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Un rohir en la corte del Rey Elessar
Por Baldor
 
23 año 4ª Edad.

Minas Tirith

Salón de banquetes del Rey Elessar.

El monarca miraba alegre el bullicio que reinaba en la sala, los rohirrim, como cada vez que venían a visitarle, tanto si era por motivos gubernamentales o simplemente una visita social, agradecían de todo corazón, las muestras de afecto del rey, ¿todos?...

Elessar se fijó en que el capitán de aquellos aguerridos jinetes tenía una alegría forzada, intentando que sus hombres no se dieran cuenta de la angustia que vivía en el corazón. Poco a poco, paseando entre los alegres hombres y mujeres se fue acercando a su objetivo…

_ Capitán ¿puedes acompañarme un momento?

Con cara de alelado, el jinete fue con el Rey hasta el despacho del Monarca.

_ A ver, ¿Baldor? , si eso... ¿Qué te sucede?

_ Nada Majestad. –Baldor miró a Elessar y vio que la respuesta no colaba.- Es un asunto personal.

_ Baldor, hace 5 años que no acompañabas a tu éored en una visita a Minas Tirith, algo ha pasado en ese tiempo… venga dime qué te pasa.

_ Mi Señor, 3 años a que la alegría de mi casa, la paloma que ponía paz en mi espíritu, mi compañera pasó al otro lado, dejándome un mozo que tiene 22 años, el cual ya porta el estandarte de la guardia y una copia de ella que ya tiene 18 primaveras, precisamente en estos momentos debe estar siendo presentada a la Reina, aunque ambos intentan alegrar este triste corazón, nada parece lograrlo.

El Rey comprendiendo al veterano soldado se dijo sino seria ocasión de que alguien pusiera en práctica un antiguo plan y de paso clausurar de una vez un misterio.

_ Baldor, dijo el soberano, hace tiempo, antes de Pelennor, en mi estancia en El Sagrario me fue obligado circular por un sendero…

_El sendero de los muertos, mi señor, precisamente fui yo el guardia que os vio introduciros en el junto con vuestros compañeros.

_Bien pues ese sendero da a una puerta, esa puerta a un corredor zigzagueante, y dicho corredor a una inmensa sala, al principio no se distingue nada mas, al cabo, al fondo de esta se distingue el brillo de algo, si te acercas encontraras un caballero, ya descarnado, ante una puerta, esta está sellada, nadie sabe cómo, la espada del caballero rota yace en el lugar, creo que sabes quién es.

_Mi señor, su nombre llevo, hijo de Brego fue. Aun siendo de una rama menor, la tradición nos ata y nos liga. Sabemos que a la aventura partió y que grande hazañas se propuso, más que muerto y descarnado, en la gran sala yace, solo a vos debemos conocimiento.

_En aquel momento, y dado que lo que depararía el futuro, no lo sabía nadie, declaré que permaneciera allí y que la puerta no fuera forzada. Quizás sea hora de que el edicto sea revocado y los restos de un príncipe real descansen entre sus ancestros. Piénsatelo y cuando te decidas abre este pergamino sellado y sigue sus instrucciones… solo te pongo una condición, nadie debe saber lo que pone, es un secreto que pasa de padres a hijos desde Isildur hasta hoy, yo no necesitare mas el poder que ese secreto me confiere, y mi hijo bastante tendrá con continuar mi labor. Una cosilla de nada, hablare con Arwen y veremos de coger a tu hija en la corte, y si alguna vez se casa… tranquilo por la dote. Ahora volvamos a la fiesta.

Al día siguiente Elessar salió como siempre al jardín del árbol para su paseo matinal y poco a poco, ensimismado en sus pensamientos fue acercándose al mirador, cuando ya estaba a punto de llegar los cuatro centinelas que protegían el árbol cambiaron de actitud y se dispusieron a atacar cobardemente al Rey. Cuando uno de ellos estaba a punto de lanzar la jabalina que usaba como arma, una voz les sobresaltó a los cinco….

_CUIDADO MAJESTAD.

Automáticamente el rey se dejo caer rodando al suelo, el que lanzaba la jabalina titubeó y falló el tiro, todos echaron mano de las espadas y dividiéndose en dos grupos se lanzaron dos hacia el monarca y los otros dos hacia el intruso.

