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Lo Que Viví En La Tierra Media Y Las Hazañas De Los Nuevos Montaraces
Capítulo 4
Cuando Incánus habló con mi Padre
Por Hardo_V
 
Incánus, así es como lo llamábamos en nuestro pueblo en Harad, parecía estar tan alarmado que ninguno de los guardias se atrevió a pararlo para saber qué motivos tenía, aunque era bien sabido que Incánus ya había visitado la casa de mi padre y mi abuelo en otros días, era la orden preguntar a qué se debía su visita.
Incánus, aunque le podría llamar Mithrandir o Gandalf (creo que sería mejor para la gente de Bree), entonces, cuando Gandalf se dirigió a la Casa del Gobernador, nosotros tres también quisimos entrar, pero los guardias nos lo prohibieron:
-Lo sentimos, pero ustedes no pueden pasar -dijo el guardia llamado Simdár.
-¿Pero es que acaso no nos reconocen? -dijo mi hermano Lessa- Nosotros somos hijos de Falastur y yo soy su heredero -al decir esto, no sé alguien más lo vió, pero noté que Nendor, después que Lessa hubiera dicho las últimas palabras, lo miraba fijamente y parecía que no soportaba a su propio hermano, incluso que lo odiaba, pero en ese momento no dije nada y al cabo de un rato Nendor bajó la mirada como si estuviera arrepentido de lo que hubiera hecho. Mientras sucedía todo esto, el guardia nos contestó:
-Perdón jóven Lessa, pero Incánus parece estar teniendo una conversación muy seria con su padre, y ustedes no podrían entender...
-¡¿Entender qué cosa?! -interrumpió Lessa- Tengo quince años y en poco tiempo, tendré que partir para entrenarme y ser un gran líder y poco tiempo después también me seguiran mis hermanos.
-Y yo lo entiendo muy bien -dijo Simdár tan calmado como siempre-, pero aún son muy jóvenes y no sería conveniente que interrumpieran a sus mayores cuando están hablando de un tema muy delicado.
Ante estas palabras mi hermano no dijo nada y se marchó, nosotros dos lo seguimos. Bajamos la escalera y doblamos a la derecha para hacer creer a los guardias que íbamos a alejarnos para acompañar a nuestra madre al bosque cercano a recolectar frutas, ya que el lugar en dónde se halla nuestra comunidad es una llanura muy boscosa, raro aún para el Cercano Harad. Pero cuando estuvimos lejos de la vista de los guardias, dimos un rodeo hasta llegar al patio que se encontraba detrás de la Casa, y nos escabullimos por una pequeña ventana a ras del suelo. Luego de atravesar algunos pasillos y puertas, y sin encontrarnos con nadie, llegamos a la Gran Sala donde Gandalf estaba parlamentando con nuestro padre. No había nadie en el amplio salón y estaban todas las ventanas tapadas, por lo que la oscuridad era inmensa y sólo se limitaba a las zonas que alcanzaban a iluminar unos débiles resplandores de las velas.

Si conocen el salón principal de Meduseld en Edoras, déjenme decirles que el de ese palacio era muy parecido, sólo que tenía un estilo un poco más rústico y sureño, con mesas para los escribas y demás trabajadores públicos, estatuas de nuestros más importantes líderes y tenía las paredes hechas de oro de la época en que nuestra familia reinaba Harad.
Pero lo que nos importaba a nosotros era saber de qué estaban hablando Gandalf y nuestro padre, los dos sentados enfrente del otro separados por una mesa de color carbón, pero nuestro padre parecía bastante preocupado.
-El momento se acerca -dijo Gandalf-, ya falta muy poco para que El Enemigo decida lanzar su azote contra la Tierra Media, las fuerzas de Mordor se están preparando y en cualquier momento empezarán a buscar lo que el Señor Oscuro estuvo esperando desde hace tantos años.
-Pero -dijo mi padre-, ¿estás seguro de que el momento de la guerra está próximo. Hasta estas tierras no hemos tenido noticias de que en las Tierras Malditas se estén preparando, ni siquiera sabemos si Harad está entrenando hombres o no.
-Eso puede deberse a que no confían en el juicio de tí ni de tu pueblo, ya que ustedes son los que más resisten a la alianza con Mordor y tal vez sean los únicos en toda Harad, tal vez en todas las tierras del Este.
-Lo que me estás diciendo es grave, Incánus. Pero, suponiendo que El Enemigo llegue a ganar la guerra, ¿crees que todos sus aliados tengan un buen destino? Porque estoy seguro de que, cuando ya no le sirvamos de nada, será nuestro turno de ser destruídos.
-Eso es exactamente lo que me temo, pero los reyes del Este, los corsarios de Umbar y los dunlendinos ya hicieron su pacto y es demasiado tarde para retraerse, porque hacerlo sería la destrucción.
-Entonces, ¿estás diciendo que cuando llegue el momento de marchar a la guerra debamos partir como si siempre hubiéramos estado de acuerdo con esta innoble alianza?
-Si, creo que sería lo correcto. Pues, si no lo hacen, estas tierras y sus habitantes podrían ser exterminados, aún mientras la guerra esté en su apogeo.
-¿Y no hay al menos una mínima esperanza de vencer?
-Si, es posible. ¿Recuerdas las historias sobre la Guerra de la Última Alianza entre Hombres y Elfos?
-Si, un poco.
-La guerra terminó cuando, debido a un golpe de suerte, las fuerzas del bien estaban desistiendo al Sitio de Barad-dûr y ya no había esperanzas, Isildur hijo de Elendil cortó la mano de el Señor Oscuro con la espada de su padre, Narsil. Fue entonces cuando Isildur tomó el Anillo Único. Isildur no se atrevió a destruir el anillo y eso fue lo que causó su muerte y llegamos a creer que se había perdido. Pero no, ha vuelto a aparecer.

