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Los Magos Azules, o de lo que aconteció en las tierras del Este en la Tercera Edad.
Por Sylmarien
 
Está escrito que cinco fueron los Magos que llegaron a la Tierra Media en medio de la bruma, sin embargo, hasta ahora sólo se ha sabido la historia de tres. Los hechos que aquí se narran pretender arrojar un poco de luz sobre los misteriosos acontecimientos que sucedieron en las tierras del Este, y la extraña misión que les fue encomendada a los dos magos que nos atañen, los llamados Magos Azules, cuyas hazañas quedaron fuera de los registros de la Historia.


Saruman el Blanco, Gandalf el Gris, Radagast el Pardo, y Alatar y Pallando, los Azules. La orden de los Istari, o como se los conoció en la Tierra Media, los Magos, fueron enviados por los Valar con un solo motivo: ayudar en la lucha que aún estaba por llegar contra Sauron y equilibrar así la balanza. Pero no todos cumplieron enteramente su cometido como se demostraría más adelante.

Al comienzo de la Tercera Edad del Sol, en la Tierra Media se extendían de nuevo las sombras; sólo el Oeste, bajo el reino de Gondor, y algunos de los pueblos libres que todavía resistían, se mantenía en pie, pero al Sur, al Norte y al Este, la oscuridad crecía, corrompiendo los corazones de los orgullosos hombres.

En las tierras de Rhûn, al Este, se extendían amplias llanuras y praderas de hierba verde, y allí vivían pueblos cuyo techo era el cielo y su casa, lo que la vista pudiera abarcar, y que se desplazaban siguiendo el curso de las estaciones, o las piezas de caza. Pero más al este todavía, más allá del Mar de Rhûn, vestigio del más grande Mar Interior, habitaban tribus sedentarias, allí donde las leyendas cuentan que si situaba el mítico Cuiviénen, el lago primordial donde despertaron los primeros Padres de los Elfos, hace tiempo ya sumergido bajo las aguas. No hay retorno a Cuiviénen.

A estas extrañas tierras fueron mandados los Magos Azules, con la misión de encontrar las pocas tribus que se habían revelado contra el poder de Melkor y fortalecer así las esperanzas de los pueblos libres del Oeste, y en este primer viaje fueron guiados por Curunír, el más grande de su orden, quien los llevó por senderos olvidados hacía ya mucho tiempo, abandonados al interrumpirse el comercio entre las dos mitades de la Tierra Media. Luego regresó al Oeste, pero esa es otra historia, y de lo que se trajo o lo que aprendió de estas extrañas tierras nada contó nunca.

Cuentan las viejas y olvidadas leyendas, que los dos hermanos, pues ese era su parentesco, llegaron cruzando las extensas praderas hasta las montañas de tierras rojizas, las Orocarni, y que se hicieron pasar por viejos mercaderes ambulantes que, cansados ya del camino, buscaban sentarse a descansar. Traían objetos extraños de tierras lejanas, y oscuras pócimas que ayudaban a las parturientas, y a los viejos con problemas de huesos, por lo que fueron bien venidos en aquellas desapacibles tierras, donde el derecho a la vida dentro de la tribu había que ganárselo con el sudor de la frente.

Entre estas belicosas tribus, los magos azules olvidaron sus verdaderos nombres, y fueron conocidos por todos como Morinehtar y Rómestámo, “El que mata a la oscuridad” y “El que ayuda al Este”, pues fueron para aquellas gentes, como la primavera tras el invierno, o el amanecer al que deja paso la oscura noche. O por lo menos así fue en los primeros tiempos.

Mucho se dijo de sus hazañas contra el Enemigo en aquellos días, pero poco se recuerda, pues poco sobrevivió. Trabaron amistad no sólo con los hombres libres que encontraron, sino con las familias de enanos que habitaban bajo las montañas, olvidados por todos; y aprendieron mucho de ellos, cosas que les enseñaron de buen grado, y secretos guardados celosamente que averiguaron por su cuenta, pues grande era su poder por aquel entonces.

Conforme los largos años pasaban, la Oscuridad que dormía fue removiéndose, y las conciencias de todos lo sintieron como una gran losa que se cernía sobre ellas en la oscuridad y les ensombrecía el animo, y muchos entendieron que la hora estaba próxima, y que un nuevo Amo Oscuro se alzaba en poder, y, llegada la hora de decidir, sucumbieron ante el mal como otrora lo hicieran sus padres. Algunos por miedo, otros por codicia, los menos por maldad verdadera, uno a uno los jefes de las tribus rindieron pleitesía a Rey Brujo, y pocos escapaban al poder de su llamada.