Elessar desenvainó el puñal, única arma ofensiva que llevaba y aprovechando que le atacaban uno a uno, desvió la espada del primero y con el mismo movimiento apuñaló al atacante mientras con la otra mano se apoderaba de la espada cuando este la soltó. Ya armado debidamente solo le costó 1 instante eliminar al segundo atacante. Girándose en dirección a los otros combatientes vio que el hombre que le había salvado estaba ya deshaciéndose del último de los atacantes.

Con cuidado y mirando a todos lados se acercó al hombre y cuando aún estaba algo lejos se relajó, delante de él y con media espada en la mano y el trozo que le faltaba en el suelo se alzaba la efigie de un rohir conocido.

_Baldor… levanta, alguien que salva la vida del Rey de Gondor tiene derecho a permanecer de pie ante él. Eso dijo cuando, como era costumbre, el hombre echó rodilla a tierra en saludo respetuoso.

En ese momento una escuadra de la guardia de palacio alertada por al sonido de la lucha hizo acto de presencia… todos se horrorizaron ante el posible magnicidio que había estado a punto de consumarse, pero aun así revisaron los cuerpos de los muertos.

_Majestad, son soldados alistados hace dos años y por las señas pertenecían a una de las bandas de salteadores que fue desmantelada hace unos años… han estado infiltrados al parecer hasta ahora que se ganaron el honor de guardar el árbol blanco.

_Revisad a toda la guarnición sin hacer bullicio y como si aquí no hubiera pasado
nada. Anárion tráeme a Calmacil. Capitán Baldor entregadme vuestra espada, quisiera conservarla como signo de agradecimiento.

Al cabo de un rato, en que el silencio reinó en el Jardín mientras eran retirados los cuerpos y desaparecía toda señal de combate, el enviado a buscar el objeto que demandaba el Rey se presentó con algo envuelto en una tela negra donde se adivinaba el árbol blanco de Gondor, se la entregó a Elessar y este al desenvolverlo dejó a la vista una preciosa espada. La tela con la que estaba cubierta era un estandarte.

_Capitán, dijo dirigiéndose al azorado jinete al que todo aquello se le escapaba, me habéis hecho en tres días más favores de los que yo podría devolver en lo que me resta de vida. Tomad esta espada, forjada por las mismas manos que lo hicieran con Anduril. Su nombre es Calmacil "Espada Luminosa", que ella os ilumine y os guie, el estandarte llevarlo a Éomer y con la carta que os daré que lo cuelgue de las paredes de Medussel.

Dicho esto el mismo Elessar ciño a la cintura de Baldor la espada, la cual brilló aceptando al abrumado rohir como nuevo señor.

Dos días más tarde, en el salón del trono y ante toda la Corte Elessar hizo entrega de la carta junto con el estandarte al jefe del éored que en pleno veía como su capitán era homenajeado por el mismo gobernante de Gondor. Una vez terminada la ceremonia y guiñándole un ojo el Rey al ya más que amigo…

_Amigos, un momento de atención por favor… Os comunico que a partir de hoy hay una nueva flor en el jardín de esta corte, demos la bienvenida a Uhte.

Una cortina del fondo se abrió y una jovencita de cabello castaño, 1,70 de alto, ojos de color avellana, avanzó hacia el trono mientras un aplauso la acompañaba, mientras su padre no podía contener las lagrimas de felicidad y, levantando la mirada hacia una ventana por la que entraba un solitario rayo de sol, pensaba: “Uhte, amor mío, nuestra hija ya vuela sola, he hecho todo lo que he podido”.

Una semana después el éored de las capas verdes regresó a Edoras.

Pasó el tiempo y Baldor por las noches pensaba en la sala de la puerta y en lo que Elessar le explicara aquella noche de fiesta.

Un día, ya decidido rompió el sello que cerraba el pergamino y lo leyó. Al instante comprendió el porqué era necesario el secreto, y armándose de valor visitó a su pariente y Señor Éomer. Este, sabiendo por la carta que le entregaran tiempo atrás que ese día llegaría, le dio dispensa y también impedimenta y dos caballos que serian necesarios para realizar la tarea requerida. Y un buen día el jinete partió para cumplir la promesa que se había hecho.

