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Ûvatha El Jinete
Capítulo 4
Tradición variag
Por Amlach
 
Los hombres del príncipe estaban locos de felicidad, pues habían derrotado al rey del Khand Superior dándole muerte, lo que significaba que no tendrían más problemas con él. Sus esbirros habían sido detenidos y sometidos, y los que eran muy devotos a su antiguo líder y no aceptaban al nuevo señor fueron pasados a cuchillo. Ûvatha llegó en ese mismo momento, cuando Mîonid estaba dando órdenes de matar o de salvar vidas. Vio llegar al joven muchacho y le señaló una tienda que habían montado para los heridos. Allí se encontraba su padre, tumbado en una cama improvisada con una herida mortal. Todavía no estaba muerto, y su consejero se hallaba a su lado. Cuando vio llegar al joven, este se levantó y le contó lo sucedido. Ûvatha se acomodó cerca de su padre y le habló:
-Lo siento, no podrás gobernar como te hubiera gustado-le consoló a duras penas-.
-No...no es...momento-consiguió decir-. Huye...te...matarán.
-¿Qué dices padre?-preguntó confuso-. ¿Quién me matará?
En ese momento entraron en la tienda tres soldados, ordenaron a Arden que saliera y se acercaron a Ûvatha con una sonrisa en la boca. Este dio unos pasos atrás hasta que chocó contra uno de los palos que sostenía la tienda. Entonces preguntó:
-¿Qué queréis de mí? Soy un gran soldado y capitán. Mi tío os castigará por esto.
-¿No conoces las leyes de tu pueblo?-le dijo uno de ellos-. Tu tío no te echará de menos, pues eres un estorbo.
-¿Qué dices?
-La tradición es, que si el rey muere, el heredero es su hijo. Pero en el caso de haber un hermano por medio, este alcanza el poder y el hijo, de haberlo, es sacrificado.
-¿Has entendido?-le espetó otro de mala gana-. Mîonid asume el poder, y tú mueres.
-Jamás lo conseguiréis-. Ûvatha iba desarmado y había olvidado su espada en el caballo, pero aún así cogió una lanza de un estante y les hizo frente. Sus adversarios desenfundaron cada uno una espada y se atrevieron a retarle. El primero cayó atravesado por la lanza; el segundo perdió la cabeza al rebanársela este con la espada; y el último huyó corriendo para avisar a su señor, pero el joven le lanzó una daga que encontró en uno de los cadáveres y cayó muerto.
Antes de partir decidió hacerse con algún arma valiosa, y encontró un arco corto junto al cuerpo de su padre. Se despidió de él y, entre la confusión, montó su caballo con el fin de llegar a Sturlurtsa Khand, la capital del Khand Inferior. Pero durante el camino, varios jinetes a las órdenes de su tío le hostigaron sin cesar hasta darle alcance. Este, no pudiendo combatir con su espada, decidió darle uso al arco que había adquirido. Tenía constancia de que no sabía disparar mientras galopaba, y sus perseguidores tampoco, pues ninguna de sus flechas consiguió dar en el blanco. Pero al final logró alcanzar a uno, y después a otro, hasta que acabó con todos y su viaje fue más tranquilo.

Ya en la capital, varios días después, el Jinete recibió el apoyo del rey Urig Urpof, Señor de dos tercios de toda la población variag, tras contarle su historia. Este conocía muy bien las tradiciones de su raza, pero incluso a él le daba pena sacrificar al joven, y lo adoptó como si de su propio hijo se tratara. Ûvatha estaba a salvo. De momento.

 
Amlach
 
 
 

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