas negociaciones pude suplir a un grumete que enfermó el día anterior y que era uno de los encargados de subir y después sacar toda la carga que la gabarra llevaba en su bodega.
Aún no me era indispensable trabajar para vivir, pero era una buena oportunidad para coger algo de experiencia y así ahorrar algo de dinero, puesto que no sabía si más tarde conseguiría trabajo en otro barco, y todos los días tenía que comer y dormir. Por cierto que según tenía entendido, las ciudades costeras eran mucho más caras que las pequeñas ciudades interiores y mis reservas pecuniarias menguaban día día inexorablemente...
Así pues, el día aún no despuntaba del todo cuando ya estaba en la gabarra descansando, después del duro trabajo de embarcar las mercancías, y deslizándome río abajo, primero de Spathlin a Glanhir por el Ringló y después al sur de Glanhir por el Morthond, tras afluir el Ringló en él, sobre este río, "Raíz Negra" lo llamaban los ribereños, corrían numerosas leyendas relacionadas con su nacimiento cerca de los Senderos de Los Muertos, en Erech. Desde la bulliciosa Glanhir hasta el mar sólo había 90 kilómetros, que poco faltaba ya para ver mi ansiado mar..

Mi primer contacto con el mar permanecerá imborrable en mi memoria hasta el fin de mis días, la brisa me trajo un olor característico, salino, y cada vez en mayor número las gaviotas me saludaban con sus gráciles vuelos y ruido característico.. ahí estaba frente a mi (por fin!!) el majestuoso mar, brillando cual espejo y reflejando los rayos del sol en todas direcciones, era un espectáculo fantástico incluso para los acostumbrados a verlo, en el estuario del Morthond había muchas embarcaciones de todo tipo, unas pescando y otras en camino bien río abajo o bien con intención de remontarlo, me sacó de mi ensimismamiento el capitán al ordenarme bajar a la bodega para ir preparando el desembarco en el ya próximo puerto de Dol Amroth.

Mi grado de excitación no paraba de crecer y, mientras tanto yo me encontraba en la bodega, que no tenía lugar alguno desde el que poder contemplar la vista exterior e imbuirme de pleno en el ámbiente marino, del cual hacía escasos momentos había quedado enamorado.
Por fin el barco quedó totalmente parado, y el trasiego en la cubierta iba en aumento, eso significaba que ya estábamos amarrados a puerto, todos arriba se afanaban atando cabos y plegando el velamen, pronto rugió la voz del capitán:
-Vamos haraganes no tenemos toda la mañana, comenzad la descarga, vamos rápido!! Dentro de poco podréis emborracharos en las mejores posadas y tabernas de toda Belfalas!! Jajajaja
No había terminado de reír el capitán y ya estaba yo saliendo de la bodega con una caja de considerables dimensiones y no poco peso, pero al emerger de la bodega y ver la vista quedé paralizado ante lo que veían mis ojos y mascullé:
-Es increíble... fantástico...
-Vamos hijo, ahora has de trabajar! Ya tendrás tiempo de conocer la ciudad a fondo, yo también me sorprendí mucho de joven cuando la ví por vez primera desde un barco, pues no es esta una ciudad cualquiera, se dice que es la más bonita y más élfica de todas las que existen en Gondor, no en vano nuestro Príncipe tiene sangre élfica por sus venas.. pero vamos! Vamos! No es momento de charla, cuando termines de descargar podrás desaparecer entre sus calles jajjaja
Así como mi primer contacto con el mar no lo olvidaré jamás, la primera vez que contemplé Dol Amroth, la antigua Lond Ernil, no fue menos emocionante, aparte de no haber visto jamás ciudad tan grande y majestuosa, con sus imponentes murallas y acomodada sobre la colina, que protegía los 3 puertos de la ciudad:
-El puerto comercial, en el que me encontraba y donde atracaban todos los buques con fines comerciales, lleno de grandes almacenes y mercados.
-el puerto de trabajo o astilleros, donde fabricaban y reparaban todo tipo de barcos y atracaban los bajíos pesqueros de la bahía.
-el puerto de guerra, donde descansaban los barcos de la Armada del Príncipe y los marinos de guerra, en constante lucha contra los deleznables Corsarios de Umbar.