Sin embargo unas cuentas tribus de la parte más alejada del Este, no oyeron su llamada, pues el Gran Amo Oscuro los había traicionado en el pasado, apresando a sus hijos, violando a sus mujeres y quemando sus aldeas, y juraron no luchar jamás por bando alguno, ni escuchar los consejos de nadie que no fuera de su propia tribu. Y se escondieron en lugares apartados y secretos, y volvieron la espalda al mundo conocido. Más el Enemigo sabía que estaban allí, y siempre los buscaba pues todas las almas eran pocas para la gran batalla que pensaba librar contra el Oeste.

A estas tribus llegaron los dos hermanos, y allí vivieron, reforzando las alianzas, y realizando conjuros de ocultamiento en secreto. Y cuando se ausentaban por largas temporadas, se reunían con los hombres de corazón puro que encontraban entre las tribus nómadas que adoraban al Enemigo, y les infundían el valor de resistir y de realizar actos nobles, y la esperanza de no vivir sojuzgados por la Corona de Hierro. Y tomaban la forma de unos y de otros para caminar libremente, organizando focos de resistencia, y haciendo que los emisarios se perdiesen y los planes no llegaran a culminarse. Así, por un breve espacio de tiempo, cumplían los hermanos la misión que les había sido encomendada, y muchas cosas nefastas no llegaron a suceder en el futuro gracias a esta vigilancia.

Sin embargo, como se ha dicho, las salidas cada vez fueron menores, y los conjuros cada vez más poderosos, y ya no se ocultaban ni escondían su poder. La gente de la tribu los admiraba y los temía, y los reverenciaban en secreto, y les pedían consejo y ya no escuchaban al Jefe de la tribu, sino a los hechiceros, como los llamaban. Y éstos tomaron aprendices, quienes se instruyeron en sus artes ocultas, y duras y peligrosas eran las pruebas que tenían que pasar, dando muchas veces la vida sin conseguirlo. Y tomaron el título de reyes, y ya no se inmiscuían en los asuntos de fuera, ni acechaban al enemigo, sino que observaban las estrellas desde altas torres, y codiciaban los secretos de la naturaleza para sus pócimas secretas.

Pero por estas cosas fueron descubiertos, y al fin el Enemigo supo donde buscar, pues en las noches claras, sus espías observaron rayos de luces multicolores que alumbraban el cielo, y supo que el sitio le había sido revelado. Y así fue que organizó un gran ejército para luchar contra estos dos magos, y todas las demás tribus del este se le unieron y marcharon contra los hermanos brujos, y fueron derrotados.

Pero no todo lo acontecido en estos días fue en vano, pues grandes fueron las perdidas que sufrió el ejercito del este, pues grande era el poder de los dos magos, y hasta el mismo Sauron temió que las fuerzas no le alcanzasen y tuvo miedo de salir al encuentro de Morinehtar y Rómestámo, por lo que mandó su ejercito de Barlogs, y a todas sus huestes y tras la batalla, toda huella de los magos y sus secretos quedó reducida a cenizas, y el paisaje cambió. Así, las tropas que después pudo mandar sobre el Oeste estaban menguadas, y el Este no sobrepasó al Oeste, y la luz no sucumbió ante la Oscuridad.

Pero no todas las enseñanzas de los magos se perdieron, como se creyó al principio, pues algunos de sus aprendices escaparon al desastre, y éstos y los descendientes de éstos, fundaron cultos secretos y tradiciones mágicas que perduraron después de la caída de Sauron. Los druídas o chamanes provienen de aquel linaje, que en épocas futuras se extendió por el resto de la Tierra Media, y el eco de las canciones de poder no se ha perdido del todo bajo las estrellas innumerables.
 
Sylmarien
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 25-06-2009 Hora: 18:13
Muy buena

Fecha: 11-05-2009 Hora: 22:29
Hola Sylmarien, queria hacer algo similar, sin embargo su parecido en redactado a Tolkien me supera aplastantemente. Triste la historia, pero en el fondo con proposito. Le felicito.