Ir a Posada de Mantecona
 


Mijail el Mercenario
Capítulo 2
Sombras del Norte
Por Amlach
 
Me hallaba sentado en una de las mesas del Salón Común, escondido tras las sombras de una tenue luz. Un grupo local reía mientras que otros se arremolinaban alrededor de un prepotente soldado de Gondor que contaba sus historias. Todo esto entre el bullicio del local de juerguistas y ladronzuelos de poca monta. Yo observaba el panorama levantando la vista de vez en cuando, intentando dar con mi amigo Mark, desconocido para mí. Terminé de cenar y me recosté en la silla echándome la capucha por encima. Encendí mi pipa y, entre volutas de humo, noté que varios de los hombres de la aldea se movían hacia una de las mesas cercana a la mía, ocupada únicamente por una persona de mediana edad. Este alzó la vista al ver llegar a sus tres amigos. Su cara no estaba para juergas.
-Vamos Mark-comenzó a decir uno-, deja de pensar en eso y únete a la fiesta.
-Hoy no podrá ser, Wecryn, estoy cansado-inquirió el hombre-.
Este miró a los otros dos acompañantes para que idearan un plan con el que hacer levantar a Mark de su asiento, pero estos se encogieron de hombros y Wecryn volvió a la carga. Yo aproveché que había escuchado el nombre de Mark para meter el oído y no perderme ni un detalle.
-Vamos Mark-le animó-. Todas esas cosas tuyas no son más que imaginaciones. Es imposible que unos lobos blancos hayan atacado tu casa. No hay lobos por esta zona, y menos de esa raza. Creo que necesitas una buena jarra.
Y como si de magia se tratara, delante del humano apareció una jarra fría de cerveza. Sus amigos se separaron de él diciéndole que no le iban a perder de vista y volvieron al grupo que se reunía frente a la barra.
Esperé un instante, apuré mi cerveza y me acerqué con cierto sigilo hasta Mark. Con tanto, que incluso pegó un bote en el asiento y derramó líquido por todo el suelo. Pronto me dí cuenta que nadie se había percatado de mi movimiento, pues todos estaban pasándoselo en grande.
Al verme encapuchado, el campesino sintió temor por mí, pero una vez me lo hube quitado, se serenó un poco.
-¿Qué es lo que quieres?-preguntó todavía temblando-. No tengo dinero para darte. Mis cosechas están arruinadas.
-No vengo a robarte-. Y en ese momento le mostré el anuncio que él mismo había colgado en el tablón de la posada no haría ni dos días. Este lo miró sin pestañear y después miro mi atuendo, mi espada colgada del cinto y mi arco apoyado sobre el taburete de madera.
-¿Estás dispuesto a ayudarme, joven?
-Necesito trabajo, y algo como esto me vendrá bien para subsistir durante una semana por lo menos. Pero antes, cuéntame lo sucedido.
El viejo agachó la cabeza, dio un sorbo a su cerveza, se quedó pensativo por un instante y miró al techo, escogiendo bien las palabras que pensaba usar. Luego de un momento, me miró a la cara y agregó lo siguiente:
-Ha sido espantoso-comenzó-. Todo ocurrió al atardecer del martes pasado, cuando me dirigía a mi casa en Archet.
Se volvió a detener. No me importó. No tenía prisa.
"Me aseguré, antes de acceder al interior de mi vivienda, de cerrar el establo, pues los bandidos solían rondar por los alrededores. Entonces escuché a mi perro ladrar cerca de mi preciado ganado. Fue en ese lugar donde los vi. Eran grandes, parecidos a un huargo, pero eran lobos blancos, hermosos y terroríficos a la vez. Dejaban entrever sus largos colmillos, y de entre ellos surgían hilillos de saliva. Temblando de arriba a abajo, cogí la hoz que solía llevar en el cinturón y les hice frente. No sé que fue lo que les detuvo, pero se dieron media vuelta y partieron de allí. Creo que había alguien más vigilando por la zona, alguien malvado y perverso con planes malignos. Todavía siento escalofríos cada vez que pienso en ello."

Recapacité varios minutos mientras fumaba de mi pipa. Si no me equivocaba, los lobos blancos solo se encontraban en las tierras heladas del norte, cerca de la Bahía de Forochel. Todo aquello me olía mal, pero que muy mal.

El viejo seguía bebiendo su cerveza, aguada ya hacía un tiempo, mientras esperaba una clara respuesta. Lo miré fijamente durante un rato y pensé como se sentiría. Me puse en su lugar y mi cuerpo llegó a notar esa impotencia que radicaba en el interior del humano por querer salvar a su familia. Este me miró al ver que yo le observaba fijamente y recordé el premio de la captura.
-Yo te ayudaré-le espeté convencido-.
-Gracias, que Eru te conceda toda la gracia de la que dispone.
-Ahórrese sus sermones abuelo, y deséeles suerte a las Sombras del Norte. Yo parto de caza.
 
Amlach
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 01-07-2009 Hora: 17:42
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Fecha: 30-06-2009 Hora: 02:56