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Ûvatha El Jinete
Capítulo 7
La influencia de Mordor
Por Amlach
 
La que pasó a llamarse la Tierra Negra siempre había sido un importante aliado de Khand y el Señor Oscuro conocía a sus habitantes bastante bien. La influencia que este ejercía sobre los variags habían pervertido su brutal cultura antes de que nuestro nuevo Rey hubiese nacido, pero después de la unificación, los variags de Khand fueron la herramienta más útil que el Señor Oscuro utilizó en la guerra para asegurar sus fronteras, sobre todo por el sureste de Mordor, la frontera oriental de Nurn.
-Sauron informa de que ha habido levantamientos en la frontera oriental de la región, entre las dos mesetas, cerca de Nurn.
-¿Qué es lo que desea ahora?-preguntó Ûvatha interesado-.
-Quiere que mantengas al margen a los habitantes de Nurn, pues no están de acuerdo con su reinado.
-Prepara mi caballo y avisa a un tercio de mis tropas. Con eso creo que será suficiente para hacerlos callar, y así volveré a ser recompensado.
-No es necesario que vaya usted a batallar-dijo su consejero impresionado-. Pudo mandar a otros líderes.
-¿No te has dado cuenta de que mi sola presencia hace retroceder a cualquier ejército?
Como podéis ver, Ûvatha no estaba del todo de acuerdo con los cumplidos de su amo, pero el Anillo de Poder comenzaba poco a poco a hacer mella en él. Junto con quinientos jinetes cabalgó hacia el norte de la región y allí asoló las aldeas y villas de Nurn exterior, e incluso llegó hasta el interior, cerca del mar, donde exigió un tributo a sus pueblos costeros.
Con victoria volvieron de nuevo a sus casas los guerreros, pues la región que habían asolado carecían de soldados experimentados, y tan solo había resultado un pequeño entrenamiento para las tropas de Ûvatha.
De nuevo, un pacífico día de primavera, un emisario de Sauron se presentó ante Ûvatha, quien pertenecía más al mundo de los espectros que al de los humanos, y le pidió, por orden de Sauron el Grande, que ayudara a Adûnaphel a conseguir su ascensión sobre los pueblos de Harad en Cercano Harad. Ûvatha se puso en pie mirando a su consejero y este entendió a la primera lo que quiso decir. El emisario sonrió al ver la señal positiva del Jinete. Este no era otro que Er-Mûrazôr, quien siglos después pasaría a conocerse como el Rey Brujo.
Con tantas tropas como pudo conseguir Ûvatha de todos los puntos de Khand, siempre y cuando su región estuviera a salvo, partieron hacia Cercano Harad para demostrar quién o quienes mandaban allí. El viaje fue muy duro a través del desierto, pero los variags estaban acostumbrados a aquella vida y no sufrieron grandes pérdidas como otros ejércitos las hubiesen tenido.
Arrasaron todo cuanto vieron a su paso, ya fuesen haradrims o numenoreanos, hasta llegar a la región noroccidental de la península, donde se encontraba la ciudad de Vamag. Desde allí gobernaba Ard la Vanidosa, o como le llamaban sus lacayos, Adûnaphel la Antaño Silenciosa, pues ya había caído, al igual que Ûvatha, bajo el poder del Anillo.
Gracias a la ayuda del Rey de Khand, Ard pudo gobernar pacíficamente la región entre el río Harnen y la ciudad portuaria de Umbar.
Además de eso, en los siguientes mil doscientos sesenta años, Ûvatha se cebó con sus vecinos y extendió la sombra hacia el norte y el sur del reino, sin contar que los variags controlaban el comercio a lo largo de las Ered Harmal y competían con los númenóreanos por el corazón de los mercaderes de Harad.
De esta forma hizo su efecto el gran regalo de Sauron el Grande, y el noveno Rey Espectro cayó en el mundo de las sombras.
 
Amlach
 
 
 

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