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Mijail el Mercenario
Capítulo 3
Bandidos de Bree
Por Amlach
 
Había conseguido salir de la aldea por la puerta oeste sin que nadie notara mi presencia en aquella noche cerrada. Me había echado mi equipo al hombro y me dirigía ahora hasta la granja de Mark, en los lindes del bosque de Chet, desde donde comenzaría mi misión de dar caza a los lobos blancos.
Anduve durante un tiempo en dirección norte, atento a todos los sonidos procedentes de los árboles, y me había alejado del camino principal por si las moscas. Mis sentidos me decían que podría caminar con seguridad aquella noche, aunque por mucho tiempo.
Según el testimonio de mi cliente, los lobos aparecían durante el crepúsculo para matar ganado y atiborrarse de ovejas, vacas y demás animales domésticos. El problema era que los lobos blancos no solían cazar tan al sur, pues eran naturales de Forodwaith, al norte de Fornost Erain, la antigua ciudad de los Reyes de Arnor. Todo aquello me olía a una trama oculta, incluso a corrupción.

Pocos minutos después había dejado atrás la casa de Mark. Me extrañó que sus dos valientes hijos no estuvieran vigilando, y descubrí que sus perros estaban muertos en el umbral de la puerta. Sobrecogido por la escena, me interné en el bosque donde pude ver unas huellas. Miré a los lados del sendero para poder agacharme con seguridad y supe desde el primer momento que se trataban de lobo, aunque sobre otras de humano. Entonces noté la presencia de una criatura, pero cuando alcé la cabeza estaba ya tumbado en el suelo, bocarriba. Se trataba de un lobo del color de la nieve, hermoso aunque peligroso, y me amenazaba con sus colmillos. Me mordió varias veces en mi brazo izquierdo hasta que me lo quité de encima de un puntapié. Logré ponerme en pie para desenvainar mi espada, cuando sin siquiera mirarme, dobló un recodo del sendero y desapareció entre la vegetación. Aún con mis heridas, seguí su estela durante pocos minutos hasta que me detuve. Delante de mí se abría el arco de una cueva. Vi que el lobo se internaba por ella y decidí acercarme a husmear.

Tras bajar varios escalones tallados en la piedra pensé que me encontraría con la manada de lobos al completo y que tendría que salir huyendo, pero no fue así. Para mi sorpresa, había construida una puerta bajo otro arco. Estaba abierta y de ella provenían voces humanas, en común, pudiéndolo entender perfectamente. La criatura ya había desaparecido y yo me apoyé en el arco de piedra a escuchar. Una de las voces me resultó muy conocida.
-Tenemos que actuar cuante antes-decía uno de ellos.
-Tranquilo Wetryn, nada se interpondrá en nuestro camino-le contestó el otro-. La gente piensa que los lobos actúan independientemente para buscar comida. No sospecharán de un complot.
-Mark ya ha contratado a un guerrero, Fiedrik-inquirió asustado Wetryn-, y no quiero que me cuelguen en la plaza.
-En ese caso tomaremos cambiaremos a sus hijos por un poco de oro y luego nos largaremos de la región.
Entonces, entendí que ese era mi momento y entré en escena espada en mano. Los tres hombres que se hallaban en la sala se quedaron estupefactos al verme. En los pocos segundos que tuve de confusión pude ver a los hijos de Mark amordazados en una esquina y varios cofres de oro apilados.
-¡Ese es el hombre!-alcanzó a decir Wetryn, que desenvainó su espada corta.
Fiedrik, el líder de los bandidos, le imitó, pero se lo tomó con más tranquilidad que, además de no quitarme ojo de encima.
-Bien, así que tú eres la persona que quiere fastidiarme los planes. ¡Chicos, acabad con él!
De esa forma comenzó el combate. Wetryn y dos más me atacaron con sus espadas corta. Yo me defendí como pude, pues no podía blandir ningún arma con mi brazo izquierdo debido a mis heridas, e intentaba aprovechar lo mal que luchaban para poder acertarles con mi espada. Me acorralaron contra una de las frías paredes de la caverna, lo que aproveché para atacarles, pues no me quedaba opción. Acerté a uno con una patada en el estómago y conseguí pasar entre los otros dos, derribándolos. Sin perder ni un segundo, liberé a los dos hijos de Mark para que me ayudaran. Cogieron sendas espadas cortas que había en uno de los expositores de la sala y plantaron cara a los bandidos.
-Coge a Fiedrik, nosotros los entretendremos.
Y fiándome de ellos, corrí por el interminable túnel. De vez en cuando me encontraba con una pareja de guardias que ya estaban avisados de mi llegada, pero ni yo les hacía frente, ni ellos a mí, pues preferían huir a ser colgados.

Después de lo que parecieron horas vi la luz del sol y salí a un nuevo sendero. Me pregunté entonces donde se hallaría Fiedrik y si sería posible todavía darle alcance. Corrí varios metros hasta que desistí, y cuando me giré para volver a la caverna, un puñetazo me hizo caer en seco al suelo. Se trataba del líder, que me había esperado. Yo me encontraba sin fuerzas para hacerle frente. De pronto noté el frío acero en mi mejilla y la sangre brotar. Riéndose, montó su caballo y se perdió en la espesura. Mis ojos se cerraron y no volví a ver nada más.
 
Amlach
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 05-07-2009 Hora: 02:15
Puede que sea un poco largo