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Mijail el Mercenario
Capítulo 4
Los Asesinos del Anduin
Por Amlach
 
Desperté tumbado en una cama mullida de plumas, tapado hasta el pecho por una sábana de seda. Al principio observé la sala detenidamente para intentar conocer el lugar en el que me hallaba. A mi derecha se abría una ventana que daba a la calle; a mi izquierda había un gran armario de roble con unos caracteres tallados en él; y para finalizar, delante de mí, el pomo de la puerta giró para dar entrada a dos hombres de mediana edad. Uno vestía una deshilachada camisa y pantalones de cuero, mientras que el otro portaba un uniforme digno de un mandatario. Me quedé mirándole largo rato hasta que se sentaron en mi regazo.
-Los hijos de Mark volvieron a la aldea, y con ellos los bandidos que os atacaron-le explicó el alcalde-.
-Uno escapó-apunté.
-Si, Fiedrik, gran amigo mío-dijo Mark con la cabeza gacha-. Wetryn también se encontraba allí.
-No te preocupes, los fronteros han salido en su busca.
-Jamás lo encontraréis-les hice saber-. Creo que sirve a alguien con más poder que él.
El alcalde miró a Mark con preocupación y se puso a meditar, mientras este se levantaba justo cuando sus dos hijos entraban por la puerta. Se acercaron para darme las gracias y preguntaron sobre mi estado. Iban armados y con uniformes de soldado.
-Te hicieron un corte en la mejilla izquierda, con forma de una cruz-apuntó uno de ellos-.
-Si, creo que se trata de alguna marca de la organización a la que pertenece.
Entonces el alcalde pegó un salto y me pidió que girara mi rostro hacia la derecha para que pudiera observar mi corte. Lo examinó muy de cerca y mandó llamar a uno de sus soldados veteranos. Minutos después apareció el que parecía el capitán de la guardia de Bree, con una barba canosa y el cabello largo recogido en una trenza. Vestía una cota de mallas junto con un yelmo de plata, y en un costado portaba una espada de gran calidad. Este también se acercó a mi rostro y en menos de cinco segundos miró aterrado al alcalde. Después lo hizo conmigo.
-Es la marca de Los Asesinos del Anduin, una tribu que fue sometida bajo el poder de Angmar.
Me incorporé como pude y, antes de que nadie pudiera detenerme, me vestí y ajusté mi espada en uno de mis costados. Me colgué el arco y pedí al guerrero veterano y a los dos hermanos que me acompañaran a dar caza a ese hombre.
-Nosotros te acompañaremos-dijeron Dirk y Doak-.
-Yo también iré contigo-añadió Vilkas, capitán de la guardia-.
El alcalde nos miró larga y detenidamente, pues partíamos ahora posiblemente para que nunca más nos volvieran a ver. Este me estrechó la mano como si fuésemos buenos amigos.
-¿Querrías formar parte de la guardia de mi villa?-preguntó el gobernador-. Viniste buscando un digno trabajo.
-Vine buscando trabajo, pero ahora las aventuras me han salido al paso-le respondí-. Tened preparada la recompensa para cuando regresemos con la cabeza de ese desgraciado.
Y así salimos en fila india de la habitación en dirección a los establos. Partíamos al este.

Continuará...
 
Amlach
 
 
 

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