En la cima de la colina que domina la bahía se encuentra la fortaleza del Príncipe, solo superada en defensas por Minas Tirith y quizás Minas Ithil, hogar del actual príncipe, Galador, primero del segundo linaje según las enseñanzas de mi viejo maestro en Calembel, el anterior fue Edrahil que fue muerto luchando heroícamente contra la Oscuridad, dejando a la ciudad sin Príncipe al no tener descendencia, Galador fue designado por el rey.
Toda la ciudad estaba amurallada por la parte que no estaba ya de por sí cubierta con defensas naturales, acantilados y mar, incluso la entrada de los puertos podía cerrarse mediante una gran cadena que reposaba en el lecho del puerto y que se podía subir mediante tornos situados en las atalayas que guarecían las entradas portuarias.
El aire élfico se notaba en los numerosos jardines y zonas arboladas, además de que las construcciones eran gráciles y esbeltas, nada tenían que ver con lo que había visto hasta ahora en temas arquitectónicos.
Después de un par de horas de agotador trabajo toda la carga estaba ya dentro de un almacén, en toda la mañana no cesaba el gentío en aquel puerto, las idas y venidas de bajeles eran constantes y las mercancías eran un flujo interminable.
Se nos acercó el capitán a los grumetes responsables del desembarco, y nos pagó lo estipulado a cada uno, los marinos hacía rato habían desaparecido y probablemente estuviesen gastando su paga en alcohol o vicios peores, terminado el pago se dirigió a mi:
-Hijo dentro de 2 días zarpamos de nuevo hacia Glanhir, si te interesa muchacho, puedo hacerle un hueco a esos brazos tan fuertes que tienes..
-Gracias capitán, pero mi intención es quedarme un tiempo en la ciudad e intentar enrolarme en la tripulación de algun barco que vaya al sur o hacia Pelargir, quiero sentir que se siente al navegar mar adentro.
-Veo que tienes un corazón intrépido y ávido de mar, eso me gusta hijo, no eres un marino de agua dulce como esos zoquetes que tengo por tripulación jajaja pero el mar es peligroso hijo, de todos modos creo que puedo ayudarte, sé lo que es llegar a una ciudad extraña y no saber dónde ni a quién dirigirse.
-Muchas gracias capitán, espero poder algún día devolverle el favor con creces.
-Dime tu nombre, voy a escribirte una especie de recomendación dirigida a un capitán amigo mío que en breve parte hacia Pelargir, quizás te puedas enrolar en su tripulación, aunque no te prometo nada.
Debes dirigirte a la Ciudad Blanca, el barrio de los marinos de guerra, y donde se encuentra la ensenada de los barcos Blancos, joyas de la Marina del Príncipe y allí buscar una posada llamada La Luna Gris, frecuentada por capitanes de visita o paso por la ciudad y preguntar por el capitán Dairos, pregunta al posadero se llama Edheldur y es un buen hombre.
-Mil gracias! Estoy en deuda con vos, mi nombre es Amondil, pero para serle sincero capitán... no tengo apenas experiencia en el mar..
-Jajaja eso salta a la vista jovenzuelo! Si consigues hacer ese viaje, aprenderás lo básico con rapidez, navegar junto a hombres experimentados en la mejor escuela Náutica. Ya le especifico en la carta que apenas tienes experiencia, pero que tienes fuertes brazos y buenos ojos, además de muchas ganas de navegar, el sabrá que hacer contigo. Trátale respetuosamente pues es un capitán de renombre, yo serví con él muchos años como Segundo.
-Gracias de nuevo capitán, voy raudo como una flecha a verle no sea que zarpe sin mí! Cuídese mucho!
-Jajaja igualmente hijo, te deseo toda la suerte del mundo, algún dia quizás nuestros destinos vuelvan a cruzarse, adiós!

Después de la despedida y con la carta sellada en la mano, me dirigí bordeando el puerto comercial hasta el siguiente puerto que era el de trabajo, allí se afanaban los constructores en unos armazones que después serían barcos, también llegaban bajeles cargados del fruto del trabajo de toda una mañana y descargaban todo el pescado y marisco para posteriormente llevarlo a un edificio grande que debía ser la lonja, tenía ganas de curiosear por ahí pero la prudencia dictaba que debía intentar hablar con el capitán primero. Pasé junto a 2 edificios grandes en los cuales leí sendas placas:
-Rondocoroth Círdain y Rondocoroth Pisgedain
No eran sino los edificios de los gremios de Constructores de Barcos y Pescadores respectivamente.
Por fin llegué al puerto de Guerra y a la Ciudad Blanca, aquel barrio y puerto tenían un ambiente distinto a los anteriores, en los muelles estaban amarrados navíos de guerra y pululaban guerreros marinos por todos lados, ví tiendas especializadas en instrumental náutico preciso y tiendas especializadas en todo tipo de Mapas y Cartografía. En este puerto rápidamente destacaban 2 edificios: el del Gremio de Constructores de Barcos Blancos, muy privado y elitista, y la Mansión de los guerreros marinos, donde estaban acuartelados los miembros solteros.