Hacía años que la última compañía de vivos cruzó por el camino que ahora recorría el solitario jinete, igualmente a diferencia de la última vez el ominoso silencio era roto por el trinar de los pájaros los arboles esqueléticos que antaño bordeaban el camino habían sido substituidos por ejemplares frondosos, el sendero de los muertos era solo un recuerdo de lo que era.

Llevaba ya un buen rato recorriendo el Sendero cuando llegó a una oscura abertura entre las rocas, detuvo al hermoso pinto que llevaba ya 12 años con él y diciéndole unas cuantas palabras lo dejó en un claro donde crecía jugosa hierba, y él se introdujo por la puerta.

A la luz de la antorcha, el suelo se veía cubierto de polvo… las huellas de la última expedición ya no se veían. Anduvo un cuarto de hora por un pasillo zigzagueante. De pronto la antorcha que le daba luz iluminó un espacio inmenso, del que no se distinguían las paredes. Siguiendo las precisas instrucciones que le diera Elessar distinguió al fondo un brillo y caminando un poco más al final se detuvo delante de su remoto antepasado. Nada había cambiado, seguía en la posición en que cayera.

Tras estar unos minutos en respetuoso silencio se dispuso a realizar lo que le había llevado allí. Deslió un estandarte de la casa real y lo extendió en el suelo, luego con todo el cuidado del que fue capaz le dio la vuelta al cadáver. Aun siendo en parte esqueleto, la sequedad de la cueva había preservado lo suficiente como para darle consistencia y hacer fácil su manipulación. Una vez puesto en medio del estandarte y los trozos de espada encima del pecho, lo envolvió y mediante correas especiales fijó el envoltorio. Cogió dos lanzas que llevaba para el caso y las pasó por unas argollas en las correas, haciendo unas parihuelas y con mesura lo arrastro hasta la salida. Antes de iniciar el regreso aun le quedaba un asunto pendiente. Rápidamente volvió a la puerta y poniéndose frente a ella desenrollo el pergamino de Elessar y con voz serena recitó los versos en el escrito:


elyë, i yalumessë antanë cuilë
elyë, i yalumessë antanë anqualë
elyë, i yalumessë né túrin'ambartanen
eä! Nai sin'aurello termaruvalyë et enyaliello


“Tú que en una lejana ocasión diste vida
tú que en alguna lejana ocasión diste la agonía previa a la muerte
tú que en alguna lejana ocasión estuviste dominada por el destino
¡sea que permanezcas desde este día fuera del recuerdo!”

Sin ruido, el marco que encuadraba la puerta se fue disipando hasta que al cabo de unos segundos nada daba a entender que allí hubiera existido un paso. Una vez realizado el encargo quemó el pergamino con la antorcha con que se iluminaba hasta que no quedó ni rastro, una vez hecho abandonó por última vez aquella sala sabiendo que el misterio de la puerta sellada seria un secreto para siempre.

Una vez fuera usó los dos caballos que Éomer le dejara para, con las lanzas, hacer una cama entre ambos y llevar así el cuerpo del primer Baldor a su destino final.

Dos días después entraba en Edoras y la gente instintivamente formo la procesión que acompañó a la comitiva hasta la puerta de Meduseld.

En el castillo y siguiendo la costumbre se le rindieron los tributos, se realizaron los ritos y transcurrido el tiempo oficial fue trasladado a una tumba al lado de sus progenitores.

Baldor envió a Elessar un mensaje lacónico: Hecho.

Elessar le contesto con otra palabra: Gracias
 
Baldor
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 01-07-2007 Hora: 00:07
A mi me resulta desordenado. Rezuma emotividad, pero no lohace con toda la coherencia que debiera. No sé si eliminaría alguna escena o la alargaría para que tuviera sentido; o quizás el argumento global tenga menos peso que las escenas. Es como si tuvieras unas imágenes en la cabeza, con las que te deleitas, pero que no acaban de funcionar como conjunto.

Fecha: 28-06-2007 Hora: 02:58
Me gusto mucho baldor, es facil de leer y entretenido, sigue así, mientras lo leia me parecia vivir una partida de rol