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Elfo del Bosque Negro
Capítulo 2
¿Cúal es la verdadera muerte?
Por Zeirkrad
 
Yo, Arbresyl y los otros que quedábamos llegamos por fin a nuestro destino. Lothlorien. Dónde vivían los Galadhrim, súbditos de Celeborn y Galadriel.
Yo iba el primero por el camino. Alguien me palmeó el hombro, Arbresyl.
-¡Por fin hemos llegado!
-Sí, pero hemos pagado con la vida de nuestros compañeros-dije negativamente.
Yo era así, no podía ver todas las cosas buenas, solo las malas. Ya que no habían pasado muchas cosas buenas en mi vida, salvo tener a Maegal y a mis padres.
Cuándo vimos los mallorn quedamos inmóviles por su belleza. Llegamos al Bosque Dorado.
Yo, Arbresyl, los hermanos Dandel y Lucian, Alec, Leisir, Caínborn y Archer gritamos al llegar.
Muchos de nuestra gente vino a darnos la bienvenida y no la esperabamos y se celebró una gran fiesta en honor a nuestra llegada y a los árboles.
Fuimos puestos en la mesa de Celeborn y Galadriel. No los imaginábamos asi, supimos que eran sabios pero al verlos nos lo parecieron aun más.
Estaba sentado al lado de Galadriel y me dijo.
-¿Por qué no disfrutas de la fiesta?
-La disfruto mi señora pero no puedo olvidar a mi gente por mucho que quiera y me gustaría no sentir nada.
-Los tuyos te acompañan allá dónde vayas tú Eleazar. Y sé que no estás asi por haber dejado a tu familia o tu hogar, tienes que haber dejado a alguien muy importante aparte de la familia. Y creo que estás equivocado al decir que te gustaría no sentir nada. Porque sentir cosas es lo mas maravilloso que tenemos.
Hablamos mucho, durante toda la fiesta. Le cogí confianza he de admitirlo pero sigo pensando igual. Qué los elfos no seamos una especie guerrera ya lo sé pero.. yo elegiría ese camino porque creo que sentir afecto me hace débil.
Los años pasaban y nos llegó noticias de Urnsleil. Había sido arrasada por los orcos, no supimos si había supervivientes pero sí sabía una cosa... eramos huerfanos en una guerra particular entre nosotros ocho y los trasgos.
Lloramos por nuestros seres queridos, por Maegal..
Y me volví más oscuro entonces. Dejé de hablar durante mucho tiempo y siempre estaba de mal humor. Los echaba de menos a todos los habitantes de Urnsleil y a mis hermanos de armas pero decidí que siempre que me encontrara con un trasgo mataría a cuantos estuvieran a mí alcance.
Una vez estaba dando una ronda por los limites del bosque con el arco preparado y mis dos espadas. Arbresyl estaba a mi lado.
-Eleazar, murieron combatiendo, eso para ti es morir con honor pero ¿porque sufres entonces?
No respondí y me alejé. Solo me quedaban mis hermanos, suerte tube al conocerlos a todos ellos.
Pasados dos años más nos llegaron noticias que quien lideraba la fortaleza de Dol Guldur eran los espectros de Sauron y que los elfos silvanos tenían muchos problemas con ellos. Pero no volvimos, luego supimos que empezó la llamada Guerra del Anillo, que Saruman nos había traicionado y que había creado a los Uruk-hai y que asediaban el reino de Rohan.
Un día Haldir decidió llevarse quinientos soldados por orden de Celeborn para ayudar a las huestes de Rohan.
Yo y mis hermanos nos alistamos en esa escaramuza.

Un largo camino hacia Rohan. Y llegado a ese sitio nos enteramos de que Theodén se había refugiado en el Abismo de Helm.
Marchamos y llegamos de noche. Oíamos los pasos del ejército Uruk-hai que aun estaba distante de nosotros.
La imponente fortaleza nos abrió las puerta y fuimos situados en el Muro del Bajo.
Tres filas formamos a lo largo del muro y otras tres filas en el patio.
Los Uruk-hai llegaron.
Aragorn estaba delante de nosotros, liderandonos, seguramente sería una batalla digna de recordar.
-¡Disparad!-ordenó Aragorn.
Y disparamos, una y otra vez a la vez que recibíamos el fuego enemigo y caían de los nuestros. La lluvia no nos molestaba a ninguno de los ejércitos. Llegó la hora de las escalas y ya empezaron a subir aquellos asquerosos por ellas. Recibían mandobles de nuestras espadas pero subían en gran número. Caían mucho de uno y otro bando.


Hasta que un orco armado con una grna antorcha corría hacia el muro, Legolas disparó tres flechas pero no lo abatió y no se como pudo pasar que hubo una gran explosión. Habían abierto una brecha y los uruk-hai cargaron y fueron recibidos por una descarga de flechas, yo estaba entre aquellos arqueros. Pero entraron muchos y nosotros tambien cargamos pero nosd encontramos con un muro de lanzas y mucho acabaron ensartados. Luchaban bien aquellos orcos pero eran victimas de mis espadas.
Hasta que algo me golpeó el hombro, caí al suelo y luego algo penetró en la carne y la armadura. No podía levantarme, ya me daba igual, había sido una gran batalla y todos los míos ya estaban muertos... Espero verlos en las estancias de Mandos...

 
Zeirkrad
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 31-01-2009 Hora: 11:18
Una historia muy bonita, me ha encantado, aunque como dice Samkale, tendrías que darle más importancia a otras escenas (aunque me ha encantado, espero más)

Namárië

Fecha: 29-01-2009 Hora: 20:55
Esta muy bien, pero en mi opinion, describes demasiado las batallas y quitas importancia a otras escenas. Me ha gustado esa frase ``sentir es lo mas maravilloso que tenemos´´
Me he quedado con ganas de mas...