Después de preguntar a un joven guardia, no tendría mucha más edad que yo, llegué a mi destino: La Luna Gris.
Era un sobrio edificio de 4 plantas frente a los muelles mismos y en el momento de mi llegada, pasada la hora de la comida, reinaba una total calma sólo rota por una discusión de 2 clientes acerca de qué ruta era más conveniente y más segura..
Me acerqué a la barra e hizé sonar una campana que había sobre ella al no ver a nadie, ipso-facto salió de debajo de la barra una joven de ojos melosos y cálida sonrisa y me preguntó con una voz aterciopelada:
-Qué deseáis joven señor?
-Quería hablar con el propietario si es posible, he de preguntarle si se hospeda aún aquí un renombrado capitán de barco, tengo que darle una misiva pues deseo enrolarme en su tripulación.
-Me temo que mi padre no se encuentra en estos momentos en la posada, yo soy su hija Nimrilien, mi padre fue esta mañana al barrio de los Castillos a visitar a un amigo y todavía no ha regresado. Si me decís el nombre de ese capitán tal vez yo pueda ayudaros.- dijo mientras extraía un voluminoso libro de anotaciones de debajo de la barra.
-Mi nombre es Amondil y soy nuevo en la ciudad, por ello si fueráis tan gentil de ayudarme os estaría muy agradecido, observó que la chica lo miraba fijamente a los ojos y se sonrojaba, el nombre del caballero es Dairos, tengo una carta sellada para él y he de entregarla personalmente.
-Dairos!! El capitán Dairos? Lo conozco desde que era una niña, es un cliente habitual de La Luna Gris y amigo personal de mi padre, aún sigue hospedado aquí pues hasta dentro de 3 días no zarpa en dirección Pelargir. En estos momentos creo que esta en su barco, El Dama Lessith, que se encuentra en el astillero, pues sufrió leves daños en una tormenta viniendo hacia aquí.
-Muchas gracias Nimrilien, que alivio que todavía no haya zarpado, además dispongo de 3 días para visitar esta magnífica ciudad!!, por cierto ¿disponéis de alojamiento?
-Lo siento Amondil, están todas las habitaciones ocupadas, realmente siempre estamos así, las reservas duran hasta dentro de 1 mes! Pero si aguardáis un rato a que llegue mi hermano mayor, que se encuentra realizando un encargo aquí cerca, yo misma os haré de guía por la ciudad y podré llevaros tanto a ver al capitán a su buque como facilitaros la búsqueda de alojamiento, ¿os place?
-Será un placer esperaros, por una guía así merece la pena esperar aunque fuesen años al sol, de paso aprovecharé y comeré algo, no pruebo bocado desde esta mañana y probaré también algo de cerveza.
-Sentaos donde queráis, enseguida os sirvo algo de comer y esa cerveza.- dijo mientras desaparecía por una de las puertas.

Me acomodé en una mesa junto a una ventana desde la cual podían verse los barcos atracados y a los marinos en sus cubiertas y me puse a meditar sobre lo ocurrido hasta ahora.. mi partida precipitada, viajes en barcaza por los ríos Ciril, Ringló y Morthond , mi primer contacto con el mar... para terminar con el descubrimiento de esta gran ciudad y algunos de sus habitantes....

En aquel preciso instante Nimrilien irrumpió en el salón portando una bandeja llena de pescado y marisco de la bahía y una espumosa cerveza. Se había mudado la ropa de trabajo, por otra más acorde para pasear por la ciudad, y aún estaba más hermosa.. tanto que no pude evitar quedarme embelesado con la boca abierta por unos instantes.
-Comed presto, pues mi hermano ya llegó y cuando terminéis iremos a ver a Dairos y después a buscaros alojamiento y cerrad esa boca! Ni que acabárais de ver a la mismísima princesa!
-La belleza de la princesa sin duda palidecería frente a la vuestra, si me permitís la osadía..
-Jajaja comed y no digáis barbaridades, el hambre sin duda os ha afectado el juicio jaja

Acto seguido me puse a comer bajo la atenta mirada de mi anfitriona, y tan pronto terminé y pagué la cuenta, salimos por la puerta en dirección a los astilleros, charlando animadamente...
(to be continued)




 
[sTuKa]
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 05-05-2004 Hora: 19:46
Ostras!
Ahora que he de decir?
me gusta tu estilo, esto pinta bien.
se me da que eres aficionado a las novelas clásicas de aventuras.


Fecha: 03-04-2004 Hora: 04:34
Mi señor Stuka: Espectacular! impresionante y encima muy largo.
Pero te felicito y cuando viaje ya tenes el lugar aasegurado

Fecha: 05-03-2004 Hora: 15:54
Vaya!! durante un rato he creído oir las gaviotas, los martillazos de los astilleros y hasta el corazón de Amondil al ver acercarse a Nimrilien!! Buenísima narración, si señor.... lo bueno de no haberla leído en su día es que ahora puedo leer varios capítulos seguidos voy a ello!

De: Korg
Fecha: 21-12-2003 Hora: 14:48
Me uno a las alabanzas

Fecha: 14-08-2003 Hora: 00:55
genial
sin palabras, elmejor relato, sin duda

Fecha: 07-06-2003 Hora: 16:28
No está mal. Lo que más me ha picao es la historia de amor que empieza. Veremos como van dando juego los viajes del chaval.

Fecha: 28-05-2003 Hora: 03:19
impresionante