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Ûvatha El Jinete
Capítulo 8
El Dorado
Por Amlach
 
Una oscura y espectral figura se arrastraba por una fría sala circular en penumbra, iluminaba solamente por unas antorchas que emanaban una tenue luz. El ambiente estaba cargado y el final de esta no se llegaba a apreciar, pero el extraño siguió adelante sin titubear. A medida que avanzaba consiguió apreciar una especie de trono de metal tenebroso donde se hallaba sentado cabizbajo un tipo. Al percatarse de la llegada del extraño, alzó su cabeza observando fíjamente al visitante. Los largos cabellos negros le caían por los hombros, y su rostro denotaba luz y a la vez una oscuridad total, como quien ha sufrido mucho con el paso del tiempo. No tuvo que realizar ningún gesto para ver como su huésped se desprendía de su yelmo alado y se arrodillaba ante su señor.
-Muy bien me has servido, Ûvatha-lo halagó-, pero todavía quiero que realices una última misión para mí antes de que puedas cogerte unas pequeñas vacaciones.
-Dime, amo, Senor de los Mortales-respondió el recién llegado.
-Ren,un señor de las tierras del extremo meridional y a quien tengo en mucha estima, necesita ayuda contra los habitantes de la zona de Khargagis Ahar. Deseo que comandes a una gran hueste de tus variags y que vayas en su auxilio. No debéis fracasar, o mi ira caerá sobre vosotros junto con el largo tormento de la Torre Oscura.
-Asi será, mi señor.
De esta manera, Ûvatha partió a galope tendido de la Tierra de Mordor, atravesando la región de Nurnen hasta llegar a su fortaleza en el país de Khand. Tras varios días de divagaciones con sus mariscales de campo, Ûvatha decidió marchar con gran parte de su ejército al sur. Para ello debía atravesar los ardientes desiertos del Cercano y el Lejano Harad, cosa que no fue tan difícil cuando entre los haradrims fue propagado el rumor de que Ûvatha el Jinete lideraba aquella gran hueste de humanos sedientos de sangre; en ningún momento de su viaje fueron hostigados por los hombres del desierto. SIN ACABAR...
 
Amlach
 
 
 

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