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Ûvatha El Jinete
Capítulo 1
Golpe inesperado
Por Amlach
 
En las Cavernas de Olbamarl nació el pequeño Ûvathar Achef, rodeado de guerreros y mercenarios. Su padre, Kîonid Achef, era un príncipe variag exiliado de Lâorkí, al este de Khand. El joven había sufrido continuamente, pues su familia había tenido que huir de su casa y ahora vivían de forma nómada por los desiertos y praderas de la región, cosa que no le gustaba al pequeño. De vez en cuando se divertía jugando a que era un gran guerrero con los soldados de su padre, cosa que a Kîonid no le importaba, pues gustaba de que su hijo creciera fuerte y experimentado. El único que le miraba con envidia era su tío Mîonid, quien sabía que sería el heredero de los privilegios de su hermano y de su escaso poder.

Uno de esos días, después de una dura y larga jornada de viaje, y después de haber montado las tiendas en mitad de la nada, Ûvatha decidió pasearse por el campamento. Siempre acostumbraba a dar una vuelta de reconocimiento, como si de un gran explorador se tratara. Pero aquel día ocurrió algo que todos los variags recordarán.
Cuando se disponía a finalizar la vuelta, encontró el lugar donde se guardaban los caballos de los guerreros. Pensó entonces que podría montar uno de ellos y se dirigió hacia el interior, pero comprobó rápidamente que eran demasiado altos para él. Aún así, el niño deseaba dar una vuelta encima de uno de ellos, y se las arregló para llegar hasta lo alto subiéndose en un tonel. Cuando lo logró, la felicidad inundó su alma y pensó que estaría bien que su padre le viera montado en un caballo. De mientras, por el campamento, toda la gente buscaba al joven y su madre desfallecía, pensando que jamás lo encontrarían. Entonces, lograron ver un caballo negro que se dirigía hacia ellos. Los soldados sacaron sus arcos pensando que era un enemigo. El caballo se detuvo, irguiéndose sobre sus patas traseras. En ese momento descubrieron que Ûvatha montaba el caballo. Todos se quedaron sorprendidos por aquello, pues no llegaban a imaginar como un niño tan pequeño podía haber montado aquella bestia. Desde entonces fue conocido como Ûvatha el Jinete.

Pero su niñez no acabó ahí. En todo Khand se hablaba de su proeza. Su tío le envidiaba y su padre decía a todo el mundo que llegaría a ser un gran líder. Pero cada vez que mencionaba aquello, un pensamiento le rondaba la cabeza, acerca de las leyes de su pueblo y que nunca había revelado a su hijo. Pero esta información no la revelaré hasta más adelante.
Ûvatha, con casi ya siete años, acostumbraba ahora a montar ese mismo corcel, siempre bajo la supervisión de tres soldados. Las órdenes de su padre era que solamente podría cabalgar unas horas antes del anochecer, y este las aceptaba sin rechistar.
Pero un día sucedió algo inesperado. A los tres soldados no les gustaba hacer de responsables del pequeño jinete mientras él se divertía, así que le mandaron guardar el caballo antes de tiempo. Ûvatha se quejó, pues siempre finalizaba después del crepúsculo, cuando el sol se escondía tras la extensión de arena. Pero aquella vez al sol le faltaban todavía muchos minutos, y este se quejó. Los soldados lo intentaron llevar a la fuerza a su tienda, pero se libró de su captor, y con su propia espada le atravesó el estómago. Ûvatha estaba rabioso y los otros dos soldados no quisieron siquiera acercarse a él. Antes de que nada pudiese suceder, habían huido. Cuando el príncipe descubrió el cuerpo minutos después, observó a su hijo con la espada en la mano chorreando sangre. La pareja de soldados fue interceptada y condenada a muerte por privar al pequeño de un bien otorgado por su padre, pero la muerte de aquel soldado por Ûvatha el Jinete, un niño de apenas seis años, recorrió desiertos, ríos y montañas a lo largo y a lo ancho de Harad y Khand.
 
Amlach
 
 
 

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