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Ûvatha El Jinete
Capítulo 3
La Batalla de Noz Peka
Por Amlach
 
-Solamente necesitaba una escusa, siempre lo supe-dijo Kîonid-. Habrá una batalla entonces.
-Los hombres están listos, señor-le hizo saber Mîonid.
-Ûvatha, tú dirigirás el ala de caballería ligera, y no cargarás hasta que veas la señal, que será una flecha en llamas.
-Sí, padre, pero me gustaría añadir un pequeño detalle-los dos hermanos escucharon atentamente las palabras de Ûvatha-. Sería mejor que esperase hasta que la guardia del rey atacara, pues portan armaduras más pesadas. Entonces les cortaría la retirada y les sería más difícil luchar entre la confusión.
-Sí, me gusta, pues aunque son los guerreros más experimentados, les pillaríamos por sorpresa.
-Señor-interrumpió Arden justo en el momento de entrar en la tienda-, todo está preparado. Le esperan en el campo de batalla.

El muchacho había esperado mucho ese momento, pues era su primera batalla. Se puso un ligero peto rojo hecho de piel de buey, unos pantalones negros, una camisa negra, unas botas negras que le llegaban hasta las rodillas y una capa de color gris, a juego con sus ojos, típicos de los variags. Pero lo que más ansiaba ponerse era el yelmo que sacó de un arcón de madera. El damasquinado de oro tenía forma de murciélago y estaba abierto por la cara. Esa era su única armadura. No hacía ni un año había encontrado una gran suma de dinero en un ataque a un campamento enemigo y había mandado a un herrero que se lo forjase. Nadie lo sabía, pero era mágico, pues el portador adquiría los sentidos de escucha de un murciélago además de un agudo sentido del olfato y la habilidad de localizar objetos no visibles mediante ondas sónicas.

Hacia el río se dirigía la hueste de rebeldes del príncipe Kîonid, ataviados con unos ropajes rojizos. En primera línea se encontraba la infantería ligera, formada por mercenarios y por algún esclavo que otros, seguidos por la infantería pesada y un gran grupo de arqueros. El príncipe y su hermano dirigían cada uno una hueste de hombres más experimentados que formaban su guardia personal, mientras que Ûvatha se había posicionado tras unas altas dunas muy cerca del río.
En la otra margen, el rey de Khand Superior aguardaba con mayor número de soldados que el príncipe: hombres provistos de armaduras y manguales pesados, espadachines experimentados y caballería media. Sin duda, solo podrían ganar con una buena estrategia.
Los arqueros comenzaron por enviarles unas cuantas flechas que alcanzaron a la infantería enemiga, pero que no les hizo retroceder. En consecuencia, el rey envió a su caballería mientras los lanceros se preparaban para contrarrestarles. Estos querían ponerles en fuga antes de tiempo.
Ûvatha y sus jinetes observaban la batalla desde el alto, todavía sin ser descubiertos.
-No entiende de guerras, solamente sabe que son más y por eso manda a la caballería. Todavía no saben que estamos aquí.
Aunque muchos caballeros cayeron, más fueron los guerreros que decidieron huir, los arqueros intentaron hacerles retroceder hacia el río, y derribaron a muchos, pero sus armaduras eran resistentes. Entonces el rey de Khand cometió un grave error. Sus soldados de a pie corrieron a la batalla en pos de su enemigo, y los lanceros de Ûvatha se prepararon, pues entre ellos iba el mismo rey y su guardia personal. El muchacho sonrió y supo en aquel mismo instante quien de los dos moriría en aquella batalla.
La infantería de los dos bandos luchó cerca del río, y los líderes y sus guardias personales buscaron contrincantes de su nivel. El rey buscaba al príncipe para darle muerte, mientras la caballería enemiga disminuía poco a poco. Entonces, una flecha en llamas atravesó el cielo y Ûvatha les habló a sus jinetes:
-¡No os amedrenten las armas ni el dolor, no tengáis piedad y sobre todo, no dejéis a ningún enemigo con vida!
Inspirada por las palabras de su capitán galopó la caballería del príncipe hacia la batalla, y fue gracias a ellos por lo que se ganó aquella guerra, pues pusieron en fuga a la guardia personal del rey, mientras que este caía a manos de Kîonid, quien recibió una herida mortal en un costado. Los hombres del rey decidieron rendirse al ver a su líder caído en el suelo. Así Ûvatha llevó de nuevo a su familia al trono de Khand Superior y fue recordado por su primera victoria en la que pasó a llamarse la Batalla de Noz Peka (La Batalla de Río Cuchillo).
 
Amlach
 
 
 

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