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Un Amargo Despertar
Por Alquaranel
 
El eco de las olas resonaba contra las paredes de la gruta. La oscuridad subsistía, acuchillada de muerte, por un guijarro de luz que penetraba en mis ojos como lanzas candentes, cegándome.
Tenía todas las articulaciones entumecidas como si no las hubiera utilizado durante... Eras.
Entonces recordé el sortilegio al que fuera sometida por una madre despechada. ¿Hacía cuánto tiempo? ¿Qué negro destino había permitido qué la infinita luz fuera corrompida por la oscuridad, hasta llegar a asociarse?
Miles de preguntas atormentaban mi mente, dejándome apenas sin respiración.
Tenía que seguir adelante e intentar averiguar lo que sucedía, buscar respuestas.
A tientas salí de la huesuda cueva, cuando, justo en la entrada encontré un báculo de nácar, tallado y ornamentado en la parte superior. Enseguida comprendí de quién provenía y que a pesar de los largos años que habían pasado mis padres no me olvidaban... Eran tantos los recuerdos, y ahora me encontraba en la más amarga de las soledades. La tristeza se apoderó de mí, aflojándome las rodillas, desmoronándome al lado del cayado. Las lágrimas me resbalaban por las mejillas, quemándome como ácido de una vil tortura.
No pronto me levanté, con ayuda del presente. Mis ropajes, aunque mojados, no presentaban ningún desperfecto. Era una magia muy antigua la que mantenía unido aquel fino hilado.
Estuve deambulando por la playa, absorta en una huracán de pensamientos, sin constancia del tiempo. Así fue como el sol secó mis prendas, y desentumeció mi corazón.La búsqueda de respuestas era lo que imperaba en aquel momento.
Sin darme cuenta di con un embarcadero de humilde construcción, sin duda humana. Las tablas estaban carcomidas por la intemperie y el salitre. Pero se mantenían rectas e impertérritas, desafiando al incólume mar. Pronto salieron a mi encuentro hombres y mujeres extrañados por mi súbita aparición. Ni siquiera me percaté de su presencia, mis sentidos no me transmitían nada todavía, me encontraba tan confusa...
Los inconfundibles rasgos de mi raza provocaron el respeto de todos los miembros de la ciudadela, pero ninguno se mostró huraño hacia mí, más bien todo o contrario, me encontré siendo blanco de sus presentes.
Fui acompañada por Bethel (la mujer que me hospedó en su morada) hasta su gobernador. Amablemente me pidió que narrara mi historia a los allí presentes.
- Demasiado extensa y compleja es mi vida, dudo de que tan solo hubierais oído hablar de los tiempos en los que transcurre- dije.
El gobernador escudriñó por un momento la profundidad intemporal de mis ojos, sintiéndose como un retoño en brazos del mismo tiempo y comprendió.
La amabilidad con la que fui tratada, sólo e puede comparar al nivel de incomprensión que me impregnaba, ahogándome. Pero el Don que Eru les había concedido, les impedía conocer las respuestas que tanto ansiaba, sus vidas son suspiros que el viento arrastra. Sólo pude adquirir unos pocos conocimientos sobre la geografía de la nueva Endor.
Aún así me quedé entre ellos durante una temporada, coincidiendo con mí bienquerido otoño. Tan lleno de sensaciones que me llenaban, haciéndome sentir de nuevo. Los robles adquirían tonos pardos y rojizos, coloreándo el paisaje con motas de polvo bermejo, esparcidos por el agreste verde de los árboles perennes.
La casa de Bethel, en donde fui acogida como una hermana extraviada, era de piedra encintada con un extenso salón, en el cual mi anfitriona solía reunir a los niños de la ciudadela para contarles cuentos y versarlos en las leyendas y tradiciones de su pueblo.
Para agradecer mi estancia y su generosa amabilidad, fui yo quien convocó a todos los pequeños para relatarles historias, acompañadas de una simple arpa de la casa. Con su sonido y mis palabras los conducía hacia eso lugares, en donde no habían estado ni en el más profundo de sus sueños, abrumándoles los corazones, provocándoles sensaciones de sosiego y calma que no habían conocido antes. Y ello me complacía.
Cuando, al primer anuncio de la llegada del invierno, (la escarcha se posaba sobre la verde hierba, como un hálito helado que se aferra a las hojas, proporcionándole un aspecto diamantino), decidí emprender mi marcha, hacia la búsqueda de mi linaje y que su intemporalidad me concediera mis ansiadas respuestas.
Me proporcionaron vituallas para un camino incierto, y un hermoso corcel del color de ña más fértil de las tierras con una mancha blanca en la cabeza. Lo llamaban Arathan.
Dado a que mi indumentaria no era la más apropiada para la marcha en caballo, confeccioné unos pantalones de montar, una blasier hasta las rodillas, abierta por ambos lados y unas botas altas.
Cuando todo estaba pronto, anuncié mi partida. Fueron muchos los corazones que se entristecieron, otros se alegraron por que apareciese en sus vidas...
Me alejé trotando en Arathan, y aunque deseaba por encima de todo hallar respuestas, no pude evitar sentir pena por abandonar un lugar amigo.







 
Alquaranel
 
 
 

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Comentarios al relato:
Fecha: 24-11-2003 Hora: 14:56
Bonito principio de historia Alquaranel, espero pronto leer su/s continuación/es

Fecha: 23-11-2003 Hora: 22:23
El comienzo y la trama son demasiado típicos para lo poco que aporta, me temo. Está bien escrito, eso sí, pero no todo puede ser la facilidad de palabra y de descripciones. Cuando lo leia me resultaba familair, me acordé de Cala Ithil, y cuando ví su mensaje supe por qué...

Fecha: 04-11-2003 Hora: 16:28
Un relato sin duda perfectamente escrito, con un buen manejo de adjetivos no muy usuales y expresiones un tanto rebuscadas, que dan al texto una pátina que no se ve en estos tiempos, sín duda has leído mucha novela gótica, Poe, Lovecraft, pero sin caer en lo lúgubre, sino mostrando la faz opuesta a la oscuridad. No dejes de releer el texto, para añadir alguna que otra letra olvidada, o cambiada, que hacen perder el ritmo. El único fallo que puedo detectar, es que el relato no forma un todo, no nos cuenta gran cosa sobre lo que hizo o debe hacer el personaje, se entendería como primer capítulo, pero no se nos dice que lo es. Espero que sea así, y nos deleites con más partes.

Fecha: 03-11-2003 Hora: 21:36
Esa es mi maestra. Veo que no has perdido tu gracia, hermana. Sigues siendo tan buena escritora como antaño. Es una pena que sigas creyendo que yo tengo talento, comparado con el tuyo no es nada. Sigue elogiándonos con tu historia, porque seguro que no tendrá desperdicio. Un abrazo, hermana:

Cala_Ithil

P.D: No siempre el alumno supera al maestro...