Cuando Gandalf dijo éstas palabras el rostro de mi padre se puso pálido y miró al suelo, cómo si recién se diera cuenta de la magnitud de lo ocurrido, pero mis hermanos y yo no entendíamos muy bien lo que pasaba, porque aún no teníamos los conocimientos suficientes para saber de qué hablaban exactamente, aunque Lessa parecía entender algo, pero no nos dijo nada. Después nuestro padre preguntó:
-¿Quién tiene el Anillo? ¿Está a salvo?
-No te preocupes -dijo Gandalf y empezó a hablar con un murmullo muy bajo-, en estos momentos está bien cuidado en un lugar lejano, en el Norte, por un buen amigo mío, pero eso no quiere decir que hay que descuidar el asunto. Sólo vine hasta aquí para avisarte lo que está por venir, porque, después de un descanso, partiré a Minas Tirith para informarme sobre el Anillo.
-¿Sabes quién lo tenía antes de que lo consiguiera tu amigo?
-Si, lo poseía un ser llamado Gollum, una desdichada criatura que ha sido corrompido por el Anillo hace mucho tiempo. Vivía con el Anillo en las Montañas Nubladas hasta que un día, un amigo consiguió arrebatárselo durante una travesía que hizo con un grupo de Enanos hacia la Montaña Solitaria. Pero ésta criatura no ha olvidado la pérdida de ''su tesoro'' y parece ser que lo ha seguido hasta su tierra natal, y debido a que está libre puede ser un gran riesgo para nosotros si Mordor llegase a capturarlo.
-Un momento: ¿de dónde es tu amigo?
-Mi pequeño amigo es un habitante de la Comarca, es un hobbit o mediano si te es familiar el término.
-¿Mediano? Yo creía que eran seres fantásticos y que sólo existían en las historias que las madres les cuentan a sus hijos para que se duerman, que eran simples cuentos de hadas.
-Mi amigo Falastur, no creo que debas tomar los cuentos de hadas tan a la ligera, porque o bien pueden decir la verdad o bien pueden estar escondiendo un secreto terrible.
-Y, entonces, ¿quién es éste hobbit? -cuando mi padre hizo esta pregunta Gandalf le responió con un murmullo aún menos audible, lo que nos impidió escuchar su respuesta.- ¿Y tienen un plan de contingencia para proteger el objeto o tadavía no hay nada seguro?
-Me temo que todavía falta mucho para conocer al enemigo, pero el tiempo apremia y debemos movernos rápido si queremos sacar algo de ventaja a nuestros enemigos en éstos tiempos oscuros. Sólo vine aquí para advertirte, porque es posible que tus hijos tengan que marchar a la guerra contra el Oeste.

Una vez que escuchamos ésto, nosotros tres nos miramos las caras y quedamos aturdidos, ya que aún no estábamos preparados, además éramos muy jóvenes, Lessa era un adolescente, Nendor no llegaba a los diez años y yo hacía poco tiempo que había cumplido los seis años. La sóla mención de que tendríamos que luchar y, peor aún, en contra de nuestra voluntad, nos provocaba miedo, y habíamos logrado entender que si ganábamos, que si nuestro pueblo y sus aliados ganaban, nuestra suerte estaría echada porque El Enemigo de los pueblos libres también sería nuestro enemigo, lo que nos daba la impresión de una muerte muy próxima.
Pero Gandalf le dijo a mi padre:
-Aún hay tiempo, pero quiero que sepas que en un futuro próximo empezará la guerra, y, aún si sucumbe Mordor, muchas cosas se perderán, puesto que todas las cosas que se hicieron con los Anillos de Poder empezarán a eclipsar y nunca el mundo volverá a ser el mismo, así que deberás estar preparado, preparar a tus hijos y a tu justo pueblo, porque la guerra es inminente.

Cuando Gandalf terminó de decir estas palabras no quisimos escuchar más y cerramos la puerta por la que nos habíamos aventurado a ver y nos quedamos callados un momento sentados en el suelo y apoyados contra la puerta, hasta que Nendor nos dijo:
-Creo que la única opción para que podamos sobrevivir será hacernos súbditos de Mordor, y tal vez sea la mejor opción -ante ésta declaración Lessa y yo quedamos sorprendidos, puesto que, a pesar de nuestra inexperiencia, sabíamos que la palabra Mordor era una palabra maldita.
-¡¿Qué estás diciendo?! -dijo Lessa en voz baja- Si te unes con Mordor te corromperás y sufrirás por siempre y no serás nada más que un esclavo del Ojo para toda la eternidad.
-Está bien -dijo Nendor arrepentido-, nunca volveré a decir una cosa cómo esa, lo juro, pero es que no quiero morir.
-¿Quién dijo que ibas a morir Nendor? -lo consoló Lessa- Incánus dijo que era posible que partamos a la guerra, pero posible no quiere decir que sea probable.
Nendor y yo miramos a nuestro hermano y sin querer sonreímos, pero fue en ese momento, cuando alguien abrió la puerta y caímos al piso y vimos la cara de Gandalf que nos miraba con una mirada entre seria y divertida.
-¿Pero qué tenemos aquí? Tres niños curiosos, supongo...








CONTINUARÁ...
 
Hardo_V
 
 
 

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