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Ûvatha El Jinete
Capítulo 6
El final del principio
Por Amlach
 
El fuego creció en aquella noche estrellada. Los gritos de muerte y maldad resonaban en los desiertos del Khand Superior, mientras los soldados de Ûvatha sometían a la población bajo su yugo. Muchos se resistieron, pero otros, al ver llegar al Jinete, se arrodillaron y pidieron clemencia. Para ellos, Ûvatha les tenía preparada una cálida bienvenida, pues no deseaba matar ni quemar lo que en poco tiempo pertenecería a sus dominios. Este observaba la batalla desde un montículo de arena a las afueras de la villa junto con su más leal servidor en silencio, deseando que llegara el final. Minutos después un jinete llegó hasta ellos y les informó de que la villa estaba en su poder.
-Bien, quiero que una pequeña parte de mi ejército se quede aquí por si las moscas, aunque dudo mucho que mi tío se atreva a atacarme tan lejos de su ciudad.
Así marchó el ejército de lanceros de Ûvatha por los desiertos parajes hacia su objetivo final: la capital desde donde su tío Mîonid gobernaba la región norte y donde se decidiría el futuro de Khand. Cabalgaron durante dos días y dos noches, y en el amanecer del tercer día vislumbraron la gran capital norteña. Su tío se enteró rápido de su llegada, pues el propio Ûvatha acompañó a dos soldados al interior de la ciudad para avisarle, y antes de que la tarde llegara, todos se encontraban en el campo de batalla, preparados para la guerra. Mîonid había salido para eliminar a su sobrino, pues bien sabía que sus guerreros no tendrían ninguna opción contra dos tercios de la población variag.
-¡Este día puede pasar a la historia como la primera vez que la región de Khand esté unida bajo una misma bandera!-gritó el Jinete a sus tropas-. ¡No os amedrenten las armas ni el dolor, no tengáis piedad y sobre todo, no dejéis a ningún enemigo con vida!
Esta frase la repetía Ûvatha cada vez que luchaba contra un enemigo, y esta vez no fue menos. Los jinetes de los dos bandos cargaron con gran estruendo, mientras los caballos chocaban y los combatientes caían de sus sillas. Ûvatha decidió entrar en combate protegido por su guardia personal, pero su tío sabía cuál sería su estrategia y le gritó:
-¡Ûvatha, te conozco como si de tu padre te trataras! ¡No creas que a mí vas a poder engañarme!
Mîonid creía que el Jinete utilizaría la táctica de atacar por la retaguardia con la caballería ligera, y sus instintos no fallaron del todo, pues una escuadra de soldados apareció tras ellos. Pero no se trataba de caballería ligera, si no de rudos y violentos variags del sur que portaban hachas a dos manos. Estos desequilibraron la balanza en favor de Ûvatha, que luchó en combate singular contra Mîonid, a quien venció tras largos minutos de lucha.
Así consiguió Ûvatha unir Khand en una sola región por primera vez. Los guerreros que sobrevivieron rindieron pleitesía al nuevo señor, y las noticias se extendieron a lo largo y a lo ancho del continente. A Mordor fue a quien más le interesó esta noticia.

Dos años después de aquel logro, un mensaje llegó a Ûvatha desde Mordor.
-Señor-le dijo uno de sus servidores-, ha llegado esto desde Mordor, la tierra de Sauron el Grande.
Este le extendió un sobre que no llevaba inscripción alguna, salvo un símbolo lacrado donde aparecía lo que se asemejaba a unos caracteres élficos. Ûvatha abrió el sobre y vio en el interior un anillo con incrustaciones de piedras preciosas y una nota. Leyó ésta en la que ponía:
"Quiero que acepte este presente, Gran Rey de Khand, como símbolo de su poder y de nuestra futura alianza, si usted gusta de ello. Un embajador de mi corte se presentará en su palacio en pocos días. Espero que sea de su agrado. Atentamente, Sauron el Grande."
 
Amlach
 
 
 

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