Ir a Posada de Mantecona
 


La Búsqueda del Elegido
Capítulo 2
Lond Daer
Por ||tru_jas
 
Los dos personajes ya habían dejado atrás el bosque de Eryn Vorn, y sus pasos los llevaban hacia el norte. Durante un día y una mañana, su paso fue ininterrumpido, e inexorablemente hacia el norte, hasta llegar al río Brandivino. Allí pasaron la tarde del segundo día, dando de comer a los caballos, y reposando el acelerado paso que llevaban. Al mirar al occidente, Ivor vio el Gran Océano, y una gran pena le entristeció el corazón. Mientras, Mithrandir encendió una pequeña hoguera para calentar un pequeño conejo que habían cazado.

- Tranquilo Ivor, si todo sale bien, la misión no requerirá tu vida y podrás volver con los de tu raza, dentro de no mucho tiempo.
- Eso no me importa. Si he de vivir o morir por la Tierra Media, lo haré. Lo que no entiendo es porque he de hacerlo yo. Yo no poseo relación alguna con Elrond el medio elfo. Esto tendría que hacerlo uno de sus hijos y no yo.
- Nadie sabe porque has sido tu el elegido, pero en las escrituras que te di – y en ese preciso momento, Ivor sacó unas hojas amarillentas y casi rotas del pequeño saco- pone que el líder del pueblo unido ha de ir “allí” y volver con el tesoro oculto, y entregárselo al hijo del que habló por los dos linajes.
- Muy bien, eso lo entiendo... pero otra cosa que no entiendo es porque nos dirigimos al norte cuando deberíamos ir hacia el sur.
- No todo lo que parece extraño a tus ojos, lo tiene que ser a los ojos de los demás. Nos dirigimos al norte, porque yo debo ir al norte, pues hay amigos que me necesitan, y hay cosas que no puedo posponer mas tiempo... y... además... tu me acompañas para protegerme durante este trecho... pues por aquí empiezan a abundar orcos y demás seres de las profundidades, y mi fuerza ha menguado desde un tiempo a esta parte.
- Por si fuera poco, ahora me utiliza de acompañante... - y en un gesto de desdén, Ivor le tiró una piedrecilla a Mithrandir, a la cabeza.
- Bueno, aquí nuestros caminos se separan... ten cuidado y recuerda que gran parte de lo que suceda en estas tierras dependerá de ti, y que no debes fallar.
- Lo intentaré.

Dicho esto, cada uno cogió por su camino, Mithrandir prosiguió hacia el norte e Ivor hacia el sur, como si nunca se hubiesen cruzado.
Ivor aún no entendía exactamente su misión, pero obedecía ciegamente al anciano, pues notaba en él algo que no era de aquellas tierras, algo muy superior a él, de un poder enorme en un cuerpo humano, por eso le obedecía sin negarse a nada. Al día siguiente Ivor había llegado de nuevo a los lindes de su pequeño reino, y se vio tentado a volver a adentrarse en él y dejar su misión aparcada por un tiempo, pero en un alarde de valentía y sacrificio prosiguió su camino, que, por aquel momento, no pasaba por volver a su reino.
Él pensó que dar el primer paso era el más complicado, pero no, él más complicado es el segundo, es fácil arrancar y emprender un camino, lo complicado es dar más de un paso para terminar lo que uno ha empezado.
Así fue, que no se acercó mas a su reino y durante los días venideros fue directamente hacia el sur, si desviarse por y para nada, hasta que un día llegó al cruce del Aguada Gris. Allí se detuvo a dar de comer a su caballo, y a descansar un poco. Habían pasado 11 días desde su partida, y cada vez pensaba menos en su gente. Cuando llegó al cruce del Aguada Gris era de noche, a pesar de su vista penetrante no podía ver mucho más allá del río.
El día siguiente había amanecido soleado y claro, lo que le permitió ver que más allá del Aguada Gris, había un pueblo que él no conocía. Se montó en su caballo, y por la parte menos profunda del río lo hizo cruzar, llegando luego de una milla a Lond Daer.
Lond Daer era un poblado humano, pequeño aún para lo que eran los poblados humanos. Las casas eran de madera y estaban casi en ruinas, habían una pequeña posada y algún puesto de mercado, y poco más. El suelo era hierba alta, lo que indicaba que no pasaban muchos carros ni personas por el pueblo desde hacía algún tiempo.
Ivor dejó amarrado el caballo en el establo de la posada, un pequeño sitio con un techo de madera a medio caer y paja para los animales.
 
||tru_jas
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 23-11-2003 Hora: 22:09
Un Gandalf un tanto raro el que nos propones, que no convence ni al pobre Ivor. No sé qué le espera, pero parece que es una papeleta. Estos escritos antiguos que involucran a cualquiera en asuntos raros... en fin. A ver si gana peso la trama.